La postura Seiza, que significa “sentado correctamente,” es una tradición japonesa que ha perdurado desde el período Muromachi. Originaria de la práctica en tatamis, esta forma de sentarse se convirtió en un símbolo de respeto y disciplina. Adoptada por los samuráis por su funcionalidad en combate y protocolo, el Seiza sigue siendo crucial en ceremonias y artes tradicionales como el Shodō y la meditación zen. Su evolución refleja la profunda conexión entre la cultura japonesa y la búsqueda de la perfección en la postura y el comportamiento.
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Seiza: La Postura Tradicional Japonesa y Su Evolución
La palabra Seiza significa literalmente “sentado correctamente” y hace referencia a una forma tradicional de sentarse que ha sido utilizada en Japón desde el período Muromachi (1336-1573). Durante este tiempo, se popularizó el uso de los tatamis, un tipo de suelo acolchado que rápidamente se convirtió en un elemento distintivo de las viviendas japonesas. Con la introducción de los tatamis, el Seiza se consolidó como la postura preferida para estar dentro de casa, especialmente durante ceremonias y situaciones formales. Esta manera de sentarse no solo ha perdurado a lo largo de los siglos, sino que también se ha adaptado y sigue vigente en la cultura contemporánea, vinculada a las artes tradicionales japonesas.
La postura de Seiza consiste en arrodillarse de manera que la cadera quede apoyada sobre los talones, con la columna recta. Para los hombres, las rodillas deben estar ligeramente separadas, mientras que para las mujeres, es común mantenerlas juntas. La precisión y el detalle en cómo se adopta esta posición no son casuales, ya que tiene profundas implicaciones tanto culturales como funcionales.
Uno de los grupos que más adoptó esta forma de sentarse fue el de los samuráis. Los guerreros japoneses encontraron en el Seiza una postura ideal que les permitía estar en alerta y reaccionar rápidamente ante cualquier amenaza o ataque. A diferencia de otras posiciones como la postura de loto, que es más estática y menos ágil, el Seiza les ofrecía la flexibilidad necesaria para moverse de inmediato, especialmente en entornos donde la altura de las casas y la disposición del mobiliario –a nivel del suelo– facilitaban el desplazamiento sin necesidad de levantarse completamente.
Además, el Seiza no solo era útil en términos de combate, sino también para la interacción con superiores. Los samuráis podían responder rápidamente a una orden dada, mostrando tanto respeto como disposición inmediata. En este sentido, el Seiza no solo era una postura física, sino también un reflejo de la jerarquía social y el protocolo dentro de la cultura japonesa.
Con el paso del tiempo, el Seiza no se ha limitado únicamente al ámbito militar o formal. En la actualidad, esta postura se sigue utilizando en diversas prácticas tradicionales japonesas. Por ejemplo, es común en el Shodō (caligrafía), donde la precisión y control en la escritura manual requieren una postura estable y centrada. También es esencial en la Ikebana (el arte del arreglo floral), donde la atención al detalle y la serenidad del artista se ven reflejadas en su postura corporal. En las artes marciales como el Iaido, que implica el uso de la espada, muchas técnicas se inician o desarrollan desde el Seiza. Incluso en la meditación zen, esta postura se emplea para lograr un estado mental de calma y equilibrio.
El Seiza también ha sido un símbolo de perseverancia y autodisciplina. Aunque para muchas personas que no están acostumbradas, sentarse en esta posición durante largos períodos puede resultar incómodo e incluso doloroso, en la cultura japonesa se considera una forma de entrenar la mente y el cuerpo. El dolor temporal que puede causar el Seiza se ve como una oportunidad para cultivar la paciencia, la resistencia y la concentración. Esta perspectiva de soportar incomodidades para mejorar como persona se alinea con muchas filosofías japonesas, especialmente en las artes marciales y el zen.
Hoy en día, aunque las casas japonesas modernas han cambiado y los tatamis ya no son tan comunes, el Seiza sigue siendo una postura que refleja respeto y formalidad. Es habitual que se utilice en ocasiones ceremoniales como el Chadō (ceremonia del té), bodas tradicionales y funerales, donde el comportamiento adecuado y la etiqueta son esenciales. De hecho, sentarse correctamente en Seiza durante estos eventos demuestra una comprensión profunda de la cultura japonesa y sus valores.
En Síntesis, el Seiza es mucho más que una simple manera de sentarse. Es una expresión tangible de la historia, la cultura y la mentalidad japonesa, que ha evolucionado a lo largo de los siglos para convertirse en un símbolo de disciplina, respeto y conexión con las tradiciones. Su relevancia se mantiene no solo en la vida cotidiana de quienes practican artes tradicionales o asisten a eventos formales, sino también en la identidad cultural colectiva del Japón moderno.
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