Imagina un universo donde cada fragmento refleja el todo, una realidad donde la separación es solo una ilusión. David Bohm, revolucionario físico del siglo XX, nos invita a explorar este cosmos interconectado a través de su teoría del “orden implicado”. En lugar de ver el universo como un rompecabezas fragmentado, Bohm propone una visión holográfica, donde cada partícula contiene la esencia del todo. Esta perspectiva no solo desafía la física cuántica tradicional, sino que también ilumina nuestra comprensión de la conciencia y la existencia.


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Física Cuántica y Filosofía: La Influencia de la Teoría de Bohm en la Ciencia Moderna


David Bohm, uno de los físicos más influyentes del siglo XX, ofreció una visión radical del universo, la cual desafía las concepciones tradicionales de la física cuántica. Su teoría del “orden implicado” sugiere que el universo no está formado por partes separadas, sino que es una totalidad indivisa, donde cada fragmento refleja el todo. Esta noción tiene implicaciones profundas no solo para la ciencia sino también para la filosofía y nuestra comprensión de la conciencia.

La teoría de Bohm se originó en sus estudios sobre los fundamentos de la física cuántica. Aunque el marco tradicional de la mecánica cuántica había permitido avances tecnológicos significativos, Bohm sentía que esta visión no abordaba algunos de los aspectos más profundos de la realidad. Por ejemplo, la interpretación de Copenhague, propuesta por Niels Bohr y Werner Heisenberg, sugería que las partículas cuánticas, como los electrones, no tienen una ubicación definida hasta que son observadas. Este principio, conocido como la “superposición cuántica”, resultaba en una realidad fragmentada y dependiente del acto de observación.

Bohm, sin embargo, no estaba satisfecho con esta interpretación. Él creía que el comportamiento de las partículas cuánticas podría explicarse mejor si el universo fuera visto como una red interconectada de energía e información, en la que cada parte contiene la totalidad de la información del universo. Este concepto es conocido como el “orden implicado”. Según Bohm, el “orden implicado” es un nivel profundo de la realidad en el que todo está interconectado, mientras que el “orden explicado” es el nivel superficial, en el que la realidad parece fragmentada y separada. En este sentido, lo que percibimos como separado en nuestra vida cotidiana es simplemente una proyección de un nivel más profundo de la realidad.

Bohm utilizó una analogía holográfica para ilustrar su teoría. En un holograma, cada parte de la imagen contiene la información del todo. Si cortas un holograma en pedazos, cada pedazo seguirá mostrando la imagen completa, aunque con menos detalle. De manera similar, Bohm creía que el universo funciona como un holograma cuántico, donde cada punto del espacio contiene la totalidad del universo.

Esta concepción tiene implicaciones revolucionarias para la física. Por un lado, sugiere que la separación entre los objetos es una ilusión. Aunque los objetos parecen estar separados en el espacio y el tiempo, en el nivel del “orden implicado”, están profundamente conectados. Este concepto resuena con los fenómenos de la entrelazamiento cuántico, donde las partículas pueden influenciarse mutuamente de manera instantánea, incluso cuando están separadas por grandes distancias.

Además, la visión de Bohm trasciende los límites de la física y se adentra en la conciencia. Bohm estaba profundamente interesado en cómo su teoría del “orden implicado” podía aplicarse a la comprensión de la mente y la realidad. Según él, la mente humana no está separada del universo, sino que es parte de este “orden implicado”. La conciencia y la materia no son entidades separadas, sino que están interconectadas en este nivel profundo de la realidad. Para Bohm, la mente podría ser vista como un proceso dentro del “orden implicado”, que interactúa con el “orden explicado” para dar lugar a nuestras percepciones y experiencias conscientes.

Otro aspecto central de la visión de Bohm es su crítica al enfoque reduccionista de la ciencia. A lo largo de la historia, la ciencia ha tendido a descomponer el mundo en partes más pequeñas, en un intento de comprender cómo funciona el todo. Sin embargo, Bohm argumentó que este enfoque fragmentado no refleja la verdadera naturaleza de la realidad. En su lugar, propuso que necesitamos una ciencia que reconozca la interconexión fundamental de todas las cosas. Esta idea fue muy influyente en el desarrollo de nuevas formas de pensar sobre la ecología, la psicología y la ciencia cognitiva, donde la idea de que los sistemas están interrelacionados y no pueden entenderse de manera aislada ha ganado terreno.

La teoría de Bohm también plantea preguntas filosóficas sobre la naturaleza del conocimiento y la realidad. Si todo en el universo está interconectado, entonces ¿qué significa conocer algo? Para Bohm, conocer no es simplemente observar o medir una parte del universo, sino entrar en una relación con el “orden implicado”, donde la distinción entre el observador y lo observado se desvanece. Este enfoque es radicalmente diferente del enfoque cartesiano, que divide el mundo en sujeto y objeto, mente y materia.

Bohm también fue un crítico del dualismo cartesiano, la idea de que el mundo está dividido en dos dominios: el mental y el físico. En lugar de ver la mente y la materia como cosas separadas, Bohm argumentó que son aspectos diferentes de la misma realidad subyacente. Este enfoque holístico tiene implicaciones importantes no solo para la física cuántica, sino también para la filosofía de la mente y la ciencia cognitiva. Al entender la mente y la materia como aspectos de un todo interconectado, Bohm proporcionó una nueva forma de pensar sobre problemas tan antiguos como la naturaleza de la conciencia y la relación entre el cerebro y la mente.

El legado de Bohm sigue siendo relevante hoy en día. A pesar de que su teoría no ha sido ampliamente aceptada en el mundo académico, ha inspirado a pensadores en campos tan diversos como la psicología, la filosofía, la neurología y la física teórica. Su enfoque interdisciplinario ha ayudado a abrir nuevas vías de investigación sobre cómo la realidad y la mente pueden estar interrelacionadas a un nivel profundo y fundamental.

En conclusión, David Bohm ofreció una visión profundamente original del universo que desafía las concepciones tradicionales de la física cuántica. Al proponer que cada punto en el espacio contiene la totalidad del universo, su teoría del “orden implicado” no solo nos invita a repensar la naturaleza de la realidad física, sino también nuestras ideas sobre la conciencia y el conocimiento.

Aunque su trabajo fue inicialmente recibido con escepticismo, las ideas de Bohm han resonado en disciplinas más allá de la física, ofreciendo un enfoque holístico que sigue inspirando a científicos y filósofos por igual.


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