En Dom Casmurro, Machado de Assis teje una narrativa que arrastra al lector al misterio de los celos, la memoria y la subjetividad. Publicada en 1899, esta novela explora el delicado límite entre la realidad y la interpretación personal a través de Bento Santiago, un narrador poco confiable, atrapado en la obsesión y la duda. Su amor por Capitu y su miedo a la traición desafían cualquier certeza, dejando al lector en un laberinto de verdades ambiguas. ¿Es la traición real o una ilusión de la mente atormentada de Bento?


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Análisis de “Dom Casmurro” de Machado de Assis


“Dom Casmurro”, publicado en 1899 por Machado de Assis, es una de las obras más enigmáticas y analizadas de la literatura brasileña. La complejidad psicológica de sus personajes y la ambigüedad narrativa hacen de la novela una pieza clave para comprender la modernidad literaria en Brasil, además de ser una obra maestra del Realismo. Machado de Assis demuestra en esta novela una profunda capacidad para explorar las sutilezas de la mente humana y las trampas de la memoria y la interpretación.


La Narrativa y la Ambigüedad


La novela está narrada en primera persona por Bento Santiago, más conocido como Dom Casmurro, quien en su vejez decide escribir sus memorias. El objetivo declarado de Bento es “atar los dos cabos de la vida”, es decir, relatar su juventud y justificar su comportamiento amargo y solitario en la vejez. El centro de estas memorias es su relación con Capitu, su esposa, y la sospecha de que ella le habría traicionado con su mejor amigo, Escobar.

Desde el principio, la confiabilidad del narrador es cuestionable. Bento narra su vida con un claro sesgo: sus celos e inseguridades dominan la forma en que reconstruye los eventos. Aquí, Machado de Assis introduce uno de los temas más innovadores de la obra: la cuestión de la subjetividad narrativa. No hay otra voz además de la de Bento para confirmar o refutar sus acusaciones, lo que coloca al lector en una posición incómoda: ¿debe confiar en lo que dice Bento o sospechar de su interpretación de los hechos? Esta ambigüedad le da a la obra un carácter inacabado, pues, hasta el final, la duda sobre la fidelidad de Capitu persiste sin una resolución definitiva.


Bento y Capitu: El Juego de Miradas y la Suspensión de la Verdad


La relación entre Bento y Capitu es un estudio de contrastes psicológicos. Bento es introspectivo, inseguro y está controlado por sus obsesiones. Capitu, por otro lado, es descrita como enigmática, de “ojos de gitana oblicua y disimulada”, lo que genera una sensación de que guarda secretos insondables. Machado construye a Capitu con rasgos ambivalentes, de tal forma que el personaje nunca es totalmente comprendido, manteniendo una distancia que ni Bento, ni el lector, logran atravesar.

La mirada de Capitu, tan repetidamente mencionada en la novela, asume una centralidad simbólica. Para Bento, esos “ojos de resaca” representan un misterio que no puede desentrañar y que eventualmente se convierte en el emblema de su sospecha. Pero esta obsesión también puede leerse como una proyección de las propias inseguridades de Bento, un reflejo de su incapacidad de confiar, lo que plantea la cuestión de hasta qué punto la traición es real o una invención de la mente paranoica de Bento.


Los Celos: La Fuerza Destructiva y el Tema de la Alienación


Los celos son el motor que impulsa el desmoronamiento de la vida de Bento. Este sentimiento es analizado magistralmente por Machado de Assis, quien lo explora no como un simple desvío emocional, sino como una fuerza capaz de distorsionar la realidad y corroer las bases de la confianza. Los celos de Bento no son solo una reacción a la supuesta infidelidad de Capitu, sino una manifestación de su fragilidad y su creciente alienación. La narrativa está permeada por señales de que Bento, en su necesidad de controlar y comprender todo a su alrededor, se aleja progresivamente de la realidad.

Este proceso de alienación también puede observarse en la relación de Bento con la sociedad. Se aísla, tanto física como emocionalmente, negándose a relacionarse con el mundo exterior y fijándose obsesivamente en su pasado. El título de la obra, “Dom Casmurro”, que significa “taciturno” o “callado”, es dado a Bento por otros, sugiriendo que su reputación de hombre amargado es el resultado de un proceso de autoimposición. Su negativa a buscar la verdad de manera objetiva (ya sea confrontando directamente a Capitu o buscando otras formas de validar sus sospechas) revela su preferencia por una versión de la realidad que le permita mantener el control, aunque eso signifique perder su felicidad.


La Memoria y la Construcción de la Verdad


Otro elemento central de la novela es la forma en que la memoria opera en la construcción de la narrativa. Bento no está simplemente contando una historia; está reconstruyendo su vida según las percepciones que tiene en el momento de la narración. Esto destaca la naturaleza falible de la memoria y la forma en que está moldeada por emociones y traumas. La memoria no es, en la obra de Machado de Assis, un repositorio confiable de hechos, sino un campo de batalla en el que el narrador lucha por justificar sus acciones y elecciones.

Machado utiliza esta falibilidad de la memoria para cuestionar el concepto de verdad. “Dom Casmurro” no presenta una verdad única u objetiva, sino múltiples posibilidades que coexisten sin resolución. La verdad, así como el carácter de Capitu, escapa al control de Bento y del lector, y lo que queda es solo el relato subjetivo de una mente perturbada. El resultado es una obra que desafía los supuestos tradicionales de la literatura realista, al poner en primer plano la interpretación individual y la relatividad de los eventos narrados.


Consideraciones Finales


“Dom Casmurro” es una obra que trasciende los límites de su tiempo al abordar cuestiones universales como la incertidumbre, la subjetividad y la falibilidad de la percepción humana. Machado de Assis crea una novela en la que el lector se ve obligado a participar activamente, convirtiéndose en coautor de la interpretación de la narrativa. La ambigüedad que permea toda la obra transforma a “Dom Casmurro” en una meditación sobre la condición humana y las ilusiones que creamos para protegernos del dolor y lo desconocido.

La genialidad de Machado reside en su negativa a ofrecer respuestas fáciles. La supuesta traición de Capitu nunca es confirmada ni refutada, pues lo que importa no es la traición en sí, sino la forma en que Bento la experimenta. Así, la novela se mantiene como uno de los grandes enigmas literarios, un clásico que continúa intrigando a lectores y críticos con su complejidad psicológica y su exploración de las profundidades del ser humano.


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