En “Historia de Mariquita”, Guadalupe Dueñas desgarra los velos que suelen cubrir las relaciones familiares para exponer los hilos invisibles del control y la sumisión. A través de una atmósfera cargada de silencio y tensión, la autora construye un relato que inquieta por lo no dicho, por los vacíos que se llenan de poder y miedo. No es solo la historia de una niña oprimida, sino una disección brutal de cómo lo siniestro se filtra en los lazos afectivos, transformando lo familiar en territorio de sombra.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES


Imágenes DALL-E de OpenAI
La complejidad del vínculo paterno-filial en «Historia de Mariquita» de Guadalupe Dueñas:
El cuento «Historia de Mariquita», incluido en la colección Tiene la noche un árbol (1958) de Guadalupe Dueñas, es un ejemplo fascinante de cómo la literatura mexicana ha explorado lo siniestro y lo inquietante en las dinámicas familiares. Dueñas, una autora poco conocida pero profundamente influyente, construye un relato que desafía los límites del relato familiar convencional y nos adentra en un mundo donde los secretos, las tensiones emocionales y el poder de las relaciones interpersonales moldean no solo la psicología de sus personajes, sino también la atmósfera que envuelve la historia.
Lo que hace que «Historia de Mariquita» sea tan inquietante es la forma en que Guadalupe Dueñas maneja lo que Freud denominó “lo ominoso” (unheimlich). La relación entre el padre y su hija mayor, Mariquita, se revela desde el principio como algo que trasciende la mera autoridad patriarcal y se adentra en un terreno mucho más oscuro y macabro. La familia, que aparentemente lleva una vida normal, se ve obligada a mudarse constantemente, un hecho que se atribuye al comportamiento extraño y posesivo del padre hacia Mariquita. Este elemento de constante desplazamiento no solo afecta el desarrollo de las hijas, quienes se ven desarraigadas de su entorno una y otra vez, sino que también genera una sensación de aislamiento y de pérdida de identidad que impregna toda la narrativa.
La figura del padre en este cuento es central para entender la dinámica de poder que Guadalupe Dueñas despliega de manera sutil pero devastadora. El control que este personaje ejerce sobre Mariquita es absoluto, y aunque los detalles específicos de su relación nunca se exponen de manera explícita, la sugestión es suficiente para que el lector intuya el horror que subyace a su interacción. Esta ambigüedad es clave para el impacto emocional de la obra. Dueñas juega con lo que se oculta más que con lo que se muestra, construyendo una tensión latente que crece a medida que avanza el relato. La madre y las hermanas, por su parte, son figuras que, si bien no tienen una participación activa en esta relación macabra, son profundamente afectadas por ella. Son testigos silentes y pasivos del deterioro que esta situación genera en la familia.
El nombre del cuento, «Historia de Mariquita», puede interpretarse como una ironía que subraya la importancia de la hija mayor, pero también señala su invisibilidad. A pesar de que el cuento parece centrarse en ella, Mariquita es más un objeto de deseo y control que un sujeto con voz propia. La narración sugiere que la vida de Mariquita es una historia impuesta por el padre, en la que ella no tiene agencia para decidir su destino. Su silencio en la narración es, por tanto, una forma de desaparición simbólica: su identidad es absorbida por el poder paterno, y solo existe a través de la mirada del otro. Esta dinámica de poder recuerda a las reflexiones de Simone de Beauvoir en El segundo sexo, donde las mujeres a menudo son definidas por su relación con los hombres y se les niega una subjetividad propia.
Otra dimensión importante de este cuento es el impacto psicológico que la relación entre el padre y Mariquita tiene en las hermanas menores. Aunque no se mencionan de manera central en la trama, sus experiencias quedan marcadas por el ambiente de opresión y secreto en el que se crían. La melancolía, una emoción que impregna todo el relato, se convierte en un estado permanente para las hermanas, quienes, incapaces de articular lo que presencian, son consumidas por una tristeza inexplicable. Este uso de la melancolía en «Historia de Mariquita» refleja una visión del mundo en la que el sufrimiento no se expresa abiertamente, sino que se interioriza y se normaliza. Dueñas, en este sentido, ofrece una crítica implícita a la forma en que las familias pueden convertirse en espacios de represión emocional y cómo, a menudo, las mujeres son las que llevan el peso de estas dinámicas silenciosas.
La estructura narrativa de «Historia de Mariquita» también juega un papel crucial en la creación de la atmósfera misteriosa y perturbadora del cuento. Dueñas utiliza una narración que oscila entre lo descriptivo y lo sugerido, permitiendo que el lector participe activamente en la reconstrucción de los hechos ocultos. Este tipo de técnica narrativa es común en la literatura de lo ominoso, donde el lector se convierte en cómplice de los secretos no revelados. La falta de resolución clara en el cuento refuerza esta sensación de inquietud, ya que la historia termina sin ofrecer una conclusión definitiva sobre el destino de Mariquita o el futuro de la familia. Este recurso es particularmente efectivo porque mantiene viva la tensión emocional incluso después de que se han leído las últimas líneas.
Desde una perspectiva simbólica, «Historia de Mariquita» puede interpretarse como una alegoría del patriarcado y de las formas en que las mujeres son controladas y silenciadas dentro de las estructuras familiares tradicionales. El hecho de que la familia deba mudarse continuamente es un reflejo del carácter inestable y transitorio de la identidad femenina bajo la dominación patriarcal. Mariquita, al estar bajo el control absoluto de su padre, pierde cualquier oportunidad de desarrollar una identidad propia o de forjar un futuro independiente. Las mudanzas constantes también podrían leerse como un intento de escapar de la realidad, una estrategia para evitar confrontar el horror que define la vida familiar.
Guadalupe Dueñas no proporciona respuestas fáciles en «Historia de Mariquita». En lugar de ofrecer una crítica frontal a las dinámicas patriarcales, Dueñas prefiere explorar las complejidades emocionales y psicológicas que surgen de estas estructuras opresivas. Su escritura, cargada de melancolía y misterio, se convierte en un vehículo para examinar cómo el poder se ejerce de maneras sutiles pero devastadoras, especialmente en el ámbito de la familia. La historia de Mariquita, en este sentido, no es solo la historia de una niña atrapada en una relación tóxica con su padre, sino también una reflexión más amplia sobre la fragilidad de la identidad y el costo emocional de los secretos familiares.
En última instancia, el cuento de Guadalupe Dueñas nos confronta con la pregunta de qué significa realmente estar atrapado en una historia que no se puede contar. La «Historia de Mariquita» no es solo la de una familia rota o de un padre controlador; es también la historia de todas aquellas voces que han sido silenciadas por la autoridad y la tradición, y que, a pesar de su silencio, siguen habitando los espacios de la memoria y del dolor. El cuento nos recuerda que el verdadero horror no siempre radica en lo explícito, sino en lo que permanece oculto, en los secretos que nunca se revelan, pero que siguen latentes, moldeando vidas y destinos en silencio.
Guadalupe Dueñas nos ofrece, con este relato, una ventana a las sombras que habitan en el corazón de las relaciones humanas, y nos invita a reflexionar sobre el poder destructivo del secreto y la opresión familiar en la formación de la identidad.
EL CANDELABRO. ILUMINANDO MENTES
#GuadalupeDueñas
#HistoriaDeMariquita
#LiteraturaMexicana
#CuentosInquietantes
#AnálisisLiterario
#RelacionesFamiliares
#MisterioYSuspenso
#LiteraturaFeminista
#CuentoHispanoamericano
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
