En el inicio, cuando el caos era vasto y sin forma, Izanami descendió al vacío con su lanza celestial, dispuesta a crear. A su lado, Izanagi. Ambos dieron vida a las islas, los kami y los ciclos eternos. Pero su historia, como la propia existencia, no es solo de creación: la llama de su último hijo la consume, llevándola al Yomi, el reino de sombras, donde se convierte en su soberana. Izanami, diosa de dualidades, personifica el frágil equilibrio entre la vida y la muerte, entre la luz y la oscuridad.
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Imágenes DALL-E de OpenAI
Izanami: La Creadora y Soberana del Inframundo en la Mitología Japonesa
En la antigua mitología japonesa, la figura de Izanami ocupa un lugar fundamental como una de las deidades creadores del universo. Junto a su consorte, Izanagi, Izanami representa el origen y la dualidad de la existencia, guiando los ciclos de vida y muerte, creación y destrucción. Para entender la profundidad de su rol en la cosmología japonesa, es necesario explorar no solo su papel en la creación de las islas de Japón y en el panteón de dioses shintō, sino también su posterior transformación en la diosa del Yomi, el oscuro reino de los muertos.
Izanami e Izanagi: Los Kami Creadores
En la mitología shintō, los Kami (dioses o espíritus) forman una parte integral del universo y se manifiestan en la naturaleza, los fenómenos y las fuerzas esenciales. Sin embargo, Izanami e Izanagi se destacan entre ellos como los Kami de la creación. Según el «Kojiki» (古事記), la crónica más antigua de Japón, que data del siglo VIII, estas deidades surgieron en los primeros momentos de existencia, después de que el cielo y la tierra fueran formados por los dioses primigenios. Equipados con una lanza celestial adornada con joyas, Izanami e Izanagi fueron encargados de dar forma al mundo material. Este simbolismo de la lanza es profundo: como extensión de la voluntad divina, representa la intervención de los dioses en la materia caótica, moldeando y ordenando la naturaleza.
La Creación de las Islas: Un Acto Sagrado
Cuando Izanami e Izanagi descendieron a lo que era un océano de caos primordial, se unieron en la tarea de dar vida a las islas. Al sumergir la lanza en el agua y retirarla, gotas sagradas cayeron de su punta y se solidificaron, formando la primera isla, Onogoro (淤能碁呂島). Esta isla se convierte en el centro de la creación y el lugar donde Izanami e Izanagi se unen en matrimonio, un acto de importancia no solo física sino también espiritual. A partir de esta unión, nacen las ocho islas principales de Japón, conocidas como Oyashima (大八島), que comprenden: Awaji, Iyo, Oki, Tsukushi, Iki, Toyo, Sado y Yamato. Cada isla, según la tradición, simboliza no solo un territorio, sino un aspecto esencial del mundo creado, reforzando la idea de que la naturaleza y los Kami son inseparables.
La Progenie Divina: Deidades de Luz y Oscuridad
Los hijos de Izanami e Izanagi forman una parte fundamental del panteón shintō, y entre ellos se encuentran algunas de las deidades más veneradas en Japón. Tras la creación de las islas, Izanami dio a luz a Amaterasu, la diosa del sol, Tsukuyomi, el dios de la luna, y Susanoo, el dios de la tempestad. Cada uno de estos Kami posee una influencia simbólica sobre aspectos específicos de la naturaleza y la vida humana. Amaterasu representa la luz y el calor vital del sol; Tsukuyomi, la calma y el misterio de la luna; y Susanoo, la fuerza destructiva de la naturaleza. Así, a través de sus hijos, Izanami e Izanagi proporcionaron no solo la materia del mundo, sino también las fuerzas que lo mantienen en equilibrio y movimiento.
El Trágico Parto de Kagutsuchi y la Muerte de Izanami
El nacimiento de Kagutsuchi, el dios del fuego, marca un punto de inflexión en la narrativa de Izanami, llevándola de la creación a la muerte. Durante el parto, las llamas de Kagutsuchi causaron heridas fatales en Izanami, quien, en su agonía, continuó dando vida a otros dioses. Esta escena no solo subraya el sacrificio inherente a la creación, sino que también anticipa la transformación de Izanami en una deidad del otro mundo. La muerte de Izanami, resultado de su propio rol como madre y creadora, simboliza la dualidad inextricable entre la vida y la muerte, estableciendo un ciclo que permanece central en la cosmología japonesa.
Izanami en el Yomi: Reina del Inframundo
Tras su muerte, Izanami desciende al Yomi, el mundo de los muertos, donde se convierte en su soberana. Este reino, descrito en el «Kojiki» como un lugar oscuro y tenebroso, contrasta fuertemente con el mundo luminoso que Izanami e Izanagi ayudaron a crear. En una escena emblemática, Izanagi, devastado por la pérdida de su amada, desciende al Yomi en un intento desesperado por rescatarla. Sin embargo, descubre que Izanami ha comido la comida del inframundo, un acto irrevocable que la ata a ese lugar para siempre. Esta prohibición refleja una creencia arraigada en muchas culturas: el consumo de alimentos en el mundo de los muertos simboliza la aceptación de la muerte y la imposibilidad de regresar al mundo de los vivos.
La representación del Yomi en el mito japonés tiene una resonancia importante. No es un infierno de castigo, sino un reino sombrío donde las almas existen en una especie de quietud eterna. Con Izanami como su reina, el Yomi se convierte en un lugar de equilibrio necesario, que refleja la naturaleza cíclica de la vida. Su figura, aunque temida, es respetada, ya que representa el final inevitable de la vida y el misterio que viene después.
La Dualidad de Izanami: Diosa de la Creación y la Muerte
La figura de Izanami como diosa de la muerte y la oscuridad en el Yomi contrasta con su papel original como diosa creadora. Sin embargo, esta transformación no representa una contradicción, sino una manifestación de la dualidad inherente en la existencia. Izanami, en su rol de diosa de la muerte, se convierte en un símbolo del equilibrio en el ciclo de vida y muerte, el mismo ciclo que permite la continuidad del mundo. En este sentido, su figura personifica la relación inseparable entre creación y destrucción, fertilidad y decadencia, luz y oscuridad.
A diferencia de las deidades de otras tradiciones, que a menudo representan aspectos aislados de la vida, Izanami es una figura que encarna tanto la creación como la disolución. Este simbolismo subraya una de las principales enseñanzas de la mitología japonesa: la necesidad de aceptar la naturaleza cíclica y transitoria de la vida. Izanami, a través de su vida, su muerte y su rol en el Yomi, refleja esta realidad y la importancia de la armonía entre fuerzas opuestas.
Conclusión: Izanami en la Cultura Japonesa
La figura de Izanami en la mitología japonesa es profunda y compleja, y su legado perdura en la espiritualidad y la cultura de Japón hasta hoy. Como diosa de la creación, ella dio forma a las islas y los dioses; como diosa de la muerte, reina sobre el Yomi, recordando a los seres humanos la inevitabilidad del fin. Su historia, como una diosa que transita entre la luz y la oscuridad, es un reflejo de la filosofía japonesa de la impermanencia, donde la vida y la muerte, la creación y la destrucción, coexisten en un equilibrio eterno. La veneración de Izanami representa un reconocimiento de las fuerzas fundamentales del universo y de la profunda conexión entre la vida y la muerte, un tema que sigue siendo esencial en la comprensión espiritual y cultural de Japón.
Nota:
Este artículo es complementario a otros escritos sobre Izanami, ya que cada uno explora aspectos únicos de su mitología y simbolismo. Lejos de ser duplicados, estos textos abordan distintas "aristas" de su historia y su rol en la cosmovisión japonesa. Así, mientras un artículo puede centrarse en su papel como creadora y otro en su transformación en soberana del Yomi, juntos ofrecen una visión más completa y profunda de esta fascinante deidad. Cada enfoque es una pieza en el rompecabezas de la dualidad de Izanami.
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