En una época en que el silencio era la norma para quienes sentían atracción por el mismo sexo, Karl Heinrich Ulrichs se atrevió a hablar. No solo desafió leyes y prejuicios; formuló conceptos y levantó una bandera en solitario por los derechos de quienes ni siquiera se atrevían a soñar con libertad. Su historia es la de un hombre que, enfrentándose a un mundo que le daba la espalda, creó un lenguaje para el amor prohibido y abrió el camino hacia la dignidad y la igualdad. Este es el legado olvidado de un pionero indomable.


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Karl Heinrich Ulrichs: El Primer Defensor de los Derechos LGBT en la Historia Moderna


Karl Heinrich Ulrichs, figura pionera en la defensa de los derechos de las personas homosexuales durante el siglo XIX, representa un hito en la historia moderna del activismo LGBT. Nacido en 1825 en el Reino de Hannover, este jurista, escritor y erudito alemán desafió las normas sociales y legales que criminalizaban el amor entre personas del mismo sexo, acuñando términos que sentaron las bases para la comprensión científica de la orientación sexual. Su biografía, marcada por una niñez introspectiva y una juventud turbulenta, revela cómo experiencias personales forjaron un compromiso inquebrantable con la igualdad. Como primer defensor público de los derechos LGBT, Ulrichs no solo articuló la idea de una identidad sexual innata, sino que también inspiró generaciones futuras en la lucha contra la discriminación.

En el pintoresco pueblo de Westerfeld, cerca de Aurich en la región de Frisia Oriental, llegó al mundo el 28 de agosto de 1825 Karl Heinrich Ulrichs, hijo de un modesto arquitecto local y una mujer de linaje pastoral. Su nacimiento en esta zona rural del Reino de Hannover, inmersa en tradiciones luteranas y paisajes brumosos del norte de Alemania, evocaba un entorno de estabilidad aparente que pronto se vería interrumpido. El joven Ulrichs, con ojos curiosos y una sensibilidad aguda, creció en un hogar donde la arquitectura paterna infundía un sentido de orden y belleza estructural, mientras que la devoción religiosa de su madre prometía un mundo de certezas morales. Sin embargo, desde sus primeros años, una sutil disonancia interna lo distinguía de sus pares: atraído por los colores vibrantes de los uniformes militares y las telas femeninas, experimentaba un mundo interior que contrastaba con las expectativas masculinas de su época.

La tragedia irrumpió en la vida infantil de Ulrichs cuando, a los diez años, su padre falleció inesperadamente, dejando un vacío que reconfiguró su universo familiar. Obligado a abandonar el hogar paterno, fue acogido en Burgdorf por la familia materna, un clan de pastores luteranos cuya influencia impregnó su niñez con rigurosos estudios bíblicos y debates teológicos. En esta casa parroquial, rodeado de sermones y himnos que exaltaban la pureza del alma, el pequeño Heinrich —como se le conocía en la intimidad— halló refugio en la lectura voraz de clásicos latinos y griegos, un escape que nutriría su futura erudición. Sus recuerdos de infancia, plasmados años después en confidencias autobiográficas, describen tardes solitarias explorando huertos y ríos cercanos, donde la naturaleza se convertía en confidente de sus inquietudes incipientes sobre el deseo y la identidad.

Durante la preadolescencia, Ulrichs asistió a escuelas locales en Aurich y Burgdorf, donde su inteligencia precoz lo destacó en disciplinas humanísticas. A los catorce años, en 1839, un episodio pivotal marcó su juventud temprana: un encuentro sexual con su instructor de equitación, un hombre mayor que despertó en él una atracción profunda y confusa. Este suceso, narrado retrospectivamente con una mezcla de vulnerabilidad y afirmación, simbolizó el despertar de su orientación homosexual en un contexto donde tales impulsos se consideraban aberraciones pecaminosas. La niñez de Ulrichs, así, transcurrió entre el consuelo de la familia extendida y el peso de un secreto que lo aislaba, fomentando una resiliencia intelectual que lo impulsaría hacia estudios superiores. En este período, la Frisia rural, con sus vientos salinos y comunidades cerradas, actuó como telón de fondo para un niño que ya intuía su rol como outsider en la sociedad prusiana.

La transición a la juventud de Ulrichs se aceleró con su ingreso al gymnasium en Celle, donde profundizó en lenguas clásicas y filosofía, disciplinas que le permitieron articular tempranamente sus reflexiones sobre el amor y el género. A los dieciocho años, en 1843, se matriculó en la Universidad de Göttingen para estudiar derecho y teología, atraído por la reputación de esta institución como cuna de pensadores ilustrados. Sus años universitarios, culminando en la graduación de 1846, estuvieron salpicados de debates apasionados sobre ética cristiana y derecho romano, donde Ulrichs defendía con fervor la idea de una moralidad innata más allá de dogmas eclesiásticos. Influenciado por los escritos de Platón, particularmente el Simposio, comenzó a conceptualizar el eros masculino como una variante natural del deseo humano, un germen de su futura teoría del “urning”.

En 1846, Ulrichs extendió sus estudios a la Universidad Friedrich Wilhelm de Berlín, enfocándose en historia y filología, y completando una disertación en latín sobre la Paz de Westfalia en 1848. Esta etapa berlinesa, en el corazón efervescente de la Prusia preunificadora, expuso al joven jurista a círculos intelectuales progresistas y a las tensiones políticas que culminarían en las revoluciones de 1848. Aquí, rodeado de cafés literarios y sociedades secretas, Ulrichs experimentó romances discretos que reforzaron su convicción de que la homosexualidad era una disposición congénita, no una elección moral. Sus diarios juveniles, fragmentarios pero reveladores, aluden a noches de insomnio reflexionando sobre la “anima muliebris virili corpore inclusa” —el alma femenina encerrada en un cuerpo masculino—, una metáfora que capturaba su autopercepción y que más tarde popularizaría en sus escritos.

Al graduarse, Ulrichs ingresó al servicio civil del Reino de Hannover en 1849 como funcionario administrativo, un puesto que prometía estabilidad en localidades como Bückeburg y Hildesheim. Durante estos años iniciales de carrera, de veinticuatro a veintinueve, equilibró el rigor jurídico con pasiones privadas: defendía casos menores en tribunales locales mientras cultivaba correspondencias con intelectuales que compartían sus inclinaciones. Sin embargo, la juventud de Ulrichs se vio ensombrecida por el estigma creciente; rumores sobre sus relaciones con hombres lo expusieron al riesgo de chantaje, un temor constante en la Europa victoriana donde el párrafo 143 del código penal hannoveriano penalizaba la sodomía. Esta vulnerabilidad profesional, nacida de su niñez sensible y juventud exploratoria, lo llevó a renunciar en noviembre de 1854, optando por el anonimato de la escritura freelance antes que la humillación pública.

La renuncia de Ulrichs marcó el fin de su juventud convencional y el alba de su madurez activista. En los años siguientes, trabajando como periodista y secretario personal en Hannover, profundizó en la investigación sobre la “riddle of man-manly love”, como titularía su obra seminal. Influenciado por su educación clásica, desarrolló una taxonomía innovadora: los “urnings” como hombres con almas femeninas atraídas por “dionings”, términos inspirados en la mitología griega que humanizaban la homosexualidad como una tercera sexo natural. Esta conceptualización, arraigada en las dudas juveniles de Ulrichs, transformó su dolor personal en un marco teórico que desafiaba las visiones patológicas predominantes en la medicina y el derecho del siglo XIX.

En 1862, a los treinta y siete años, Ulrichs dio un paso audaz al revelarse como “urning” ante su familia y amigos cercanos, un acto de coraje que liberó su voz pública. Bajo el seudónimo de Numa Numantius, publicó en 1864 los primeros cinco panfletos de Forschungen über das Rätsel der mannmännlichen Liebe, argumentando con erudición legal y científica que el amor entre hombres era un instinto biológico digno de protección legal. Estos textos, distribuidos a juristas y médicos, provocaron confiscaciones policiales en Sajonia y Prusia, pero también cartas de apoyo de hombres anónimos que se reconocían en sus palabras. La juventud de Ulrichs, con sus encuentros prohibidos y estudios humanísticos, se erigía ahora como fundamento de una campaña que vislumbraba la despenalización de la homosexualidad en Alemania.

El clímax de su activismo temprano ocurrió el 29 de agosto de 1867 en Múnich, durante el Congreso de Juristas Alemanes, donde Ulrichs se convirtió en el primer homosexual en defender públicamente su orientación ante quinientos profesionales. Aunque su moción fue censurada, irrumpió en la sesión final proclamando: “Señores, mi propuesta va dirigida a una revisión del actual código penal”, defendiendo a una “clase de personas” perseguidas por su “naturaleza sexual opuesta”. Silbado y abucheado, su intervención —eco de las reflexiones juveniles sobre Platón— generó un escándalo que lo forzó al exilio temporal, pero también inspiró a reformadores como Karl-Maria Kertbeny, quien acuñó “homosexual” en correspondencia con él en 1868.

A lo largo de la década de 1870, Ulrichs continuó su labor desde Stuttgart, donde cultivaba gusanos de seda para subsistir y organizaba reuniones semanales de “urnings” en tabernas locales. Publicó once panfletos más, culminando en Critische Pfeile en 1879, y lanzó la efímera revista Uranus en 1870, precursora de publicaciones queer modernas. Su oposición al anexión prusiana de Hannover en 1866 le valió un breve encarcelamiento, exacerbando su sentido de exilio que remontaba a la orfandad infantil. Estos esfuerzos, impulsados por la juventud de exploración y pérdida, posicionaron a Ulrichs como puente entre el romanticismo decimonónico y la sexología emergente, influyendo en figuras como Richard von Krafft-Ebing.

Hacia 1880, convencido de haber agotado su misión en Alemania, Ulrichs emigró a Italia, estableciéndose en Nápoles y luego en L’Aquila, donde redirigió su pasión erudita hacia la promoción del latín vivo como lengua universal. En esta fase crepuscular, fundó la revista Alaudae en 1889, atrayendo una red internacional de latinistas que financiaron su modesta existencia. Sus escritos en latín y alemán, impregnados de poesía clásica, reflejaban la sensibilidad juvenil por la belleza lingüística, ofreciendo un refugio intelectual tras décadas de batallas por los derechos LGBT. En L’Aquila, rodeado de montañas abrupias, Ulrichs halló la paz que su niñez anhelaba, aunque como exul et pauper —exiliado y pobre—, según su lápida.

Ulrichs falleció el 14 de julio de 1895 a los sesenta y nueve años, recibiendo póstumamente un diploma honorario de la Universidad de Nápoles. Su funeral, oficiado por amigos italianos, evocó lágrimas colectivas por un hombre cuya vida encarnaba la virtud perseguida. El legado de este primer activista gay moderno trasciende su época: sus términos y argumentos influyeron en Magnus Hirschfeld y el movimiento de Berlín, mientras que calles en Múnich y Bremen llevan su nombre, celebrando anualmente su natalicio con lecturas poéticas. En la historia de los derechos homosexuales, la biografía de Ulrichs ilustra cómo una niñez marcada por la pérdida y una juventud de autodescubrimiento pueden catalizar transformaciones sociales duraderas.

La contribución de Karl Heinrich Ulrichs al activismo LGBT no reside solo en sus panfletos o discursos, sino en su coraje para reclamar una identidad innata en una era de represión. Desde las brumas frisias de su infancia hasta los foros jurídicos de Múnich, su trayectoria demuestra que la defensa de los derechos de las minorías sexuales surge de experiencias personales profundas, no de abstracciones ideológicas. Hoy, en un mundo donde el matrimonio igualitario y la visibilidad queer son logros globales, Ulrichs emerge como ancestro indiscutible, recordándonos que el progreso en la igualdad de género y orientación sexual debe su impulso inicial a visionarios como él, cuya juventud forjó un legado de resiliencia y verdad.


REFERENCIAS:

Beachy, R. (2014). Gay Berlin: Birthplace of a modern identity. Alfred A. Knopf.

Hutter, J. (1981). Karl Heinrich Ulrichs: Pioneer in sexology and sexual reform. Journal of Homosexuality, 6(1), 115-132.

Kennedy, H. (1988). Ulrichs: The life and works of Karl Heinrich Ulrichs, pioneer of the modern gay movement. Alyson Publications.

Steakley, J. D. (1976). The homosexual emancipation movement in Germany. Arno Press.

Ulrichs, K. H. (1994). The riddle of “man-manly” love: The pioneering work on male homosexuality (M. A. Lombardi-Nash, Trans.). Prometheus Books. (Original work published 1864-1879)


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