En un mundo donde el “pensar” suele confundirse con opinar o emitir juicios rápidos, Martin Heidegger nos invita a cuestionar profundamente qué significa realmente pensar. Su obra ¿Qué significa pensar? va más allá del conocimiento científico o las verdades empíricas; nos introduce a un pensamiento orientado hacia la esencia y los misterios del ser. Para Heidegger, la ciencia nos muestra cómo funciona el mundo, pero solo el verdadero pensamiento filosófico puede aproximarnos a lo inabarcable: la esencia misma de la existencia.


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¿Qué Significa Realmente Pensar? La Perspectiva Filosófica de Martin Heidegger


"En el presente discurso sobre el pensar unilateral y por una sola vía, la palabra "pensar" significa tanto como "opinar". Uno dice, por ejemplo: "pienso que esta noche va a nevar"; quien así habla, no piensa, opina solamente. Pero por nada debemos tener en poco a este opinar. Nuestro cotidiano hacer y no-hacer se mueve, y necesariamente, en las vías de este opinar. Hasta las ciencias se detienen en esto. ¿Hasta dónde este opinar es unilateral? ¿No pertenece a los primeros principios de la ciencia investigar sus objetos desde el mayor número posible de lados y hasta por todos los lados? ¿Dónde queda entonces lugar para algo unilateral? Precisamente allí donde está el ámbito de su investigación. La ciencia histórica, por ejemplo, investiga una época en todos los aspectos posibles, sin investigar jamás qué es la historia. Ni siquiera puede investigar esto científicamente, porque jamás hombre alguno encontrará por vía histórica lo que es la historia; del mismo modo que tampoco un matemático podrá demostrar por vía matemática, es decir, por su ciencia, o sea en último término, con fórmulas matemáticas, qué es lo matemático. La esencia de sus ámbitos, la historia, el arte, la poesía, el lenguaje, la naturaleza, el hombre, Dios, es inaccesible a las ciencias. Mas al mismo tiempo es así que las ciencias caerían al vacío continuamente, de no moverse dentro de estos ámbitos. La esencia de los mencionados ámbitos es asunto del pensar. En cuanto las ciencias como ciencias no tienen acceso a este asunto, hay que decir que no piensan. Cuando se dice esto, es fácil que suene en el primer momento como si el pensar presumiese ser superior frente a las ciencias. Tal presunción, si llegara a existir, sería injustificada; pues, precisamente porque el pensar se mueve alli donde podría pensar la esencia de la historia, del arte, del lenguaje, de la naturaleza, pero sin lograrlo todavía, el pensar sabe siempre esencialmente menos que las ciencias. Éstas llevan su nombre con toda razón porque saben infinitamente más que el pensar…"

Heidegger Martin, “¿Qué significa pensar”, ed. Nova, Buenos Aires, 1964



¿Qué Significa Pensar? Explorando la Distinción entre Opinión y Pensamiento en la Filosofía de Martin Heidegger


En la búsqueda de una comprensión profunda de lo que significa realmente “pensar”, pocos filósofos han alcanzado el nivel de abstracción y cuestionamiento radical que Martin Heidegger logró en sus obras. A través de su ensayo “¿Qué significa pensar?”, Heidegger no solo desafía el uso cotidiano de la palabra “pensar” —donde el término se equipara a “opinar”— sino que también subraya una distinción esencial: el verdadero acto de pensar está separado del conocimiento positivo, sistemático y científico. A través de este análisis, Heidegger explora un territorio en el que el pensamiento se despliega hacia las esencias inalcanzables, las verdades más profundas sobre el ser, la historia, el arte, y el lenguaje, lugares donde la ciencia, según él, no tiene acceso. Este ensayo se propone desglosar y profundizar en estos planteamientos, explorando cómo y por qué Heidegger establece esta separación entre el pensamiento y la ciencia, y lo que implica para nuestra comprensión de la realidad.

Desde el comienzo, Heidegger plantea que el uso común de la palabra “pensar” está devaluado. Cuando alguien dice “pienso que mañana lloverá”, en realidad está emitiendo una opinión. Para Heidegger, este “opinar” no constituye pensamiento en su sentido profundo y genuino, sino una declaración circunstancial, un acto de juicio sobre una situación efímera y empírica. No obstante, Heidegger no subestima la relevancia del opinar. Como él mismo señala, nuestras vidas cotidianas, nuestra toma de decisiones y acciones más básicas, dependen en gran medida de estos juicios pragmáticos. Incluso las ciencias, a las que se considera el pilar del conocimiento y la certeza, se construyen sobre este tipo de enunciados y opiniones. Sin embargo, para Heidegger, este “pensar-cotidiano” es unilateral y limitado. Nos ayuda a enfrentar el mundo y a manipularlo, pero no a comprender las esencias últimas que subyacen a la realidad.

Aquí surge uno de los puntos más radicales del argumento de Heidegger: la ciencia, en su sentido más riguroso y objetivo, carece de acceso a las cuestiones fundamentales de la existencia. En su texto, Heidegger explica que la ciencia histórica puede investigar un período o una civilización desde múltiples aspectos, acumulando datos, teorías, e interpretaciones. No obstante, por más que expanda su campo de investigación, nunca puede llegar a desentrañar lo que es en sí misma la historia, su esencia. Del mismo modo, un matemático puede avanzar en la resolución de ecuaciones y en la creación de modelos complejos, pero no puede explicar, desde el marco de la matemática misma, qué es “lo matemático”. Este límite no es un defecto de la ciencia, sino una característica intrínseca de su estructura y metodología. La ciencia persigue el conocimiento positivo, sistemático y acumulativo, y en ese sentido, avanza en lo que sabe y en cómo puede emplear ese conocimiento. Sin embargo, en esta misma búsqueda de saber, se aparta de lo esencial: no cuestiona el ser ni la esencia de su propio campo.

Para Heidegger, el verdadero pensar —aquel que él defiende— es el que se mueve hacia las esencias de estas disciplinas. Es un pensar que no pretende acumular saber en el sentido de la ciencia, sino que indaga en las profundidades metafísicas que la ciencia no puede alcanzar. La esencia de la historia, del arte, del lenguaje, del ser humano, e incluso de Dios, permanecen, en su visión, en un ámbito inaccesible para el conocimiento científico. Este tipo de pensar no se fundamenta en certezas, resultados ni conclusiones prácticas. De hecho, es un pensamiento que reconoce sus propias limitaciones; Heidegger advierte que el pensar filosófico sabe “esencialmente menos” que las ciencias. La ciencia, en su orden, opera dentro de estructuras formales y procesos que le otorgan precisión y validez objetiva. Pero el pensar, en el sentido profundo que Heidegger postula, se enfrenta al misterio, a lo incognoscible, al horizonte indefinible de lo que constituye la esencia de las cosas.

Lo que Heidegger quiere decir con que el pensar “sabe menos que las ciencias” no es un simple acto de modestia intelectual, sino una comprensión fundamental de la naturaleza del pensar filosófico. Este tipo de pensamiento no busca completar un sistema de conocimiento; es, en cambio, una actitud de apertura hacia el ser y sus enigmas. El pensamiento, en este sentido, es el acto de contemplar aquello que escapa a toda fórmula, a toda demostración y certeza. En la filosofía heideggeriana, el pensar es una actividad orientada a lo esencial y a lo indefinible. De hecho, en lugar de acumular “más saber”, el pensar aspira a despojarse de supuestos y a mantenerse en una especie de proximidad con el ser que, aunque nunca puede ser plenamente comprendido o poseído, es la fuente última de significado.

Esta visión de Heidegger plantea un desafío para la epistemología moderna, donde el conocimiento objetivo y verificable ha sido el paradigma dominante desde la Ilustración. En un mundo contemporáneo que valora la ciencia por su capacidad de resolver problemas prácticos, crear tecnología y mejorar la vida material, la idea de que el “pensar” verdadero no produce tales resultados puede parecer poco práctica o incluso anticuada. Sin embargo, Heidegger advierte de los peligros de reducir todo conocimiento a lo científicamente verificable. Cuando solo valoramos aquello que es útil o demostrable, nos arriesgamos a perder de vista preguntas fundamentales sobre nuestra existencia, sobre el significado de ser y de vivir en el mundo. En otras palabras, la ciencia necesita de la filosofía para recordar su propio fundamento y para no caer en una especie de mecanización del saber.

El enfoque de Heidegger no niega los logros y avances de la ciencia, sino que apunta a una carencia esencial en su perspectiva. Si bien la ciencia nos permite explorar y manipular el mundo, no nos dice quiénes somos ni por qué estamos aquí. Su planteamiento no es anti-científico, sino más bien un recordatorio de que el pensamiento abarca mucho más que el conocimiento empírico. La ciencia, sin las preguntas filosóficas sobre la esencia, corre el riesgo de caer en el vacío de lo puramente instrumental. En cambio, el pensamiento que Heidegger propone es un acto de humildad y de respeto ante los misterios fundamentales del ser, un intento de entender no solo lo que el mundo es, sino lo que significa existir.

En conclusión, la distinción que Heidegger establece entre “opinar” y “pensar” es un llamado a revisar nuestras propias concepciones sobre el conocimiento y la verdad. En su visión, el pensar no es simplemente otro modo de saber, sino una disposición diferente hacia la existencia misma. A diferencia de la ciencia, que busca dominar y conocer el mundo desde múltiples perspectivas, el pensar filosófico se despliega hacia lo inabarcable, hacia aquello que la ciencia no puede y no pretende tocar: la esencia. Heidegger invita a sus lectores a abandonar el camino de la certeza absoluta y del saber técnico, para adentrarse en un terreno más incierto, donde el pensamiento verdadero se convierte en un acto de apertura y de respeto hacia el misterio del ser.


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