En las grietas de lo cotidiano surge un espacio para repensar el lenguaje y las prácticas que moldean nuestra existencia. Michel de Certeau, atento a las resistencias y maniobras creativas del día a día, propone una visión donde lo mínimo desafía las jerarquías del saber. En diálogo con Wittgenstein, el lenguaje deja de ser herramienta de comunicación para convertirse en un campo vivo de invención y lucha.
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"Si Wittgenstein se propone "llevar el lenguaje de su uso filosófico a su uso ordinario", al everyday use, proyecto que ha desarrollado sobre todo durante el último periodo, se impide, e impide al filósofo, todo desbordamiento metafísico fuera de lo que hablar puede expresar. […] Se ha fijado como tarea ser el científico de la actividad significante en el lenguaje común. Cualquier otra cosa sólo es considerada como lenguaje por analogía o comparación con el aparato de nuestro lenguaje ordinario. Pero se trata de abordarlo sin rebasar lo que exceda la competencia de este lenguaje, y por tanto evitar convertirse en el experto, o el intérprete, en otro campo lingüístico (por ejemplo, metafísico o ético), y nunca hablar en otra parte "en su nombre". De esta forma debe volverse imposible la conversión de la competencia en autoridad"
Certeau, Michel de, La invención de lo cotidiano. 1 Artes de hacer.
El lenguaje como práctica cotidiana: Michel de Certeau y la reconfiguración del uso significante
La obra de Michel de Certeau, especialmente La invención de lo cotidiano, se erige como un monumento a la exploración de los modos en que el lenguaje y las prácticas ordinarias configuran el entramado de lo social y lo cultural. En diálogo implícito con Ludwig Wittgenstein, Certeau explora la naturaleza del lenguaje desde su encarnación en lo común, lo cotidiano, proponiendo una visión radicalmente descentrada del sujeto como productor de sentido. Su crítica a la autoridad discursiva y su énfasis en las “artes de hacer” ofrecen un marco teórico profundamente innovador, que desafía las jerarquías tradicionales del conocimiento. En este ensayo, exploraremos cómo Certeau amplía y profundiza las propuestas de Wittgenstein, resituando el lenguaje en su uso práctico y cotidiano, y analizaremos las implicaciones éticas, epistemológicas y políticas de esta concepción.
Wittgenstein y el uso ordinario del lenguaje
Ludwig Wittgenstein, en su transición hacia la filosofía del lenguaje ordinario, había identificado en Las investigaciones filosóficas una ruptura con la metafísica clásica y con la visión del lenguaje como un sistema cerrado de correspondencias idealizadas. Para Wittgenstein, las palabras adquieren significado no en virtud de su referencia a entidades abstractas, sino en los contextos específicos de uso. La famosa noción de “juegos de lenguaje” despoja al lenguaje de su supuesta pureza ontológica, desplazándolo hacia la multiplicidad de prácticas que los hablantes efectivamente realizan. Este giro, profundamente pragmático, implica que el filósofo no debe imponerse como un árbitro que defina el lenguaje desde fuera, sino como un observador inmerso en sus dinámicas vivas.
Michel de Certeau retoma esta propuesta para construir una teoría más amplia de las prácticas significantes, extendiéndola desde el ámbito del lenguaje hacia la totalidad de las actividades humanas. Si Wittgenstein había declarado que “el significado de una palabra es su uso en el lenguaje”, Certeau plantea que las prácticas sociales mismas son formas de lenguaje. Así, las “artes de hacer” –esas maniobras sutiles y creativas con las que los individuos reinventan y subvierten los sistemas que los constriñen– son, en cierto modo, extensiones de los juegos de lenguaje wittgensteinianos.
Certeau y la inversión de la autoridad discursiva
Para Certeau, el lenguaje no es un sistema rígido que impone límites, sino un espacio abierto donde la creatividad y la resistencia se manifiestan constantemente. En La invención de lo cotidiano, desarrolla una crítica incisiva al modo en que las estructuras de poder intentan codificar y controlar el lenguaje y las prácticas sociales, transformando la competencia en autoridad. Este mecanismo, según Certeau, opera mediante una apropiación que convierte el conocimiento común en saber especializado, despojándolo de su dimensión originaria y práctica.
El lenguaje ordinario, en este sentido, no es simplemente un medio de comunicación, sino un espacio de lucha simbólica. Certeau observa que los hablantes cotidianos no se limitan a reproducir los significados impuestos por las instituciones, sino que los adaptan, los trastocan y los resignifican en función de sus propias necesidades y deseos. Este proceso es comparable al acto de caminar por una ciudad: aunque las calles y avenidas estén diseñadas por el urbanismo oficial, los transeúntes crean rutas, atajos y desviaciones que escapan al control de los planificadores.
De manera similar, en el ámbito del lenguaje, los hablantes realizan operaciones tácticas que Certeau describe como “apropiaciones”: un uso creativo y subversivo del vocabulario y las estructuras impuestas. Estas prácticas no pretenden transformar el sistema en su totalidad, sino habitarlo de formas inesperadas, redefiniendo los límites de lo posible dentro de sus coordenadas.
Ética y política de la práctica lingüística
La reflexión de Certeau sobre el lenguaje y su uso cotidiano tiene implicaciones profundas para la ética y la política. En primer lugar, cuestiona la pretensión de ciertos discursos especializados de hablar “en nombre de” otros, una práctica que perpetúa jerarquías epistemológicas y sociales. Para Certeau, esta apropiación de la voz ajena es una forma de violencia simbólica que reduce las prácticas ordinarias a meros objetos de estudio, negándoles su agencia y creatividad.
En contraste, la propuesta de Certeau consiste en reconocer el valor intrínseco de las prácticas significantes de los sujetos comunes. Esto no implica idealizarlas o romantizarlas, sino comprenderlas como formas legítimas de conocimiento y expresión. Al evitar la conversión de la competencia en autoridad, Certeau abre un espacio para una política de lo cotidiano que celebra la diversidad de modos de hacer y de decir, resistiendo la homogenización impuesta por los discursos dominantes.
En segundo lugar, esta visión del lenguaje como práctica cotidiana tiene implicaciones emancipadoras. Si el lenguaje no es un sistema cerrado, sino un campo de posibilidades abiertas, entonces los sujetos no están condenados a repetir los significados heredados, sino que pueden transformarlos desde dentro. Esto no significa que cualquier transformación sea posible, pero sí que existe un margen constante para la innovación y la resistencia.
La intersección entre metafísica, ética y estética
Certeau se distingue de Wittgenstein en su voluntad de explorar las dimensiones metafísicas y estéticas del lenguaje sin abandonar el plano de lo cotidiano. Aunque Wittgenstein había advertido contra los peligros de exceder los límites del lenguaje ordinario, Certeau muestra que este excedente no puede ser eliminado por completo. De hecho, el propio acto de hablar implica siempre un desbordamiento, una apertura hacia lo que no puede ser dicho plenamente pero que, sin embargo, configura el horizonte de lo significante.
Este excedente se manifiesta en los gestos poéticos, en los silencios, en los juegos de ambigüedad que los hablantes introducen en sus intercambios diarios. Para Certeau, estos elementos no son anomalías o desviaciones, sino el núcleo mismo de la actividad significante. Al igual que en las artes de hacer, en el lenguaje cotidiano hay una dimensión estética que desafía las categorías rígidas de lo útil y lo funcional.
En este sentido, Certeau plantea una concepción profundamente enriquecida del lenguaje, que lo vincula no solo con la comunicación y el conocimiento, sino también con el deseo, la imaginación y la creación. El lenguaje ordinario, en su visión, es un espacio donde se entrecruzan la lógica y la poesía, lo establecido y lo emergente, lo dicho y lo que permanece como una posibilidad latente.
Conclusión abierta
La reflexión de Michel de Certeau sobre el lenguaje y las prácticas cotidianas nos invita a repensar nuestras propias formas de habitar y significar el mundo. En diálogo crítico con Wittgenstein, Certeau amplía el horizonte de lo que entendemos por lenguaje, situándolo no solo como un medio de comunicación, sino como un campo de resistencia, creación y transformación. Su propuesta, lejos de agotarse en el análisis teórico, tiene un carácter profundamente práctico: nos desafía a reconocer y valorar las artes de hacer que configuran nuestra vida cotidiana y a resistir las formas de autoridad que buscan apropiarse de ellas.
Al hacerlo, Certeau nos recuerda que el lenguaje no pertenece a ningún experto ni institución, sino a quienes lo hablan, lo reinventan y lo hacen suyo en el entramado dinámico de lo cotidiano. Esta perspectiva, a la vez humilde y radical, nos ofrece una guía para navegar las complejidades de un mundo donde las palabras, aunque aparentemente sencillas, son siempre herramientas de poder y de creación.
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