En una época que Heidegger describe como “un tiempo indigente”, Karl Löwith se aventura a iluminar la crisis del pensamiento metafísico. Más allá de criticar, su lectura nos empuja a cuestionar la relación entre el ser humano y el ser, no como un dominio, sino como un acto de escucha y cuidado. Aquí, superar la metafísica no es destruirla, sino regresar a su raíz: la luz oculta del ser que espera ser redescubierta.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES


Imágenes DALL-E de OpenAI
“La metafísica piensa el ente en cuanto ente y, por lo tanto, respecto de un ser; pero no sabe que su visión del ser del ente debería agradecérsela a la luz oculta del ser mismo. Por eso se trataría de experimentar, mediante un "regreso hacia el fundamento de la metafísica", el suelo del que se nutren las raíces del árbol de la metafísica, cuyas ramas son las ciencias. En este pensar el ser, que ya no es metafísico ni humanista, debería ser superada la metafísica tradicional. Para eso sería necesario que el ser humano mutara de un animal metaphysicum y rationale, es decir, de un sujeto fundamental, a un "pastor del ser". [...] la moderna voluntad debería realizar un viraje y volverse "más obediente". Así, la subjetividad abandonada reclama compulsivamente la palabra, pues el pensamiento esencial del ser no será "acontecido" sólo desde el ser, sino que requiere también un propio comportamiento de apropiación que pueda corresponder al ser. [...] El pensamiento esencial del ser no será "acontecido" sólo desde el ser, sino que requiere también un propio comportamiento de apropiación que pueda corresponder al ser. [...] En el pensamiento "del" ser, el genitivo es intencionalmente ambiguo: el pensamiento es "del" ser, en tanto que el pensamiento, acontecido por el ser, corresponde al ser. El pensamiento es al mismo tiempo "pensamiento del ser", en tanto el pensamiento, correspondiente al ser, escucha al ser. <<El pensamiento, como lo correspondiente al ser en tanto que lo oye, es aquello que es según su procedencia esencial>>.”
Löwith, Karl, Heidegger, un pensador de un tiempo indigente.
El pensamiento del ser y la crítica a la metafísica tradicional en Karl Löwith
Karl Löwith, en su ensayo Heidegger, un pensador de un tiempo indigente, ofrece una crítica minuciosa de la filosofía de Martin Heidegger. En este texto, Löwith reflexiona sobre los fundamentos de la metafísica y examina la propuesta heideggeriana de un “regreso al fundamento” como una manera de superar la tradición metafísica. Su análisis no solo desentraña las raíces de la metafísica occidental, sino que también cuestiona los supuestos de la modernidad y la subjetividad, proponiendo una nueva comprensión de la relación del ser humano con el ser.
La premisa central del análisis de Löwith se basa en una crítica a la metafísica como disciplina que piensa el ente en cuanto ente, pero que simultáneamente pierde de vista la “luz oculta” del ser que la posibilita. Esta luz, que subyace al pensamiento metafísico y a las ciencias que brotan de sus ramas, es lo que Heidegger intenta traer al primer plano mediante su concepto de Seinsdenken (pensamiento del ser). Löwith señala que este retorno al fundamento de la metafísica no busca simplemente refutar sus principios, sino más bien replantear su suelo originario. Este suelo, entendido como la fuente de la que la metafísica se nutre, no es accesible mediante la voluntad moderna de dominio y objetivación, sino a través de una transformación profunda en la actitud del ser humano hacia el ser.
La metafísica, según Löwith, ha privilegiado históricamente al sujeto humano como centro de significación y dominio. Este privilegio, consolidado en la modernidad, ha reducido al ser humano a un “animal metaphysicum y rationale”, un ser que comprende el mundo a través de categorías que lo subordinan a su propia voluntad. Heidegger, en cambio, propone que el ser humano debe dejar de ser un sujeto fundamental y convertirse en un “pastor del ser”. Esta metáfora del pastor, que Löwith explora en profundidad, sugiere un cambio radical en la relación del ser humano con el ser: en lugar de imponer su voluntad sobre el ser, el ser humano debe aprender a escuchar, a corresponder, y a permitir que el ser se manifieste en su propia esencia.
El concepto de “obediencia” en este contexto adquiere un carácter filosófico esencial. La voluntad moderna, que ha sido el motor de la técnica y la dominación del mundo, debe realizar un viraje hacia una disposición más abierta y receptiva. Löwith interpreta esta exigencia como una ruptura con el antropocentrismo de la metafísica tradicional. La subjetividad, abandonada a su propia voluntad, busca desesperadamente afirmarse, pero solo al renunciar a este impulso puede abrirse a la experiencia fundamental del ser. Este acto de obediencia no es una sumisión pasiva, sino un comportamiento activo de apropiación que permite corresponder al ser en su manifestación.
La ambigüedad intencional del genitivo en la expresión “pensamiento del ser” es uno de los puntos más profundos del análisis de Löwith. Este genitivo indica simultáneamente una relación de procedencia y una relación de orientación. El pensamiento es “del ser” en tanto que es acontecido por el ser; es decir, el ser mismo posibilita el pensamiento que lo piensa. Pero también es “pensamiento del ser” en el sentido de que este pensamiento corresponde al ser, lo escucha y lo acoge. La dualidad de esta relación refleja la concepción heideggeriana del ser como aquello que no puede ser simplemente aprehendido o dominado, sino que debe ser atendido y respondido en su propia manifestación.
Löwith enfatiza que este pensamiento “del ser” no es simplemente un ejercicio intelectual, sino un acto ontológico que implica una transformación en el ser humano. Esta transformación, sin embargo, no es un proceso que pueda ser controlado o planeado, sino que ocurre en la medida en que el ser humano se dispone a escuchar al ser. En este sentido, el pensamiento del ser es inseparable de la praxis existencial, ya que no se trata de un conocimiento abstracto, sino de una correspondencia viva entre el ser y el pensar.
La metáfora del árbol utilizada por Löwith es particularmente ilustrativa para comprender la relación entre la metafísica, las ciencias y el ser. Las ciencias, como ramas del árbol de la metafísica, dependen de un tronco que es el pensamiento metafísico, el cual a su vez se nutre de raíces ocultas en el suelo del ser. Sin embargo, la modernidad, en su afán por expandir las ramas de las ciencias y la técnica, ha olvidado el suelo que sustenta todo el árbol. Heidegger, a través de su crítica a la metafísica, busca no destruir este árbol, sino recuperar la conexión con el suelo originario, permitiendo así que las raíces se renueven y el árbol florezca en una nueva dirección.
Esta propuesta, sin embargo, plantea desafíos significativos, tanto filosóficos como prácticos. Löwith observa que el pensamiento del ser, tal como lo plantea Heidegger, exige un cambio radical en la comprensión de la existencia humana y su lugar en el mundo. Este cambio no puede ser impuesto ni acelerado; requiere un proceso histórico y cultural en el que el ser humano aprenda a habitar el mundo de una manera distinta. Este aprendizaje, que Heidegger describe como un Gelassenheit (dejar-ser), implica una actitud de apertura y aceptación que contrasta con la voluntad moderna de control y dominio.
En última instancia, la crítica de Löwith a la metafísica tradicional y su interpretación de Heidegger nos invitan a reflexionar sobre las raíces profundas de nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. La propuesta de superar la metafísica no es simplemente un rechazo de su legado, sino una invitación a repensar su fundamento y a redescubrir la luz oculta del ser que la sustenta. Este pensamiento, que no es ni metafísico ni humanista en el sentido tradicional, abre nuevas posibilidades para comprender y habitar el mundo de una manera más plena y auténtica.
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