En el vasto océano de la literatura del siglo XX, Franz Kafka emerge no como un faro que guía, sino como un náufrago que nos arrastra con él hacia las profundidades insondables del abismo. Su obra, lejos de ofrecer certezas, nos desafía con preguntas que desgarran la comodidad del pensamiento lógico. Roberto Bolaño, con su mirada incisiva, lo describe no como un observador de la caída, sino como el escritor que se atreve a caer mientras escribe. ¿Qué se revela en esa caída? Sigue leyendo y descúbrelo.


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Imágenes DALL-E de OpenAI 
"Con Kafka, a quien considero el más grande escritor del siglo XX, tuve algunos problemas. No es que no encontrara humor en Kafka, que lo hay y a raudales, sino que su humor era de un voltaje superior a mis fuerzas. Eso no me ocurrió con Musil ni Döblin ni Hesse, ni tampoco con Lichtenberg, a quien releo a menudo y que siempre me levanta el ánimo. Musil, Döblin, Hesse, escriben desde el borde del abismo, lo cual es meritorio. Casi nadie se atreve a escribir desde ahí. Pero Kafka escribe desde el abismo. Mientras cae por el abismo, que es pequeño como una flor o como una catedral, pero que también es grande como el universo. Kafka escribe mientras va cayendo, como Alicia en el País de las Maravillas".

Por qué leer a Kafka, según  Roberto Bolaño

El Abismo como Arte: La Profundidad de Kafka según Bolaño


Roberto Bolaño, una de las voces más destacadas de la literatura contemporánea, encontraba en Kafka no solo a un autor insigne del siglo XX, sino también a un escritor que trasciende cualquier clasificación convencional. Bolaño lo consideraba el más grande escritor de su siglo, y no sin razón. La obra de Franz Kafka no solo explora los límites de la condición humana, sino que redefine la manera en que concebimos el acto mismo de escribir. Según Bolaño, Kafka no escribe desde el borde del abismo, como otros grandes autores de su tiempo, sino que lo hace desde el propio abismo. Esta idea, en apariencia sencilla, abre un horizonte de interpretación fascinante y complejo que merece ser explorado en profundidad.

Cuando Bolaño describe el humor de Kafka como de un “voltaje superior”, pone de manifiesto la singularidad de este autor. En Kafka, el humor no es una simple herramienta para aligerar el peso de lo narrado; es un dispositivo que revela el absurdo inherente a la existencia, un mecanismo que desnuda las estructuras más profundas del poder, de la burocracia y del ser humano atrapado en sus propias contradicciones. El humor kafkiano no busca hacer reír, sino confrontar. Es un humor que, lejos de aliviar, intensifica el vértigo de la caída.


Kafka y el acto de escribir desde el abismo


La noción de que Kafka escribe desde el abismo y no desde su borde nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza de su obra y su impacto. Para otros escritores contemporáneos suyos como Musil, Döblin o Hesse, el borde del abismo es el lugar seguro desde donde observar el caos y la desesperación, un punto de partida para reflexionar sobre la existencia humana sin perder de vista la posibilidad de regresar a un estado de equilibrio. Kafka, en cambio, no se detiene en ese límite. Se lanza al vacío y escribe mientras cae, una imagen que evoca a Alicia en su descenso al País de las Maravillas, aunque el abismo de Kafka está desprovisto de fantasía reconfortante.

Este acto de escribir mientras se está cayendo, mientras se experimenta la desorientación absoluta, es lo que otorga a Kafka su carácter único. Sus obras no ofrecen respuestas, no sugieren un camino de retorno ni una salvación posible. Al contrario, enfrentan al lector con el carácter irremediablemente opaco del mundo y lo obligan a aceptar que la vida, como en El proceso o en La metamorfosis, carece de explicaciones definitivas. La burocracia interminable que consume a Josef K. o la transformación absurda de Gregor Samsa en un insecto no son simples metáforas; son manifestaciones literarias de un abismo existencial que Kafka logra capturar con precisión única.


La caída como experiencia estética y filosófica


Escribir desde el abismo también implica una profunda conexión con lo absurdo, concepto que más tarde sería explorado por filósofos como Albert Camus. Sin embargo, Kafka no teoriza sobre el absurdo; lo encarna en sus relatos. En su universo literario, los personajes no solo habitan mundos absurdos, sino que son absorbidos por ellos. No hay un espacio exterior desde el cual puedan observarse los acontecimientos con claridad; todo ocurre dentro de un sistema que se despliega con reglas propias y desconcertantes.

Esta caída perpetua es tanto una experiencia estética como filosófica. A través de su lenguaje meticuloso y su estructura narrativa precisa, Kafka nos introduce en un estado de incertidumbre constante. El lector no solo observa el abismo; lo experimenta, lo recorre y lo habita. Y es precisamente esta capacidad de Kafka para trasladarnos a su abismo lo que Bolaño destaca como uno de los mayores logros literarios del siglo XX.


El abismo como metáfora de la modernidad


Para comprender la relevancia de Kafka, es necesario situarlo en el contexto de la modernidad. A principios del siglo XX, el mundo enfrentaba cambios radicales: el auge de la industrialización, la expansión de las grandes ciudades, la Primera Guerra Mundial, y la creciente deshumanización del individuo frente a estructuras cada vez más impersonales. Kafka, nacido en 1883 en Praga, en el seno de una familia judía en el Imperio Austrohúngaro, vivió en carne propia las tensiones de un mundo que se transformaba rápidamente.

En este contexto, el abismo de Kafka no es un fenómeno aislado, sino un reflejo de su época. La alienación, la opresión burocrática y la pérdida de sentido que caracterizan su obra son también las marcas de una modernidad que despoja al individuo de su autonomía. Sin embargo, Kafka no se limita a denunciar estas condiciones; las convierte en la esencia misma de su literatura. Escribe desde el abismo porque, para él, no hay otra posición posible en un mundo que ha perdido su centro.


La influencia de Kafka en la literatura posterior


La afirmación de Bolaño sobre la grandeza de Kafka no solo se basa en la calidad intrínseca de su obra, sino también en su impacto duradero en la literatura mundial. Escritores como Samuel Beckett, Jorge Luis Borges y Philip Roth han reconocido la deuda que tienen con Kafka, cuya obra ha servido como modelo para explorar los límites de la narrativa y de la condición humana. El propio Bolaño, con su estilo desafiante y su capacidad para confrontar al lector con la realidad más cruda, es un ejemplo de cómo Kafka continúa influyendo en la escritura contemporánea.

Kafka no solo nos muestra el abismo; nos invita a habitarlo. Sus textos no ofrecen consuelo ni redención, pero sí una forma de enfrentar la existencia con honestidad radical. En un mundo que a menudo se siente incomprensible y caótico, la literatura de Kafka nos recuerda que no estamos solos en nuestra caída. Y, como sugiere Bolaño, quizás lo más grande que puede ofrecer un escritor es esa compañía en el abismo, ese gesto de escribir mientras se cae, transformando el vértigo en arte.


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