En un mundo donde el amor se enreda con la codicia y el destino se burla de los deseos humanos, La Celestina surge como un espejo de las pasiones desenfrenadas y las ambiciones ocultas. Más que una simple historia de amor, es un retrato despiadado de una sociedad en la que el engaño es moneda de cambio y la tragedia acecha a cada personaje. A través de su magistral construcción, Fernando de Rojas nos sumerge en una obra que desafía géneros y expone las sombras del alma humana.


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La Celestina: Tragicomedia de amor y desengaño en la España del siglo XV


La obra La Celestina, escrita por Fernando de Rojas a finales del siglo XV, es una de las piezas literarias más importantes y complejas de la literatura española. Aunque tradicionalmente se la ha clasificado como una comedia humanística, su estructura, temática y desarrollo la sitúan en un espacio liminal entre el drama y la novela, lo que ha generado numerosos debates entre los estudiosos. Esta obra, cuyo título original es Tragicomedia de Calisto y Melibea, no solo refleja las tensiones sociales, morales y filosóficas de su época, sino que también anticipa muchos de los temas que dominarían la literatura renacentista y barroca. A través de un análisis profundo de sus personajes, su estructura y su contexto histórico, es posible apreciar la riqueza y la trascendencia de esta obra.

El argumento central de La Celestina gira en torno a la relación amorosa entre Calisto y Melibea, dos jóvenes pertenecientes a la clase alta de una ciudad anónima. Calisto, un noble obsesionado con su deseo, busca la ayuda de Celestina, una alcahueta astuta y manipuladora, para conquistar a Melibea. Sin embargo, lo que comienza como una comedia de enredos amorosos rápidamente se transforma en una tragedia marcada por la traición, la codicia y la muerte. Este giro hacia lo trágico no solo subraya la fragilidad de las pasiones humanas, sino que también cuestiona las normas sociales y morales de la época.

Uno de los aspectos más destacados de La Celestina es su construcción de personajes, especialmente la figura de Celestina. Ella no es simplemente una alcahueta estereotipada, sino un personaje multifacético que encarna tanto la sabiduría popular como la corrupción moral. Celestina es una superviviente en un mundo dominado por hombres, y su habilidad para manipular a los demás refleja su comprensión profunda de las debilidades humanas. A través de ella, Rojas explora temas como el poder, la sexualidad y la moralidad, cuestionando las estructuras sociales que marginan a las mujeres y a los pobres. Celestina es, en muchos sentidos, una figura subversiva que desafía las normas de su tiempo, pero su destino trágico también sirve como una advertencia sobre los límites de la ambición y la transgresión.

Calisto y Melibea, por su parte, representan la juventud y la pasión desenfrenada. Calisto es un personaje egocéntrico y obsesivo, cuya idea del amor está más cerca de la lujuria que del amor cortés tradicional. Su lenguaje hiperbólico y su falta de autocontrol lo convierten en una figura ridícula, pero también trágica. Melibea, en cambio, es inicialmente presentada como una joven virtuosa y obediente, pero su transformación a lo largo de la obra revela una complejidad psicológica poco común en la literatura de la época. Su caída en el amor ilícito y su posterior suicidio son una crítica velada a las restricciones impuestas a las mujeres en la sociedad medieval.

La estructura de La Celestina también merece un análisis detallado. Aunque la obra está escrita en forma de diálogo, lo que la acerca al género dramático, su extensión y su desarrollo narrativo la acercan más a la novela. Esta dualidad genérica es una de las características más innovadoras de la obra y refleja la influencia de diversas tradiciones literarias, desde la comedia romana hasta la literatura medieval. Además, el uso del diálogo permite a Rojas explorar las motivaciones y los conflictos internos de los personajes de una manera que sería imposible en un texto narrativo tradicional. Cada personaje tiene una voz distintiva, lo que contribuye a la riqueza psicológica de la obra.

El lenguaje de La Celestina es otro de sus aspectos más notables. Rojas combina el lenguaje culto y retórico de la clase alta con el habla coloquial y popular de los sirvientes y las clases bajas. Este contraste lingüístico no solo refleja las divisiones sociales de la época, sino que también añade una capa de realismo a la obra. Además, el uso de refranes y expresiones populares, especialmente en boca de Celestina, conecta la obra con la tradición oral y la sabiduría popular, lo que la hace accesible a un público más amplio.

En cuanto a su contexto histórico, La Celestina es una obra profundamente arraigada en la España del siglo XV, un período marcado por la convivencia conflictiva entre cristianos, judíos y musulmanes, así como por el surgimiento de la Inquisición. Fernando de Rojas, que era de origen judío converso, vivió en una época de intensa persecución religiosa y social, y es posible leer La Celestina como una crítica velada a la hipocresía y la corrupción de la sociedad de su tiempo. La obra cuestiona las normas morales y religiosas establecidas, sugiriendo que la verdadera moralidad no reside en la obediencia ciega a las reglas, sino en la comprensión y el respeto de la naturaleza humana.

Finalmente, es importante destacar el tema del desengaño, que recorre toda la obra. La Celestina es, en esencia, una meditación sobre la fragilidad de las ilusiones humanas y la inevitabilidad del sufrimiento. Los personajes, atrapados en sus propias pasiones y ambiciones, son incapaces de ver la realidad tal como es, y su ceguera los conduce a la tragedia. Este tema del desengaño anticipa muchos de los motivos que dominarían la literatura barroca, como el desengaño del mundo y la fugacidad de la vida.

En suma, La Celestina es una obra literaria de una riqueza y una profundidad extraordinarias. A través de sus personajes complejos, su estructura innovadora y su lenguaje vibrante, Fernando de Rojas nos ofrece una visión crítica y desencantada de la sociedad de su tiempo, al mismo tiempo que explora temas universales como el amor, la muerte y la moralidad.

Su influencia en la literatura española y europea es incuestionable, y su legado perdura hasta nuestros días como una de las obras más importantes y fascinantes de la literatura universal.


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