En el cruce entre la lógica infinita y la estrategia naval, Meliso de Samos desafió los límites de su época. Filósofo eleático y almirante, su pensamiento sobre el Ser eterno e ilimitado resonó tanto en la abstracción como en la práctica militar. Desde las costas de Samos, lideró batallas mientras negaba el movimiento en sus teorías, mostrando cómo la razón y la acción pueden coexistir en un equilibrio sorprendente. Una mente que transformó ideas y enfrentó realidades.


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Meliso de Samos: La Unión del Pensamiento Eleático y la Estrategia Militar en la Grecia Antigua


Meliso de Samos representa una figura singular en el panorama del pensamiento presocrático. Nacido aproximadamente en el 500 a.C. en la isla de Samos, Meliso no solo se distinguió como un importante continuador de la escuela eleática fundada por Parménides, sino que también dejó su huella en la historia militar griega como estratega naval. Esta dualidad entre el pensamiento abstracto y la acción práctica confiere a su figura un interés especial que merece un análisis profundo.

La filosofía de Meliso se caracteriza por ser una extensión y, en ciertos aspectos, una reformulación de las doctrinas de Parménides. Mientras que el pensador de Elea había establecido que el Ser es eterno, inmutable, indivisible y finito, Meliso introdujo una innovación fundamental al postular la infinitud espacial del Ser. Esta modificación aparentemente sutil representa, en realidad, una transformación significativa del sistema eleático original. Para Meliso, si el Ser es eterno en el tiempo, debe ser igualmente ilimitado en el espacio. Como afirmó en su obra, de la cual solo conservamos fragmentos: “Lo que es, no tiene principio ni fin, porque nada puede surgir de la nada y lo eterno no puede dejar de existir”. Esta extensión conceptual revela una mente capaz de llevar los principios lógicos hasta sus últimas consecuencias.

El razonamiento de Meliso seguía una estructura deductiva rigurosa. Partiendo de la imposibilidad ontológica de la nada, argumentaba que el Ser no puede tener origen ni destrucción, pues esto implicaría el paso del no-ser al ser, o viceversa, transición que consideraba lógicamente imposible. De esta eternidad temporal, Meliso derivaba la infinitud espacial, ya que un Ser limitado espacialmente requeriría un límite, y este límite necesariamente colinda con algo, que no podría ser el no-ser (pues este es imposible), por lo tanto, solo podría ser más Ser, lo que contradice la noción de límite. Así, el Ser debe extenderse infinitamente.

Los fragmentos que se conservan de su obra “Sobre la naturaleza o sobre el ser” evidencian una argumentación metódica y sistemática que supera en algunos aspectos la exposición poética de Parménides. Simplicio, en su comentario a la “Física” de Aristóteles, nos transmite el siguiente razonamiento de Meliso: “Si lo que existe no hubiera nacido, sino que existiera, sería eterno […] y puesto que es eterno, es infinito”. La concatenación lógica entre eternidad e infinitud espacial constituye la aportación más original de Meliso al pensamiento eleático.

Junto a esta concepción del Ser infinito, Meliso compartía con Parménides el rechazo a la pluralidad y al movimiento. Para él, el Ser debía ser uno, pues la existencia de múltiples seres implicaría límites entre ellos, lo que contradice la infinitud. Del mismo modo, negaba la posibilidad del movimiento, ya que este requeriría un vacío donde desplazarse, pero el vacío equivaldría al no-ser, cuya existencia había refutado previamente. En su fragmento 7 afirma: “No hay vacío alguno, pues el vacío es nada, y la nada no puede ser”.

La refutación de la evidencia sensorial constituye otro elemento fundamental de su pensamiento. Al igual que Parménides, Meliso consideraba que los sentidos nos ofrecen una imagen engañosa de la realidad, presentándonos un mundo múltiple y cambiante que contradice las conclusiones de la razón. Sin embargo, a diferencia del filósofo de Elea, Meliso parece haber dedicado más atención a la crítica de las percepciones sensoriales, desarrollando argumentos específicos contra la fiabilidad de los sentidos. En su fragmento 8 sostiene: “Si hubiera muchas cosas, deberían ser tales como yo afirmo que es lo uno”, evidenciando la contradicción entre el mundo aparente y la verdadera naturaleza del Ser.

Aristóteles, en su “Metafísica”, se refiere a Meliso como un pensador “un tanto burdo” (mikron agroikoteros), criticando especialmente su inferencia de la infinitud espacial a partir de la eternidad temporal. Esta caracterización negativa, sin embargo, debe entenderse en el contexto de la propia ontología aristotélica, fundamentalmente opuesta a la eleática. Estudiosos contemporáneos como G.S. Kirk, J.E. Raven y M. Schofield han reivindicado el rigor lógico de Meliso, destacando cómo su argumentación, aunque parta de premisas discutibles, muestra una coherencia interna considerable.

Lo que distingue verdaderamente a Meliso de otros filósofos presocráticos es su faceta como estratega militar. En el año 441 a.C., cuando la isla de Samos entró en conflicto con Atenas durante la formación del imperio ateniense, Meliso fue designado almirante de la flota samia. Tucídides, en su “Historia de la Guerra del Peloponeso”, menciona brevemente este episodio, señalando que Meliso, hijo de Itágenes, dirigió las fuerzas navales de Samos en un enfrentamiento contra la flota comandada por Pericles.

Este hecho histórico adquiere especial relevancia cuando consideramos la aparente contradicción entre la negación teórica del movimiento en su filosofía y su actividad práctica como comandante naval. Plutarco, en su “Vida de Pericles”, relata que Meliso consiguió inicialmente una victoria sorprendente contra los atenienses, aprovechando la ausencia temporal de parte de la flota de Pericles. Esta victoria, aunque efímera (pues Atenas finalmente sometió a Samos tras un asedio de nueve meses), demuestra las capacidades estratégicas de Meliso.

La historiografía tradicional ha tendido a ver una paradoja entre el inmovilismo ontológico de la filosofía eleática y la actividad militar de Meliso. Sin embargo, investigaciones más recientes sugieren que esta aparente contradicción podría resolverse considerando la distinción eleática entre la realidad verdadera (accesible solo mediante la razón) y el mundo aparente (el ámbito de la opinión y la acción práctica). Del mismo modo que Parménides, tras negar la realidad del mundo fenoménico, ofreció una cosmología en la segunda parte de su poema, Meliso podría haber actuado en el plano práctico sin contradecir sus convicciones teóricas sobre la inmutabilidad del Ser.

La estrategia naval empleada por Meliso durante el conflicto con Atenas revela, además, una mente analítica capaz de adaptarse a circunstancias adversas. Según las fuentes antiguas, Samos contaba con una flota inferior en número a la ateniense, lo que obligó a Meliso a desarrollar tácticas basadas en la sorpresa y el aprovechamiento de oportunidades puntuales. Su enfoque, caracterizado por evitar enfrentamientos directos cuando las condiciones eran desfavorables y atacar en momentos de debilidad del enemigo, muestra una aplicación práctica del pensamiento racional que caracterizaba a la escuela eleática.

El historiador militar Barry Strauss ha sugerido que la formación filosófica de Meliso pudo haber influido en su aproximación a la estrategia naval, especialmente en su capacidad para analizar situaciones complejas y tomar decisiones basadas en un razonamiento metódico. La única batalla naval que sabemos ganó, aprovechando la división temporal de la flota ateniense, demuestra una comprensión sofisticada de los principios de concentración de fuerzas y economía de medios que caracterizarían siglos después a los grandes teóricos militares.

La influencia posterior de Meliso se manifestó principalmente en dos ámbitos: el desarrollo del atomismo y la tradición escéptica. Paradójicamente, la escuela atomista, fundada por Leucipo y Demócrito, surgió como un intento de reconciliar las exigencias lógicas de los eleáticos con la evidencia del cambio y la multiplicidad. Al postular la existencia de átomos indivisibles que se mueven en el vacío, los atomistas aceptaban parcialmente la crítica de Meliso a la divisibilidad infinita, mientras rechazaban su negación del vacío.

En cuanto a la tradición escéptica, la crítica de Meliso a la fiabilidad de los sentidos anticipó argumentos que serían desarrollados posteriormente por Pirrón y sus seguidores. Su observación de que “si las cosas que vemos y oímos existen realmente, lo uno debería ser tal como nos parece cada vez, y no cambiar ni volverse diferente” contiene el germen de muchas objeciones escépticas posteriores basadas en la variabilidad de las percepciones.

La recuperación histórica de la figura de Meliso ha estado marcada por su condición de “tercer eleático”, frecuentemente eclipsado por las figuras más prominentes de Parménides y Zenón. Sin embargo, estudios filológicos recientes, basados en un análisis detallado de los fragmentos conservados y los testimonios doxográficos, han comenzado a valorar la originalidad de su contribución. Su argumentación a favor de la infinitud espacial del Ser, que anticipa en cierto modo concepciones cosmológicas modernas, merece especial atención.

El filósofo italiano Guido Calogero, en sus estudios sobre la lógica eleática, destacó cómo la introducción por parte de Meliso de la infinitud espacial resolvía ciertas aporías inherentes al sistema de Parménides. Si el Ser parmenídeo era finito, ¿qué habría más allá de sus límites? La respuesta de Meliso evita esta dificultad al postular un Ser sin fronteras, anticipando de algún modo concepciones cosmológicas que solo siglos después encontrarían desarrollo.

La doble faceta de Meliso como pensador teórico y hombre de acción representa, en último término, un ejemplo fascinante de la integración entre filosofía y práctica en el mundo griego. Lejos de constituir ámbitos separados, el pensamiento racional y la actividad política o militar formaban parte de una misma aproximación a la realidad. El caso de Meliso nos recuerda que muchos filósofos presocráticos no eran pensadores aislados, sino ciudadanos activamente comprometidos con sus comunidades.

Meliso de Samos representa una figura injustamente relegada a un segundo plano en la historia del pensamiento presocrático. Su desarrollo de la ontología eleática, con la innovadora incorporación de la infinitud espacial, constituye una contribución significativa a la filosofía griega. Simultáneamente, su actividad como estratega naval demuestra la aplicación práctica del pensamiento racional en el ámbito militar.

Esta dualidad entre teoría y práctica, entre la contemplación filosófica y la acción estratégica, convierte a Meliso en un paradigma del ideal griego de excelencia integral. Recuperar su figura significa, en última instancia, comprender mejor la compleja interrelación entre pensamiento abstracto y vida práctica que caracterizó a la civilización helénica en su momento de máximo esplendor.


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