Entrelazados en un conflicto que ha marcado generaciones, Hamás emerge como un actor impredecible en el tablero geopolítico de Oriente Medio. Fundado en el fragor de la Primera Intifada, este movimiento no solo desafía la ocupación israelí, sino que también redefine la identidad palestina. Su evolución, desde una respuesta a la opresión hasta un gobierno de facto en Gaza, plantea interrogantes sobre el futuro de la paz y la resistencia. ¿Puede un grupo nacido del sufrimiento convertirse en un símbolo de esperanza y cambio? La historia de Hamás es, sin duda, una narrativa multifacética que merece explorarse.
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“Imagen generada con inteligencia artificial (IA) por Canva AI para El Candelabro”
Hamás: Orígenes, Evolución y Controversias de un Actor Determinante en el Conflicto Palestino-Israelí
El conflicto palestino-israelí representa uno de los enfrentamientos geopolíticos más complejos y persistentes de la historia contemporánea, caracterizado por múltiples dimensiones que abarcan aspectos religiosos, territoriales, políticos y humanitarios. En este contexto multifacético, Hamás ha emergido como un actor fundamental cuya trayectoria resulta imprescindible analizar para comprender la dinámica actual de la región. Fundado oficialmente en 1987 durante la Primera Intifada como una ramificación de la Hermandad Musulmana en los territorios palestinos, Harakat al-Muqáwama al-Islamiya (Movimiento de Resistencia Islámica) surgió inicialmente como respuesta a la ocupación israelí, pero rápidamente evolucionó hacia una entidad política, militar y social con profundas implicaciones para el panorama regional e internacional.
La génesis ideológica de Hamás se encuentra intrínsecamente vinculada a la confluencia de factores históricos, políticos y religiosos que caracterizaron el final del siglo XX en Oriente Medio. El movimiento fue fundado por el jeque Ahmed Yassin, un clérigo con formación religiosa que articuló una visión donde el Islam político se convertiría en el vehículo para la liberación de Palestina. Este posicionamiento ideológico quedó cristalizado en su carta fundacional de 1988, documento controversial que no solo rechazaba los Acuerdos de Oslo y cualquier solución basada en la coexistencia de dos estados, sino que incorporaba elementos antisemitas y llamaba a la destrucción del Estado de Israel. Esta postura maximalista ha experimentado cierta moderación retórica en documentos posteriores, particularmente en 2017, cuando el grupo publicó un documento político que parecía suavizar algunas de sus posiciones más extremas, aunque sin renunciar a sus objetivos fundamentales.
El ascenso de Hamás al poder político en la Franja de Gaza constituye uno de los episodios más determinantes en la historia reciente del conflicto. Tras participar y ganar las elecciones legislativas palestinas de 2006, consideradas libres y democráticas por observadores internacionales, el movimiento asumió el control total de Gaza en 2007 mediante un violento enfrentamiento con Fatah, la facción dominante de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Este episodio, denominado frecuentemente como “guerra civil palestina”, resultó en la fragmentación efectiva de los territorios palestinos, con la Autoridad Nacional Palestina controlando parcialmente Cisjordania mientras Hamás establecía un gobierno de facto en Gaza. Esta división política ha representado uno de los mayores obstáculos para la cohesión del movimiento nacional palestino y para cualquier proceso de paz viable.
Las estrategias militares empleadas por Hamás durante su confrontación con Israel han generado intensas controversias a nivel internacional y constituyen uno de los aspectos más estudiados de su trayectoria. Durante la Segunda Intifada (2000-2005), el grupo se convirtió en uno de los principales perpetradores de atentados suicidas en territorio israelí, causando cientos de víctimas civiles en cafeterías, restaurantes, autobuses y otros espacios públicos. El atentado en la discoteca Dolphinarium de Tel Aviv en 2001, que cobró la vida de 21 adolescentes, y el ataque a la Universidad Hebrea de Jerusalén en 2002, con 9 fallecidos, representan algunos de los episodios más devastadores de esta estrategia. Estos métodos fueron gradualmente sustituidos por el lanzamiento de cohetes y misiles desde Gaza hacia poblaciones civiles israelíes, tácticas que han provocado varios ciclos de escalada bélica, incluidas las operaciones militares israelíes “Plomo Fundido” (2008-2009), “Pilar Defensivo” (2012), “Margen Protector” (2014) y los enfrentamientos de mayo 2021 y octubre 2023.
El gobierno de Hamás en Gaza ha sido objeto de numerosas denuncias por parte de organizaciones internacionales de derechos humanos, que han documentado prácticas sistemáticas que contravienen el derecho internacional. Entre ellas destacan las ejecuciones extrajudiciales de supuestos colaboradores con Israel, la tortura de prisioneros políticos, la persecución de disidentes y la imposición de un estricto código moral basado en interpretaciones conservadoras de la sharia. Particularmente preocupante resulta la situación de las minorías religiosas, los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTQ+, que han sufrido restricciones severas bajo el régimen islamista. Human Rights Watch ha documentado cómo, desde su ascenso al poder, Hamás ha implementado políticas que han deteriorado significativamente las libertades civiles en el territorio, imponiendo un sistema judicial paralelo que opera al margen de las garantías procesales mínimas reconocidas internacionalmente.
Uno de los aspectos más controvertidos en la estrategia militar de Hamás concierne al uso de infraestructuras civiles para fines militares, práctica que ha sido ampliamente documentada por observadores independientes. Numerosos informes de Naciones Unidas y otras organizaciones han señalado el almacenamiento de armamento en escuelas, mezquitas y hospitales, así como la construcción de túneles con propósitos militares bajo áreas densamente pobladas. Esta práctica no solo contraviene el derecho internacional humanitario, que establece la obligación de distinguir claramente entre objetivos militares y civiles, sino que también expone a la población gazatí a riesgos adicionales durante los enfrentamientos armados. El debate sobre la utilización de escudos humanos continúa siendo uno de los más complejos desde la perspectiva ética y legal del conflicto.
La dimensión social de Hamás constituye un elemento fundamental para comprender su persistente apoyo entre sectores significativos de la población palestina, particularmente en Gaza. Desde sus inicios, el movimiento ha desarrollado una extensa red de servicios sociales conocida como “Dawa” (llamada), que incluye hospitales, escuelas, orfanatos y programas de asistencia para familias empobrecidas. Esta infraestructura ha permitido al grupo presentarse como una alternativa eficaz frente a la percibida ineficiencia y corrupción de la Autoridad Nacional Palestina, especialmente en un contexto de bloqueo económico y crisis humanitaria crónica. Sin embargo, diversas investigaciones han señalado cómo estas mismas instituciones han servido también como plataformas para el adoctrinamiento ideológico y la captación de nuevos miembros, especialmente entre la juventud palestina.
El financiamiento de las operaciones de Hamás representa otro aspecto controvertido que ha sido objeto de numerosas investigaciones internacionales. Durante décadas, el grupo ha recibido apoyo económico, militar y logístico de diversos actores regionales, principalmente Irán, Qatar y Turquía, estableciendo relaciones estratégicas que trascienden las afinidades ideológicas o religiosas inmediatas. Asimismo, ha desarrollado sofisticados mecanismos de recaudación de fondos a través de organizaciones caritativas internacionales, empresas tapadera y sistemas informales de transferencia financiera como el hawala. El control de los recursos que ingresan a Gaza, incluyendo la ayuda humanitaria internacional y los impuestos recaudados localmente, ha permitido al movimiento mantener su infraestructura militar y gubernamental incluso en condiciones de extremo aislamiento internacional.
Las implicaciones regionales del ascenso de Hamás trascienden el marco específico del conflicto palestino-israelí para insertarse en la compleja geopolítica de Oriente Medio. El movimiento forma parte del denominado “Eje de Resistencia” liderado por Irán, que incluye también a Hezbollah en Líbano, milicias chiítas en Iraq y el régimen de Bashar al-Assad en Siria. Esta alineación ha contribuido a la polarización regional entre estados sunitas moderados (como Egipto, Jordania y Arabia Saudita) y potencias revisionistas que desafían el orden establecido. La evolución de estas alianzas ha sido particularmente evidente durante eventos como la Guerra Civil Siria, donde Hamás inicialmente rompió con el régimen de Assad para posteriormente reconciliarse parcialmente con el eje iraní, demostrando un pragmatismo que a menudo contradice su rígida retórica ideológica.
La comunidad internacional ha adoptado posiciones divergentes respecto a Hamás, reflejando las complejidades inherentes a su naturaleza dual como movimiento de resistencia y organización considerada terrorista. Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Canadá y otros países han incluido al grupo en sus listas de organizaciones terroristas, imponiendo sanciones económicas y restricciones diplomáticas. Sin embargo, otros actores internacionales han mantenido canales de comunicación abiertos, argumentando la necesidad de incluir a todas las facciones palestinas en cualquier proceso de paz viable. Esta disparidad de enfoques ha dificultado el desarrollo de una estrategia internacional coherente para abordar el conflicto, perpetuando dinámicas de polarización que obstaculizan cualquier solución duradera.
El legado de Hamás en el conflicto palestino-israelí resulta profundamente ambivalente y continúa siendo objeto de intensos debates académicos y políticos. Por una parte, el movimiento ha articulado resistencia contra la ocupación israelí y ha proporcionado servicios básicos a una población asediada, ganándose el respaldo de sectores significativos del pueblo palestino. Por otra parte, sus métodos violentos, su retórica extremista y su rechazo a soluciones diplomáticas viables han contribuido a perpetuar ciclos de violencia que han cobrado miles de vidas tanto palestinas como israelíes. La evolución futura del grupo dependerá no solo de sus propias decisiones estratégicas, sino también de transformaciones más amplias en el contexto regional e internacional, incluyendo posibles reconfiguraciones en las relaciones de poder en Oriente Medio y cambios en las políticas de actores externos como Estados Unidos y la Unión Europea.
El análisis académico sobre Hamás requiere un enfoque multidisciplinar que integre perspectivas históricas, políticas, religiosas y sociológicas para evitar simplificaciones que no capturan la complejidad del fenómeno. Más allá de las evaluaciones normativas sobre su legitimidad o sus métodos, resulta innegable que el movimiento representa un actor determinante cuya trayectoria ha moldeado profundamente la historia reciente de Oriente Medio. Comprender sus orígenes, evolución y dinámicas internas constituye un requisito indispensable para cualquier aproximación seria al conflicto palestino-israelí y para la formulación de estrategias que puedan contribuir a una paz justa y duradera en la región. En este sentido, el estudio riguroso de Hamás trasciende el interés académico para convertirse en una necesidad política y humanitaria de primer orden en el mundo contemporáneo.
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