Entre códices olvidados y civilizaciones silenciadas, Zelia Nuttall desafió a su época, reescribiendo la historia mesoamericana con la audacia de quien ve más allá de las ruinas. Sin títulos académicos, pero con una mente prodigiosa, descubrió el Códice Nuttall, reconstruyó el calendario azteca y denunció el expolio del patrimonio mexicano. Su legado no solo reveló el esplendor precolombino, sino que también demostró que la arqueología no era un mundo exclusivo de hombres.


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Imágenes DAll-E AI

Zelia Nuttall: Pionera en la arqueología mesoamericana y su contribución al estudio de las civilizaciones precolombinas


En el panorama de la arqueología mesoamericana de finales del siglo XIX y principios del XX, la figura de Zelia Maria Magdalena Nuttall (1857-1933) emerge como un paradigma excepcional de rigor científico, perseverancia intelectual y ruptura de convencionalismos sociales. Nacida en San Francisco, California, el 6 de septiembre de 1857, en el seno de una familia bicultural conformada por Robert Kennedy Nuttall, médico de origen irlandés, y Magdalena Parrott, descendiente de la aristocracia mexicana, su singular herencia cultural sentó las bases para una vida dedicada al estudio y valorización de las culturas precolombinas. Esta dualidad identitaria no solo definió su trayectoria personal, sino que le proporcionó una perspectiva privilegiada para abordar el estudio de las civilizaciones mesoamericanas con una sensibilidad y comprensión poco comunes entre los académicos de su época.

La formación intelectual de Nuttall se desarrolló en un entorno poco convencional para una mujer de su tiempo. Educada inicialmente en Europa, donde la familia se trasladó durante su infancia, adquirió un dominio excepcional de múltiples idiomas, incluyendo el español, francés, alemán e italiano, competencia lingüística que posteriormente resultaría fundamental para sus investigaciones en archivos internacionales. A diferencia de muchos de sus contemporáneos masculinos en el campo arqueológico, Nuttall no recibió formación universitaria formal, circunstancia que, lejos de constituir un impedimento, potenció su aproximación autodidacta y metodológicamente innovadora al estudio de las civilizaciones antiguas mexicanas. Esta ausencia de encorsetamiento académico le permitió desarrollar perspectivas analíticas originales, libres de los prejuicios eurocéntricos que caracterizaban gran parte de la producción científica de la época en relación con el mundo precolombino.

El acontecimiento que catapultó definitivamente a Nuttall hacia el reconocimiento internacional tuvo lugar en 1884, cuando durante una estancia investigadora en Europa identificó un extraordinario códice prehispánico en la biblioteca del Lord Zouche of Harynworth, en Inglaterra. Este documento, reconocido posteriormente como el Códice Nuttall en su honor, constituye uno de los manuscritos pictóricos más importantes de la cultura mixteca, elaborado sobre piel de venado y plegado en forma de biombo. Su análisis meticuloso del códice, publicado en 1902 bajo el título “The Book of the Life of the Ancient Mexicans”, revolucionó la comprensión occidental de los sistemas de registro histórico mixtecas, revelando complejas genealogías dinásticas, conquistas territoriales y acontecimientos rituales que evidenciaban el sofisticado desarrollo político y cultural de esta civilización precolombina.

La metodología investigadora de Zelia Nuttall se caracterizó por una aproximación holística que combinaba el análisis riguroso de fuentes documentales con un intenso trabajo de campo arqueológico. Su profundo conocimiento de los archivos europeos que albergaban documentación colonial sobre México le permitió identificar y estudiar numerosos manuscritos mesoamericanos que habían permanecido ignorados o incorrectamente catalogados. Particularmente significativa fue su contribución al estudio del Códice Florentino, compendio monumental de la cultura náhuatl compilado bajo la dirección de Fray Bernardino de Sahagún en el siglo XVI. Las anotaciones analíticas de Nuttall sobre este documento fundamental para la comprensión de la cosmovisión azteca ampliaron sustancialmente el conocimiento académico sobre las prácticas religiosas, organización social y conocimientos científicos de la civilización mexica antes de la conquista española.

En el ámbito de la arqueología de campo, las excavaciones dirigidas por Nuttall en el yacimiento de la Isla de Sacrificios, frente a Veracruz, entre 1909 y 1910, establecieron nuevos estándares metodológicos para la documentación arqueológica en México. Su enfoque interdisciplinar, que incorporaba análisis estratigráficos meticulosos, documentación fotográfica exhaustiva y contextualización histórica de los hallazgos, contrastaba notablemente con las prácticas extractivas y poco sistemáticas que predominaban en la arqueología mexicana de la época. Los materiales recuperados durante estas excavaciones, principalmente artefactos ceremoniales y ofrendas rituales, permitieron a Nuttall elaborar interpretaciones pioneras sobre las prácticas religiosas costeras y su vinculación con las tradiciones del altiplano central mexicano, identificando redes de intercambio cultural que trascendían las divisiones geográficas tradicionalmente establecidas por la historiografía.

Uno de los logros más significativos de la erudición de Nuttall fue su reconstrucción del funcionamiento del calendario azteca, específicamente del xiuhpohualli, el ciclo calendárico de 52 años que vinculaba la computación temporal con observaciones astronómicas precisas. A través del estudio minucioso de fuentes documentales coloniales y su contrastación con registros astronómicos modernos, Nuttall demostró la extraordinaria precisión de los conocimientos astronómicos mexicas y su integración en un sistema cosmológico complejo que regía tanto la vida ritual como la organización social. Su monografía “The Periodical Adjustments of the Ancient Mexican Calendar” (1906) estableció definitivamente la sofisticación matemática y astronómica alcanzada por la civilización azteca, refutando las concepciones eurocéntricas que minimizaban los logros científicos de las sociedades precolombinas.

La producción académica de Zelia Nuttall se caracterizó por un rigor metodológico y una amplitud temática excepcionales para su época. Sus más de cincuenta publicaciones, distribuidas en prestigiosas revistas especializadas como el American Anthropologist y los Proceedings of the International Congress of Americanists, abordaron aspectos diversos de las culturas mesoamericanas: desde análisis iconográficos de la escritura pictográfica hasta estudios sobre la metalurgia prehispánica, pasando por investigaciones pioneras sobre la horticultura y las técnicas agrícolas en el México antiguo. Esta diversidad temática reflejaba su concepción integral de la antropología y su convicción de que la comprensión de las civilizaciones precolombinas requería una aproximación multidisciplinar que trascendiera las compartimentaciones académicas convencionales.

A pesar de no haber ocupado nunca una posición académica formal en el sistema universitario, la influencia institucional de Nuttall fue considerable. Su vinculación como investigadora asociada al Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard desde 1886, su participación en el Museo Nacional de Antropología de México como asesora científica, y su membresía en la American Anthropological Association le proporcionaron plataformas desde las que promover una revalorización crítica de las culturas precolombinas. Particularmente significativa fue su labor como representante especial del Departamento de Arqueología de la Universidad de California, posición desde la que estableció importantes vínculos entre instituciones norteamericanas y mexicanas, facilitando intercambios académicos y promoviendo una aproximación colaborativa a la investigación arqueológica mesoamericana.

La defensa activa del patrimonio arqueológico mexicano constituyó otra dimensión fundamental de la actividad profesional de Nuttall. En un contexto marcado por el expolio sistemático de yacimientos y la exportación indiscriminada de artefactos precolombinos hacia colecciones europeas y norteamericanas, adoptó una posición pionera en la defensa de la preservación in situ del patrimonio cultural indígena. Sus enérgicas denuncias contra el tráfico ilícito de antigüedades y sus iniciativas para la creación de marcos legales protectores sentaron precedentes importantes para el desarrollo posterior de políticas patrimoniales en México. Esta dimensión ética de su trabajo, frecuentemente soslayada en los análisis historiográficos tradicionales, refleja una conciencia avanzada sobre las implicaciones políticas y culturales de la práctica arqueológica en contextos poscoloniales.

La etapa final de la vida de Zelia Nuttall estuvo marcada por su establecimiento permanente en México, donde adquirió la Casa de Alvarado, una residencia histórica en Coyoacán que transformó en un centro de investigación y encuentro para académicos internacionales interesados en las culturas mesoamericanas. Este espacio, conocido como “Casa Alvarado” o “Quinta Rosalía”, funcionó como un verdadero núcleo de producción intelectual donde Nuttall desarrolló sus últimas investigaciones y donde mantuvo una intensa actividad epistolar con las principales figuras de la antropología internacional hasta su fallecimiento el 12 de abril de 1933. Su biblioteca personal y archivo documental, donados posteriormente a instituciones académicas mexicanas, constituyen un valioso testimonio de su metodología investigadora y de su compromiso vital con la preservación del conocimiento sobre las culturas precolombinas.

El legado científico de Zelia Nuttall trasciende ampliamente sus contribuciones específicas al conocimiento arqueológico mesoamericano. En un nivel más profundo, su trayectoria personal y profesional representa una impugnación efectiva de las restricciones de género que limitaban el acceso femenino a la producción científica en su época. Sin afiliarse explícitamente a movimientos feministas contemporáneos, su extraordinaria proyección internacional como autoridad en arqueología mexicana y su capacidad para desarrollar redes profesionales en un ámbito académico abrumadoramente masculino constituyeron una demostración fáctica de las capacidades intelectuales femeninas. Su aproximación intercultural a la arqueología, informada por su propia identidad híbrida mexicano-estadounidense, anticipó además perspectivas postcoloniales que solo décadas más tarde adquirirían centralidad en la reflexión antropológica.

La valoración historiográfica contemporánea de la figura de Zelia Nuttall reconoce su papel fundamental en la transformación de los estudios mesoamericanos. Su metodología innovadora, que combinaba la rigurosidad documental con la sensibilidad hacia los contextos culturales indígenas, contribuyó decisivamente a la transición desde aproximaciones anticuaristas hacia paradigmas antropológicos más comprensivos en el estudio de las civilizaciones prehispánicas. Su defensa pionera de la complejidad y sofisticación de las culturas precolombinas sentó bases conceptuales para la posterior revalorización del patrimonio cultural indígena como componente esencial de la identidad nacional mexicana. En el contexto actual de la arqueología mesoamericana, caracterizado por aproximaciones interdisciplinares y colaborativas, la figura de Nuttall emerge como precursora visionaria cuyos planteamientos metodológicos y éticos mantienen plena vigencia en los debates contemporáneos sobre la práctica arqueológica y su significación cultural y política.


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