Entre las historias olvidadas de la historia africana emerge la figura imponente de Ella Abomah Williams, una guerrera de Dahomey cuya grandeza fue eclipsada por el colonialismo y el racismo científico. Perteneciente a las legendarias amazonas africanas Agojie, su valentía y fuerza desafían los estereotipos de género y la narrativa eurocéntrica. ¿Cómo pudo una mujer de tal estatura y poder ser reducida a simple espectáculo? ¿Qué otras heroínas africanas esperan ser redescubiertas?
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Ella Abomah Williams y el legado silenciado de las amazonas del Dahomey
En el vasto entramado de la historia africana, pocas figuras despiertan tanto asombro como Ella Abomah Williams, una mujer de 2.5 metros de altura que, lejos de ser una simple rareza antropológica, encarna una de las tradiciones guerreras más formidables del continente. Nacida en el siglo XIX, su biografía fue empañada por los relatos coloniales que la encasillaron en espectáculos de feria, ignorando su pertenencia a una élite militar femenina que trascendía los límites de lo imaginable para la mirada occidental.
Las guerreras Agojie del reino de Dahomey, ubicadas en el actual Benín, fueron durante siglos una fuerza temida y respetada. Entrenadas desde la infancia en combate, estrategia, y disciplina, estas mujeres constituían la guardia personal del monarca, ejerciendo funciones tanto defensivas como administrativas. En este contexto se inscribe la figura de Abomah, cuyo nombre hace referencia a la ciudad real de Abomey, capital del imperio fon. Su altura descomunal no era simple excepción genética, sino símbolo viviente del poder que encarnaban estas mujeres.
La iconografía colonial europea transformó a Abomah en una atracción, destacando su apariencia y fuerza para justificar visiones racistas sobre la “otredad” africana. Sin embargo, los archivos y crónicas locales revelan que ella fue parte activa de la estructura militar femenina, cuyo entrenamiento incluía el dominio de armas tradicionales, lucha cuerpo a cuerpo y pruebas de resistencia extrema. Levantar a un hombre con un solo brazo, como se decía que hacía Abomah, era menos un espectáculo que una rutina para las Agojie.
El hecho de que Abomah Williams haya sido exhibida como “la mujer más alta del mundo” en circos europeos y estadounidenses no puede separarse del contexto de colonialismo científico que buscaba reducir las complejidades culturales africanas a simples objetos de curiosidad. En esa misma época, figuras como Saartjie Baartman eran mostradas bajo el pretexto de estudio antropológico, borrando su humanidad. En este marco, Abomah no fue la excepción, sino parte de un sistema de deshumanización disfrazado de entretenimiento.
No obstante, algunos registros que sobrevivieron fuera del discurso dominante nos permiten reconstruir parte de su trayectoria como miembro de las amazonas de Dahomey. Estas mujeres, llamadas también “las esposas del rey”, no mantenían relaciones con el monarca, sino que se consagraban al Estado, formando una estructura jerárquica militar en la que el poder no se subordinaba al género. De hecho, su mera existencia desmiente la narrativa según la cual las sociedades precoloniales africanas eran exclusivamente patriarcales.
Las tropas femeninas del Dahomey podían marchar hasta 150 kilómetros sin detenerse, según testimonios de viajeros franceses y británicos que presenciaron sus maniobras. Esta capacidad logística y física superaba a muchas unidades masculinas del continente en el siglo XIX. Las Agojie eran temidas por sus enemigos, y su presencia en el campo de batalla era sinónimo de muerte segura. Abomah, con su estatura, probablemente ocupó un rango alto, y su figura era tan simbólica como letal. La dimensión de su fuerza física era apenas un aspecto visible de su función como instrumento del poder estatal.
La reconstrucción de la historia de Ella Abomah Williams nos obliga a revisar críticamente los filtros con que ha sido narrado el pasado africano. A diferencia de las heroínas europeas que fueron exaltadas como ejemplos de valentía, las mujeres negras como Abomah fueron ridiculizadas y convertidas en objetos. Esta distorsión no fue casual, sino parte de una estrategia ideológica que buscaba perpetuar la supremacía blanca y reducir las culturas africanas a meras anécdotas. La consecuencia fue el olvido sistemático de figuras femeninas poderosas y su exclusión de los relatos oficiales.
En tiempos recientes, la industria cinematográfica ha comenzado a recuperar estos referentes. La película Black Panther (2018) se inspiró en las Agojie para crear a las Dora Milaje, guerreras que protegen al rey de Wakanda. Sin embargo, la ficción no sustituye la necesidad de rescatar a las protagonistas reales que inspiraron esos mitos contemporáneos. Abomah merece figurar junto a las grandes líderes militares del mundo, no como rareza biológica, sino como testimonio de un orden donde las mujeres gobernaban con espada en mano.
Más allá de su fuerza física, Abomah representa un paradigma cultural donde el cuerpo femenino no era objeto de dominio, sino herramienta de soberanía. Este matriarcado militar no estaba aislado; existían en otras regiones de África tradiciones similares, aunque ninguna con la institucionalidad y longevidad del Dahomey. La historia de las Agojie nos recuerda que la lucha por la igualdad de género no comenzó en Occidente, sino que posee raíces múltiples y complejas que han sido sistemáticamente ignoradas por la historiografía dominante.
El caso de Abomah revela, además, una paradoja trágica: mientras en su tierra natal se le reverenciaba, en los escenarios europeos era transformada en monstruo. Esta dualidad resume el conflicto entre identidad y exotización que sufrieron miles de africanos exportados como “rarezas”. Ella, sin embargo, con su porte y su silencio, se convirtió en un símbolo involuntario de resistencia, y su legado solo ahora comienza a reconocerse gracias a nuevas corrientes historiográficas y decoloniales que buscan restaurar lo que fue silenciado.
La rehabilitación de su imagen no debe limitarse a una reivindicación simbólica. Es necesario reinsertarla en los libros de texto, los museos y la memoria colectiva. Su historia, como la de muchas otras mujeres africanas silenciadas, posee un potencial transformador al cuestionar el monopolio masculino de la épica y la violencia. Las batallas que ella libró, tanto reales como narrativas, son ahora campo de disputa para una memoria que se quiere más justa, más completa y menos eurocéntrica.
En conclusión, Ella Abomah Williams no fue un fenómeno de circo ni una anomalía de la naturaleza. Fue una guerrera, una líder, una dignataria de un imperio que desafió la lógica occidental del poder. Su figura monumental no sólo estaba en su estatura física, sino en el peso histórico que encarnaba. Al restituirle su papel dentro del legado de las Agojie, reparamos parte de una historia que se nos fue arrebatada y que hoy, por fin, comienza a hablar con voz propia.
Índice temático del artículo:
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Fuentes consultadas:
- Alpern, Stanley B. Amazons of Black Sparta: The Women Warriors of Dahomey. NYU Press, 1998.
- Forbes, Frederick Edwyn. Dahomey and the Dahomans. Longman, Brown, Green, and Longmans, 1851.
- Roberts, Mary H. “Ella Abomah: The Tallest Woman in the World.” American Anthropologist, 1910.
- Butler, Judith. Undoing Gender. Routledge, 2004.
- Smithsonian Institution Archives. “Ella Abomah Williams Photographs and Records.” Washington D.C., 2022.
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