En el vasto universo de la filosofía antigua, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y profundidad como el de Sexto Empírico, el incuestionable faro del escepticismo pirrónico. Médico y pensador del siglo II d. C., su legado desafía las certezas absolutas y promueve la suspensión del juicio como camino hacia la ataraxia. ¿Cómo influyó su obra en la crítica al dogmatismo? ¿Qué enseñanzas vigentes nos legó este gigante del pensamiento?
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES


Imágenes Canva AI
Sexto Empírico y la serenidad del juicio suspendido
La figura de Sexto Empírico ocupa un lugar insoslayable en la historia del pensamiento occidental. A pesar del escaso caudal de datos personales verificables, su legado filosófico resulta inmensamente influyente. Médico de formación y pensador de vocación, es reconocido como el más completo exponente del escepticismo pirrónico, una escuela que, lejos de proponer la duda como fin, la elevó a método sistemático para alcanzar la ataraxia, la imperturbabilidad del alma.
Se estima que Sexto Empírico vivió en el siglo II de nuestra era, probablemente durante el reinado de los emperadores Antoninos. Fue discípulo de Heródoto de Tarso, otro médico escéptico, aunque esta relación ha sido objeto de debate entre los estudiosos. Lo que sí es indiscutible es que Sexto fue miembro de la escuela médica empírica, contraria al dogmatismo racionalista de los metodistas o hipocráticos. Su sobrenombre, “Empírico”, alude a este marco profesional y epistemológico.
Su vida transcurre en gran medida envuelta en el silencio de la historia, aunque se le vincula a Alejandría, epicentro de la ciencia médica en su tiempo. También se ha sugerido su paso por Roma, dado el influjo que ejerció en la posteridad latina. Sin embargo, los datos que poseemos provienen, casi exclusivamente, de su propia obra filosófica. Este hecho convierte a sus escritos en un testimonio invaluable tanto de su pensamiento como de la escuela escéptica en su conjunto.
La obra de Sexto Empírico se divide principalmente en dos corpus: los Esbozos pirrónicos y los tratados agrupados bajo el título Contra los dogmáticos, que incluye Contra los lógicos, Contra los físicos y Contra los éticos. Estas obras, redactadas en griego koiné, han sobrevivido casi íntegramente, lo cual es excepcional en la tradición filosófica antigua. A través de ellas se preserva con nitidez la doctrina de Pirrón de Elis, transmitida a través de Enesidemo y Agripa, hasta alcanzar su formulación más rigurosa en Sexto.
El objetivo del escéptico pirrónico no es destruir el conocimiento, sino suspender el juicio sobre toda afirmación que exceda la evidencia inmediata. Esta actitud, denominada epoché, se justifica en la incapacidad de resolver de forma definitiva los conflictos entre percepciones, opiniones y doctrinas. Ante tal imposibilidad, el sabio escéptico opta por la no-afirmación, actitud que conduce, según Sexto, a la deseada tranquilidad espiritual. En esto difiere del escéptico académico, que solía inclinarse por negar la posibilidad del conocimiento.
En este marco, Sexto distingue entre lo que aparece y lo que se piensa. Las apariencias —las sensaciones inmediatas— son aceptadas sin conflicto, mientras que los juicios sobre su realidad son puestos entre paréntesis. Por ejemplo, el escéptico no niega que el fuego quema, pero no afirma que el fuego, en sí, sea cálido por naturaleza. Esta precisión permite una vida práctica basada en la experiencia, sin necesidad de dogmas. Así, la filosofía escéptica no paraliza la acción, sino que depura los excesos del intelecto.
El pensamiento de Sexto se articula mediante una dialéctica negativa. Su método consiste en presentar argumentos opuestos de fuerza equivalente, con el fin de evidenciar la suspensión necesaria del juicio. Recurre con frecuencia a los llamados tropos o estrategias escépticas, entre los que destacan los diez de Enesidemo y los cinco de Agripa. Estas herramientas retóricas tienen la finalidad de disolver las pretensiones de certeza de cualquier sistema filosófico, sean estos epicúreos, estoicos o peripatéticos.
Si bien el contenido de sus obras es esencialmente filosófico, el estilo de Sexto revela su formación médica. Su análisis de las doctrinas ajenas se asemeja al diagnóstico clínico: detallado, paciente y riguroso. No impone una tesis, sino que examina síntomas argumentativos y propone como tratamiento la suspensión del juicio. Esta analogía ha sido ampliamente explorada por estudiosos contemporáneos que ven en Sexto un precedente del pensamiento crítico moderno, incluso un remoto antecedente del método científico por su apelación a la experiencia sobre la teoría.
Desde el punto de vista histórico, Sexto Empírico fue el último gran representante del escepticismo griego antes de su eclipse en la Antigüedad tardía. Su influencia, sin embargo, se reactivó con fuerza durante el Renacimiento y la Edad Moderna, cuando sus textos fueron traducidos al latín y circularon ampliamente entre los pensadores europeos. Filósofos como Michel de Montaigne, Pierre Bayle y David Hume reconocieron en él un modelo de pensamiento antidogmático y racionalmente modesto.
En particular, Montaigne incorporó numerosos pasajes de Sexto en sus Ensayos, considerándolo un maestro del arte de vivir sin certezas absolutas. Más adelante, los empiristas británicos hallaron afinidades con su método basado en la experiencia. Incluso Immanuel Kant, aunque crítico del escepticismo, debió enfrentarlo como una alternativa que desafiaba los fundamentos del conocimiento racional. Esta persistencia del escepticismo en la filosofía moderna se debe, en buena medida, a la solidez expositiva lograda por Sexto.
En nuestros días, la figura de Sexto Empírico ha recuperado atención en el ámbito académico, sobre todo en los debates sobre el fundacionalismo, el relativismo y la epistemología contemporánea. Su insistencia en la falibilidad humana y en la provisionalidad de las creencias resuena con las propuestas del posmodernismo, aunque el escepticismo pirrónico evita el nihilismo, ya que no niega la realidad, sino que la aborda con prudencia. Esta moderación lo distingue de otras corrientes escépticas posteriores.
La filosofía de Sexto puede leerse también como una respuesta a la ansiedad del saber absoluto. En lugar de imponer verdades, invita a reconocer los límites del conocimiento y a vivir en consonancia con ellos. En este sentido, su mensaje resulta sorprendentemente contemporáneo: ante el exceso de información y la proliferación de dogmas ideológicos, la suspensión del juicio puede ser una forma de lucidez. Su escepticismo no es ignorancia, sino sabiduría que se abstiene de proclamar verdades definitivas.
Así, Sexto Empírico no sólo preservó una tradición filosófica milenaria, sino que la depuró y la convirtió en un arte del vivir. Su visión del mundo es una apuesta por la libertad interior, alcanzada mediante la renuncia a toda certeza impositiva. Aunque su biografía concreta se nos escape, su pensamiento permanece como un faro de discernimiento escéptico en tiempos de confusión. Su obra no es una negación del conocimiento, sino una defensa de su uso cuidadoso, libre de arrogancia y abierto al asombro perpetuo.
Índice temático del artículo
Sexto Empírico, filósofo escéptico, escepticismo pirrónico, epoché, ataraxia, Contra los dogmáticos, Esbozos pirrónicos, Pirronismo antiguo, método escéptico clásico, filosofía helenística tardía, sabiduría antidogmática, escuela empírica médica griega, crítica a los dogmas filosóficos, vida práctica sin certezas, historia del pensamiento escéptico.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES
#SextoEmpírico
#EscepticismoFilosófico
#FilosofíaAntigua
#Ataraxia
#SuspensiónDelJuicio
#Pirronismo
#PensamientoCrítico
#ContraLosDogmáticos
#EsbozosPirrónicos
#FilosofíaGriega
#EscuelaEscéptica
#HistoriaDeLaFilosofía
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
