Entre los misterios más cautivadores de la antigua civilización maya, la escritura jeroglífica siempre fue un enigma que desafió a generaciones de expertos. Sin embargo, fue Yuri Knórozov, un lingüista soviético desconocido para muchos, quien cambió para siempre el rumbo de la epigrafía maya al demostrar que los glifos no eran solo símbolos, sino un complejo sistema silábico. ¿Cómo un hombre alejado de Mesoamérica logró descifrar un código milenario? ¿Qué secretos reveló su método científico revolucionario?


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El Hombre que Hizo Hablar a los Mayas: La Epopeya Intelectual de Yuri Knórozov


En la historia de los grandes descubrimientos científicos, pocos relatos resultan tan fascinantes como el de Yuri Valentínovich Knórozov, el lingüista soviético que logró lo que muchos consideraban imposible: descifrar la escritura maya sin jamás pisar tierras mesoamericanas. Nacido el 19 de noviembre de 1922 en Járkov, Ucrania, Knórozov emergió de las sombras del estalinismo y la Segunda Guerra Mundial para convertirse en una figura fundamental en la epigrafía maya. Su extraordinaria hazaña intelectual no solo revolucionó nuestra comprensión de una de las civilizaciones más sofisticadas de la antigüedad, sino que también demostró el poder del método científico riguroso y la perseverancia académica frente al escepticismo generalizado.

Desde temprana edad, Knórozov manifestó una inteligencia excepcional y una curiosidad insaciable. Proveniente de una familia de intelectuales, su padre, ingeniero de ferrocarriles, se preocupó por desarrollar al máximo las capacidades de sus hijos. Le enseñó a escribir con ambas manos para estimular los dos hemisferios cerebrales, siguiendo las teorías neurológicas de Vladímir Béjterev. Esta educación poco convencional cultivó en el joven Yuri una mente extraordinariamente analítica y una notable facilidad para los idiomas, aprendiendo de forma autodidacta chino, griego y árabe antes de cumplir los 18 años. Además, tocaba el violín y era un ávido lector de las aventuras de Sherlock Holmes, quizás presagiando su futura carrera como descifrador de enigmas.

La trayectoria académica de Knórozov se vio interrumpida abruptamente por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. En 1941, con apenas 19 años, abandonó sus estudios en la Universidad de Járkov cuando las tropas nazis ocuparon la ciudad. Posteriormente, logró trasladarse a Moscú para continuar su formación en la prestigiosa Universidad Estatal Lomonósov, aunque pronto se incorporaría al ejército soviético. Entre 1943 y 1945 combatió en el Frente Oriental, participando finalmente en la toma de Berlín. Fue precisamente durante estos turbulentos días cuando ocurrió el encuentro fortuito que cambiaría su vida y la historia de la epigrafía mesoamericana.

En los últimos días de la guerra, mientras las tropas soviéticas avanzaban por Berlín, Knórozov encontró entre cajas de libros destinados a ser evacuados dos obras que despertaron su interés: una edición de la “Relación de las cosas de Yucatán” de fray Diego de Landa, publicada en francés por Charles Étienne Brasseur de Bourbourg, y una reproducción facsimilar de los códices mayas publicada por los hermanos Villacorta en Guatemala. Aunque posteriormente desmintió la romántica versión que afirmaba que había rescatado estos libros de una biblioteca en llamas, lo cierto es que estos textos se convertirían en la base de su revolucionario trabajo de desciframiento.

Al regresar a la Unión Soviética, Knórozov retomó sus estudios, graduándose en etnografía por la Universidad Estatal de Moscú en 1948. Posteriormente, se incorporó al Instituto Etnográfico de la Academia de Ciencias de la URSS en Leningrado (actual San Petersburgo), donde desarrollaría toda su carrera. Fue allí, aislado del mundo occidental por la Guerra Fría y sin posibilidad de viajar a México o Guatemala, donde comenzó su meticulosa labor de desciframiento. Su profesor, Serguéi Aleksándrovich Tókarev, le presentó un desafío que marcaría su destino: “Si crees que cualquier sistema de escritura producido por el hombre puede ser leído por el hombre, ¿por qué no intentas con los glifos mayas?”.

El método Knórozov para descifrar la escritura maya representó una ruptura radical con los enfoques anteriores. Mientras otros investigadores, como el influyente mayista británico Eric Thompson, consideraban que los jeroglíficos mayas eran puramente ideográficos o pictográficos, Knórozov propuso en 1952 que se trataba de un sistema silábico mixto. En su artículo “La escritura antigua de América Central”, publicado en la revista Soviétskaya Etnografía, argumentó que los glifos mayas combinaban logogramas (signos que representan palabras completas) con fonogramas (signos fonéticos), donde cada glifo representaba una combinación consonante-vocal, es decir, una sílaba.

Aplicando innovadores métodos matemático-estadísticos, Knórozov identificó y clasificó 355 signos silábicos en el sistema de escritura maya. Además, descubrió el principio de sinarmonía, según el cual una palabra maya formada por una combinación consonante-vocal-consonante se escribía con dos glifos, quedando sin pronunciar la vocal del segundo glifo. Este enfoque lingüístico, fundamentado en un análisis riguroso de frecuencias y patrones, le permitió descifrar numerosos textos que hasta entonces permanecían incomprensibles, revelando por primera vez en siglos los nombres de gobernantes, fechas de acontecimientos históricos y aspectos de la vida religiosa y política de los antiguos mayas.

La recepción inicial del trabajo de Knórozov en Occidente fue extremadamente hostil. Eric Thompson, la máxima autoridad en estudios mayas de la época, rechazó categóricamente sus teorías, calificándolas despectivamente de “propaganda comunista” y “falacia científica”. Este rechazo estaba claramente influenciado por el contexto político de la Guerra Fría, pero también por la resistencia a abandonar paradigmas establecidos. Solo unos pocos investigadores, como David H. Kelley y Michael D. Coe, reconocieron el potencial del método fonético propuesto por el lingüista soviético. La validación definitiva de sus teorías no llegaría hasta después de la muerte de Thompson en 1975, cuando una nueva generación de epigrafistas como Linda Schele, Peter Mathews y Floyd Lounsbury aplicaron sus principios con éxito.

Paradójicamente, mientras su trabajo era cuestionado en Occidente, Knórozov gozaba de reconocimiento en la Unión Soviética, donde recibió el Premio Estatal de la URSS en 1977. Sin embargo, las restricciones del régimen soviético le impidieron viajar a México o Guatemala hasta el final de la Guerra Fría. No fue hasta 1990 cuando finalmente pudo visitar tierras mayas, invitado por el gobierno guatemalteco, que lo condecoró con la Orden del Quetzal. En 1994, ya con el reconocimiento internacional que merecía, visitó México para participar en el Tercer Congreso Internacional de Mayistas y recibió la Orden del Águila Azteca, la máxima distinción que otorga el gobierno mexicano a un extranjero.

Más allá de su contribución al desciframiento maya, Knórozov desarrolló teorías más amplias sobre la escritura y la comunicación humana. Su interés por establecer tipologías universales de escritura lo llevó a estudiar comparativamente diversos sistemas, como el egipcio y el chino. Propuso definiciones formales de conceptos como ideograma, determinativo y signo fonético, coincidiendo notablemente con las formulaciones del asiriólogo Ignacio Gelb, aunque ambos trabajaron de forma independiente. Esta visión comparativa y estructural de los sistemas de escritura enriqueció significativamente el campo de la gramatología y sentó bases metodológicas que trascendieron el ámbito específico de los estudios mayas.

La vida personal de Knórozov estuvo marcada por la austeridad y la dedicación absoluta a su trabajo. Conocido por su carácter excéntrico y solitario, prefería la compañía de su gata siamesa Asya, a quien consideraba coautora de sus descubrimientos, que la de sus colegas académicos. En sus últimos años expresó su deseo de vivir en México, llegando a afirmar: “Mi corazón siempre ha sido mexicano”. En 1997 cumplió el sueño de residir temporalmente en Xcaret, donde manifestó que le gustaría morir. Sin embargo, su vida concluyó el 30 de marzo de 1999 en San Petersburgo, víctima de un derrame cerebral, a los 76 años.

El legado de Yuri Knórozov trasciende el ámbito académico para convertirse en un símbolo del poder del intelecto humano frente a los enigmas más complejos. Su célebre afirmación “No hay escrituras indescifrables, cualquier sistema de escritura producido por el hombre puede ser leído por el hombre” refleja una profunda fe en la capacidad humana para comprender y descifrar los códigos más herméticos. Gracias a su perseverancia y rigor metodológico, los antiguos mayas recuperaron su voz después de siglos de silencio, permitiéndonos acceder a una visión más completa y auténtica de esta extraordinaria civilización.

Hoy, el Centro de Estudios Mesoamericanos Yuri Knórozov en Moscú y el monumento erigido en su honor en Mérida, Yucatán, perpetúan la memoria de este singular científico que, desde la fría Leningrado, logró descifrar los secretos de una civilización tropical. Su historia nos recuerda que las fronteras geográficas, políticas e ideológicas pueden ser trascendidas por la búsqueda honesta del conocimiento y que, a veces, la distancia física puede proporcionar la perspectiva necesaria para resolver enigmas que han resistido siglos de escrutinio directo.



Índice temático del artículo:

Yuri Knórozov, escritura maya, epigrafía mesoamericana, método fonético, glifos mayas, lingüística soviética, Guerra Fría y ciencia, desciframiento de sistemas de escritura, sistemas silábicos, historia de la epigrafía, relación de las cosas de Yucatán, gramatología comparada.

Referencias

  1. Wikipedia. (s.f.). Yuri Knórozov. Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Yuri_Kn%C3%B3rozov
  2. Rosas, A. (2019). Yuri Knórozov. Revista de la Universidad de México. Recuperado de https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/1f3d2ace-72e4-4724-ad0d-cc947d43c382/yuri-knorozov
  3. Davletshin, A. y Beliaev, D. (s.f.). Yuri Knórozov y las escrituras antiguas. Arqueología Mexicana. Recuperado de https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/yuri-knorozov-y-las-escrituras-antiguas
  4. México Desconocido. (s.f.). Yuri Knórozov, el soldado soviético que descifró el código maya. Recuperado de https://www.mexicodesconocido.com.mx/yuri-knorozov-el-soldado-comunista-que-descifro-el-codigo-maya.html
  5. Pueblos Originarios. (s.f.). Yuri Knórosov. Recuperado de https://pueblosoriginarios.com/biografias/knorosov.html

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