Entre titulares alarmistas y teorías infundadas, el afelio ha sido convertido en símbolo de catástrofes inminentes y amenazas sin sustento. Este fenómeno astronómico, que ocurre cada año, ha sido distorsionado por una oleada de desinformación viral que confunde más de lo que aclara. ¿Por qué un evento natural y cíclico se convierte en el centro de pánico colectivo? ¿Hasta qué punto dejamos que las noticias falsas reemplacen la verdad científica?
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES


Imágenes SeaArt AI
El afelio: verdad científica detrás del fenómeno astronómico y las falsas alarmas virales
Cada año, la Tierra atraviesa un punto específico de su órbita conocido como afelio, donde se encuentra a la máxima distancia del Sol. Este evento astronómico ha sido objeto de especulación y tergiversación, especialmente en redes sociales, donde se le atribuyen efectos exagerados sobre el clima, la salud pública y hasta connotaciones apocalípticas. Es fundamental abordar este fenómeno con un enfoque riguroso, desmintiendo las ideas falsas que circulan y promoviendo una comprensión clara y basada en evidencia.
El afelio ocurre cuando la Tierra se sitúa a unos 152,1 millones de kilómetros del Sol, en contraste con el perihelio, que ocurre en enero, cuando el planeta se encuentra a unos 147,1 millones de kilómetros. Esta diferencia de unos 5 millones de kilómetros representa un cambio del 3,3% en la distancia, lo cual no es suficiente para provocar transformaciones radicales en las condiciones climáticas globales, como afirman algunas narrativas alarmistas. El afelio no es una anomalía, sino una fase natural del movimiento elíptico terrestre.
El error más común es asociar el afelio con enfriamientos severos, inviernos extremos o aumentos repentinos en enfermedades respiratorias. Esta asociación es científicamente infundada. Las estaciones no dependen de la distancia entre la Tierra y el Sol, sino de la inclinación del eje terrestre (23,5°), que regula la distribución de la radiación solar. Por eso, cuando ocurre el afelio en julio, es verano en el hemisferio norte e invierno en el sur. El frío austral no se debe a la distancia al Sol, sino a la orientación axial.
Algunas publicaciones virales afirman que el afelio 2025 será “más fuerte”, provocando un “invierno nunca antes visto”. Esta afirmación carece de sustento astronómico. Las variaciones anuales en la distancia del afelio son mínimas y previsibles. No hay evidencia de que este año el fenómeno tenga una magnitud diferente a la de años anteriores. Tampoco existe fundamento para declarar que traerá consecuencias extraordinarias sobre el clima, la agricultura o la salud humana.
Los informes que vinculan el afelio con epidemias de bronquitis, gripe, dificultades respiratorias o enfermedades virales caen en una falacia estacional. Es cierto que durante el invierno aumentan las infecciones respiratorias, pero esto ocurre todos los años y responde a condiciones climáticas propias de la estación, como la mayor permanencia en espacios cerrados y la disminución de la humedad relativa. No tiene relación directa con la posición orbital de la Tierra ni con el afelio como tal.
Otra falacia frecuente es la idea de que el afelio afectará la “sensación térmica”, haciendo que las personas “sientan más frío de lo normal”. Sin embargo, el cuerpo humano no percibe la distancia al Sol. La sensación térmica depende de factores como el viento, la humedad y la temperatura ambiental, no de la ubicación del planeta en su órbita. El uso de estos conceptos para crear alarma carece de rigor y contribuye a la proliferación de noticias falsas.
También circulan mensajes que mezclan el afelio con interpretaciones bíblicas, asociándolo a “tiempos difíciles”, “castigos divinos” o profecías catastróficas. Este tipo de discurso mezcla ciencia con superstición y no tiene cabida en el análisis académico. El afelio es un fenómeno astronómico calculable, predicho desde hace siglos por las leyes de Kepler y Newton, y forma parte del equilibrio orbital de nuestro sistema solar. No representa una amenaza ni un cambio extraordinario en el devenir de la Tierra.
La preocupación por la salud durante el invierno austral es legítima, pero debe basarse en criterios epidemiológicos. Las autoridades sanitarias recomiendan reforzar el sistema inmune con alimentos ricos en vitamina C, vitamina D y zinc, mantenerse abrigados y ventilar los espacios cerrados. Estas medidas tienen valor en cualquier invierno, pero no porque el planeta se aleje unos pocos millones de kilómetros del Sol. En otras palabras, el afelio no agrava el invierno ni sus consecuencias sanitarias.
Desde un punto de vista educativo y científico, es crucial combatir la desinformación con herramientas claras. El afelio no es una señal de peligro, sino una parte esperada del ciclo anual de la Tierra. La difusión de teorías conspirativas sobre “nuevas enfermedades” o “hambres globales” asociadas al afelio alimenta la ansiedad colectiva y desvía la atención de los verdaderos desafíos climáticos y de salud pública que enfrentamos, como el cambio climático y la desigualdad en el acceso a servicios médicos.
El impacto del afelio sobre la agricultura, otro de los temas manipulados por algunos portales sensacionalistas, es nulo en términos de distancia orbital. Lo que sí afecta las cosechas y la seguridad alimentaria son fenómenos como El Niño, las sequías prolongadas, el manejo inadecuado del agua y la deforestación. Asignar estos problemas al afelio es una forma de desinformación climática, que confunde las causas reales y diluye la necesidad de acción política y técnica para enfrentarlas.
Las redes sociales han amplificado la velocidad con que se difunden contenidos erróneos sobre temas científicos. Por eso, el papel de la divulgación científica seria es más importante que nunca. Comprender qué es realmente el afelio ayuda no solo a disipar el miedo, sino también a fortalecer la cultura científica en la sociedad. Solo con educación se puede contrarrestar la ola creciente de fake news, pseudociencia y superstición que distorsionan el entendimiento colectivo de la realidad.
Además, es necesario diferenciar entre el discurso de precaución y el discurso del pánico. Es válido que los medios de comunicación alerten sobre olas de frío o aumentos de enfermedades invernales, siempre y cuando esto se haga con base en datos climáticos y sanitarios concretos. No es válido, en cambio, utilizar un evento astronómico predecible como el afelio para generar sensacionalismo. La responsabilidad informativa debe prevalecer sobre el afán de viralización.
El afelio seguirá ocurriendo cada año como parte natural de la danza celeste de la Tierra alrededor del Sol. No es el inicio de un ciclo de calamidades ni un presagio de desastres. Lo que sí está en nuestras manos es combatir la ignorancia con información verificada, contrastada y accesible. En tiempos donde la desinformación viaja más rápido que la verdad, entender fenómenos como el afelio con claridad y serenidad es un acto de responsabilidad social.
Referencias:
- Espenak, F. (2021). Planetary distances and Earth orbit parameters. NASA Goddard Space Flight Center.
- Meeus, J. (1991). Astronomical Algorithms. Willmann-Bell, Inc.
- National Research Council. (2001). Climate Change Science: An Analysis of Some Key Questions. National Academies Press.
- Sánchez, G. (2023). Fenómenos astronómicos y percepción pública: un estudio de la desinformación viral. Revista de Divulgación Científica.
- Organización Mundial de la Salud. (2024). Recomendaciones sanitarias para temporadas invernales en el hemisferio sur. OMS.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES
#afelio
#fenomenoastronomico
#desinformacion
#noticiasfalsas
#saludpublica
#climainvernal
#cienciaespacial
#educacioncientifica
#orbiterrestre
#fakeNews
#inviernoaustral
#distanciaalsol
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
