Entre la arrogancia epistemológica y la búsqueda de humildad epistemológica, el dogmatismo religioso levanta muros que frenan el diálogo intercultural y agudizan la polarización religiosa. Cuando las creencias absolutas se imponen como verdades únicas, la convivencia plural se resquebraja y la cooperación se vuelve reto mayor. Comprender tales actitudes es clave para fomentar sociedades muy abiertas y resilientes. ¿Estamos preparados para cuestionar nuestras certezas? ¿Podemos transformar la fe en puente y no en barrera?
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La Arrogancia Epistemológica en las Creencias Absolutas: Un Análisis Crítico del Dogmatismo Religioso y su Impacto Destructivo en el Diálogo Intercultural Contemporáneo
La arrogancia epistemológica manifestada en la afirmación categórica de verdades absolutas respecto a cuestiones metafísicas fundamentales, particularmente en el ámbito religioso, constituye uno de los principales obstáculos para el establecimiento de un diálogo constructivo en las sociedades plurales contemporáneas. Esta tendencia hacia el dogmatismo, ya sea en su vertiente teísta o ateísta, genera dinámicas de polarización que erosionan la cohesión social y obstaculizan la búsqueda cooperativa de soluciones a problemas complejos que requieren de perspectivas multidisciplinarias y multicultural.
El fenómeno del dogmatismo religioso se caracteriza por la certeza inquebrantable respecto a proposiciones que trascienden los límites del conocimiento empírico verificable. Esta actitud epistemológica, fundamentada en la convicción de poseer acceso privilegiado a verdades universales, genera inevitablemente conflictos cuando diferentes grupos sostienen afirmaciones mutuamente excluyentes sobre la naturaleza de la realidad divina. La investigación contemporánea en filosofía de la religión ha documentado extensamente cómo esta rigidez cognitiva impide el reconocimiento de la legitimidad de perspectivas alternativas.
Los estudios empíricos sobre polarización religiosa revelan que la humildad intelectual se relaciona con menor polarización política y religiosa, sugiriendo que la disposición a reconocer las limitaciones del propio conocimiento puede funcionar como un mecanismo mitigador de conflictos. Contrariamente, la investigación indica que tanto el extremismo político como el fundamentalismo religioso se asocian similarmente con variables de cosmovisión que incluyen la intolerancia dogmática, evidenciando la existencia de patrones psicológicos comunes subyacentes a ambos fenómenos.
La epistemología religiosa contemporánea ha desarrollado el concepto de humildad epistemológica como una virtud intelectual que reconoce los límites inherentes del conocimiento humano en materias que trascienden la experiencia directa. Esta perspectiva no implica relativismo cognitivo ni escepticismo radical, sino más bien el reconocimiento prudencial de que las afirmaciones sobre realidades transcendentes requieren de una aproximación más matizada que la certeza dogmática. La humildad epistemológica respecto al posible conocimiento de la realidad escatológica y la aceptación de que tal realidad puede en sí misma ser plural representa un enfoque que facilita el diálogo interreligioso constructivo.
El diálogo auténtico entre diferentes tradiciones religiosas y filosóficas requiere de participantes que mantengan lo que los filósofos contemporáneos denominan “robustez dialógica”. Esta disposición intelectual implica la capacidad de sostener convicciones profundas mientras se permanece abierto a la posibilidad de refinamiento, corrección o enriquecimiento de las propias perspectivas a través del encuentro con alteridades legítimas. Cuando se enfrentan a ambigüedad cognitiva en relación con las creencias religiosas, los exclusivistas deberían estar abiertos a la posibilidad de que su juicio esté equivocado y por tanto estar abiertos a participar humildemente en “diálogo robusto”.
La polarización religiosa contemporánea no se limita exclusivamente a diferencias doctrinales, sino que se entrelaza con divisiones políticas, culturales y socioeconómicas más amplias. Algunos científicos políticos sostienen que la polarización contemporánea depende menos de diferencias políticas en una escala izquierda-derecha, sino cada vez más de otras divisiones como religioso contra secular, nacionalista contra globalista, tradicional contra moderno. Esta multidimensionalidad del conflicto complica significativamente los esfuerzos de mediación y reconciliación, requiriendo aproximaciones interdisciplinarias que aborden las raíces psicológicas, sociológicas y filosóficas del dogmatismo.
La soberbia intelectual en cuestiones religiosas se manifiesta no únicamente en la afirmación dogmática de la existencia divina, sino también en su negación categórica. El ateísmo militante, cuando adopta formas dogmáticas, reproduce los mismos patrones de intolerancia y cerrazón intelectual que critica en las religiones organizadas. Esta simetría en la arrogancia epistemológica sugiere que el problema fundamental no reside en el contenido específico de las creencias, sino en la actitud cognoscitiva que las acompaña. Un nuevo género de humildad matizada por el asombro científico en comparación con el tipo de humildad que solía asociarse más con la religiosidad ofrece una alternativa constructiva a ambos extremos.
Las consecuencias prácticas del dogmatismo religioso trascienden el ámbito de las discusiones académicas para impactar directamente en la cohesión social y la gobernabilidad democrática. Los conflictos religiosos contemporáneos, desde las tensiones sectarias en Medio Oriente hasta las divisiones culturales en sociedades occidentales secularizadas, evidencian cómo la rigidez epistemológica puede escalarse hacia violencia física y exclusión social. La incapacidad para reconocer la legitimidad de perspectivas alternativas erosiona los fundamentos del pluralismo democrático y genera dinámicas de suma cero en el espacio público.
La formación de identidades religiosas polarizadas se ve exacerbada por mecanismos psicológicos de sesgo confirmatorio y pensamiento grupal que refuerzan las convicciones existentes mientras filtran información contradictoria. Estos procesos cognitivos, ampliamente documentados por la psicología social, explican parcialmente por qué el diálogo interreligioso frecuentemente fracasa en producir convergencia genuina. La superación de estos obstáculos requiere de estrategias pedagógicas y comunicativas específicamente diseñadas para contrarrestar las tendencias naturales hacia la confirmación sesgada.
El desarrollo de competencias dialógicas efectivas en contextos de diversidad religiosa exige la cultivación de virtudes epistémicas específicas que incluyen la curiosidad intelectual, la caridad interpretativa, la paciencia cognitiva y la disposición a la autocorrección. Estas habilidades no emergen espontáneamente, sino que requieren de formación deliberada y práctica sostenida en entornos que premien la apertura intelectual sobre la victoria argumentativa. Las instituciones educativas, los medios de comunicación y las organizaciones religiosas mismas desempeñan roles cruciales en la promoción de estas competencias.
La filosofía política contemporánea ha desarrollado marcos normativos para la convivencia pacífica en sociedades caracterizadas por el pluralismo religioso fundamental. Estos enfoques, que incluyen desde el liberalismo político rawlsiano hasta propuestas más recientes de pluralismo agonístico, coinciden en reconocer la necesidad de establecer reglas de juego compartidas que permitan el desacuerdo profundo sin escalamiento hacia la violencia. Sin embargo, la efectividad de estos marcos depende críticamente de la disposición de los actores religiosos a aceptar limitaciones en sus pretensiones de verdad absoluta.
La investigación empírica sobre resolución de conflictos religiosos indica que las intervenciones más exitosas son aquellas que combinan elementos cognitivos, emocionales y experienciales para promover el reconocimiento mutuo entre grupos anteriormente antagónicos. Estas aproximaciones trascienden el diálogo puramente intelectual para incluir experiencias compartidas de vulnerabilidad, colaboración en proyectos comunes y exposición controlada a narrativas alternativas. La humildad epistemológica emerge no como una concesión intelectual, sino como una condición necesaria para la construcción de relaciones auténticas entre diferentes comunidades de fe.
La ceguera epistémica en la afirmación o negación de creencias religiosas absolutas constituye un obstáculo fundamental para el diálogo constructivo en sociedades plurales. La superación de este obstáculo no requiere del abandono de convicciones profundas, sino del desarrollo de formas más sofisticadas de sostener esas convicciones que reconozcan tanto sus fundamentos como sus limitaciones. La humildad epistemológica, entendida como virtud intelectual y no como relativismo, ofrece un camino hacia formas más maduras de compromiso religioso que enriquezcan en lugar de empobrecer el diálogo público. El futuro de la convivencia pacífica en sociedades diversas depende críticamente de la capacidad de las comunidades religiosas para desarrollar modalidades de fe que sean simultáneamente profundas y dialogales, firmes y humildes, comprometidas y abiertas.
Referencias:
- Dormandy, K. (2018). Does Epistemic Humility Threaten Religious Beliefs? Faith and Philosophy, 35(4), 522-544.
- Kelly, T. (2008). Disagreement, Dogmatism, and Belief Polarization. Journal of Philosophy, 105(10), 611-633.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy. (2023). Religious Diversity (Pluralism).
- Internet Encyclopedia of Philosophy. (2024). Pluralism, Religious.
- Cabello, M. (2024). Science and Religious Dogmatism. SSRN Electronic Journal.
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