Lewis Carroll, seudónimo utilizado por el escritor, matemático y fotógrafo británico Charles Lutwidge Dodgson, es uno de los escritores más influyentes de la literatura infantil. Su obra más famosa, “Alicia en el país de las maravillas”, ha cautivado a generaciones de lectores con su mundo imaginario y personajes surrealistas. Además de su habilidad para la escritura, Carroll también era un fotógrafo talentoso y un pensador matemático brillante. Sin embargo, la vida personal de Carroll ha sido objeto de controversia debido a su obsesión por las niñas jóvenes.


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Vida de Lewis Carroll


Lewis Carroll: Trayectoria Vital y Legado de un Genio Victoriano


La figura de Lewis Carroll constituye uno de los ejemplos más fascinantes de la compleja interacción entre el intelecto matemático y la imaginación literaria en el contexto de la sociedad victoriana británica. Nacido como Charles Lutwidge Dodgson el 27 de enero de 1832 en la parroquia de Daresbury, Cheshire, este polifacético personaje encarnó a la perfección la tensión entre el riguroso racionalismo científico y la exuberante creatividad artística que caracterizó a la época victoriana. Su biografía, escindida entre la vida pública del respetable diácono y matemático de Oxford y la identidad literaria que lo inmortalizaría, revela las fascinantes contradicciones de un hombre cuya mente transitaba con asombrosa fluidez entre los universos aparentemente irreconciliables de la lógica formal y la fantasía más desbordante.

Proveniente de una familia de tradición eclesiástica, Dodgson creció en un entorno intelectualmente estimulante bajo la influencia de su padre, el reverendo Charles Dodgson, quien inculcó en él tanto una sólida formación religiosa como un genuino interés por el conocimiento. El joven Charles demostró desde edad temprana una extraordinaria aptitud matemática y una prodigiosa capacidad para los juegos lingüísticos, características que más tarde confluirían en su singular obra literaria. Su educación formal comenzó en instituciones privadas, donde ya destacaba por sus excelentes resultados académicos, especialmente en matemáticas. En 1846, ingresó en la prestigiosa Rugby School, experiencia que resultó particularmente difícil debido al ambiente competitivo y a las prácticas de bullying que allí imperaban, y que posiblemente contribuyeron a forjar su compleja personalidad adulta.

En 1850, Dodgson fue admitido en Christ Church, Oxford, donde permanecería vinculado durante el resto de su vida. Su brillante desempeño académico le valió una plaza como estudiante residente y, posteriormente, tras graduarse con honores en Matemáticas en 1854, fue nombrado lecturer (profesor auxiliar) en esta disciplina. En 1861 fue ordenado diácono de la Iglesia Anglicana, aunque nunca llegaría a convertirse en sacerdote, decisión que ha sido objeto de numerosas especulaciones por parte de sus biógrafos. Esta peculiar situación, permaneciendo en un estado liminal entre el compromiso eclesiástico pleno y la vida seglar, resulta sintomática de la naturaleza fronteriza que caracterizaría toda su existencia. Su labor docente en Oxford se prolongó durante veintiséis años, período durante el cual se especializó en geometría euclidiana, álgebra y lógica matemática, publicando varios tratados académicos que, aunque eclipsados por su obra literaria, contienen aportaciones significativas al pensamiento matemático de su tiempo.

El nacimiento de Lewis Carroll como alter ego literario de Charles Dodgson tuvo lugar en 1856, cuando publicó por primera vez bajo este seudónimo en la revista The Train. La elección del nombre resulta característica de su afición por los juegos lingüísticos: latinizó sus nombres de pila, Charles Lutwidge, obteniendo Carolus Ludovicus, y luego invirtió el orden y los anglicanizó para crear Lewis Carroll. Esta dualidad nominal reflejaba una profunda dicotomía identitaria que le permitía mantener separadas sus facetas pública y privada. Como Lewis Carroll, publicaría obras que revolucionarían la literatura infantil y trascenderían ampliamente las fronteras de este género para convertirse en clásicos universales de la literatura. “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas” (1865) y “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí” (1871) constituyen sus creaciones más célebres, narrativas que desafían las convenciones literarias de su época y anticipan corrientes artísticas posteriores como el surrealismo y el absurdo.

Uno de los aspectos más controvertidos y debatidos de la biografía de Carroll es su relación con las niñas que solía fotografiar y a quienes dedicaba gran parte de su tiempo libre. Su amistad más célebre fue con Alice Liddell, hija del decano de Christ Church, para quien ideó inicialmente la historia que se convertiría en “Alicia en el país de las maravillas”. El carácter de estas relaciones ha sido objeto de intensas discusiones académicas, especialmente a la luz de la sensibilidad contemporánea. Si bien algunos críticos han sugerido tendencias de atracción impropia, los estudios biográficos más rigurosos y contextualizados tienden a interpretarlas como manifestaciones de una nostalgia por la inocencia infantil propia de la mentalidad victoriana, así como expresiones de un temperamento que encontraba en la compañía infantil una liberación de las rígidas convenciones sociales que regían las interacciones adultas. Su extenso legado fotográfico, que incluye numerosos retratos de niñas, debe entenderse en el contexto de los albores de la fotografía artística y de la particular idealización de la infancia característica del período victoriano.

La personalidad de Carroll presenta múltiples facetas que han intrigado a biógrafos y estudiosos. De carácter reservado y tendente a la introversión, sufría de un persistente tartamudeo que dificultaba sus interacciones sociales con adultos, mientras que aparentemente desaparecía en presencia de niños. Padecía también de una forma de epilepsia conocida como migraña con aura, cuyos síntomas incluían distorsiones visuales y espaciales que algunos investigadores han relacionado con las desconcertantes transformaciones físicas y espaciales presentes en sus narraciones. Su extraordinaria capacidad para concebir juegos lógicos y acertijos matemáticos quedó plasmada tanto en sus obras literarias como en publicaciones específicamente dedicadas a estos temas, como “El juego de la lógica” (1886) y “Lógica simbólica” (1896), textos que evidencian su interés por las paradojas y los límites del pensamiento racional.

Como fotógrafo aficionado, Carroll desarrolló una notable destreza técnica y un estilo distintivo que lo sitúa entre los pioneros de la fotografía artística victoriana. Comenzó a practicar este arte en 1856, adquiriendo rápidamente el dominio de los complejos procesos fotográficos de la época. Sus retratos, caracterizados por una intimidad contemplativa y una cuidadosa composición, constituyen documentos visuales de extraordinario valor histórico y estético. Aunque su producción fotográfica abarcó diversos temas, desde arquitectura hasta retratos masculinos, son sus imágenes de niñas las que han generado mayor atención crítica, tanto por su calidad artística como por las cuestiones interpretativas que suscitan respecto a la sensibilidad victoriana hacia la infancia femenina y los cambiantes códigos de representación visual a lo largo del tiempo.

A pesar de su prolongada vinculación con Oxford, Carroll mantenía un contacto regular con la efervescente vida cultural victoriana. Frecuentaba los círculos artísticos y literarios de Londres, estableciendo relaciones con figuras prominentes como el poeta Alfred Tennyson, el pintor prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti y el escritor William Makepeace Thackeray. Su interés por el teatro era particularmente intenso, asistiendo con frecuencia a representaciones y manteniendo correspondencia con actrices de la época. Esta faceta de su personalidad contrasta con la imagen del académico retraído que se ha popularizado y revela su compromiso con las manifestaciones culturales de su tiempo. Paralelamente, desarrolló una prolífica actividad como inventor, diseñando numerosos dispositivos ingeniosos, desde un aparato para escribir en la oscuridad hasta variantes mejoradas del nyctógrafo, así como numerosos juegos y pasatiempos matemáticos que reflejaban su fascinación por los mecanismos y los procesos lógicos.

Los últimos años de Lewis Carroll estuvieron marcados por problemas de salud y por una creciente preocupación religiosa. Aunque nunca abandonó completamente su actividad creativa, su producción literaria disminuyó, dedicándose principalmente a la escritura de obras de carácter matemático y lógico, así como a textos de controversia religiosa que evidenciaban su profundo interés por cuestiones teológicas. Falleció el 14 de enero de 1898 en Guildford, Surrey, a causa de una neumonía, dejando tras de sí un legado intelectual y artístico extraordinariamente rico y diverso que continúa fascinando a lectores, investigadores y artistas contemporáneos. Su influencia cultural se extiende mucho más allá de la literatura infantil, abarcando campos tan diversos como la lingüística, la lógica matemática, la fotografía artística y la cultura popular, convirtiéndolo en una de las figuras más fascinantes y poliédricas del universo cultural victoriano.

El análisis de la obra y vida de Lewis Carroll revela las tensiones fundamentales de la sociedad victoriana: entre razón y fantasía, convención y subversión, represión y libertad creativa. Su legado encarna a la perfección la complejidad del período, resistiéndose a interpretaciones simplificadoras y recordándonos la inagotable capacidad de reinvención del canon literario y la perdurable influencia de aquellas figuras que, como él, habitaron con genialidad las fronteras entre disciplinas aparentemente irreconciliables. A través de sus paradojas y contradicciones, Carroll continúa representando un fascinante ejemplo de cómo las aparentes limitaciones de una época pueden convertirse, en manos del verdadero genio creativo, en oportunidades para una expresión artística e intelectual que trasciende las coordenadas temporales y culturales de su génesis para alcanzar la universalidad.


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Lewis Carroll


Inglaterra: 1832-1898

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