Entre los ecos de una sinagoga del siglo XVII y los albores de la modernidad filosófica, la figura de Baruch Spinoza emerge como símbolo de ruptura y lucidez. Su excomunión no fue solo un castigo religioso, sino un grito contra la intolerancia y un acto de afirmación de la libertad de pensamiento. Expulsado por cuestionar los dogmas, Spinoza sembró ideas que cambiarían la historia de la filosofía.
¿Puede una condena dar origen a una revolución intelectual? ¿Dónde termina la fe y comienza la razón?
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La Excomunión de Spinoza: Entre la Herejía y la Libertad de Pensamiento
El 27 de julio de 1656 constituye una fecha cardinal en la historia del pensamiento occidental. Ese día, la comunidad judía sefardí de Ámsterdam pronunció contra Baruch Spinoza el cherem más severo registrado en sus archivos, una excomunión que trasciende el mero ostracismo religioso para convertirse en un acto fundacional de la modernidad filosófica.
La ceremonia de excomunión, celebrada en la sinagoga portuguesa de Ámsterdam, resonó con palabras que han perdurado cuatro siglos: “Por el juicio de los ángeles y por el veredicto de los santos, excomulgamos, expulsamos, maldecimos y execramos a Baruch de Espinoza”. Esta sentencia rabínica no solo expulsaba a un individuo de la comunidad, sino que rechazaba una forma revolucionaria de concebir la divinidad, la naturaleza y la condición humana.
El contexto histórico de esta excomunión revela las tensiones de una comunidad en transición. Los judíos sefardíes de Ámsterdam, descendientes de conversos ibéricos que habían huido de la Inquisición, habían encontrado en los Países Bajos un refugio de tolerancia relativa. Sin embargo, esta libertad venía acompañada de una necesidad imperiosa de mantener la cohesión comunitaria y la ortodoxia religiosa. La presencia de individuos como Juan de Prado y Daniel Ribera, previamente expulsados por herejía, había creado un clima de vigilancia teológica que haría inevitable el conflicto con el joven Spinoza.
Baruch Spinoza, hijo de Miguel de Espinoza, un próspero comerciante portugués, había mostrado desde temprana edad una inclinación extraordinaria hacia el estudio. Su formación en la Ets Haim, la escuela talmúdica de la comunidad, le proporcionó un dominio excepcional del hebreo, el arameo y la tradición exegética judía. No obstante, su curiosidad intelectual lo llevó más allá de los límites confesionales, adentrándose en la filosofía de Descartes, Hobbes y los estoicos antiguos, lecturas que comenzaron a erosionar su adhesión a la ortodoxia rabínica.
Las ideas que precipitaron la excomunión representaban una ruptura epistemológica fundamental. Spinoza cuestionaba la historicidad literal de los relatos bíblicos, aplicando métodos de crítica textual que anticipaban la exégesis moderna. Su rechazo de la inmortalidad personal del alma contradecía uno de los pilares del judaísmo rabínico, mientras que su concepción de un Dios inmanente eliminaba la transcendencia divina tradicional. Estas posiciones no constituían meras especulaciones académicas, sino que socavaban los fundamentos de la autoridad religiosa y la cohesión comunitaria.
La reacción de la comunidad judía debe entenderse dentro del marco de la política de supervivencia de una minoría vulnerable. Los líderes comunitarios, encabezados por el rabino Saul Levi Morteira, percibían en las ideas de Spinoza una amenaza existencial. La tolerancia holandesa hacia los judíos dependía de su capacidad para mantener el orden interno y evitar escándalos teológicos que pudieran despertar hostilidades cristianas. La excomunión de Spinoza representaba, por tanto, un acto de autopreservación comunitaria tanto como de ortodoxia religiosa.
El proceso que condujo a la excomunión siguió los procedimientos halájicos establecidos. Según los registros comunitarios, se ofrecieron a Spinoza múltiples oportunidades de retractación, incluyendo una propuesta económica de 1000 florines anuales a cambio de su silencio público. El rechazo categórico de Spinoza a estos arreglos demostró que su posición trascendía consideraciones pragmáticas para convertirse en una cuestión de integridad intelectual. Su respuesta, según testimonios contemporáneos, fue que “agradecía que le mostraran el camino hacia la filosofía”.
Las consecuencias inmediatas de la excomunión fueron devastadoras para la situación personal de Spinoza. Su familia se vio obligada a romper relaciones con él, perdió su participación en el negocio familiar y se encontró socialmente aislado dentro de la comunidad judía. Un episodio particularmente significativo ocurrió cuando un fanático intentó apuñalarlo a las puertas de la sinagoga, evento que Spinoza recordaría conservando la capa desgarrada como testimonio de la violencia que puede generar la intolerancia religiosa.
Sin embargo, paradójicamente, la excomunión liberó a Spinoza de las constricciones que limitaban su desarrollo intelectual. Adoptó el nombre latino de Benedictus, simbolizando su renacimiento filosófico, y estableció conexiones con círculos intelectuales cristianos liberales, particularmente con los colegiantes y mennonitas, grupos que valoraban la libertad de conciencia y el examen racional de las Escrituras. Estas asociaciones le proporcionaron el ambiente intelectual necesario para desarrollar su sistema filosófico.
La obra magna de Spinoza, la Ethica ordine geometrico demonstrata, representa la culminación de su ruptura con la tradición. Publicada póstumamente en 1677, esta obra reformula radicalmente conceptos fundamentales de la filosofía occidental. Su identificación de Deus sive Natura (Dios o la Naturaleza) elimina la distinción tradicional entre creador y creación, estableciendo un monismo sustancial que influyó profundamente en el desarrollo del pensamiento moderno.
La metodología geométrica empleada por Spinoza en la Ética no constituye un mero artificio expositivo, sino una expresión de su convicción de que la realidad posee una estructura racional comprehensible. Sus demostraciones, construidas more geometrico, buscan revelar las conexiones causales necesarias que gobiernan tanto la naturaleza física como la experiencia humana. Esta aproximación representa una aplicación radical del racionalismo cartesiano, llevándolo hasta conclusiones que el propio Descartes habría rechazado.
La concepción spinoziana de la libertad humana emerge como una de sus contribuciones más originales y controvertidas. Rechazando tanto el libre albedrío libertario como el determinismo fatalista, Spinoza propone una libertad basada en la comprensión. Ser libre, según su formulación, no significa actuar sin causas, sino comprender las causas que nos determinan y actuar en consonancia con nuestra naturaleza racional. Esta posición anticipa desarrollos posteriores en la filosofía de la acción y la psicología moral.
El impacto histórico de la excomunión de Spinoza trasciende la biografía individual para convertirse en un símbolo de la tensión entre tradición y modernidad. Su caso ilustra los dilemas enfrentados por las comunidades religiosas ante el avance del pensamiento crítico y la secularización. La respuesta de la comunidad judía de Ámsterdam, aunque comprensible desde la perspectiva de la supervivencia institucional, privó al judaísmo de uno de sus pensadores más brillantes y contribuyó a la formación de una tradición filosófica secular que cuestionaría sistemáticamente la autoridad religiosa.
Las interpretaciones contemporáneas de la excomunión han evolucionado considerablemente. Los estudios de Steven Nadler, Jonathan Israel y Yirmiyahu Yovel han situado el evento dentro del contexto más amplio de la Ilustración radical, mostrando cómo las ideas de Spinoza contribuyeron a la formación de una cultura intelectual secular. Esta perspectiva contrasta con interpretaciones anteriores que enfatizaban el carácter excepcional o patológico de la excomunión.
El legado de Spinoza en el pensamiento occidental resulta inconmensurable. Su influencia se extiende desde el idealismo alemán hasta la filosofía analítica contemporánea, pasando por figuras tan diversas como Goethe, Einstein y Deleuze. Su concepción de la inmanencia divina prefigura desarrollos en la filosofía de la religión, mientras que su análisis de las pasiones humanas anticipa la psicología moderna. La excomunión que pretendía silenciarlo paradójicamente contribuyó a amplificar su influencia histórica.
En fin, la excomunión de Spinoza representa un momento paradigmático en la historia del pensamiento occidental, ilustrando tanto los límites de la tolerancia religiosa como el poder transformador de la libertad intelectual. El precio pagado por Spinoza —ostracismo social, aislamiento personal, precariedad económica— se convirtió en la condición necesaria para una obra que continúa desafiando y enriqueciendo la reflexión filosófica. Su legado demuestra que las ideas verdaderamente revolucionarias a menudo emergen precisamente de aquellos momentos en que el pensamiento individual se enfrenta courageosamente a la autoridad establecida.
Referencias:
- Nadler, Steven. Spinoza: A Life. Cambridge: Cambridge University Press, 1999.
- Israel, Jonathan. Radical Enlightenment: Philosophy and the Making of Modernity 1650-1750. Oxford: Oxford University Press, 2001.
- Yovel, Yirmiyahu. Spinoza and Other Heretics: The Marrano of Reason. Princeton: Princeton University Press, 1989.
- Goldstein, Rebecca. Betraying Spinoza: The Renegade Jew Who Gave Us Modernity. New York: Schocken Books, 2006.
- Popkin, Richard H. Spinoza. Oxford: Oneworld Publishers, 2004.
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