Entre los pensadores más influyentes de la modernidad, Baruch Spinoza destaca por su audaz visión del Estado como medio para alcanzar la libertad humana. Su obra redefine la relación entre poder político, racionalidad y derechos naturales, proponiendo una estructura estatal que no reprime, sino que libera. ¿Puede un Estado ser legítimo si no garantiza la libertad de pensamiento? ¿Es la democracia la única forma política compatible con la naturaleza racional del ser humano?
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Sobre la finalidad del Estado, según Spinoza:
“Si nadie puede renunciar a la libertad de pensar y de juzgar según su propio criterio, y si cada uno, por un derecho de naturaleza imposible de suprimir, es amo de sus pensamientos, de ello se deduce que en una comunidad política tendrá un resultado desastroso el intento de obligar a los hombres que tienen opiniones diversas y contradictorias, a formular juicios y a expresarse en conformidad con lo que ha sido prescrito por la autoridad soberana.
Por otra parte, los hombres no saben callar: no lo saben hacer los más dotados y prudentes, y mucho menos la gente común. Confiar a los demás los propios designios y las propias opiniones, cuando sería necesario callar, es una especie de debilidad muy extendida. Será, por tannto, sumamente opresivo aquel gobierno que quiera suprimir la libertad de manifestar y de exponer de manera exhaustiva el propio pensamiento, mientras que dará pruebas de mesura el gobierno que le reconozca a todos dicha libertad.
El fin último de la organización estatal no consiste en dominar a los hombres, y tampoco en refrenarlos a través del temor o hacerle caer a merced de otros, sino en liberar a todos del miedo, para que en los límites de lo posible puedan vivir con seguridad, ejerciendo lo mejor que puedan su derecho natural a existir y a actuar sin daño propio y de los demás. El fin del estado, repito, no es el de transformar a los hombres en animales o en autómatas, de seres racionales que eran. Justamente al contrario, consiste en hacer que lleven a cabo sus propias funciones, tanto físicas como mentales, en condiciones de seguridad, que utilicen libremente su razón y que dejen por otra parte de enfrentarse unos con otros mediante odios, cólera, engaños, y de comportarse de forma injusta en sus mutuas relaciones. En pocas palabras: el fin de la organización política es la libertad.”
Spinoza, "Tractatus theologico-politicus"
La Finalidad del Estado según Spinoza: La Libertad como Fundamento de la Organización Política
La filosofía política de Baruch Spinoza representa una ruptura paradigmática con las concepciones tradicionales del poder estatal, estableciendo un marco teórico revolucionario que sitúa la libertad como el fin último de la organización política. En el Tractatus theologico-politicus, Spinoza desarrolla una comprensión del Estado que trasciende la mera función coercitiva para convertirse en garante de las condiciones necesarias para el pleno desarrollo de la naturaleza humana.
El punto de partida spinoziano radica en el reconocimiento de la libertad de pensamiento como un derecho natural inalienable. Esta libertad no constituye una concesión graciosa del poder político, sino una característica intrínseca de la condición humana que ninguna autoridad puede suprimir sin violentar la esencia misma del ser racional. La imposibilidad de renunciar a esta libertad fundamental establece los límites naturales del poder estatal y define el marco dentro del cual debe operar toda organización política legítima.
La diversidad de opiniones emerge como consecuencia natural de esta libertad fundamental, generando un pluralismo que Spinoza considera no solo inevitable sino deseable para el funcionamiento saludable de la comunidad política. El intento de imponer uniformidad de criterio mediante la coacción estatal constituye, según esta perspectiva, una empresa destinada al fracaso que produce efectos desastrosos tanto para los individuos como para la estabilidad del conjunto social. La autoridad soberana que pretende regular el pensamiento excede sus funciones legítimas.
La naturaleza comunicativa del ser humano refuerza esta argumentación, pues Spinoza observa que los hombres “no saben callar”, especialmente aquellos más dotados intelectualmente. Esta tendencia natural a compartir pensamientos y opiniones convierte en utópica cualquier pretensión de control absoluto sobre la expresión del pensamiento. Un gobierno que intente suprimir esta manifestación natural de la racionalidad humana se verá enfrentado a una resistencia constante que minará su propia legitimidad y efectividad.
La distinción entre gobiernos opresivos y mesurados se establece precisamente en función de su actitud hacia la libertad de expresión. Mientras que el poder opresivo busca silenciar la diversidad de voces, el gobierno mesurado reconoce y protege el derecho de todos los ciudadanos a manifestar exhaustivamente su pensamiento. Esta diferenciación no es meramente descriptiva, sino que establece un criterio normativo para evaluar la calidad y legitimidad de cualquier forma de organización política.
La finalidad del Estado spinoziano se define negativamente en primera instancia: no consiste en dominar, refrenar mediante el temor, o someter a los ciudadanos al arbitrio de otros. Esta concepción se opone radicalmente a las teorías políticas que ven en el poder estatal un fin en sí mismo o un instrumento de dominación. El rechazo de estas concepciones autoritarias abre el espacio para una comprensión positiva del propósito estatal que sitúa la liberación del miedo como objetivo primordial de la organización política.
La seguridad aparece como condición necesaria pero no suficiente para la realización de la finalidad estatal. No se trata de una seguridad entendida como mera ausencia de conflicto, sino como la creación de condiciones que permitan a cada individuo ejercer plenamente su derecho natural a existir y actuar sin causar daño a sí mismo ni a los demás. Esta formulación integra la dimensión individual y social de la existencia humana, reconociendo que la realización personal solo es posible en un contexto de convivencia armoniosa.
La crítica spinoziana a las concepciones mecanicistas del poder político se manifiesta en su rechazo explícito a transformar a los hombres en “animales o autómatas”. Esta metáfora ilustra vívidamente el peligro que representa para la dignidad humana un Estado que concibe a los ciudadanos como meros objetos de manipulación o control. La racionalidad humana no debe ser suprimida sino potenciada mediante las condiciones apropiadas que solo un Estado legítimo puede proporcionar.
El desarrollo integral de las capacidades humanas, tanto físicas como mentales, constituye el objetivo positivo de la organización estatal según Spinoza. Esta perspectiva holística reconoce la complejidad de la naturaleza humana y la necesidad de crear condiciones que favorezcan su pleno florecimiento. La libertad no se concibe como ausencia de restricciones, sino como la posibilidad real de actualizar las potencialidades inherentes a la condición humana en un contexto de seguridad y respeto mutuo.
La superación de los conflictos destructivos entre individuos representa uno de los logros fundamentales que debe alcanzar la organización política. Spinoza identifica el odio, la cólera, los engaños y la injusticia como manifestaciones de relaciones sociales disfuncionales que el Estado debe contribuir a superar. Esta transformación no se logra mediante la represión externa, sino creando las condiciones que favorezcan el desarrollo de formas superiores de interacción social basadas en el reconocimiento mutuo y la cooperación.
La síntesis spinoziana se condensa en la afirmación categórica de que “el fin de la organización política es la libertad”. Esta formulación no constituye una simple declaración retórica, sino la culminación lógica de un análisis riguroso de la naturaleza humana y las condiciones necesarias para su pleno desarrollo. La libertad política no se opone al orden social, sino que lo fundamenta sobre bases sólidas que respetan la dignidad y la racionalidad inherentes a la condición humana.
La vigencia contemporánea del pensamiento político spinoziano se manifiesta en su capacidad para ofrecer criterios normativos válidos para evaluar las formas actuales de organización política. Su concepción de la democracia como régimen que mejor garantiza la libertad de pensamiento y expresión anticipa muchos de los desarrollos posteriores del pensamiento democrático moderno.
La tensión entre autoridad y libertad, que Spinoza aborda con notable profundidad, sigue siendo uno de los desafíos centrales de la teoría y la práctica política contemporáneas.
Referencias:
Spinoza, B. (1670). Tractatus theologico-politicus. Amsterdam: Jan Rieuwertsz.
Deleuze, G. (1981). Spinoza: Filosofía práctica. Barcelona: Tusquets Editores.
Negri, A. (1993). The Savage Anomaly: The Power of Spinoza’s Metaphysics and Politics. Minneapolis: University of Minnesota Press.
Matheron, A. (1988). Individu et communauté chez Spinoza. Paris: Les Éditions de Minuit.
Balibar, É. (1985). Spinoza et la politique. Paris: Presses Universitaires de France.
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