Entre el ruido ensordecedor de una época marcada por la prisa y la desconexión emocional, Al lado del camino de Fito Páez emerge como un acto de contemplación lúcida y desafiante. Esta canción no pretende complacer ni encajar; observa, cuestiona y evoca con una intensidad que desarma. Con su lírica cargada de simbolismo, se convierte en un faro para quienes aún buscan sentido en medio del vértigo. ¿Qué revela de nosotros esa necesidad de observar desde el margen? ¿Es posible resistir sin apartarse del todo?


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 
Imagen creada por inteligencia artificial por Chat-GPT para El Candelabro.
Me gusta estar a un lado del camino
Fumando el humo mientras todo pasa
Me gusta abrir los ojos y estar vivo
Haber sobrevivido millones de resacas

Entonces navegar se hace preciso
En barcos que se estrellen en la nada
Vivir atormentado de sentido
Creo que esta sí, esta sí es la parte más pesada

En tiempos donde nadie escucha a nadie
En tiempos donde todos contra todos
En tiempos egoístas y mezquinos
En tiempos donde siempre estamos solos

Habrá que declararse incompetente
En todas las materias de mercado
Y habrá que declararse un inocente
Y habrá que ser abyecto y desalmado

Yo ya no pertenezco a ningún "ismo"
Me considero vivo y enterrado
Yo puse unas canciones en tu walkman
El tiempo a mí me puso muchos años

Tendré que hacer lo que es y no debido
Y tendré que hacerte bien y tendrás que hacerme daño
Y no olvides que el perdón es lo divino
Y errar a veces suele ser humano

Y no es bueno nunca, hacerse de enemigos
Que no estén a la altura del conflicto
Que piensan que hacen una guerra
Y se mean encima como chicos

Y rondan por siniestros ministerios
Haciendo la parodia del artista
Y que todo lo que brilla en este mundo
Tan solo les da caspa y les da envidia

Y yo era un pibe triste y encantado
The Beatles, caña Legui y Charly García
Los libros, las canciones y los pianos
El cine, tus traiciones, mis enigmas

Mi padre, la cerveza, las pastillas
Los misterios, el whisky malo
Los odios, el amor, los escenarios
El hambre, el frío, el crimen, el dinero y mis diez tías
Me hicieron este hombre enreverado

Si alguna vez me cruzas por la calle
Regálame tu beso y no te aflijas, che
Si ves que estoy pensando en otra cosa
No es nada malo, es que pasó una brisa

La brisa de la muerte enamorada
Que ronda como un ángel asesino
Mas no te asustes, flaca, siempre se me pasa
Es solo la intuición de mi destino

Me gusta estar a un lado del camino
Fumando el humo mientras todo pasa
Me gusta regresarme del olvido
Para acordarme, en sueños, de mi casa

Del chico que jugaba a la pelota
Del 49585
Nadie nos prometió un jardín de rosas
Hablamos del peligro de estar vivo

No vine a divertir a tu familia
Mientras el mundo se cae a pedazos
Me gusta estar al lado del camino
Me gusta sentirte a mi lado
Me gusta estar al lado del camino
Uh-uh-uh
Dormirte cada noche entre mis brazos
Al lado del camino
Al lado del camino
Al lado del camino
Al lado del camino

¡A ver, Madrid!
Olé, olé, olé, olé, Fito, Fito
Olé, olé, olé, olé, Fito, Fito
Olé, olé, olé, olé, Fito, Fito
Olé, olé, olé, olé, Fito, Fito
Maravilla, che
Van a escuchar a Gala Évora cantando "Un vestido y un amor"
Adelante, corazón
Marina, Marina Sorín en el cello

Letra - Fito Páez

“Al lado del camino”: Poética de la resistencia en tiempos de desencanto


La canción Al lado del camino de Fito Páez es mucho más que una composición musical. Representa una declaración filosófica, un testimonio generacional y un manifiesto de resistencia íntima frente al caos del mundo contemporáneo. Publicada en 1999, esta pieza se inscribe dentro de un contexto de profundas transformaciones sociales, políticas y culturales en América Latina, donde el arte se convierte en trinchera emocional y crítica existencial.

Desde los primeros versos, la canción se posiciona como una forma de observación lateral. Estar “al lado del camino” no implica evasión, sino una elección consciente de no participar en la vorágine sin sentido. La mirada crítica de Fito Páez se posa sobre una sociedad que corre sin saber hacia dónde, atrapada en ciclos de consumo, competencia y alienación. En ese borde, él fuma el humo de lo que pasa, como quien contempla las ruinas sin perder la dignidad.

El texto articula una estética del sobreviviente. Páez celebra el simple hecho de estar vivo tras millones de resacas, no solo etílicas, sino también emocionales y culturales. La canción se erige como un canto a la fragilidad, pero también a la resistencia. En esta dualidad, lo humano aparece como un tejido de contradicciones, donde errar es natural y el perdón, una forma de trascendencia que escapa al cálculo de las estructuras de poder.

Uno de los ejes temáticos más potentes de Al lado del camino es su crítica a los tiempos modernos. Se habla de “tiempos donde nadie escucha a nadie”, una descripción lúcida del aislamiento emocional que produce la hipermodernidad. La canción no se limita a señalar la deshumanización de los vínculos, sino que propone como respuesta una ética del desprendimiento, una especie de inocencia radical que se opone al cinismo reinante.

En un gesto provocador, Páez renuncia a toda pertenencia ideológica al declarar: “yo ya no pertenezco a ningún ‘ismo’”. Esta frase tiene resonancia política y filosófica, aludiendo a la necesidad de escapar de las etiquetas identitarias impuestas por el mercado y por las narrativas institucionalizadas. En este gesto, la canción se convierte en un himno posmoderno, donde la subjetividad se reconstruye a partir de fragmentos vitales, más que de doctrinas fijas.

El autor se sitúa, así, en una tierra de nadie, o mejor dicho, en el borde del camino. Desde ahí observa el espectáculo grotesco de ciertos sectores del poder cultural, representados por los “siniestros ministerios” y los falsos artistas que simulan sensibilidad pero solo responden a la envidia. Es una crítica feroz pero certera, que se dirige a la banalización del arte y la instrumentalización de la creatividad como mercancía más.

En contraste con esa hipocresía, Páez recupera una genealogía íntima de influencias que lo formaron: The Beatles, Charly García, el cine, los libros, las traiciones. En este punto, la canción muta en biografía emocional, donde el sujeto se revela como un entramado de vivencias. La vida aparece no como un trayecto lineal, sino como una composición coral, donde lo sublime y lo vulgar coexisten sin contradicción.

La belleza del texto reside en su capacidad para entrelazar lo personal con lo colectivo. Cuando Páez habla de su infancia, de sus tías, del hambre y del frío, no lo hace como mero recuerdo nostálgico, sino como afirmación de una subjetividad que ha sido moldeada por la historia. En este sentido, la canción funciona como un archivo emocional de la Argentina del siglo XX, y más ampliamente, de la sensibilidad latinoamericana.

Al lado del camino también explora la relación entre la muerte y el deseo de permanencia. La mención a “la brisa de la muerte enamorada” introduce una imagen poética y desgarradora. La muerte no aparece como tragedia definitiva, sino como una presencia seductora que ronda, que acecha con suavidad. Esta imagen le otorga a la canción un tono de melancolía lúcida, donde se reconoce que la vida es frágil, pero justamente por eso, digna de ser vivida con plenitud.

La canción no propone escapismo, sino una forma de estar en el mundo desde la contemplación activa. Estar al lado del camino implica elegir cómo mirar, cómo sentir, cómo vincularse. Es una forma de existencia que se aleja del espectáculo y de la performance constante de éxito que domina nuestras sociedades. Desde ese margen, Páez encuentra espacio para la ternura, para la memoria, para el amor no domesticado por las normas del deber.

El carácter performativo de la canción se hace evidente en su desenlace. El grito colectivo “¡Fito, Fito!” simboliza una comunión entre artista y público, donde la palabra se transforma en liturgia. La música, en este caso, no es solo vehículo expresivo, sino ritual compartido, espacio de pertenencia simbólica para quienes también sienten que no encajan, que no corren con el resto. En eso radica su potencia política y espiritual.

Desde una perspectiva semiótica, Al lado del camino despliega un discurso donde el yo lírico asume un lugar marginal, pero no por resignación, sino por decisión ética. En esta posición, se privilegia la observación reflexiva sobre la acción compulsiva, la sensibilidad sobre la eficiencia, la verdad íntima sobre la apariencia pública. Es, en definitiva, una crítica a la aceleración capitalista que nos obliga a correr sin preguntarnos hacia dónde vamos.

Este mensaje resuena de forma particular en contextos contemporáneos donde la velocidad, la productividad y la exposición constante son presentadas como virtudes. La canción ofrece una alternativa radical: habitar el borde, abrazar la lentitud, resistir desde lo pequeño. En lugar de buscar la salvación en grandes proyectos o sistemas, Páez invita a reencontrarse con las raíces afectivas, con el cuerpo, con la música, con los recuerdos.

El lenguaje de la canción, directo pero poético, se convierte en vehículo de una filosofía cotidiana. No necesita de tecnicismos ni de solemnidad para transmitir profundidad. Por el contrario, su potencia radica en la honestidad con la que se expresa, en esa mezcla de confesión y manifiesto que la convierte en testimonio y en obra de arte a la vez. Es el arte de lo sencillo que atraviesa el alma.

En suma, Al lado del camino es una obra que trasciende el género musical y se inscribe en la tradición de las grandes canciones de autor. Es un texto que interpela, que acaricia, que provoca. Fito Páez logra articular una visión del mundo profundamente humana, donde la melancolía y la esperanza conviven. Su canción no ofrece respuestas fáciles, pero sí invita a mirar con más atención, a escuchar con más apertura, a vivir con más intensidad.

Desde la trinchera poética de su guitarra, Páez nos recuerda que estar al margen no es huir, sino resistir. Que ser auténtico en un mundo que premia la máscara es un acto de valentía. Que observar el camino sin perderse en él también es una forma de andar. Y que quizás, al final de todo, lo único que necesitamos es a alguien que nos abrace fuerte, justo ahí, al lado del camino.



Referencias

  1. Páez, F. (1999). Abre [Álbum]. Warner Music Argentina.
  2. Sarlo, B. (2005). Tiempo presente: Notas sobre el cambio de siglo. Siglo XXI Editores.
  3. Lipovetsky, G. (2007). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama.
  4. Deleuze, G. & Guattari, F. (1980). Mille plateaux. Les Éditions de Minuit.
  5. Laddaga, R. (2006). Estética de la emergencia: La formación de otra cultura de las artes. Adriana Hidalgo Editora.

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