Entre los incontables tesoros del bolero latinoamericano, pocos han logrado la permanencia emocional de Cómo Fue, obra que resiste el desgaste del tiempo sin perder un ápice de intensidad. Su vigencia no radica solo en la nostalgia, sino en una estructura lírica que revela una sensibilidad auténtica, casi extinta en la música contemporánea. Este bolero no se limita a ser escuchado: se vive como una confidencia íntima entre canción y oyente. ¿Por qué algunas melodías nunca envejecen? ¿Qué verdad ocultan las canciones que no necesitan explicación?


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Imagen creada por inteligencia artificial por Chat-GPT para El Candelabro.

“Cómo Fue”: La eternidad de un bolero inesperado


“Cómo Fue” es más que un bolero; es una pieza fundamental del repertorio romántico de América Latina. Compuesta por el cubano Ernesto Duarte Brito, su letra y melodía han atravesado generaciones, cargadas de una emocionalidad que no necesita explicación lógica. En la voz de Beny Moré, esta canción adquirió una dimensión casi mística, convirtiéndose en un referente de la música popular de los años 50 y en un símbolo del amor que irrumpe sin permiso.

La fuerza de este bolero radica en su aparente simplicidad lírica. El narrador se pregunta cómo ocurrió ese enamoramiento fulminante, incapaz de explicar la intensidad del sentimiento. No hay adornos innecesarios, solo frases que describen un asombro genuino, como si el amor hubiera irrumpido en su vida como un fenómeno de la naturaleza. Esa pureza emocional conecta con cualquier oyente que alguna vez haya amado sin entender por qué.

La línea “no sé decirte cómo fue, no sé explicarme qué pasó” resume la tesis emocional de la canción. No se trata de analizar el amor, sino de rendirse a su misterio. El bolero aquí no pretende racionalizar ni justificar lo sentido; simplemente lo enuncia con honestidad. Esa falta de retórica rebuscada es lo que vuelve a “Cómo Fue” un tema universal, donde cada quien proyecta su historia personal sobre su melodía.

La música latina romántica encuentra en “Cómo Fue” uno de sus ejemplos más acabados. La melodía se desliza suavemente, sin sobresaltos, permitiendo que la letra se asiente como un susurro. Este equilibrio entre música y voz es lo que hace que la interpretación de Beny Moré sea considerada por muchos como definitiva. Su fraseo pausado y emocional otorga a cada palabra el peso justo, sin caer en el dramatismo forzado.

Es innegable que la canción se convirtió en un hito gracias a su intérprete más famoso. Beny Moré, conocido como el Bárbaro del Ritmo, aportó una intensidad vocal que difícilmente puede ser igualada. Su capacidad para transitar entre géneros como el son, el mambo y el bolero lo colocó en una categoría única dentro de la música cubana. En “Cómo Fue”, su voz no actúa como vehículo del texto: es el texto mismo hecho carne.

El bolero cubano de los años 50 vivía una época dorada, y “Cómo Fue” fue parte de esa constelación de obras que marcaron la identidad musical del Caribe. Lejos de limitarse a lo local, la canción se proyectó al mundo, siendo versionada por artistas de diversos países y estilos. Cada versión es una nueva lectura del asombro amoroso, pero todas mantienen el núcleo emocional que Duarte Brito supo condensar con maestría.

A nivel melódico, el bolero presenta una estructura simple, casi circular, que refuerza la idea de repetición del sentimiento. No hay clímax ni resolución; el tema gira sobre sí mismo como un recuerdo que vuelve una y otra vez. Esto contribuye a su poder evocador, que no se apaga con las décadas. En lugar de volverse obsoleto, “Cómo Fue” gana profundidad con el tiempo, como una carta de amor que resiste la erosión del papel.

Una clave de su perdurabilidad está en su capacidad de adaptación. Desde su publicación, la canción ha sido interpretada por voces tan diversas como las de Vicente Fernández, Luis Miguel, Eydie Gormé o José Feliciano. En cada caso, la esencia del bolero permanece intacta, lo que demuestra que su potencia no depende del estilo del intérprete, sino de la verdad emocional que contiene en sus versos.

Esa versatilidad es también la razón por la cual sigue siendo parte del repertorio de músicos jóvenes y mayores, en bares, bodas o funerales. Es una canción que no pertenece a una época específica, sino que se integra a los rituales del amor humano. Su función no es solo estética, sino también social: acompaña momentos de transición emocional, como un eco musical del alma que busca consuelo o explicación.

No debe olvidarse que Ernesto Duarte Brito no solo fue autor de este bolero, sino un compositor prolífico dentro del panorama musical de Cuba. Sin embargo, fue esta canción la que le aseguró un lugar en la memoria colectiva de América Latina. “Cómo Fue” encarna ese fenómeno raro en la historia de la música: una obra que trasciende a su autor y cobra vida propia, cargada de significados que nadie imaginó al momento de escribirla.

En términos de legado cultural, el bolero ha sido muchas veces desplazado por géneros más ruidosos o comerciales. No obstante, canciones como “Cómo Fue” actúan como recordatorios de una sensibilidad más serena y reflexiva. No buscan deslumbrar con virtuosismo técnico ni frases ingeniosas; su fuerza reside en la confesión sincera, en la vulnerabilidad expuesta sin artificios.

Escuchar “Cómo Fue” en pleno siglo XXI es también un acto de resistencia frente a la velocidad emocional que caracteriza nuestra época. Es una invitación a detenerse y escuchar al corazón sin apuros. A diferencia de la música contemporánea que tiende a esquematizar el amor en fórmulas repetitivas, este bolero se permite la libertad de no entender nada, de simplemente sentir, de dejar que el misterio sea parte de la experiencia amorosa.

Su éxito radica, además, en su dimensión emocional atemporal. No importa si quien escucha tiene veinte u ochenta años: todos pueden verse reflejados en esa sorpresa ante el amor que llega sin previo aviso. Es un recordatorio de que las emociones más fundamentales no cambian, por más que cambien los lenguajes musicales o los dispositivos que las reproducen.

Podría decirse que la canción actúa como un puente intergeneracional. Abuelos la tararean con nostalgia, padres la bailan en aniversarios, y nietos la descubren por casualidad en alguna lista de reproducción. Esa capacidad de continuar dialogando con nuevas audiencias sin necesidad de ser modificada es lo que convierte a “Cómo Fue” en una obra maestra del bolero latinoamericano. “Cómo Fue” no solo es una canción romántica; es un testimonio musical de cómo el amor inexplicable puede convertirse en arte. En su aparente sencillez se oculta una estructura emocional compleja que ha sabido resonar en distintas épocas, geografías y generaciones. Es una pieza que, como todo gran bolero, no se limita a ser escuchada: se vive, se recuerda y, sobre todo, se siente.

“Cómo Fue” no solo es una canción romántica; es un testimonio musical de cómo el amor inexplicable puede convertirse en arte. En su aparente sencillez se oculta una estructura emocional compleja que ha sabido resonar en distintas épocas, geografías y generaciones. Es una pieza que, como todo gran bolero, no se limita a ser escuchada: se vive, se recuerda y, sobre todo, se siente.



Referencias:

  1. Orovio, H. (2004). Diccionario de la música cubana. Instituto Cubano del Libro.
  2. Sublette, N. (2004). Cuba and Its Music: From the First Drums to the Mambo. Chicago Review Press.
  3. Díaz Ayala, C. (1994). Música cubana: del Areíto a la Nueva Trova. Ediciones Cubanacán.
  4. López, R. (2010). “Beny Moré: entre el mito y la música.” Revista de la Cultura Cubana, 45(3), 58–74.
  5. Hernández, D. (2016). El bolero: historia de un amor eterno. Editorial Planeta.

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