Entre los nombres que marcaron el rumbo de la astronomía moderna, pocos reflejan con tanta nitidez la unión entre ciencia, visión y transformación como el de Edward Charles Pickering. Su legado no solo reside en los descubrimientos celestes, sino en su capacidad para cuestionar las jerarquías del conocimiento y abrir caminos inéditos para la participación femenina en la ciencia. ¿Qué ocurre cuando el talento trasciende las barreras sociales? ¿Y qué futuro nace cuando la curiosidad se convierte en revolución silenciosa?
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES

Imagen creada por inteligencia artificial por Chat-GPT para El Candelabro.
Edward Charles Pickering y las Computadoras de Harvard: una revolución científica desde Boston
El 19 de julio de 1846 nació en Boston el físico y astrónomo Edward Charles Pickering, una figura fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna. Su trabajo marcó un antes y un después tanto en la educación científica como en la astronomía observacional, gracias a su enfoque innovador en la enseñanza de la física y a su dirección del Observatorio de la Universidad de Harvard durante más de cuarenta años. Su legado es inseparable del grupo de mujeres científicas conocidas como las Computadoras de Harvard, cuyos aportes revolucionaron el estudio del cosmos.
Formado en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts, Pickering fundó allí el primer laboratorio docente de física en los Estados Unidos, estableciendo un nuevo estándar en la enseñanza de las ciencias exactas. Este enfoque experimental transformó la pedagogía universitaria, permitiendo que los estudiantes aprendieran mediante la observación directa y la manipulación de aparatos científicos, algo poco común en la época. Fue pionero en vincular la teoría con la práctica, anticipando la importancia de la formación científica aplicada en un mundo cada vez más industrializado.
En 1877, fue nombrado director del Observatorio de Harvard, cargo que desempeñaría hasta su muerte en 1919. Desde esta posición, impulsó un ambicioso programa de observación celeste que incluyó la creación del Catálogo Henry Draper, una de las primeras clasificaciones espectrales estelares a gran escala. Para llevar a cabo esta tarea monumental, Pickering adoptó un enfoque innovador: contrató a un grupo de mujeres para analizar los datos fotográficos obtenidos con los telescopios, en una época en la que el acceso femenino a la ciencia era sumamente limitado.
Estas mujeres, conocidas posteriormente como las Computadoras de Harvard, realizaron trabajos de clasificación estelar, análisis espectral y descubrimiento de variables astronómicas que aún hoy son fundamentales para la astronomía. Bajo la supervisión de Pickering, este equipo produjo uno de los mayores volúmenes de trabajo científico jamás reunidos por un grupo humano en ese periodo. Si bien inicialmente fueron contratadas por su bajo costo laboral, muchas de estas mujeres superaron las expectativas con aportes de altísimo calibre, desafiando las estructuras patriarcales de su tiempo.
Una de las más destacadas fue Williamina Fleming, una exgobernanta escocesa que pasó a ser una de las figuras más influyentes del observatorio. Fleming clasificó más de 10,000 estrellas y descubrió objetos tan diversos como nebulosas, novas y estrellas binarias espectroscópicas. Gracias a su trabajo, el Catálogo Draper se expandió considerablemente, estableciendo una base sólida para la clasificación moderna de estrellas según su espectro luminoso, un avance decisivo en la comprensión del universo.
Otra figura clave fue Annie Jump Cannon, quien desarrolló el sistema de clasificación espectral OBAFGKM, aún vigente hoy. Su método permitió ordenar las estrellas según su temperatura superficial, simplificando y estandarizando un campo que hasta entonces era inconsistente. Cannon catalogó más de 350,000 estrellas a lo largo de su carrera y fue una ferviente defensora del acceso de las mujeres a la ciencia. Su trabajo convirtió a Harvard en una autoridad global en el campo de la astronomía estelar y consolidó el papel de las mujeres en la producción científica.
También merece mención especial Henrietta Swan Leavitt, cuyas investigaciones sobre las estrellas variables Cefeidas permitieron establecer una relación directa entre el período de variación y la luminosidad. Este descubrimiento permitió calcular distancias astronómicas con una precisión hasta entonces inalcanzable y sirvió como piedra angular para que Edwin Hubble demostrara la expansión del universo. Leavitt, sin duda, revolucionó la medición de distancias cósmicas, una de las áreas más importantes de la astronomía moderna.
Por su parte, Antonia Maury, sobrina del naturalista Louis Agassiz, propuso una clasificación más refinada del espectro estelar, que si bien fue inicialmente ignorada, más tarde se reconoció como fundamental para el desarrollo de modelos atmosféricos estelares. Su trabajo fue vital para el desarrollo de la teoría de la evolución estelar y para la comprensión de los procesos internos de las estrellas. Aunque sufrió el desdén de algunos colegas, su perseverancia y claridad científica fueron finalmente valoradas como parte del legado colectivo del Observatorio de Harvard.
El éxito de las Computadoras de Harvard no puede entenderse sin la visión de Pickering. Aunque su motivación inicial pudo haber estado influenciada por consideraciones prácticas y presupuestarias, su disposición para confiar en mujeres en una labor científica de alto nivel fue extraordinaria para su tiempo. Al abrir la puerta del observatorio a estas colaboradoras, permitió el florecimiento de un talento hasta entonces marginado, sentando las bases para una ciencia más inclusiva. Pickering no solo dirigió un observatorio, sino que creó una comunidad científica donde las mujeres brillaron con luz propia.
En un contexto social en el que las mujeres no podían votar ni acceder a muchos espacios de educación superior, el grupo de Pickering fue un oasis de producción intelectual femenina. Estas científicas desafiaron las normas de género impuestas por la época, demostrando que el rigor analítico, la precisión técnica y la innovación conceptual no tenían género. Su legado no solo vive en las tablas y catálogos astronómicos, sino también en la inspiración que brindan a generaciones de jóvenes científicas.
El método de trabajo de Pickering, basado en el uso extensivo de la fotografía astronómica y la sistematización de los datos, fue un adelanto de la ciencia de datos actual. Las placas fotográficas, que entonces eran consideradas una herramienta técnica, se transformaron bajo su dirección en registros de valor incalculable, permitiendo análisis estadísticos sobre miles de estrellas y fenómenos cósmicos. La colaboración meticulosa de las Computadoras de Harvard con estas placas representa uno de los primeros ejemplos de trabajo científico intensivo en datos en la historia de la humanidad.
Hoy, el impacto de Edward Charles Pickering y de las Computadoras de Harvard se extiende mucho más allá de las paredes del observatorio que los albergó. Sus contribuciones son parte esencial del corpus científico moderno y su historia constituye una lección de cómo la curiosidad, el método riguroso y la inclusión pueden transformar el conocimiento humano. En una época donde la equidad y la diversidad son temas centrales del discurso científico, su ejemplo sigue vigente como un modelo de excelencia científica colaborativa.
Pickering falleció en 1919, pero dejó tras de sí una estela de conocimiento que aún ilumina los cielos. Gracias a su liderazgo visionario, la astronomía dio un salto cuántico desde la observación empírica hacia la sistematización teórica, basada en datos y en colaboración interdisciplinaria. Y gracias a su equipo de mujeres brillantes, la ciencia aprendió que el talento no responde a barreras sociales. Así, el legado de Edward Charles Pickering es el de un reformador de la ciencia y un pionero en reconocer la capacidad intelectual sin importar el género.
Referencias
- Johnson, G. (2005). Miss Leavitt’s Stars: The Untold Story of the Woman Who Discovered How to Measure the Universe. W. W. Norton & Company.
- Sobel, D. (2016). The Glass Universe: How the Ladies of the Harvard Observatory Took the Measure of the Stars. Viking.
- Pickering, E. C. (1890). “The Henry Draper Memorial.” The Observatory, Vol. 13, pp. 173–176.
- Ogilvie, M. B. & Choquette, J. D. (2019). Women in Science: Antiquity through the Nineteenth Century. MIT Press.
- Cannon, A. J. (1922). “Classifying the Stars.” Scientific American, Vol. 127, No. 3, pp. 15–18.
El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES
#Astronomía
#HistoriaDeLaCiencia
#MujeresEnLaCiencia
#ObservatorioDeHarvard
#EdwardCharlesPickering
#ComputadorasDeHarvard
#WilliaminaFleming
#AnnieJumpCannon
#HenriettaLeavitt
#AntoniaMaury
#EducaciónCientífica
#ClasificaciónEstelar
Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
