Entre los avances silenciosos que marcan un antes y un después en nuestra relación con el planeta, surge una alternativa fúnebre que no solo honra la vida, sino que regenera la tierra. El uso del micelio en rituales de despedida trasciende lo simbólico: introduce una ética de retorno, donde el cuerpo deja de ser residuo para convertirse en recurso. En este gesto final, profundamente humano y radicalmente ecológico, se abre un nuevo horizonte. ¿Podrá la muerte convertirse en un acto de vida? ¿Estamos listos para asumir ese cambio?


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Imagen creada por inteligencia artificial por Chat-GPT para El Candelabro.

Micelio y muerte: hacia un entierro verdaderamente sostenible


En un hecho sin precedentes en Estados Unidos, Mark Ancker ha sido la primera persona en recibir un entierro ecológico utilizando un ataúd de micelio. Este hito representa un cambio profundo en la manera en que concebimos la muerte y su impacto sobre el medio ambiente. El ataúd, denominado Living Cocoon, fue diseñado por la empresa holandesa Loop Biotech, y se caracteriza por estar elaborado a partir del micelio, el cuerpo vegetativo de los hongos. Esta innovadora alternativa se descompone en tan solo 45 días.

A diferencia de los ataúdes tradicionales, cuya degradación puede demorar décadas y que a menudo contaminan el subsuelo con barnices y metales, el ataúd de micelio ofrece una solución biodegradable que convierte el cuerpo humano en fuente de nutrientes. En el caso de Mark Ancker, el entierro fue también una ceremonia simbólica: en lugar de una lápida convencional, la familia decidió plantar un jardín de flores sobre su tumba, sellando así un pacto con la naturaleza en su forma más esencial y regenerativa.

El micelio, compuesto por una red de filamentos conocida como hifa, desempeña un rol crucial en la descomposición orgánica y en la limpieza de suelos contaminados. Esta red subterránea forma parte del sistema digestivo del ecosistema terrestre, reciclando materia muerta, purificando toxinas y facilitando el crecimiento de nuevas formas de vida vegetal. Incorporar esta inteligencia biológica a los rituales funerarios implica una integración ética con el ciclo natural de la vida.

Este acontecimiento marca también el ingreso oficial de Loop Biotech al mercado funerario estadounidense. La empresa, con sede en los Países Bajos, ya había realizado enterramientos ecológicos en Europa, pero la inhumación de Mark Ancker representa su debut en un país históricamente reticente a modificar sus prácticas mortuorias. No obstante, las presiones ambientales, el cambio climático y la necesidad de innovación sostenible están promoviendo una transformación paulatina del sector.

El Living Cocoon no solo es respetuoso con el medio ambiente, sino que también actúa como un catalizador ecológico. El micelio, al entrar en contacto con el cuerpo, lo descompone sin generar residuos tóxicos. Este proceso limpia el suelo, lo enriquece con nutrientes esenciales y convierte la tumba en un microecosistema que puede sustentar vida vegetal. Desde una perspectiva ecológica, este tipo de entierro representa un acto de reforestación funeraria.

Al considerar las alternativas tradicionales, como el embalsamamiento con formaldehído o la incineración, cuyos procesos liberan gases contaminantes, el ataúd de micelio se posiciona como una alternativa claramente superior en términos de huella ecológica. Además, no requiere el uso de cementerios en el sentido convencional. En muchos casos, las familias optan por enterrar a sus seres queridos en jardines o zonas verdes previamente autorizadas, creando espacios de contemplación más armónicos y sostenibles.

La iniciativa de Loop Biotech no es un mero ejercicio de diseño ecológico; es una propuesta filosófica que redefine la relación entre el ser humano y la tierra. Al convertir al difunto en una fuente de vida, el entierro con micelio desafía la visión antropocéntrica que separa al hombre de los ciclos naturales. En lugar de encapsular el cuerpo en ataúdes sellados y enterrarlo como desecho, se le reintegra activamente en el flujo de la vida, cerrando el ciclo de manera virtuosa.

Además del micelio, Loop Biotech ha comenzado a explorar productos complementarios como urnas biodegradables, cápsulas fúnebres y sistemas de compostaje humano. Todo esto forma parte de un movimiento emergente que aboga por la llamada “muerte verde”, que busca reducir el impacto ambiental de los funerales. Según estimaciones recientes, los funerales convencionales generan miles de toneladas de CO₂ anuales. Frente a ello, los funerales ecológicos representan una medida urgente.

Las implicaciones éticas también son profundas. La idea de que el cuerpo humano pueda volver a la tierra de forma limpia y nutritiva conecta con antiguas cosmovisiones indígenas y con corrientes filosóficas contemporáneas que promueven la biocentricidad. Desde esta óptica, la vida no se extingue con la muerte, sino que se transforma. El cuerpo no es un residuo, sino un recurso. El ataúd de micelio, al disolverse, actúa como un canal de retorno y no como un contenedor de olvido.

En Estados Unidos, este tipo de entierros también está alimentando un debate legal y cultural. Algunos estados aún tienen regulaciones restrictivas sobre métodos alternativos de disposición de cuerpos. Sin embargo, con el precedente de Mark Ancker, es probable que otros territorios comiencen a actualizar sus marcos normativos, permitiendo que opciones como el ataúd de hongos ganen aceptación y respaldo institucional en los próximos años.

El auge de los entierros ecológicos se inscribe en una transformación más amplia que incluye prácticas como el compostaje humano, los cementerios verdes y las ceremonias fúnebres comunitarias. Todas estas alternativas responden a una creciente demanda de coherencia entre los valores ambientales que profesamos en vida y las decisiones que tomamos al morir. La última huella debe ser, en la medida de lo posible, una que alimente el suelo y no lo envenene.

También es relevante destacar el impacto emocional de este tipo de entierros. En muchos casos, las familias encuentran consuelo al saber que sus seres queridos siguen aportando vida. El jardín de flores sobre la tumba de Mark Ancker es prueba de ello: un recordatorio visible y vivo de que la muerte no implica desaparición, sino transformación. Esta dimensión simbólica puede cambiar profundamente la forma en que las personas enfrentan el duelo y encuentran sentido en la partida.

Desde una perspectiva de innovación y diseño, el caso de Loop Biotech destaca la importancia de la biotecnología en la sostenibilidad. Al aplicar conocimientos sobre el comportamiento del micelio y su capacidad regenerativa, la empresa ha logrado crear un producto funcional, bello y con alto impacto simbólico. No se trata solo de cambiar los materiales, sino de cambiar la mentalidad. De ver la muerte no como un problema a ocultar, sino como un momento de reintegración con el planeta.

La historia de Mark Ancker representa, por tanto, mucho más que un primer entierro con micelio en EE.UU. Es una declaración de principios. Un acto de amor a la tierra. Un giro cultural y ecológico que puede marcar el inicio de una nueva era funeraria, más humana, más consciente y más responsable. El futuro de la muerte puede ser fértil, si así lo decidimos. Y el micelio, humilde y poderoso, podría ser el aliado más improbable —y más necesario— para lograrlo.


Referencias

  1. Loop Biotech. (2024). Living Cocoon: Biodegradable coffin made of mycelium. https://www.loop-of-life.com
  2. BBC News. (2025). Mark Ancker: US man buried in mushroom coffin in green funeral first.
  3. Minter, A. (2021). How to Green Your Funeral. Bloomberg Green.
  4. Stamets, P. (2005). Mycelium Running: How Mushrooms Can Help Save the World. Ten Speed Press.
  5. The Green Burial Council. (2023). Standards for Green Burial Practices. https://www.greenburialcouncil.org

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