Entre cuerdas tensadas por siglos de historia y voces que desafían el olvido, Leyla McCalla emerge como un faro en el panorama musical contemporáneo. Su obra no solo canta, sino que interroga, conecta y transforma. Con una sonoridad profundamente personal, su arte se sitúa en el cruce entre lo ancestral y lo urgente, entre la belleza estética y la denuncia social. ¿Puede la música cambiar la memoria colectiva? ¿Estamos realmente escuchando lo que el pasado nos intenta decir?


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Imagen creada por inteligencia artificial por Chat-GPT para El Candelabro.

La resonancia histórica y política en la música de Leyla McCalla


La obra musical de Leyla McCalla, nacida el 3 de octubre de 1985, se erige como un puente entre la historia y la contemporaneidad, entre la memoria ancestral y el activismo sonoro. Esta cantautora haitiana-estadounidense articula un universo estético y político a través del violonchelo, el banjo y la guitarra, instrumentos que cobra vida mediante letras cantadas en inglés, francés y criollo haitiano. Su música constituye un archivo vivo que honra sus raíces y denuncia las heridas coloniales aún abiertas.

McCalla forja una identidad musical única al entrelazar el folk afroamericano, la chanson criolla, el jazz y la música clásica, rechazando cualquier clasificación rígida. En lugar de adoptar etiquetas comerciales, reivindica un enfoque artístico que da prioridad a la memoria histórica y la justicia social. Su exploración sonora no es meramente estilística: es una herramienta de reivindicación, un testimonio emocional que confronta los legados de esclavitud, exilio y resistencia de los pueblos afrodescendientes.

En el centro de su discurso artístico se halla la complejidad de la identidad afrocaribeña, abordada desde una mirada crítica, pero también profundamente poética. Sus canciones no son solo composiciones musicales; son actos de memoria que tejen el pasado con el presente. En ellas resuenan las voces de generaciones silenciadas, y se revelan las continuidades de la opresión racial y económica que aún atraviesan las Américas.

Una pieza fundamental en su discografía es su álbum debut Vari-Colored Songs (2014), inspirado en los poemas del escritor Langston Hughes, figura clave del Renacimiento de Harlem. En este proyecto, McCalla da nueva vida a textos líricos sobre el racismo, la marginalidad y la esperanza, y los convierte en canciones que trascienden el tiempo. Este gesto de musicalizar poesía negra es un acto de resistencia estética y de recuperación cultural.

McCalla también ha contribuido con enorme fuerza al colectivo Songs of Our Native Daughters, junto a Rhiannon Giddens, Allison Russell y Amythyst Kiah. Este proyecto colectivo reinterpreta la historia desde la perspectiva de mujeres afrodescendientes, con una mirada crítica al colonialismo, la esclavitud y la misoginia. Canciones como “Black Myself” o “Barbados” recuperan voces ausentes del relato oficial, desafiando la narrativa dominante sobre la identidad americana.

Desde una perspectiva técnica, McCalla redefine el uso del violonchelo en la música folk, ampliando sus posibilidades expresivas más allá del repertorio académico. Con un timbre cálido y una digitación que remite a lo ancestral, el violonchelo se convierte en una extensión de la voz, en un instrumento narrativo. Su combinación con el banjo, instrumento vinculado históricamente a la diáspora africana, refuerza esa búsqueda de conexiones históricas.

En su obra también se escucha el legado de la música criolla haitiana, en especial el rará, la compas y la música tradicional de las zonas rurales. Estas influencias no aparecen como citas exóticas, sino como parte constitutiva de su identidad musical. Así, McCalla convierte su carrera en una forma de cartografía sonora de Haití, país marcado por la revolución, la diáspora y la adversidad, pero también por una riqueza cultural que ella se encarga de amplificar.

El compromiso político de McCalla va más allá de lo discursivo; impregna su forma de componer, grabar y presentarse en escena. La elección de temáticas como la brutalidad policial, la migración forzada o la desigualdad estructural revela un compromiso ético que guía su quehacer artístico. Su música funciona como un canal de denuncia, pero también de esperanza y reencuentro con lo comunitario.

Resulta revelador que McCalla cante en criollo haitiano, idioma históricamente relegado y estigmatizado, pero profundamente simbólico para la identidad de Haití. Esta elección no es un simple gesto estilístico: es una afirmación de orgullo cultural y una forma de resistencia lingüística. En un mundo globalizado que impone hegemonías lingüísticas, su canto en criollo es un acto de rebeldía poética.

Su álbum The Capitalist Blues (2019) muestra una faceta más política y contemporánea, abordando la alienación del neoliberalismo, la fragilidad emocional del individuo moderno y el agotamiento sistémico. Musicalmente, fusiona el jazz de Nueva Orleans con ritmos caribeños y blues tradicional, logrando una crítica feroz sin perder musicalidad ni sutileza. Aquí, el dolor social se transforma en energía rítmica.

McCalla demuestra que la música afrodescendiente contemporánea no está disociada de sus raíces. Más bien, se alimenta de ellas para proyectarse hacia el futuro. En este sentido, su arte puede leerse como un espacio de archivo afectivo, donde lo histórico no es estático, sino una fuerza viva que interpela al oyente. Escucharla es entrar en un proceso de reeducación emocional e histórica.

Asimismo, su producción está marcada por un ethos colaborativo. McCalla concibe la música como una práctica colectiva, interdependiente, tejida entre voces que dialogan desde distintas temporalidades. Este enfoque está en sintonía con las prácticas culturales de la diáspora, que privilegian la oralidad, la comunidad y la polifonía como formas de resistencia y supervivencia identitaria.

En entrevistas y declaraciones públicas, McCalla ha subrayado la importancia de construir un arte “consciente”, que no tema incomodar, pero que también ofrezca consuelo. Esta ambivalencia —entre la denuncia y el consuelo— define la potencia de su obra, que se sitúa en el cruce entre la política sonora y la sanación colectiva. Es ahí donde su música alcanza su mayor profundidad emocional.

Por todo esto, McCalla representa una figura singular en el panorama musical actual. No se limita a entretener: educa, provoca, cura y transforma. Su arte es inseparable de su militancia cultural, y esa coherencia la vuelve imprescindible para comprender el momento histórico que atravesamos. Frente al auge de discursos desmemoriados, su obra exige recordar, y lo hace cantando.

Al incorporar elementos clásicos al repertorio popular, McCalla también subvierte jerarquías musicales. El uso del violonchelo en músicas tradicionales trastoca las lógicas elitistas de la música académica y demuestra que la técnica puede estar al servicio de la comunidad y no del virtuosismo aislado. Esto refuerza la dimensión ética y pedagógica de su práctica.

En la obra de McCalla, cada acorde es también un archivo. Cada palabra es memoria encarnada. Cada idioma que elige cantar es una forma de resistencia cultural. En un presente donde lo fugaz parece imponerse, ella construye una obra duradera, que dialoga con el pasado para transformar el porvenir. Escucharla es, en última instancia, participar de una conversación ancestral.

Leyla McCalla no solo rescata sonidos antiguos; los resignifica con una visión de futuro. Su legado no se mide únicamente en discos, sino en su capacidad de activar procesos de reflexión crítica en sus oyentes. Su música nos pregunta, sin rodeos: ¿qué historia estamos contando? ¿Y a quién dejamos fuera de ella?


Referencias:

  1. Giddens, R., McCalla, L., Kiah, A., & Russell, A. (2019). Songs of Our Native Daughters. Smithsonian Folkways Recordings.
  2. McCalla, L. (2014). Vari-Colored Songs: A Tribute to Langston Hughes. Music Maker Recordings.
  3. McCalla, L. (2019). The Capitalist Blues. Jazz Village / PIAS.
  4. Hurston, Z. N., & Hughes, L. (2000). The Collected Poems of Langston Hughes. Vintage.
  5. Bratcher, D. (2021). “Musical Memory and Afro-Caribbean Identity in Leyla McCalla’s Work”. Ethnomusicology Review, 26(1), 54–68.

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