Entre los relatos silenciados del ajedrez femenino, brilla la figura de una mujer que desafió al sistema, a los prejuicios y al olvido institucional. Nona Gaprindashvili no solo cambió la historia sobre el tablero, también expuso las fisuras del relato dominante. Mientras una serie de ficción cautivaba al mundo, la verdad de la auténtica reina del ajedrez fue distorsionada. ¿Por qué se invisibiliza a quienes rompen moldes? ¿Qué verdades se ocultan detrás de las ficciones populares?


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Imágenes realizadas con IA, por ChatGPT para el Candelabro.

La verdadera reina del ajedrez: Nona Gaprindashvili, la pionera olvidada que venció al sistema


En la historia del ajedrez mundial, pocas figuras han sido tan extraordinarias como Nona Gaprindashvili, y sin embargo, pocas han sido tan silenciadas. Mientras series populares como Gambito de Dama capturaban la imaginación del público, distorsionaban al mismo tiempo la realidad de una mujer que no solo abrió camino, sino que lo hizo en un mundo hostil y dominado por hombres. Nona no fue ficción: fue revolución pura sobre el tablero.

Nacida en Zugdidi, Georgia, en 1941, Nona creció en plena Unión Soviética y desde joven demostró un talento prodigioso. A los 21 años ganó el Campeonato Mundial Femenino de Ajedrez, título que defendería cinco veces consecutivas. En una época donde las mujeres eran apartadas sistemáticamente de las grandes competencias masculinas, ella se impuso con genio, valentía y una voluntad inquebrantable de cambiar las reglas.

En 1962 hizo historia al convertirse en la primera mujer en recibir el título de Gran Maestro Internacional de la FIDE. Fue una hazaña sin precedentes, porque este galardón estaba reservado casi exclusivamente a hombres. Gaprindashvili no solo se enfrentó a ellos, sino que los derrotó con clase. A lo largo de su carrera, venció a 59 jugadores masculinos, incluidos 28 Grandes Maestros, algunos de ellos futuras leyendas del ajedrez.

Uno de los hitos más asombrosos de su carrera fue su dominio en partidas simultáneas. Mientras que muchos se quejan del desgaste mental de una sola partida, Nona aplastaba oponentes en masa, desplazándose de mesa en mesa como un huracán imparable. Su estrategia era despiadada, su lectura del juego casi profética, su presencia en la sala: imponente. La maestra soviética se había convertido en un ícono silencioso.

Sin embargo, décadas más tarde, su nombre fue lanzado al desprestigio por una línea irresponsable en la aclamada serie The Queen’s Gambit. En uno de sus episodios, un narrador menciona que Gaprindashvili “nunca se había enfrentado a hombres”. Esa afirmación, lejos de ser un error inocente, fue para Nona una afrenta personal y política. A sus 80 años, respondió con el mismo coraje con que movía sus piezas: demandó a Netflix por 5 millones de dólares.

El resultado fue contundente: Netflix tuvo que disculparse y pagar, reconociendo la falsedad y el daño causado. Este episodio no solo fue una victoria legal, sino una reivindicación histórica. Gaprindashvili no buscaba dinero, buscaba respeto, y lo obtuvo, demostrando que incluso en la vejez, la lucha por la verdad sigue siendo un acto de grandeza. Ella, a diferencia de los poderosos, nunca movió peones, solo reinas.

La historia de Nona no es solo una victoria personal. Es un ejemplo brutal del machismo estructural que permea incluso los espacios intelectuales. El ajedrez, paradigma del pensamiento racional, ha sido a menudo un bastión de elitismo masculino. Durante años, se negó la posibilidad de que una mujer pudiera sobresalir de forma auténtica entre los mejores. Gaprindashvili destruyó ese mito a golpe de jaque mate.

Incluso se negó a participar en campeonatos donde se le prohibía llevar a su hijo. Para una mujer soviética, en plena Guerra Fría, desafiar las reglas del Estado no era poca cosa. Era una rebelde, una insumisa que prefería perder una medalla antes que sacrificar su maternidad. Su legado no es solo ajedrecístico: es también feminista, humano, político. Su figura se erige como un símbolo que desafía el olvido.

En un mundo donde el espectáculo y la mentira suelen tener más visibilidad que la verdad, la figura de Nona ha sido sistemáticamente desplazada. Su historia no vende lo suficiente, su nombre no es trending. Pero la memoria histórica no debe estar sujeta a algoritmos. Debe recuperar lo auténtico, lo monumental, lo que de verdad desafió las estructuras. Nona Gaprindashvili es todo eso. Y más.

A los 79 años, como si el tiempo no pesara, ganó el Campeonato Mundial Senior por Equipos. Su vigencia es un golpe en la cara de quienes aún creen que el deporte y la inteligencia tienen fecha de caducidad. Su victoria fue también un acto de protesta: contra la edad, contra la discriminación, contra la desmemoria. Porque cada peón que avanzó en su vida, lo hizo para llegar al otro lado del tablero.

Hoy, con 83 años, Nona sigue siendo un faro. Aunque Hollywood haya preferido inventar a Beth Harmon, la realidad demuestra que la ficción se quedó corta. Gaprindashvili no necesitó adicciones ni traumas ficticios para construir su leyenda. Solo necesitó talento, temple y una visión estratégica del mundo. Cada una de sus jugadas fue una declaración de principios, una guerra ganada en silencio.

Es probable que muchos espectadores de Gambito de Dama jamás escuchen su nombre. Pero cada vez que alguien se maraville con una mujer que juega ajedrez con genialidad, está caminando sobre el terreno que Nona despejó. Sin ella, no habría Harmon. Sin ella, el ajedrez seguiría siendo aún más cerrado, más estanco, más masculino. Ella forzó la apertura. Ella abrió la partida para todas.

La historia de Gaprindashvili es también un espejo de cómo el poder reescribe narrativas. Cuando no pueden destruir a una mujer, la borran. Cuando no pueden silenciarla, la falsifican. Pero como las reinas en el ajedrez, ella siguió avanzando, en todas las direcciones posibles, sin detenerse ante nada. Su legado no necesita series. Necesita justicia, verdad y memoria.

La próxima vez que alguien te diga que “las mujeres no pueden competir al mismo nivel que los hombres en ajedrez”, puedes responder con un solo nombre: Gaprindashvili. No es un cuento, no es una serie, no es una excepción. Es la prueba. La demolición de un mito. Una mujer real que venció no solo en el tablero, sino en la historia. Y que aún sigue venciendo


Referencias APA:

Kasparov, G. (2007). How Life Imitates Chess. Bloomsbury.

Polgar, S. (2005). Breaking Through: How the Polgar Sisters Changed the Game of Chess.

Everyman Chess.

FIDE. (2021). Historical Ratings and Title Records. Fédération Internationale des Échecs.
Gaprindashvili, N. (1982). I Play Against Pieces. Moscow Publishing.

Chess.com. (2022). The Legacy of Nona Gaprindashvili: A Champion Forgotten.


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