Entre el eco de los sermones y el murmullo de los claustros, Sor Juana Inés de la Cruz alzó su voz con una lucidez que atraviesa siglos. Su “Respuesta a Sor Filotea” no es súplica ni protesta: es una arquitectura intelectual que desafía los límites del barroco novohispano. Con pluma feroz y tacto estratégico, esta monja convirtió la obediencia en herramienta crítica. ¿Puede la palabra escrita liberar donde la obediencia aprieta? ¿Quién decide el límite del saber cuando arde en una mujer?


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Respuesta a Sor Filotea: defensa feminista y erudición en el barroco novohispano


Entre los muros de un convento y los ecos de una sociedad patriarcal, Sor Juana Inés de la Cruz escribió una de las piezas más valientes del barroco latinoamericano: la “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”. Este texto no es solo una carta de defensa, sino una declaración monumental del derecho de las mujeres a la educación y a la autoridad intelectual. ¿Puede una monja desafiar los límites impuestos por su tiempo? ¿Puede el silencio impuesto ser vencido por la razón?

La “Respuesta a Sor Filotea” surge como una reacción epistolar a una crítica pública disfrazada de elogio, firmada por el obispo de Puebla bajo el seudónimo femenino “Sor Filotea de la Cruz”. En ella, Sor Juana no solo contesta con elegancia, sino que eleva la conversación a una defensa monumental del pensamiento femenino, cargada de agudeza teológica y filosófica.

Desde las primeras líneas, la autora despliega una estrategia retórica brillante: se muestra obediente y humilde, solo para desmontar con finura cada argumento en su contra. Lejos de una súplica o una retractación, su carta es una poderosa reivindicación de la libertad intelectual, escrita desde el corazón del mundo monástico, pero dirigida a una audiencia mucho más amplia.

Uno de los núcleos centrales de su argumento es que el deseo de conocimiento es innato, incluso en las mujeres. Remontándose a su infancia, Sor Juana relata cómo aprendió a leer a los tres años, y cómo su impulso por aprender la llevó incluso a reducir su alimentación para poder estudiar más tiempo. Este testimonio revela no solo una vocación, sino una pasión radical por el saber.

El barroquismo de su prosa se manifiesta en una estructura compleja, abundante en alusiones bíblicas, referencias a los Padres de la Iglesia, pensadores clásicos y humanistas. Esta erudición no es ostentación: es escudo y espada, un mecanismo de legitimación ante un entorno que no aceptaba fácilmente la autoridad intelectual femenina.

Uno de los momentos más tensos de la carta es cuando Sor Juana analiza las palabras de San Pablo sobre el silencio de las mujeres en las iglesias. Su lectura, lejos de ser literal, propone una interpretación contextualizada, mostrando que incluso las Escrituras pueden y deben ser leídas críticamente. Esta osadía demuestra un dominio no solo del texto sagrado, sino del arte de la exégesis.

La autora también cuestiona sutilmente el papel de los confesores, superiores y autoridades eclesiásticas que pretenden regular el saber femenino. Aunque nunca rompe abiertamente con la Iglesia, Sor Juana deja entrever un agudo sentido de autonomía intelectual, reafirmando que su vocación de estudio no contradice su fe, sino que la fortalece.

La carta se convierte entonces en una pieza maestra del discurso feminista barroco, donde la autora exige el derecho a estudiar, no como rebeldía, sino como servicio a Dios. Su postura no es la de una revolucionaria abierta, sino la de una estratega que sabe usar los códigos del poder para desafiar desde adentro.

Paradójicamente, esta defensa marca el inicio del fin de su carrera pública. Años después de esta carta, Sor Juana renunciaría a sus libros y a su producción intelectual. Sin embargo, el sacrificio final no anula la potencia de su mensaje, que ha resonado a lo largo de los siglos como símbolo de resistencia y lucidez.

En términos estilísticos, la “Respuesta” representa uno de los máximos logros del barroco novohispano. La combinación de metáforas elaboradas, construcciones sintácticas densas y una ironía soterrada hacen del texto una obra que no solo debe leerse, sino estudiarse con lupa.

La carta, más allá de su contenido ideológico, tiene también un valor literario indiscutible. Su ritmo, su cadencia, la tensión entre sumisión y rebeldía, construyen un discurso que sigue siendo vigente. En cada oración, hay una carga ética, una fuerza de pensamiento que desafía el canon desde su propio centro.

El contexto histórico también es clave para comprender el impacto del texto. En una sociedad colonial profundamente jerárquica y clerical, Sor Juana representaba una anomalía: una mujer que discutía de tú a tú con los más grandes intelectuales del momento. La “Respuesta” no solo fue un gesto de resistencia, fue un acto de supervivencia intelectual.

Sor Juana utiliza la figura de Santa Catalina de Alejandría como modelo de sabiduría femenina aceptada por la Iglesia. Este gesto no es gratuito: busca inscribir su figura en una tradición de santas sabias, desplazando así la acusación de vanidad o soberbia. Con ello, construye una genealogía femenina del saber.

La figura del obispo de Puebla aparece constantemente, aunque nunca mencionada con dureza. Sor Juana mantiene el tono respetuoso, pero desliza observaciones sutiles que desarman la postura clericalista. Es una guerra de palabras donde el filo está en la inteligencia, no en la confrontación abierta.

Este juego de veladuras es una característica esencial del barroco intelectual, donde la crítica se disfraza de elogio y la rebeldía se esconde tras la obediencia. Sor Juana domina este arte como pocas figuras en la historia de la literatura hispanoamericana.

La carta también contiene una reflexión metapoética sobre el acto de escribir. Para Sor Juana, escribir no es un lujo ni una distracción: es un deber, una forma de conocimiento que le permite entender mejor el mundo y su lugar en él. La escritura se vuelve, así, una forma de teología vivida.

El legado de esta obra trasciende su tiempo. No solo fue leída en su época como una pieza polémica, sino que ha sido reinterpretada desde la teoría feminista, los estudios poscoloniales y la historia de las ideas. Cada generación encuentra en ella un nuevo espejo de lucha y afirmación.

En el presente, su voz resuena con una fuerza insólita. En un mundo que aún debate el papel de las mujeres en el saber, la figura de Sor Juana emerge como un faro. La “Respuesta a Sor Filotea” no es solo un documento histórico: es un manifiesto. Un testamento de fe en la inteligencia libre, una proclamación de dignidad.

La obra interpela, incomoda y revela. Nos obliga a preguntarnos qué estructuras del poder siguen vigentes, qué discursos aún reprimen el pensamiento femenino y cuánto hemos heredado de aquel siglo barroco que Sor Juana iluminó con su pluma.

Así, en un gesto de afirmación que atraviesa los siglos, la monja jerónima se convierte en símbolo universal de la mujer que no renuncia a pensar, aunque le cueste el silencio. Su “Respuesta” sigue abierta. Sigue viva. Y nos sigue mirando.


Referencias APA:

Paz, O. (1957). Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe. Fondo de Cultura Económica.

Juana Inés de la Cruz. (1700). Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. Imprenta Real.

Merrim, S. (1991). Early Modern Women’s Writing and Sor Juana Inés de la Cruz. Vanderbilt University Press.

Lavrin, A. (1995). Brides of Christ: Conventual Life in Colonial Mexico. Stanford University Press.

Yllera, A. (1980). Estudios sobre Sor Juana Inés de la Cruz. Gredos.


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