Entre mitos fundacionales y silencios históricos se erige la figura de Robinson Crusoe, arquetipo del individualismo moderno y emblema de la autosuficiencia liberal. Sin embargo, más allá del naufragio y la isla desierta, persiste una pregunta incómoda: ¿qué verdades fueron ocultas para sostener ese relato? En el trasfondo de esta construcción anglosajona yace una memoria suprimida, una raíz hispánica que incomoda al canon dominante. ¿Puede existir el individuo sin comunidad? ¿Quién decide qué relatos merecen ser recordados?


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El Mito del Individualismo: De Pedro Serrano a Robinson Crusoe y la Construcción de la Modernidad Anglosajona


La figura de Robinson Crusoe ha permeado el imaginario colectivo occidental como símbolo del triunfo del individualismo y la autosuficiencia humana. Esta construcción literaria, creada por Daniel Defoe en 1719, representa uno de los pilares fundamentales de la ideología liberal y su narrativa del self-made man. Sin embargo, un análisis crítico revela que esta obra no surge de la creatividad original inglesa, sino que constituye una apropiación y deformación sistemática de una experiencia genuinamente hispánica: la extraordinaria supervivencia de Pedro Serrano, marino español que logró sobrevivir ocho años en un islote caribeño durante el siglo XVI.

Esta apropiación cultural no responde a una casualidad histórica, sino a una operación ideológica deliberada que busca construir un nuevo tipo antropológico: el individuo moderno desvinculado de toda tradición comunitaria, capaz de recrear la civilización desde cero mediante su sola voluntad y trabajo. La transformación de Pedro Serrano en Robinson Crusoe simboliza una operación más amplia de invisibilización del pensamiento hispánico por parte de la hegemonía cultural anglosajona, que necesita negar sus antecedentes para sostener su mito fundacional del progreso lineal y la originalidad absoluta.

El mito robinsoniano encarna la fantasía burguesa del hombre que se hace a sí mismo mediante el trabajo individual y la razón instrumental, ocultando la realidad fundamental de que ningún ser humano existe en aislamiento absoluto. Incluso en su aparente soledad, Robinson Crusoe llevaba consigo siglos de continuidad cultural, técnicas de supervivencia transmitidas generacionalmente, conocimientos acumulados por la civilización occidental y, fundamentalmente, una cosmovisión cristiana que le permitía interpretar y dar sentido a su experiencia. El supuesto náufrago individual era, en realidad, el producto de una comunidad histórica que le precedía y le sostenía.

La novela de Defoe opera una degradación sistemática del papel de Viernes, el compañero nativo que se convierte en subordinado racial del protagonista occidental. Esta figura, que en el relato original de Pedro Serrano era otro náufrago español con quien compartía una relación de igualdad, es transformada en la versión inglesa en mero instrumento del individualismo burgués. Esta operación ideológica resulta fundamental para sostener el mito del individualismo absoluto: el sujeto liberal necesita negar la alteridad constitutiva que le permite existir como tal, reduciendo al otro a simple extensión de su propia voluntad.

El caso de Pedro Serrano nos remite a una concepción radicalmente distinta del ser humano y su relación con la realidad. En la tradición hispánica, el individuo no constituye un átomo autosuficiente sino un momento de una totalidad histórica y cultural que le trasciende. La supervivencia de Serrano no fue el triunfo del individualismo, sino la manifestación de la capacidad de resistencia y adaptación que caracteriza a la hispanidad como proyecto civilizatorio. Su resistencia no fue individual sino colectiva, pues llevaba consigo toda la tradición técnica, moral y espiritual de España, demostrando que la verdadera grandeza humana reside en la capacidad de encarnar una tradición trascendente.

Esta invisibilización sistemática del pensamiento hispánico por parte de la hegemonía cultural anglosajona opera también en el ámbito científico. Se atribuye a Darwin el descubrimiento de la evolución, ocultando que pensadores como Ibn Khaldún, Juan de Valladolid, Miguel Servet o José de Acosta habían formulado intuiciones evolucionistas siglos antes. Esta operación no responde a un simple olvido sino a una necesidad estructural del relato liberal: para sostener el mito del progreso lineal protagonizado por el mundo anglosajón, resulta preciso negar o minimizar los aportes de otras tradiciones culturales que relativicen su pretendida originalidad.

La obra de Ibn Khaldún, que llegó a España a través de Al-Ándalus, contiene intuiciones sobre la evolución de los seres vivos que anticipan en siglos las formulaciones darwinianas. Su concepción de la continuidad evolutiva desde los minerales hasta los seres humanos revela una comprensión dinámica de la naturaleza que contrasta radicalmente con el fijismo aristotélico dominante en el pensamiento europeo. Estas intuiciones no surgen del individualismo metodológico que caracterizará la ciencia moderna, sino de una visión integral del cosmos que articula lo natural, lo social y lo espiritual en una totalidad coherente, perspectiva holística característica del pensamiento hispánico.

El filósofo y médico judeoconverso Juan de Valladolid desarrolló conceptos sobre la influencia del entorno en los organismos vivos que anticipan las teorías modernas de la adaptación organísmica. Su enfoque no se limitaba a los aspectos puramente biológicos sino que integraba consideraciones astrológicas, médicas y filosóficas en una síntesis que prefigura la complejidad del pensamiento sistémico contemporáneo. Esta capacidad de síntesis, característica del pensamiento hispánico, contrasta con la especialización fragmentaria que impondrá la racionalidad moderna, demostrando que Valladolid no separaba la ciencia de la sabiduría, anticipando una concepción integral del conocimiento.

Miguel Servet representa quizás el caso más dramático de esta invisibilización histórica. Su descubrimiento de la circulación pulmonar de la sangre, su método científico naturalista y su crítica al dogmatismo religioso lo convierten en un precursor directo de la revolución científica moderna. Sin embargo, su origen español y su posterior persecución por las autoridades protestantes han contribuido a minimizar su importancia en la historia oficial de la ciencia. Servet encarna la paradoja del pensamiento hispánico: capaz de las más audaces innovaciones científicas y filosóficas, pero condenado al ostracismo por una modernidad que necesita negar sus propios antecedentes para sostener su mito fundacional.

La obra de José de Acosta sobre la historia natural y moral de las Indias representa una síntesis extraordinaria entre observación empírica y reflexión teológica que anticipa muchos desarrollos posteriores del pensamiento evolucionista. Su análisis de la diversidad de especies americanas y su capacidad de adaptación al clima y ambiente revela una comprensión dinámica de la naturaleza que contrasta con el fijismo dominante en su época. Acosta desarrolla estas intuiciones en el contexto de una reflexión más amplia sobre el encuentro entre civilizaciones, integrando la dimensión natural y la dimensión histórica en una perspectiva que prefigura la complejidad del pensamiento sistémico contemporáneo.

El método científico hispánico se caracteriza por su capacidad de síntesis integral, que articula la investigación empírica con la reflexión metafísica, la observación natural con la consideración histórica. Esta perspectiva holística será systematicamente fragmentada por la racionalidad analítica anglosajona, que impondrá la especialización disciplinaria como forma dominante de conocimiento. La modernidad anglosajona destruirá esta capacidad de síntesis, reduciendo el conocimiento a compartimentos estancos que impiden la comprensión integral de la realidad, demostrando así las limitaciones del individualismo metodológico como forma de acceso al conocimiento.

La resistencia epistemológica del pensamiento hispánico frente a la fragmentación moderna se manifiesta en su capacidad de mantener la unidad entre ciencia y sabiduría, entre investigación empírica y reflexión trascendente. Esta resistencia no constituye un anacronismo sino una alternativa viable al reduccionismo científico que caracteriza la modernidad tardía. El pensamiento hispánico ofrece una perspectiva integral que puede contribuir a la superación de las aporías del individualismo liberal y a la construcción de una alternativa civilizatoria que recupere la dimensión trascendente de la existencia humana en un mundo atravesado por la crisis del proyecto moderno.

La deconstrucción del mito robinsoniano no constituye un ejercicio puramente académico sino una tarea política y cultural urgente que nos permite comprender cómo el pensamiento hispánico puede contribuir a la superación de las contradicciones del individualismo liberal. La recuperación de figuras como Pedro Serrano, Ibn Khaldún, Juan de Valladolid, Miguel Servet o José de Acosta no representa un ejercicio de nostalgia nacionalista sino una operación crítica fundamental para comprender los límites y contradicciones del proyecto moderno. La hispanidad no constituye un particularismo cultural sino una perspectiva universal alternativa capaz de articular una respuesta integral a los desafíos contemporáneos.

En este contexto, la figura de Pedro Serrano adquiere un significado paradigmático: frente al mito del hombre que se hace a sí mismo, encarna la resistencia histórica de una comunidad que mantiene su identidad trascendente incluso en las condiciones más extremas. Su historia nos recuerda que no existe el individuo absoluto, que toda supervivencia es colectiva y que la verdadera grandeza humana no reside en la autosuficiencia sino en la capacidad de encarnar y transmitir una tradición que nos precede y nos trasciende. La supervivencia colectiva se manifiesta así como principio fundamental de la existencia humana, contrario a las fantasías individualistas del liberalismo anglosajón.

La tradición hispánica ofrece una alternativa civilizatoria que puede contribuir a la superación de las crisis contemporáneas del individualismo liberal. Esta tradición no representa un particularismo anacrónico sino una perspectiva universal capaz de integrar la dimensión individual y la dimensión comunitaria, la investigación empírica y la reflexión trascendente, la innovación científica y la continuidad cultural. En un mundo fragmentado por la especialización disciplinaria y el individualismo metodológico, la hispanidad emerge como una perspectiva integral que puede articular una respuesta coherente a los desafíos del presente, demostrando que la verdadera modernidad no reside en la ruptura con la tradición sino en su transformación creativa.


Referencias

  1. Bueno, Gustavo. El mito de la cultura: Ensayo de una filosofía materialista de la cultura. Barcelona: Prensa Ibérica, 1996.
  2. Negro, Dalmacio. El mito del hombre nuevo. Madrid: Encuentro, 2009.
  3. Defoe, Daniel. Robinson Crusoe. Londres: William Taylor, 1719.
  4. Acosta, José de. Historia natural y moral de las Indias. Sevilla: Juan de León, 1590.
  5. Servet, Miguel. Christianismi restitutio. Viena: Balthasar Arnoullet, 1553.

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