Entre los pliegues del Renacimiento español surge una voz que desafía el rumbo dominante: Cristóbal de Castillejo, poeta que resistió la influencia italiana defendiendo la riqueza expresiva de la lírica castellana. Su figura encarna no solo una postura estética, sino también un debate cultural sobre identidad y autenticidad literaria. En un tiempo de expansión imperial y de apertura al mundo, ¿qué significa preservar lo propio? ¿Y hasta dónde una tradición puede resistir sin transformarse?
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Cristóbal de Castillejo y la defensa de la lírica castellana en el Renacimiento español
El Renacimiento español se caracterizó por una profunda transformación cultural que afectó todas las esferas de la vida intelectual. En este contexto, la poesía se convirtió en un campo de tensiones entre lo tradicional y lo innovador. Por un lado, Garcilaso de la Vega y Juan Boscán introducían en España los moldes italianos, con el endecasílabo, el soneto y la imitación petrarquista; por otro, Cristóbal de Castillejo (1490–1556) defendía con firmeza la tradición poética castellana. Esta oposición no solo fue literaria, sino también ideológica, pues reflejaba una disputa más amplia sobre la identidad cultural de la época.
Castillejo, nacido en Ciudad Rodrigo, fue monje jerónimo y vivió gran parte de su vida en la corte imperial de Viena al servicio del emperador Carlos V. Su posición en la corte lo colocó en contacto con un ambiente cosmopolita, pero a la vez le permitió reforzar su apego a lo propio y a lo nacional. Su obra se erige como testimonio de la resistencia frente a una estética que él consideraba artificiosa y alejada del espíritu auténtico del castellano. En ese sentido, su trayectoria debe entenderse no como mero conservadurismo, sino como una propuesta consciente de alternativa frente al avance del italianismo.
La defensa de la lírica castellana por parte de Castillejo se manifestó en la elección de formas métricas y estilísticas propias de la tradición medieval y popular. Frente al endecasílabo y las innovaciones métricas italianas, él reivindicó el octosílabo, la copla y la redondilla. Con estos recursos buscaba mantener la sonoridad rítmica y la cercanía con la lengua viva del pueblo. Para él, la poesía debía preservar su carácter comunicativo y directo, sin ceder a la rigidez de los moldes foráneos. Su obra representa así la continuidad de la poesía de cancionero, pero dotada de nuevas intenciones críticas y satíricas.
Uno de los aspectos más interesantes de Castillejo es su capacidad satírica, que utilizó como arma de resistencia. En textos como Contra los que dejan los metros castellanos y siguen los italianos, ridiculizó la imitación servil de lo extranjero y defendió con ironía los valores propios de la tradición castellana. Esta crítica no era simplemente una reacción personal, sino una toma de postura cultural. Al cuestionar el entusiasmo desmedido por lo italiano, Castillejo estaba planteando la necesidad de definir un estilo que no traicionara las raíces hispánicas.
La dimensión ideológica de su resistencia resulta clave para comprender su figura. El Renacimiento, en tanto movimiento europeo, implicaba la circulación de modelos culturales entre distintas regiones. En España, esa circulación adquirió un matiz particular, pues coincidió con el auge del Imperio y la consolidación de una identidad nacional. Para Castillejo, aceptar sin reservas las formas italianas suponía, de algún modo, una subordinación cultural. Su defensa de lo castellano debe interpretarse entonces como un gesto de afirmación frente a la hegemonía extranjera, una reivindicación de lo propio en un momento de grandes transformaciones.
No obstante, su oposición al italianismo no lo convirtió en un autor marginal o irrelevante. Al contrario, su obra circuló en la corte y encontró lectores atentos. En ella, además de sátira, se pueden hallar reflexiones sobre el amor, la moral y la vida cortesana. Su poesía amorosa, aunque menos célebre que la de Garcilaso, se caracteriza por un tono más llano, más cercano al habla común, lo que refuerza su intención de cultivar una poesía accesible. A diferencia de la idealización petrarquista, Castillejo prefería retratar la experiencia amorosa en su cotidianidad y con rasgos de humor.
La tensión entre italianismo y tradición no debe entenderse como una dicotomía absoluta. Ambos polos coexistieron y dialogaron dentro del panorama literario del siglo XVI. Garcilaso y Boscán representaban la apertura a Europa, la sofisticación formal y el refinamiento estético; Castillejo, en cambio, recordaba que la literatura no podía desligarse de su lengua viva y de sus formas heredadas. Este debate enriquece el Renacimiento español al mostrarlo no como una imitación pasiva de lo extranjero, sino como un proceso de negociación cultural.
Si bien la historia literaria consagró finalmente a Garcilaso y al italianismo como modelos de la lírica culta, la figura de Castillejo resulta indispensable para comprender la pluralidad de voces que marcaron la época. Su resistencia permitió mantener viva la tradición castellana y evidenció que el progreso literario no implica necesariamente abandonar lo propio. Además, su ejemplo demuestra que la literatura es siempre un campo de disputas donde se define qué valores culturales merecen ser preservados y cuáles deben transformarse.
La valoración actual de Castillejo exige reconocerlo no únicamente como un opositor, sino como un autor con voz propia. Su sátira, su crítica social y su defensa de la claridad expresiva lo convierten en una figura de gran interés. En una época dominada por los ideales de perfección formal y belleza idealizada, él apostó por una poesía cercana al habla común, capaz de comunicar y de interpelar a un público amplio. Su legado, por tanto, no radica en haber vencido la batalla literaria frente al italianismo, sino en haber recordado que la literatura no puede perder de vista sus raíces ni su función comunicativa.
En definitiva, Cristóbal de Castillejo encarna la tensión cultural del Renacimiento español entre lo nacional y lo extranjero, entre lo tradicional y lo innovador. Su figura nos recuerda que la literatura es un espacio de diálogo y conflicto, donde cada propuesta estética refleja también una concepción del mundo y de la identidad. Aunque el triunfo del italianismo eclipsó en gran medida su obra, su resistencia constituye un testimonio valioso de la pluralidad cultural del Siglo de Oro.
Estudiar a Castillejo no solo nos permite conocer mejor la poesía del siglo XVI, sino también reflexionar sobre la importancia de preservar la diversidad de voces en cualquier tradición literaria.
Referencias
- Blecua, J. M. (1983). Historia de la literatura española. Siglo de Oro: Renacimiento. Editorial Ariel.
- García de la Concha, V. (2002). La poesía española de renacimiento. Cátedra.
- Lapesa, R. (1985). La trayectoria poética de Garcilaso. Gredos.
- Rivers, E. (1971). Cristóbal de Castillejo and the defense of traditional verse forms. Hispanic Review, 39(2), 123-142.
- Rico, F. (2000). Historia y crítica de la literatura española, vol. 2: Renacimiento. Crítica.
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