Entre los pliegues más enigmáticos de la creación literaria, emerge el état second como un territorio mental donde la palabra se desprende de la conciencia común para adentrarse en un flujo autónomo y preciso. Este fenómeno, a medio camino entre la lucidez y el trance, revela una alquimia única entre mente y lenguaje, capaz de generar obras que parecen dictadas por una voz interior. ¿Es el escritor dueño de esa voz o mero instrumento de su arte? ¿Puede invocarse tal estado a voluntad?


El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 
Imágenes SeaArt AI 

El “État Second” y la Plenitud Creativa en la Escritura Literaria


El concepto de état second, proveniente del francés y traducido como “segundo estado”, designa una condición de trance creativo en la que convergen abstracción y concentración extrema. En este estado, el escritor parece desconectarse de la realidad inmediata para adentrarse en un flujo mental autónomo, casi hipnótico, donde las ideas emergen con fuerza inusitada. Este fenómeno ha sido observado en diversos autores, siendo Julio Cortázar uno de sus más célebres exponentes, quien lo describió como un momento de máxima plenitud creativa.

En el état second, la conciencia ordinaria parece quedar en segundo plano, dando paso a un tipo de percepción expandida. La mente, liberada de las distracciones y las censuras racionales, produce asociaciones rápidas, imágenes poderosas y estructuras narrativas que surgen sin aparente planificación previa. Es un estado en el que la escritura fluye de manera casi automática, pero no carente de coherencia estética, lo que lo diferencia de la mera escritura automática surrealista. Aquí, el autor conserva un hilo de control, aunque este sea mínimo y subliminal.

La neurociencia creativa ha explorado este tipo de estados, vinculándolos a patrones de actividad cerebral asociados con la red neuronal por defecto y con altos niveles de dopamina. Estos procesos facilitan la generación espontánea de ideas y la capacidad de combinar conceptos lejanos. No obstante, el état second no es un fenómeno puramente neurológico; también involucra factores emocionales, psicológicos y culturales. En autores como Cortázar, la experiencia vital, el dominio del lenguaje y la sensibilidad estética se conjugan para alimentar este trance literario.

En la práctica, este estado puede ser desencadenado por rutinas creativas, ritos personales o entornos específicos. Algunos escritores buscan la soledad y el silencio; otros, el bullicio de un café o la música repetitiva. Lo esencial es que el estímulo elegido permita al autor desconectarse de su “yo cotidiano” y acceder a un plano donde la narrativa se construye de manera orgánica. El état second no surge siempre de forma consciente; en muchos casos, el escritor se percata de él solo al concluir su trabajo, al notar que ha escrito páginas enteras sin sentir el paso del tiempo.

Históricamente, este fenómeno ha sido descrito con distintos nombres: “fiebre creativa”, “rapto poético” o “estado de flujo”. Sin embargo, el état second implica una particular intensidad emocional y una cadencia rítmica en la prosa o el verso que lo distingue. En Cortázar, por ejemplo, este estado se percibe en relatos como Casa tomada o La noche boca arriba, donde la atmósfera, las imágenes y los giros narrativos parecen surgir de una voz interior que dicta con urgencia y precisión.

El atractivo del état second para los estudios literarios radica en su doble naturaleza: es un fenómeno íntimo y subjetivo, pero deja huellas objetivas en el texto. Las repeticiones, las imágenes encadenadas y las rupturas temporales son algunas señales de que la obra fue concebida en un estado de inmersión creativa. Para el lector, esta intensidad se traduce en una experiencia de lectura absorbente, casi hipnótica, donde la lógica tradicional se suspende en favor de una lógica poética más poderosa.

En términos de optimización creativa, el escritor que reconoce y cultiva este estado puede potenciar su producción literaria. No se trata de forzar la entrada en el état second, sino de crear las condiciones para que se produzca: establecer horarios de escritura, evitar interrupciones, practicar ejercicios de asociación libre o meditación, y mantener un contacto constante con fuentes de inspiración. Como todo proceso artístico, este estado es a la vez impredecible y entrenable.

El état second también plantea interrogantes sobre la autoría y el control en el acto creativo. Si las palabras “surgen solas”, ¿hasta qué punto el autor es el verdadero artífice de la obra? En la visión de Cortázar, este estado no elimina la conciencia del escritor, sino que la transforma: la voluntad se disuelve parcialmente para dar lugar a un diálogo entre lo consciente y lo inconsciente. Así, la obra resultante es fruto de una colaboración interna entre distintas capas de la mente.

En el ámbito académico, el estudio del état second se conecta con teorías como la “flow theory” de Mihály Csíkszentmihályi, que describe el estado de absorción total en una actividad, y con nociones psicoanalíticas freudianas y jungianas sobre el acceso al inconsciente. También dialoga con enfoques fenomenológicos que investigan cómo se modifica la experiencia subjetiva en momentos de alta creatividad. Este cruce interdisciplinar permite comprender mejor tanto la mecánica como la mística de este fenómeno.

Aunque no todos los escritores experimentan el état second de forma reconocible, muchos relatan momentos de escritura que parecen ajenos a la voluntad consciente. Estas experiencias no solo producen obras de gran calidad, sino que también fortalecen el vínculo del autor con su práctica creativa. En la era digital, donde la dispersión es constante, cultivar este estado se vuelve un acto de resistencia intelectual: un retorno a la concentración profunda como fuente de originalidad y autenticidad artística.

En definitiva, el état second es más que un estado mental pasajero; es una puerta hacia la expresión literaria más intensa y genuina. Su valor radica en la capacidad de liberar al escritor de las limitaciones inmediatas, permitiéndole explorar zonas de la imaginación que de otro modo permanecerían ocultas. Reconocerlo, comprenderlo y, en la medida de lo posible, invocarlo, puede marcar la diferencia entre una obra correcta y una obra que perdura en la memoria colectiva.

Tal como lo ejemplifica Cortázar, entrar en ese segundo estado es, quizá, la forma más pura de habitar la literatura.


Nota:

La psicología hipergrafémica se refiere al estudio de la hipergrafía, una compulsión patológica a escribir en exceso, observada en condiciones como la epilepsia del lóbulo temporal o episodios maníacos. El “état second”, en cambio, es un estado alterado de conciencia caracterizado por disociación o trance. Aunque distintos, pueden coincidir: una persona en état second podría presentar hipergrafía, pero este comportamiento no define por sí mismo dicho estado mental.


Referencias

  1. Csíkszentmihályi, M. (1996). Creativity: Flow and the Psychology of Discovery and Invention. HarperCollins.
  2. Cortázar, J. (1994). Clases de literatura: Berkeley, 1980. Alfaguara.
  3. Jung, C. G. (1964). El hombre y sus símbolos. Paidós.
  4. Kaufman, S. B., & Gregoire, C. (2015). Wired to Create. TarcherPerigee.
  5. Sternberg, R. J. (2003). Wisdom, Intelligence, and Creativity Synthesized. Cambridge University Press.

El CANDELABRO.ILUMINANDO MENTES 

#ÉtatSecond
#JulioCortázar
#PlenitudCreativa
#TranceLiterario
#EstadoDeFlujo
#InspiraciónLiteraria
#EscrituraCreativa
#ProcesoCreativo
#LiteraturaContemporánea
#ArteDeEscribir
#FlujoCreativo
#NarrativaPoética


Descubre más desde REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.