Entre las sombras de la Antigua Roma, la Lex Scantinia emerge como un eco de poder, moral y control social. Más que una norma legal, fue un reflejo de tensiones políticas y culturales que moldearon la vida privada de los ciudadanos. Su existencia nos recuerda que la ley puede ser tan instrumento de justicia como de dominación. ¿Hasta dónde debe llegar el derecho en la intimidad? ¿Quién decide qué conductas merecen ser reguladas?
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Imagen creada por inteligencia artificial por Chat-GPT para El Candelabro.
La Lex Scantinia y su relevancia histórica y jurídica
La Lex Scantinia fue una ley de la antigua Roma que regulaba ciertas conductas sexuales, particularmente las relacionadas con las prácticas homosexuales entre ciudadanos romanos varones. Su origen exacto es incierto, aunque se estima que fue promulgada durante la República romana, posiblemente en el siglo II a. C., en un contexto de creciente preocupación moral y política sobre la sexualidad y la ciudadanía. El texto original no ha sobrevivido, por lo que su alcance se conoce solo a través de referencias indirectas en autores clásicos como Cicerón, Juvenal y Suetonio.
Esta ley establecía penas severas contra quienes cometieran actos sexuales con jóvenes ciudadanos varones antes de la edad considerada adulta, lo que incluía tanto violaciones como relaciones consensuadas si el joven era libre y no esclavo. La protección recaía principalmente sobre la pudicitia —la integridad sexual— del joven ciudadano, ya que en Roma el estatus jurídico y social estaba íntimamente ligado a la sexualidad y a la noción de masculinidad. Las sanciones podían incluir multas cuantiosas y, según algunos testimonios, incluso la pena capital en casos agravados.
La Lex Scantinia no condenaba de manera absoluta las relaciones homosexuales, sino que regulaba su ejercicio bajo estrictos parámetros. En la cultura romana, el problema no era la orientación sexual en sí, sino el rol desempeñado: ser el receptor pasivo en una relación podía percibirse como una pérdida de dignidad si se trataba de un ciudadano libre. Por ello, la ley protegía a los jóvenes de abusos por parte de adultos y preservaba la jerarquía sexual que definía el honor masculino. Este enfoque contrasta con concepciones morales posteriores, donde el énfasis se trasladó a la prohibición generalizada de ciertas prácticas.
En términos jurídicos, la Lex Scantinia formaba parte de un conjunto más amplio de leyes morales y religiosas que buscaban preservar la disciplina social. El control de la sexualidad no solo respondía a razones éticas, sino también a intereses políticos, ya que la pureza cívica estaba vinculada a la estabilidad del Estado. La ley actuaba como un instrumento de control sobre los comportamientos que se percibían como amenazas a la autoridad patriarcal y al orden tradicional. Así, el sexo no se trataba únicamente como un asunto privado, sino como un elemento de interés público y político.
Históricamente, su aplicación parece haber sido esporádica y a menudo motivada por venganzas políticas. Algunos registros sugieren que acusaciones bajo la Lex Scantinia se utilizaban para desacreditar a rivales, combinando la vergüenza social con la sanción legal. El ejemplo más citado es el caso de Marco Antonio, quien, según rumores propagados por sus adversarios, fue acusado de conducta sexual inapropiada bajo esta ley. La ambigüedad del texto y la falta de criterios uniformes permitían que fuera una herramienta política flexible y peligrosa.
En la sociedad romana, la sexualidad estaba atravesada por una compleja red de normas sociales y jurídicas. La Lex Scantinia, junto con otras leyes como la Lex Julia de adulteriis coercendis, evidenciaba la estrecha relación entre moral pública y legislación. El derecho romano, pragmático y adaptativo, no dudaba en intervenir en la vida privada si ello reforzaba la cohesión social. De este modo, el control sexual se convirtió en un mecanismo para preservar la identidad y jerarquía de los ciudadanos, protegiendo tanto la familia como la estructura política.
La falta de fuentes directas hace que los historiadores deban reconstruir su contenido mediante análisis filológicos y contextuales. La Lex Scantinia ha sido interpretada a la luz de la moral romana, donde la virtus masculina se asociaba a la capacidad de dominar, no de ser dominado. Esta lógica explica por qué el rol pasivo en relaciones sexuales entre varones libres se veía como un acto deshonroso, incluso si era consensuado. Por tanto, más que prohibir el homoerotismo, la ley buscaba limitar quién podía desempeñar ciertos roles sin perder estatus social.
En términos modernos, la Lex Scantinia es relevante porque muestra cómo el derecho puede regular la sexualidad con fines políticos y no necesariamente morales en sentido contemporáneo. La ley no pretendía garantizar igualdad ni proteger derechos individuales, sino mantener un orden jerárquico y patriarcal. Este contraste ayuda a entender cómo las legislaciones sobre moral sexual han evolucionado desde sistemas basados en el honor y el estatus, hacia marcos legales que buscan proteger la autonomía personal y la igualdad ante la ley.
El estudio de la Lex Scantinia también revela cómo las leyes antiguas podían ser ambiguas deliberadamente, otorgando a los magistrados un amplio margen de interpretación. Esta vaguedad jurídica permitía aplicar la ley según conveniencias políticas, un fenómeno que sigue presente en algunos sistemas legales contemporáneos. En Roma, la instrumentalización de la moral sexual para fines políticos demuestra que la legislación sobre el comportamiento privado rara vez está completamente separada de los intereses de poder.
Aunque en la actualidad la Lex Scantinia es citada principalmente en estudios históricos y de derecho comparado, su análisis ofrece lecciones valiosas para comprender la relación entre derecho, moral y poder. La historia muestra que las leyes sobre sexualidad pueden servir tanto para proteger como para oprimir, dependiendo de quién las interprete y con qué fines. Por ello, entender su contexto original ayuda a evitar interpretaciones anacrónicas y a reconocer patrones que se repiten bajo distintas formas en diferentes épocas.
En síntesis, la Lex Scantinia fue más que una simple ley sobre conductas sexuales: fue un instrumento político y social que reflejaba las tensiones de la República romana entre moral, honor y poder. Su ambigüedad y uso estratégico evidencian que el derecho, incluso cuando se presenta como guardián de la moral, puede ser moldeado para servir a intereses particulares. Analizarla no solo ilumina aspectos de la cultura romana, sino que también invita a reflexionar sobre cómo las sociedades contemporáneas legislan y controlan la sexualidad, y hasta qué punto esas regulaciones responden a valores universales o a estructuras de poder históricamente condicionadas.
Referencias
- Cantarella, E. (1992). Bisexuality in the Ancient World. Yale University Press.
- Williams, C. A. (2010). Roman Homosexuality: Ideologies of Masculinity in Classical Antiquity. Oxford University Press.
- Hubbard, T. K. (2014). A Companion to Greek and Roman Sexualities. Wiley-Blackwell.
- Boswell, J. (1980). Christianity, Social Tolerance, and Homosexuality. University of Chicago Press.
- Skinner, M. B. (2005). Sexuality in Greek and Roman Culture. Blackwell Publishing.
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