Entre las brumas de la historia emerge un episodio que desafía la percepción del heroísmo animal y revela la sorprendente adaptabilidad de la inteligencia canina. En el París de 1908, un suceso registrado por la prensa internacional expuso cómo un acto aparentemente noble puede ocultar una estrategia calculada. ¿Hasta qué punto comprendemos las verdaderas motivaciones de los animales? ¿Y qué nos dice esto sobre nuestra tendencia a idealizarlos?
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Imagen creada por inteligencia artificial por Chat-GPT para El Candelabro.
El perro Terranova que engañó a París en 1908: entre el heroísmo y la astucia
En 1908, París fue escenario de una historia que combina el encanto de la anécdota urbana con la agudeza de la conducta animal. Un perro Terranova que vivía cerca del río Sena se convirtió en figura pública tras rescatar a un niño que había caído al agua. La hazaña conmovió a los parisinos y atrajo la atención de la prensa internacional, que no escatimó en elogios hacia el aparente instinto heroico de este can.
El rescate, presenciado por varios transeúntes, terminó con un desenlace feliz: el niño a salvo y los padres agradecidos, quienes ofrecieron como recompensa un suculento filete de carne. Para una ciudad acostumbrada a historias de tragedia junto al Sena, este acto representaba un respiro y reforzaba la idea de que el perro Terranova es una raza asociada a la fuerza, la lealtad y la capacidad de salvamento acuático.
Dos días después, en el mismo tramo del río, ocurrió un nuevo rescate. El mismo perro se lanzó al agua para salvar a otro niño, y nuevamente fue recompensado con generosidad. Este patrón continuó, sumando hasta seis intervenciones heroicas en pocas semanas. La prensa parisina comenzó a hablar del animal como un verdadero ángel guardián de cuatro patas, convirtiéndolo en un símbolo de seguridad y devoción canina.
Sin embargo, la frecuencia de los incidentes despertó sospechas entre los vecinos. Resultaba extraño que tantos niños cayeran al agua en la misma zona y en tan poco tiempo. El río Sena, aunque pintoresco, no era un lugar libre de riesgos, pero la coincidencia parecía demasiado perfecta para ser casual. La curiosidad colectiva se transformó en vigilancia activa.
Un grupo de residentes decidió observar discretamente al perro. Fue entonces cuando descubrieron un patrón perturbador: el animal no se limitaba a salvar a las víctimas, sino que también era quien las provocaba. Cuando veía a un niño jugando cerca de la orilla, se acercaba y, con un empujón calculado, lo hacía caer al agua. Acto seguido, se lanzaba para rescatarlo, ejecutando una escena digna de un manual de salvamento.
Este comportamiento, que combinaba la destreza física con una forma rudimentaria de estrategia, dejó perplejos a los testigos. El perro Terranova, lejos de actuar por altruismo puro, parecía haber desarrollado un método para garantizar que siempre hubiera “rescates” que realizar, y con ello asegurar las recompensas, especialmente sus codiciados filetes. La anécdota transformó la imagen del héroe en la de un astuto buscador de beneficios.
La noticia, publicada en medios como el New York Times bajo el título “Dog a Fake Hero”, se convirtió en una historia de alcance internacional. Para la prensa, era el ejemplo perfecto de cómo incluso un animal puede mostrar comportamientos complejos que rozan la manipulación. En una ciudad como París, acostumbrada a grandes titulares, esta historia ofrecía un equilibrio entre humor, sorpresa y reflexión sobre la naturaleza del instinto animal.
Desde el punto de vista etológico, este caso plantea interrogantes sobre la inteligencia canina y la capacidad de ciertos animales para asociar acciones con recompensas futuras. Aunque muchos expertos señalan que no puede hablarse de moralidad en términos humanos, es innegable que algunos perros muestran conductas que indican una notable comprensión de causa y efecto. El perro de 1908 parece haber comprendido que el rescate producía un estímulo positivo: comida y atención.
La historia también evidencia cómo los comportamientos reforzados tienden a repetirse. Cada filete recibido reforzaba la asociación entre el acto de rescatar y la recompensa obtenida. El hecho de que el perro encontrara una forma de “provocar” la situación muestra un nivel de adaptabilidad que sobrepasa lo habitual en la mayoría de los animales domésticos. Esto convierte el episodio en un ejemplo temprano y anecdótico de aprendizaje instrumental.
En términos culturales, la anécdota encaja en una larga tradición de relatos sobre animales con cualidades extraordinarias. Las narraciones sobre perros héroes han sido utilizadas para inspirar confianza y reforzar la idea de que el vínculo humano-animal puede alcanzar niveles de cooperación excepcionales. No obstante, el caso del perro del Sena obliga a matizar esa visión idealizada con un matiz de oportunismo y cálculo.
El impacto mediático de la historia se debió, en gran parte, a que combinaba elementos de heroísmo animal, humor y una lección implícita sobre la naturaleza de las recompensas. En pleno inicio del siglo XX, cuando la prensa empezaba a experimentar con la crónica ligera y la noticia curiosa, esta anécdota reunía todos los elementos para atraer lectores. El perro, sin proponérselo, se convirtió en un fenómeno de la cultura popular de su tiempo.
Hoy en día, la historia sigue circulando en medios digitales y redes sociales, adaptada a formatos virales que destacan la astucia del animal. Aunque algunos escépticos cuestionan la exactitud de los hechos, la existencia de registros periodísticos de la época, incluidos los del New York Times, otorga a la anécdota un grado considerable de verosimilitud histórica. El debate sobre su autenticidad forma parte del encanto que la mantiene viva.
Desde la perspectiva del comportamiento animal, el caso es útil para ilustrar cómo los perros pueden aprender a manipular su entorno para obtener lo que desean. Ya sea mediante señales de afecto o, como en este caso, con una estrategia más arriesgada, los canes han demostrado una plasticidad conductual notable. El perro del Sena no solo aprendió a rescatar, sino a crear las condiciones para rescatar.
Este tipo de relatos también despierta interés en el ámbito de la psicología comparada, disciplina que estudia las similitudes y diferencias entre el comportamiento humano y el animal. El episodio de 1908 plantea si es correcto atribuir intencionalidad consciente a los actos de un perro o si simplemente respondía a un condicionamiento reforzado por la experiencia repetida de obtener comida tras cada rescate.
La anécdota de París invita, además, a reflexionar sobre la relación entre ética y supervivencia en el reino animal. Aunque no podemos exigir códigos morales a otras especies, la idea de que un animal pueda planear un acto que pone en riesgo a otro ser vivo para su propio beneficio choca con la imagen tradicional del perro como símbolo de lealtad desinteresada. Esta tensión conceptual alimenta el atractivo del relato más de un siglo después.
La historia del perro Terranova del Sena, con su mezcla de heroísmo fabricado y sagacidad instintiva, constituye un ejemplo atemporal de cómo los hechos reales pueden superar a la ficción. Además, muestra que la interacción entre humanos y animales está marcada no solo por el afecto y la cooperación, sino también por la negociación constante de intereses, incluso cuando estos no se expresan con palabras.
En última instancia, este episodio de 1908 sigue siendo una pieza fascinante de la memoria urbana de París y un recordatorio de que el comportamiento animal puede ser tan complejo, impredecible y sorprendente como el humano. El perro del Sena no solo rescató a niños; rescató, también, un lugar en la historia, aunque no precisamente por la pureza de sus intenciones.
Referencias
- The New York Times, “Dog a Fake Hero”, 1908.
- IFL Science, “In 1908, a hero dog kept shoving kids into the Seine for steaks”, 2024.
- The Star, “QuickCheck: Did a dog shove kids into a river to earn treats?”, 2024.
- Bradshaw, J. (2011). Dog Sense: How the New Science of Dog Behavior Can Make You A Better Friend to Your Pet. Basic Books.
- Miklósi, Á. (2015). Dog Behaviour, Evolution, and Cognition. Oxford University Press.
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