Entre columnas y símbolos, Benjamin Franklin descubrió un mundo donde la razón se encontraba con la fraternidad y la virtud guiaba cada acción. Sus pasos en la masonería no solo forjaron su carácter, sino que también influyeron en la independencia de un continente y en la construcción de una sociedad ilustrada. ¿Qué enseñanzas prácticas dejó su vida masónica para la historia? ¿Cómo influyó su filosofía en la formación de nuevas generaciones de líderes?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Benjamin Franklin y la Masonería: El Arte de la Virtud en la Historia


Benjamin Franklin no fue únicamente un científico, impresor o político; también fue un iniciado que halló en la masonería un espacio de cultivo espiritual y moral. Desde su ingreso en la Logia St. John de Filadelfia en 1731, comprendió que aquellos templos simbólicos no se reducían a rituales, sino que representaban un camino de formación interior. La masonería ofrecía un lenguaje de símbolos capaz de unir razón y fraternidad, elementos que marcarían profundamente su visión del mundo y de la sociedad.

La temprana participación de Franklin en los círculos masónicos coincidió con su ascendente protagonismo en la vida cultural de las colonias americanas. Apenas tres años después de ser iniciado, publicó las Constituciones de Anderson en Filadelfia, facilitando su acceso en suelo americano. Más que un gesto editorial, fue un acto fundacional: abrir un puente entre el espíritu ilustrado europeo y la naciente identidad de las logias coloniales. Con ello, Franklin consolidó un modelo de masonería que priorizaba la virtud cívica y la filantropía frente al secretismo o la ostentación.

En su concepción, el taller masónico era una escuela de libertad. Allí, bajo la imagen del compás y la escuadra, se practicaba una pedagogía discreta que enseñaba disciplina personal, respeto a la verdad y responsabilidad comunitaria. Franklin entendía que esos valores eran los cimientos de una nación que aspiraba a emanciparse del dominio británico. Así, su labor dentro de la logia no se limitó a ceremonias; fue un ejercicio de construcción moral que preparó a muchos de sus contemporáneos para participar en los debates de la independencia.

El rol de Franklin como Venerable Maestro de la Logia St. John mostró su capacidad de liderazgo. Bajo su guía, las tenidas adquirieron un carácter práctico y filantrópico. Se privilegiaba la ayuda mutua, el socorro a los desvalidos y la instrucción de los aprendices, evitando convertir las reuniones en banquetes o excesos. La masonería de Franklin era austera, iluminada por la convicción de que la virtud debía expresarse en actos concretos de solidaridad. Esta visión lo convirtió en un referente dentro del movimiento masónico en América.

Franklin vinculó la masonería con las luces de la Ilustración. Su espíritu científico, abierto al experimento y al cuestionamiento, encontró afinidad con el lenguaje simbólico de la orden. Para él, la luz no era solo el conocimiento racional, sino también la claridad interior que surge de la práctica de la virtud. Esa unión entre ciencia y ética se reflejó en su célebre aforismo: “La virtud está por encima del poder”, máxima que traducía tanto su filosofía política como su ética masónica.

La influencia de Franklin se extendió más allá de Filadelfia. Como diplomático en Europa, mantuvo contactos con logias francesas e inglesas, llevando consigo la imagen de una masonería activa en los asuntos públicos. En París, su cercanía con masones influyentes le permitió tejer alianzas decisivas para lograr el apoyo francés a la independencia americana. Así, la fraternidad no fue para él un ideal abstracto, sino una red efectiva que unió voluntades en momentos cruciales de la historia.

Un aspecto central de su concepción masónica fue la educación. Franklin veía en las logias un medio de instrucción moral y social. Impulsó la creación de bibliotecas, sociedades de debate y proyectos comunitarios que reforzaban la idea de que el conocimiento debía circular entre todos. Al igual que la piedra bruta debe pulirse, la mente y el carácter requerían disciplina y estudio. En este sentido, la masonería se convirtió en una extensión de su labor pedagógica en la sociedad civil.

Sin embargo, Franklin también supo que la masonería no estaba exenta de enigmas y sombras. Alrededor de su figura persisten misterios, como el hallazgo de restos humanos en su casa de Londres, lo que alimentó rumores sobre rituales ocultos. Aunque la explicación oficial señaló actividades médicas, estos episodios subrayan la fascinación que despierta la relación entre Franklin y el universo masónico. Su legado, envuelto en símbolos, mantiene un aura de secreto que dialoga con su imagen de hombre de ciencia y diplomacia.

Más allá de los rumores, su verdadera herencia masónica radica en haber promovido una práctica viva y concreta de la fraternidad. Su célebre intervención en una tenida, donde defendió destinar fondos a una viuda en lugar de un banquete, ejemplifica su convicción de que la masonería debía responder a las necesidades humanas. Este enfoque práctico diferenciaba su visión de una masonería encerrada en sí misma, orientándola hacia el servicio y la justicia social.

La relación de Franklin con la masonería también estuvo marcada por la tensión entre tradición y modernidad. Si bien respetaba los rituales y símbolos heredados, los interpretaba bajo la luz de la razón y la ética ilustrada. Esa síntesis permitió que las logias americanas se adaptaran al nuevo contexto político y cultural de las colonias. En sus manos, la masonería dejó de ser un mero círculo elitista para transformarse en un taller de ciudadanía, donde se ensayaban los principios de igualdad y libertad.

En el plano internacional, Franklin contribuyó a que la masonería americana se reconociera como parte de un movimiento universal. Sus intercambios con masones europeos evidencian una circulación de ideas que trascendía fronteras y lenguas. Esta dimensión cosmopolita reforzó la visión de que la fraternidad masónica era un puente entre pueblos, capaz de acompañar los procesos de emancipación y de renovar las estructuras sociales.

El eco de Franklin en la masonería se percibe aún en la actualidad. Su figura encarna la unión de la ciencia, la política y la fraternidad bajo un mismo ideal de progreso moral. La masonería de su tiempo, impulsada por su ejemplo, se orientó hacia la construcción de sociedades más justas, donde la caridad y la educación ocuparon un lugar central. La historia recuerda a Franklin como uno de los grandes artífices de la independencia, pero también como un obrero del espíritu que talló con paciencia los símbolos de la virtud.

La vida masónica de Franklin demuestra que la historia de la independencia de los Estados Unidos no puede comprenderse plenamente sin considerar la influencia de las logias. Los ideales de libertad, igualdad y fraternidad encontraron allí un terreno fértil, y Franklin fue uno de sus principales mediadores. En su persona se fundieron el intelectual ilustrado y el masón comprometido, el político pragmático y el hombre que buscaba en los símbolos un sentido más profundo de la existencia.

Así, Franklin permanece como un ejemplo de que la masonería, lejos de ser un simple conjunto de ceremonias, puede convertirse en una escuela de carácter y en una fuerza histórica. Sus gestos de fraternidad, su promoción de la educación y su visión universalista muestran que el verdadero poder de la orden no se hallaba en sus secretos, sino en la capacidad de transformar hombres y sociedades. Su legado continúa siendo un recordatorio de que la luz de la virtud nunca se extingue en quienes la cultivan.

Franklin enseñó que la masonería no se proclama, se practica. Que sus símbolos no son ornamentos, sino herramientas de trabajo interior. Que la verdadera grandeza de un hombre no se mide por los títulos que recibe, sino por la huella que deja en los demás. En este sentido, su paso por las logias no fue un episodio secundario de su vida, sino un componente esencial de su misión histórica.

Hoy, al repasar su trayectoria, se entiende que Franklin encarnó el ideal masónico de unir el pensamiento con la acción, la ciencia con la moral, la fraternidad con la política. Su vida invita a reflexionar sobre la vigencia de esos principios en un mundo donde las naciones aún buscan modelos de justicia y libertad. La masonería, tal como él la practicó, se convierte así en una tradición que no se agota en el pasado, sino que inspira a generaciones presentes y futuras.


Referencias

  • Bullock, S. C. (1996). Revolutionary Brotherhood: Freemasonry and the Transformation of the American Social Order, 1730-1840. Chapel Hill: University of North Carolina Press.
  • Franklin, B. (1959). The Papers of Benjamin Franklin (Vol. 1-3). Yale University Press.
  • Jacob, M. C. (1991). Living the Enlightenment: Freemasonry and Politics in Eighteenth-Century Europe. Oxford University Press.
  • Tabbert, M. A. (2006). American Freemasons: Three Centuries of Building Communities. New York University Press.
  • Van Doren, C. (1991). Benjamin Franklin. University of Pennsylvania Press.

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