Entre la tradición y la modernidad, Benito Jerónimo Feijoo navegó las turbulentas aguas del siglo XVIII español, desafiando supersticiones y defendiendo la razón como brújula de la verdad. Su obra, el Teatro crítico universal, revela un pensamiento donde fe y razón no se contraponen, sino que se complementan en la búsqueda del conocimiento. ¿Hasta qué punto podemos conciliar fe y razón hoy? ¿Qué legado intelectual de Feijoo sigue vigente en nuestra era?


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“Quien considerare, que para la verdad no hay más que una senda, y para el error infinitas, no extrañará que caminando los hombres con tan escasa luz, se descaminen los más. Los conceptos, que el entendimiento forma de las cosas, son como las figuras cuadriláteras, que sólo de un modo pueden ser regulares; pero de innumerables modos pueden ser irregulares, o trapecias, como las llaman los Matemáticos. Cada cuerpo en su especie, sólo por una medida, puede salir rectamente organizado; pero por otras infinitas puede salir monstruoso. Sólo de un modo se puede acertar: errar, de infinitos. Aun en el Cielo no hay más que dos puntos fijos para dirigir los navegantes. Todo lo demás es voluble. Otros dos puntos fijos hay en la esfera del entendimiento: la revelación, y la demostración. Todo el resto está lleno de opiniones, que van volteando, y sucediéndose unas a otras, según el capricho de inteligencias motrices inferiores. Quien no observare diligente aquellos dos puntos, o uno de ellos, según el hemisferio por donde navega; esto es, el primero en el hemisferio de la gracia, el segundo en el hemisferio de la naturaleza, jamás llegará al puerto de la verdad. Pero así como en muy pocas partes del globo terráqueo miran derechamente las agujas magnéticas a uno, ni a otro Polo, sí que las más declinan de él, ya más, ya menos grados; ni más, ni menos en muy pocas partes del mundo atina el entendimiento humano con uno, ni otro Polo de su gobierno. Al Polo de la revelación sólo se mira derechamente en dos partes pequeñas; una de la Europa, otra de la América. En todas las demás se declina, ya más, ya menos grados. En los Países de los herejes, ya tuerce bastante la aguja: más aún en los de los Mahometanos: muchísimo más en los de los idólatras. El Polo de la demostración sólo tiene inspectores en el corto pueblo de los Matemáticos; y aun ahí se padecen a veces algunas declinaciones”

Feijoo, Benito Jerónimo, Teatro crítico universal

La Filosofía de la Verdad en Benito Jerónimo Feijoo: Entre la Razón y la Fe en el Siglo XVIII Español


El 26 de septiembre de 1764 falleció en Oviedo uno de los pensadores más influyentes del siglo XVIII español: Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro. Este monje benedictino, considerado el precursor de la Ilustración española, dedicó su vida a combatir la superstición y defender el conocimiento racional, estableciendo las bases del pensamiento crítico moderno en España. Su obra magna, el Teatro crítico universal, constituye un monumento intelectual que refleja la tensión entre tradición y modernidad característica de su época.

La metáfora de la navegación que emplea Feijoo en el texto citado revela la complejidad epistemológica de su pensamiento. Para el erudito gallego, el conocimiento humano se asemeja a un viaje por océanos inciertos, donde únicamente dos puntos fijos pueden guiar al navegante hacia el puerto de la verdad: la revelación divina y la demostración racional. Esta dualidad conceptual refleja el equilibrio que Feijoo buscaba entre la ortodoxia católica y el racionalismo emergente de la época.

La concepción feijoniana de la verdad como senda única frente a los infinitos caminos del error constituye una proposición fundamental de su epistemología. Esta perspectiva, influenciada por el pensamiento escolástico tardío y las corrientes racionalistas europeas, sugiere que la certeza es excepcional mientras que la incertidumbre domina el panorama intelectual humano. Feijoo emplea la analogía geométrica de las figuras cuadriláteras para ilustrar cómo la regularidad representa la norma correcta, mientras que las irregularidades constituyen desviaciones múltiples de esta perfección.

El concepto de “inteligencias motrices inferiores” que menciona Feijoo alude a la tradición aristotélica y tomista, sugiriendo que las opiniones humanas fluctúan caprichosamente bajo la influencia de facultades intelectuales limitadas. Esta perspectiva jerárquica del conocimiento establece una distinción clara entre la sabiduría divina inmutable y el saber humano contingente, marcando los límites de la razón natural sin negar su validez dentro de su propio ámbito.

La geografía epistemológica que traza Feijoo resulta particularmente reveladora de sus concepciones religiosas y culturales. Su división del mundo en zonas de mayor o menor proximidad a la verdad revelada refleja el eurocentrismo característico de su época, pero también su preocupación genuina por la difusión del conocimiento verdadero. Europa católica y América colonial representan, en su visión, las regiones donde la revelación divina orienta correctamente el entendimiento humano hacia la verdad trascendente.

La crítica implícita que realiza Feijoo a los “países de los herejes” y su gradación de errores doctrinales evidencia su compromiso con la ortodoxia católica, pero también su método comparativo para evaluar sistemas de creencias. Su aproximación no es meramente dogmática, sino que busca establecer criterios racionales para distinguir grados de verdad y error en diferentes tradiciones intelectuales y religiosas.

El reconocimiento de que incluso los matemáticos, habitantes del “corto pueblo” dedicado a la demostración, padecen ocasionales declinaciones, revela la humildad epistemológica de Feijoo. Esta admisión de falibilidad incluso en el ámbito de las ciencias exactas demuestra su comprensión sofisticada de las limitaciones inherentes al conocimiento humano, anticipando desarrollos posteriores en la filosofía de la ciencia.

La analogía de la brújula magnética que emplea Feijoo para describir el funcionamiento del entendimiento humano resulta especialmente perspicaz. Así como las agujas magnéticas rara vez apuntan directamente a los polos geográficos sino que presentan variaciones según su ubicación, el intelecto humano experimenta desviaciones naturales respecto a los principios rectores de la verdad. Esta metáfora sugiere que el error no es necesariamente culpable, sino una consecuencia natural de la condición finita del conocimiento humano.

La propuesta metodológica de Feijoo implica la necesidad de una navegación cuidadosa por los hemisferios del conocimiento. El hemisferio de la gracia, gobernado por la revelación, requiere la guía de la autoridad eclesiástica y la tradición doctrinal. El hemisferio de la naturaleza, regido por la demostración, demanda el rigor del método científico y la evidencia empírica. Esta compartimentación no supone una separación radical entre fe y razón, sino una especialización metodológica según el objeto de estudio.

La influencia del pensamiento de Feijoo en la cultura española del siglo XVIII resulta innegable. Su defensa del método experimental, su crítica de las supersticiones populares y su promoción del conocimiento científico contribuyeron decisivamente a la modernización intelectual de España. Su obra sirvió como puente entre la tradición escolástica medieval y las corrientes ilustradas europeas, facilitando la asimilación crítica del pensamiento moderno sin abandonar los fundamentos de la fe católica.

La vigencia contemporánea de las reflexiones feijonians sobre la verdad y el error adquiere particular relevancia en nuestra era de sobrecarga informativa y relativismo epistemológico. Su insistencia en la existencia de criterios objetivos para distinguir verdad y falsedad, combinada con su reconocimiento de la falibilidad humana, ofrece un marco conceptual equilibrado para navegar la complejidad del conocimiento contemporáneo.

La herencia intelectual de Benito Jerónimo Feijoo trasciende los límites temporales del siglo XVIII para proyectarse hacia nuestro presente. Su compromiso con la verdad, su método crítico y su capacidad para conciliar tradición y modernidad constituyen elementos perennes de su legado filosófico. En una época caracterizada por la polarización ideológica y la fragmentación del saber, la propuesta feijonina de buscar puntos fijos de orientación intelectual mantiene toda su pertinencia y actualidad.


Referencias

García-Pelayo, M. (1991). Los mitos políticos. Madrid: Alianza Editorial.

López-Piñero, J. M. (1979). Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII. Barcelona: Labor Universitaria.

Maravall, J. A. (1991). Estudios de historia del pensamiento español (siglo XVIII). Madrid: Mondadori España.

McClelland, I. L. (1970). Benito Jerónimo Feijoo. Nueva York: Twayne Publishers.

Sánchez-Blanco, F. (2002). El absolutismo y las luces en el reinado de Carlos III. Madrid: Marcial Pons Historia.


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