Entre los nombres que marcaron la historia de la medicina, pocos resuenan con la fuerza de Francisco Vallés, conocido como El Divino Vallés. Médico de Felipe II, humanista y pionero de la anatomía patológica, transformó la enseñanza y la práctica médica en pleno Renacimiento español. Su obra fue puente entre la tradición clásica y la ciencia moderna, consolidando un legado que trascendió siglos. ¿Cómo logró unir rigor científico y humanismo? ¿Por qué su figura sigue siendo clave en la historia de la medicina?
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Francisco Vallés: El Divino Vallés y la Transformación de la Medicina Renacentista Española
La historia de la medicina española del siglo XVI encuentra en Francisco Vallés (1524-1592) a su figura más emblemática y revolucionaria. Conocido como “El Divino Vallés”, este médico burgalés no solo representó la culminación del saber médico hispánico de su época, sino que estableció las bases de la anatomía patológica moderna y transformó profundamente la enseñanza médica en España. Su legado trasciende las fronteras temporales y geográficas, consolidándose como el mayor exponente de la medicina renacentista española y uno de los precursores más importantes de la medicina científica europea.
Nacido en la villa burgalesa de Covarrubias en 1524, Francisco Vallés creció en un ambiente donde la tradición castellana se fusionaba con las corrientes intelectuales del Renacimiento. La elección de la Universidad de Alcalá para sus estudios superiores no fue casual, pues esta institución representaba entonces el epicentro del humanismo español y la renovación académica impulsada por el Cardenal Cisneros. Su ingreso en el Colegio Trilingüe, dedicado al estudio del latín, griego y hebreo, evidencia desde temprana edad su vocación humanística y su comprensión de que la medicina moderna requería un sólido fundamento filológico para comprender los textos clásicos.
El desarrollo académico de Vallés en Alcalá siguió una progresión ejemplar que refleja la formación integral característica del médico renacentista. Su licenciatura en artes y filosofía, obtenida en 1547, le proporcionó la base intelectual necesaria para abordar posteriormente los estudios médicos con una perspectiva amplia y rigurosa. La obtención del magisterio en artes y filosofía en 1553, seguida inmediatamente por la licenciatura en medicina y el doctorado al año siguiente, demuestra una excepcional capacidad intelectual y una dedicación extraordinaria al conocimiento. Esta formación sólida le permitió desarrollar una visión integradora de la medicina que combinaba la tradición galénica con las nuevas corrientes anatómicas vesalianas.
La incorporación de Vallés como profesor en la Universidad de Alcalá, documentada desde 1556, marcó el inicio de una revolución pedagógica en la enseñanza médica española. Su decisión de impartir clases de anatomía práctica mediante disecciones de cadáveres representó una ruptura definitiva con los métodos tradicionales basados exclusivamente en la lectura de textos clásicos. Esta innovación metodológica, que lo convierte en pionero de la anatomía patológica en España, respondía a la influencia de las corrientes médicas europeas más avanzadas y a su convicción de que el conocimiento médico debía fundamentarse en la observación directa de la naturaleza. La introducción sistemática de la disección anatómica en Alcalá transformó la formación médica española y estableció un precedente que sería seguido por otras universidades del reino.
El nombramiento de Vallés para suceder a Cristóbal de Vega en la cátedra de Prima de medicina en 1557 reconocía tanto su excepcional competencia académica como su capacidad innovadora. Esta cátedra, la más prestigiosa de la facultad médica alcalaína, le proporcionó la plataforma necesaria para desarrollar sus ideas reformadoras y formar a una generación de médicos que difundirían sus métodos por todo el territorio español. Su magisterio se caracterizó por la combinación armónica entre el rigor científico y la excelencia humanística, estableciendo un modelo de formación médica que perduró durante siglos. La influencia de su enseñanza trascendió las aulas universitarias y contribuyó decisivamente a elevar el prestigio de la medicina española en el contexto europeo.
Los viajes de estudio por diversas ciudades europeas completaron la formación de Vallés y le pusieron en contacto directo con los principales exponentes de la renovación médica continental. Su encuentro con Andrea Vesalio, el gran revolucionario de la anatomía renacentista, resultó determinante para la consolidación de sus ideas sobre la importancia de la observación directa en el estudio del cuerpo humano. Esta relación con Vesalio no solo enriqueció su formación científica, sino que le proporcionó el reconocimiento internacional necesario para acceder posteriormente a los círculos médicos más selectos de Europa. La síntesis entre la tradición médica española y las innovaciones vesalianas caracterizaría toda su obra posterior y le permitiría desarrollar un enfoque original de la medicina que combinaba lo mejor de ambas tradiciones.
El nombramiento de Francisco Vallés como médico personal de Felipe II en 1572, sucediendo al propio Vesalio, representó el reconocimiento más alto que podía alcanzar un médico en la España de su tiempo. Esta designación no solo confirmaba su excepcional competencia profesional, sino que le otorgaba una influencia decisiva en la organización de la medicina española. El sobrenombre de “Divino Vallés”, otorgado por el propio monarca tras curarlo de una crisis gotosa, refleja tanto la eficacia de sus tratamientos como la admiración que despertaba su sabiduría médica. Esta posición privilegiada le permitió impulsar importantes reformas en la práctica médica española y establecer criterios de excelencia que perduraron durante generaciones.
Una de las contribuciones más significativas de Vallés a la medicina española fue el establecimiento del examen del Protomedicato, una innovación institucional que revolucionó el control de calidad en la formación médica. Este examen, que debían realizar en Madrid todos los licenciados en medicina antes de poder ejercer su profesión, constituía un filtro riguroso que garantizaba la competencia de los profesionales médicos españoles. La creación de este sistema de acreditación respondía a la necesidad de homogeneizar la formación médica recibida en las diferentes universidades del reino y asegurar que todos los médicos poseyeran los conocimientos mínimos necesarios para el ejercicio profesional. Esta innovación administrativa tuvo un impacto duradero en la organización de la medicina española y estableció un precedente que sería imitado en otros países europeos.
La dimensión humanística de Francisco Vallés constituye uno de los aspectos más característicos de su personalidad intelectual y evidencia la síntesis renacentista entre ciencia y humanidades que definía a los grandes médicos de su época. Su dominio magistral del griego y latín clásicos no representaba simplemente un ornamento cultural, sino un instrumento indispensable para el acceso directo a las fuentes médicas de la Antigüedad y para la comunicación científica internacional. Esta formación filológica le permitió realizar traducciones y comentarios de textos médicos clásicos que enriquecieron considerablemente la literatura médica española. Su actividad como escritor abarcó tanto la producción de tratados médicos originales como la elaboración de comentarios eruditos a las obras de Hipócrates y Galeno, contribuyendo así a la difusión del saber médico clásico en España.
Los últimos años de la vida de Vallés en el Monasterio de El Escorial ilustran perfectamente la evolución de sus intereses científicos hacia la farmacología y la organización del conocimiento. Su trabajo en la botica del monasterio, dedicado a la destilación de plantas naturales, representa una de las primeras aproximaciones sistemáticas a la farmacología experimental en España. Esta actividad práctica se complementaba con su labor como organizador de la biblioteca escurialense, una de las más importantes de Europa en su época. La combinación de investigación farmacológica y trabajo bibliotecario evidencia su comprensión de que el progreso médico requería tanto la experimentación práctica como la conservación y organización del saber acumulado. Su contribución a la biblioteca de El Escorial aseguró la preservación de valiosos manuscritos médicos y facilitó el acceso de futuras generaciones a las fuentes clásicas de la medicina.
La muerte de Francisco Vallés el 20 de septiembre de 1592 marcó el final de una época dorada en la historia de la medicina española. Su legado, sin embargo, perduró durante siglos y su influencia se extendió mucho más allá de las fronteras hispánicas. Como creador de la anatomía patológica moderna, Vallés estableció los fundamentos metodológicos que permitirían el desarrollo posterior de esta disciplina fundamental. Su integración armoniosa entre tradición clásica e innovación científica proporcionó un modelo de desarrollo médico que sería imitado en toda Europa. La reforma de la enseñanza médica que impulsó en Alcalá transformó la formación de los médicos españoles y elevó considerablemente el nivel científico de la medicina hispánica.
La figura de Francisco Vallés representa la culminación del ideal renacentista del médico humanista, capaz de combinar la excelencia científica con la erudición clásica y el compromiso social. Su contribución a la medicina española trasciende los aspectos puramente técnicos para abarcar dimensiones institucionales, pedagógicas y culturales que transformaron profundamente la práctica médica de su tiempo. El reconocimiento de su genialidad por parte de Felipe II y la admiración que despertó entre sus contemporáneos europeos confirman la excepcionalidad de su talento y la universalidad de sus aportaciones. En la historia de la medicina renacentista, Francisco Vallés ocupa un lugar preeminente como innovador científico, reformador institucional y símbolo de la excelencia médica española en su momento de mayor esplendor.
Referencias:
García Ballester, L. (1976). Historia social de la medicina en la España de los siglos XIII al XVI. Madrid: Akal.
López Piñero, J. M. (1979). Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII. Barcelona: Labor Universitaria.
Pardo Tomás, J. (1991). Ciencia y censura: La Inquisición española y los libros científicos en los siglos XVI y XVII. Madrid: CSIC.
Sánchez Granjel, L. (1980). La medicina española renacentista. Salamanca: Universidad de Salamanca.
Valverde Martínez, J. L. (1988). Los médicos de cámara de los Austrias mayores. Valladolid: Universidad de Valladolid.
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