Entre las sombras de la esclavitud y los campos de batalla de la Guerra Civil, Cathay Williams forjó un camino que desafiaba las normas de género y raza de su tiempo. Como primera mujer afroamericana en el Ejército de Estados Unidos, su vida revela coraje, resiliencia y la lucha por la autonomía en un mundo hostil. ¿Cómo logró ocultar su identidad para servir donde se creía imposible? ¿Qué legado dejó para las generaciones de mujeres que siguieron sus pasos?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Cathay Williams: La Pionera Olvidada del Ejército Estadounidense


Cathay Williams representa un capítulo emblemático en la historia de las mujeres afroamericanas en las fuerzas armadas de Estados Unidos. Nacida en la esclavitud durante la década de 1840, su vida se entretejió con los tumultos de la Guerra de Secesión y la reconstrucción posterior. Como la primera mujer afroamericana documentada en servir en el Ejército de los Estados Unidos, disfrazada bajo el alias de William Cathay, Williams desafió normas de género y raza en una era de profundas desigualdades. Su trayectoria no solo ilustra el coraje individual, sino también las barreras sistémicas que enfrentaron las mujeres de color en el siglo XIX. Esta narrativa explora su vida, desde los orígenes humildes hasta su legado perdurable, destacando su rol como Buffalo Soldier mujer.

En septiembre de 1844, Cathay Williams vio la luz en Independence, Misuri, en el seno de una familia marcada por la esclavitud. Su madre era una mujer esclavizada, mientras que su padre gozaba de libertad, una circunstancia que no alteró el estatus servil de la joven bajo las leyes sureñas. Desde temprana edad, Williams laboró como esclava doméstica en la plantación Johnson, ubicada en las afueras de Jefferson City. Allí, desarrolló habilidades en tareas hogareñas que más tarde se probarían vitales en contextos militares. Esta etapa formativa, aunque opresiva, forjó en ella una resiliencia que definiría su posterior servicio en el Ejército estadounidense.

La irrupción de la Guerra Civil en 1861 transformó radicalmente la existencia de Williams. Cuando las fuerzas unionistas ocuparon Jefferson City ese año, la adolescente de diecisiete años fue clasificada como “contrabando de guerra”, un término que designaba a los esclavos liberados por el avance federal. Reclutada involuntariamente, sirvió en roles de apoyo para el 8.º Regimiento de Infantería Voluntaria de Indiana, actuando como cocinera, lavandera y enfermera. Estas labores, aunque no combatientes, la expusieron a los rigores de la guerra, incluyendo marchas extenuantes y el caos de los campamentos.

Entre los episodios bélicos que presenció Williams destaca la Batalla de Pea Ridge en 1862, un enfrentamiento crucial en Arkansas que consolidó el control unionista en el Oeste. También participó en la Campaña del Río Rojo de 1864, una ofensiva fallida contra la Confederación en Luisiana. Bajo el mando del general Philip Sheridan, Williams acompañó a las tropas a través de terrenos hostiles, cocinando para cientos y lavando uniformes en condiciones precarias. Su presencia en estos eventos la posicionó como testigo ocular de la brutalidad de la Guerra de Secesión, un conflicto que liberó a millones pero dejó cicatrices profundas en las comunidades afroamericanas.

Concluida la guerra en 1865, el panorama para las mujeres afroamericanas liberadas era desolador. La falta de oportunidades económicas impulsó a Williams a buscar independencia. En noviembre de 1866, en St. Louis, Misuri, se alistó en el Ejército Regular de Estados Unidos bajo el nombre de William Cathay, haciéndose pasar por un hombre de veintidós años. Esta decisión audaz, influida por un primo y un amigo que guardaron su secreto, reflejaba su deseo de autosuficiencia en un mundo hostil. El examen médico superficial de la época no detectó su género, permitiéndole ingresar al 38.º Regimiento de Infantería.

Asignada al 38.º Regimiento, compuesto mayoritariamente por soldados afroamericanos, Williams se unió a las filas de lo que pronto se conocería como los Buffalo Soldiers. Estos regimientos, formados para patrullar el Oeste americano, combatían en las Guerras Indias mientras construían fortalezas y protegían asentamientos. Williams marchó hacia Fort Bayard, Nuevo México, donde realizó deberes de guarnición: patrullas, construcción y escoltas de caravanas. Su disfraz como soldado raso la integró en una hermandad militar, aunque el secreto de su identidad añadía una capa de tensión constante a su servicio.

La salud de Williams se resintió pronto por las demandas físicas del Ejército. Poco después de su alistamiento, contrajo viruela, una enfermedad devastadora que la confinó en un hospital militar. Tras recuperarse, regresó a su unidad, pero las secuelas persistieron, agravadas por el calor desértico y las largas marchas. En 1868, durante una hospitalización recurrente, el cirujano del puesto descubrió su verdadera identidad femenina. El comandante, capitán Charles E. Clarke, la dio de baja honorable el 14 de octubre de ese año, citando discapacidad por sus afecciones crónicas.

La revelación de su género no disuadió a Williams de continuar su vida itinerante. Tras la baja, trabajó como cocinera en Fort Union, Nuevo México, bajo su nombre real. Posteriormente, se mudó a Pueblo, Colorado, donde su madre dirigía un orfanato. Allí, adoptó el alias Kate Williams para laborar como lavandera y costurera, oficios que le permitieron cierta estabilidad económica. Sin embargo, en 1870, contrajo matrimonio con un hombre llamado William, un arreglo que terminó en traición cuando él robó su dinero y un equipo de caballos, llevándola a denunciarlo ante las autoridades.

La mudanza a Trinidad, Colorado, en la década de 1870 marcó un nuevo capítulo para Williams. En esta ciudad fronteriza, prosperó como costurera y posiblemente como dueña de una pensión, atendiendo a viajeros y mineros. Su independencia financiera contrastaba con la pobreza generalizada entre las mujeres afroamericanas de la posguerra. No obstante, las secuelas de la viruela y el servicio militar —incluyendo neuralgia, diabetes y reumatismo— la aquejaron progresivamente, culminando en la amputación de todos sus dedos del pie y la necesidad de muletas para caminar.

El año 1876 trajo notoriedad pública a la historia de Cathay Williams. Un reportero del St. Louis Daily Times, alertado por rumores, la entrevistó en Trinidad. El artículo del 2 de enero detalló su alistamiento como William Cathay y su servicio en el 38.º Regimiento, convirtiéndola en la primera mujer afroamericana cuya participación militar se publicaba ampliamente. Esta exposición no solo validó su coraje, sino que inspiró narrativas sobre mujeres disfrazadas en conflictos armados, desde la Revolución Americana hasta la Guerra de Secesión.

A pesar de su fama efímera, Williams enfrentó obstáculos burocráticos en sus últimos años. En 1891, solicitó una pensión por discapacidad basada en su servicio en el Ejército, precedida por casos como el de Deborah Sampson, quien sirvió en la Guerra de Independencia. Sin embargo, en 1893, un examen médico rechazó su petición, argumentando que su disfraz como hombre invalidaba el reclamo. El doctor diagnosticó sus dolencias pero negó compensación, un veredicto que reflejaba el sesgo institucional contra las mujeres y afroamericanas en el sistema de veteranos.

Cathay Williams falleció alrededor de 1893 en Trinidad, Colorado, en la pobreza y el anonimato. Su entierro en una fosa común simboliza el olvido inicial de su contribución. No obstante, su historia resurgió en el siglo XX, gracias a historiadores que documentaron las vidas de Buffalo Soldiers. Como la única mujer conocida en estos regimientos, Williams encarna la intersección de raza, género y militarismo en la expansión westward de Estados Unidos.

El legado de Cathay Williams trasciende su biografía individual. Como primera mujer afroamericana en el Ejército de Estados Unidos, pavimentó el camino para generaciones de servidoras militares de color. Su audacia en disfrazarse de William Cathay durante las Guerras Indias destaca las contribuciones invisibles de las mujeres en la historia bélica americana. Hoy, su figura inspira programas educativos y monumentos, recordando cómo las afroamericanas desafiaron la esclavitud, la segregación y el patriarcado para forjar su destino.

En el contexto más amplio de la Guerra Civil Americana, Williams ilustra las complejidades de la emancipación. Mientras miles de hombres afroamericanos se unían a los United States Colored Troops, las mujeres como ella ocupaban roles periféricos pero esenciales. Su servicio como contrabando de guerra subraya el rol de las afroamericanas en la logística unionista, un aspecto a menudo subestimado en las narrativas tradicionales de la Guerra de Secesión.

La transformación de Williams en Buffalo Soldier mujer añade profundidad a la mitología del Oeste americano. Estos regimientos, apodados por los nativos americanos debido a su tenacidad, protegían la frontera contra incursiones indígenas mientras enfrentaban discriminación interna. La presencia de Williams en el 38.º Regimiento, aunque breve, humaniza estas unidades, revelando diversidad de género en entornos supuestamente masculinos.

Los desafíos de salud que padeció Williams —viruela, diabetes y amputaciones— son un recordatorio de los costos físicos del servicio militar en el siglo XIX. Sin acceso a atención médica adecuada, muchas veteranas afroamericanas sufrieron en silencio. Su solicitud rechazada de pensión expone las fallas del sistema federal, que priorizaba a veteranos blancos masculinos, perpetuando desigualdades raciales y de género.

En términos culturales, la entrevista de 1876 en el St. Louis Daily Times posicionó a Williams como un ícono temprano del feminismo afroamericano. Su relato, publicado en un periódico mayoritario, amplificó voces marginadas, influyendo en obras literarias y cinematográficas sobre mujeres guerreras. Autoras contemporáneas la citan como precursora de figuras como las de la Segunda Guerra Mundial, que rompieron barreras en las WACS y WAVES.

La recuperación moderna de la historia de Cathay Williams se debe a esfuerzos académicos y preservacionistas. El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos la honra como símbolo de diversidad militar, mientras que marcadores históricos en Nuevo México y Colorado perpetúan su memoria. Estos reconocimientos contrarrestan el olvido inicial, asegurando que su coraje inspire a futuras generaciones de mujeres en las fuerzas armadas.

Cathay Williams, desde su nacimiento en esclavitud hasta su muerte en anonimato, encarna la tenacidad de las afroamericanas en la forja de la nación. Su vida desafía mitos sobre la pasividad femenina en la historia bélica, demostrando cómo individuos marginados moldearon eventos pivotales. En una era de reconstrucción fallida, Williams buscó agencia a través del Ejército, pagando con su salud y libertad el precio de la independencia.

La relevancia de Williams persiste en debates actuales sobre equidad en las fuerzas armadas. Como precursora de políticas de integración de género en el Ejército de Estados Unidos, su legado aboga por el reconocimiento de contribuciones históricas subestimadas. En un contexto de creciente visibilidad para mujeres veteranas afroamericanas, su historia subraya la necesidad de reparaciones por servicios pasados, desde pensiones hasta honores póstumos.

Cathay Williams no fue solo una soldado disfrazada, sino una arquitecta de su propio destino en medio de opresiones interseccionales. Su alistamiento como William Cathay en 1866, su servicio en las Guerras Indias y su lucha por una pensión rechazada delinean un arco de resistencia inquebrantable. Al honrar su memoria, honramos las luchas colectivas de las mujeres afroamericanas en la Guerra de Secesión y más allá, recordando que el progreso militar y social debe incluir narrativas olvidadas.

Su ejemplo perdura como faro de coraje, invitando a reflexionar sobre la inclusión plena en la historia estadounidense.


Referencias

De Pauw, L. G. (1998). Battle cries and lullabies: Women in war from prehistory to the present. University of Oklahoma Press.

Franklin, J. H., & Moss, A. A., Jr. (2000). From slavery to freedom: A history of African Americans (8th ed.). Knopf.

Schubert, F. N. (2003). On the trail of the Buffalo Soldiers: Biographies of African Americans in the U.S. Army, 1866-1918. Scholarly Resources.

Tucker, P. T. (2002). Cathy Williams: From slave to female Buffalo soldier. Stackpole Books.

Taylor, Q. P. (2007). Cathay Williams (1850- ). BlackPast.org.


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