Entre la agresión de la quimioterapia y la aparente calma de un tumor controlado, algunas células cancerosas encuentran refugio en un estado de hibernación, deteniendo su crecimiento y evitando la muerte. Este fenómeno de dormancia no solo desafía nuestra comprensión de la enfermedad, sino que también explica las recaídas inesperadas. ¿Cómo podemos vencer a un enemigo que se oculta en silencio? ¿Es posible erradicar lo que aún no se ve?
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Hibernación Celular en el Cáncer: Una Estrategia de Supervivencia ante la Quimioterapia
El cáncer representa uno de los mayores desafíos para la medicina moderna, con tratamientos como la quimioterapia que, aunque efectivos en muchos casos, no siempre logran erradicar por completo las células tumorales. Recientemente, investigaciones han revelado que las células cancerosas pueden entrar en un estado de dormancia similar a la hibernación, reduciendo drásticamente su actividad metabólica para sobrevivir al asalto terapéutico. Este fenómeno, conocido como dormancia celular en el cáncer, permite que estas células eviten la muerte inducida por fármacos citotóxicos, que suelen targetingar células en proliferación activa. En lugar de dividirse rápidamente, las células cancerosas hibernan, manteniendo un bajo consumo de energía y una mínima expresión génica, lo que las hace invisibles para los mecanismos de detección y destrucción. Esta adaptación no solo explica la recaída en tumores aparentemente controlados, sino que también abre nuevas perspectivas para intervenciones terapéuticas dirigidas a este estado latente. Comprender la hibernación de las células cancerosas durante la quimioterapia es crucial para desarrollar estrategias que prevengan la reemergencia tumoral y mejoren las tasas de curación a largo plazo.
La dormancia en las células cancerosas se asemeja a la hibernación observada en animales como osos o roedores, donde el metabolismo se ralentiza para conservar recursos en condiciones adversas. En el contexto oncológico, este proceso implica un arresto en la fase G0 del ciclo celular, donde las células pausan su replicación y entran en un estado quiescente. Estudios han demostrado que, bajo el estrés de la quimioterapia, las células tumorales activan vías de señalización como la p38 MAPK y TGF-β, que promueven esta transición. Por ejemplo, en cánceres de pulmón y mama, las células diseminadas remotas permanecen latentes en nichos como la médula ósea o los pulmones, protegidas por el microambiente tumoral. Esta reducción metabólica no es un simple apagón, sino un equilibrio dinámico regulado por factores epigenéticos y transcripcionales, como la expresión de NR2F1 y SOX9, que inhiben la proliferación. La hibernación celular en el cáncer así se convierte en una forma de resistencia adaptativa, permitiendo que un subgrupo de células sobreviva y, eventualmente, reactive el crecimiento tumoral cuando el tratamiento cesa y el entorno se vuelve favorable.
En diversos tipos de cáncer, como el colorrectal, de pulmón o de vejiga, la dormancia ha sido documentada mediante modelos experimentales y análisis clínicos. En el cáncer colorrectal, por instancia, las células metastásicas en el hígado entran en latencia post-quimioterapia, con una expresión reducida de Ki-67, marcador de proliferación. Investigaciones recientes utilizando trazadores genéticos han confirmado que estas células, al hibernar, evaden no solo los fármacos, sino también la vigilancia inmune, al modular la expresión de MHC clase I. Similarmente, en el cáncer de pulmón no microcítico, la quimioterapia con cisplatino induce una senescencia reversible en células dormantes, que secretan factores como SASP para remodelar el microambiente y favorecer su reactivación posterior. Para el cáncer de vejiga, estudios han identificado nichos perivasculares donde las células latentes dependen de señales hipóxicas para mantener su estado quiescente. Estos hallazgos subrayan cómo la hibernación de las células cancerosas durante la quimioterapia varía según el tipo tumoral, pero comparte mecanismos comunes de supervivencia que contribuyen a la recaída en hasta el 40% de los casos tratados.
El microambiente tumoral juega un rol pivotal en la inducción y mantenimiento de la dormancia celular en el cáncer. Componentes como fibroblastos asociados al cáncer y la matriz extracelular rica en colágeno tipo III crean nichos protectores que señalan a las células para entrar en hibernación. En respuesta a la quimioterapia, estos elementos liberan citoquinas como IL-6 y TGF-β2, que activan vías anti-proliferativas y promueven la evasión inmune. Por ejemplo, en modelos de cáncer de mama, los macrófagos alveolares en los pulmones inducen dormancia mediante TGF-β, equilibrando la proliferación con la quiescencia. Esta interacción dinámica explica por qué la recaída tumoral a menudo ocurre en sitios metastásicos distantes, donde el microambiente local dicta el destino de las células cancerosas hibernantes. Además, la heterogeneidad tumoral amplifica este proceso, con subpoblaciones de células madre cancerosas particularmente resistentes, ya que su metabolismo basal bajo las hace ideales candidatas para la latencia prolongada durante tratamientos agresivos.
La comparación entre la hibernación animal y la dormancia en células cancerosas resalta paralelos fascinantes en la adaptación evolutiva. En mamíferos hibernantes, la reducción metabólica involucra una baja en la termogénesis y un aumento en la autofagia para reciclar componentes celulares, mecanismos análogos a los observados en células tumorales quiescentes. Ambas estrategias permiten la supervivencia en entornos hostiles: el invierno para los animales, la quimioterapia para las células cancerosas. Investigaciones han mostrado que, al igual que en la hibernación, las células cancerosas upregulan genes de estrés como p27 y p21, inhibiendo ciclinas y preservando la integridad genómica. Sin embargo, a diferencia de la hibernación reversible en animales, la dormancia oncológica puede llevar a mutaciones acumuladas durante la latencia, potenciando la agresividad al reactivarse. Esta analogía no solo enriquece nuestra comprensión conceptual, sino que inspira enfoques terapéuticos, como mimetizar señales de “despertar” controlado para exponer células dormantes a fármacos.
Uno de los impactos más preocupantes de la hibernación celular en el cáncer es su contribución directa a la recaída tumoral post-tratamiento. Tras una quimioterapia aparentemente exitosa, las células latentes pueden permanecer indetectables por meses o años, solo para proliferar cuando factores como la inflamación crónica o cambios hormonales alteran el equilibrio. En cáncer de próstata, por ejemplo, células dormantes en hueso reactivan vía vías Wnt/β-catenina, impulsadas por osteoclastos. Estudios clínicos han correlacionado la presencia de ADN tumoral circulante con mayor riesgo de recaída, sugiriendo que monitorear biomarcadores de dormancia podría predecir recurrencias. Esta persistencia latente desafía el paradigma de remisión completa, enfatizando la necesidad de terapias adyuvantes que targeteen no solo células proliferativas, sino también las quiescentes, para mitigar la supervivencia de cáncer mediante quimioterapia y prevenir metástasis tardías.
Avances en la biología molecular han elucidado vías específicas que regulan la transición a la dormancia en células cancerosas. La activación de la vía PI3K/Akt/mTOR, comúnmente hiperactiva en tumores, paradójicamente se atenúa en estados latentes, favoreciendo la supervivencia sobre el crecimiento. En paralelo, la señalización Notch y epigenética mediante metilación de ADN mantienen la represión génica. Investigaciones en modelos murinos han demostrado que inhibidores de HDAC pueden inducir dormancia artificial, pero también que bloquear p38 MAPK previene la entrada en quiescencia, haciendo las células más vulnerables a la quimioterapia. Estos insights destacan la plasticidad de las células cancerosas hibernantes, que no son un subgrupo fijo, sino un estado reversible influido por estrés terapéutico y señales extrínsecas, lo que complica pero enriquece las estrategias contra la recaída en cáncer.
La inmunosupresión asociada a la dormancia agrava la supervivencia de las células cancerosas durante la quimioterapia. Células latentes downregulan antígenos de superficie y secretan factores que reclutan células reguladoras T, creando un nicho inmunoprivilegiado. En cáncer de vejiga, por instancia, las células dormantes en la submucosa evaden linfocitos T citotóxicos mediante PD-L1 elevada. La quimioterapia, al dañar el sistema inmune, puede paradójicamente favorecer esta evasión, permitiendo que las células hibernantes persistan. Terapias combinadas con inhibidores de checkpoints, como pembrolizumab, muestran promesa al reactivar la vigilancia inmune contra células quiescentes, reduciendo el riesgo de recaída tumoral. Entender esta interfaz inmune-dormancia es esencial para terapias holísticas que aborden la resistencia quimioterapéutica en cáncer.
Desarrollar tratamientos que targeteen la hibernación celular en el cáncer requiere enfoques innovadores, como “despertar” selectivo de células dormantes para exponerlas a fármacos. Inhibidores de autofagia, como cloroquina, han demostrado potencial en modelos de cáncer colorrectal al interrumpir la conservación metabólica quiescente. Asimismo, senolíticos como dasatinib combinados con quimioterapia previenen la reactivación inducida por senescencia en cáncer de pulmón. La medicina personalizada, guiada por biopsias líquidas que detectan CTCs dormantes, permite monitoreo en tiempo real y ajuste terapéutico. Estos avances prometen transformar la gestión de la recaída en tumores, haciendo la quimioterapia más efectiva contra la supervivencia latente de células cancerosas.
La integración de tecnologías como la secuenciación de célula única ha revolucionado el estudio de la dormancia en cáncer, revelando heterogeneidad subclonal en estados quiescentes. En cáncer de vejiga, perfiles transcriptómicos identifican firmas de dormancia asociadas a peor pronóstico post-quimioterapia. Estas herramientas no solo validan mecanismos, sino que facilitan el diseño de fármacos que modulen vías como ERK o integrinas, clave en la salida de latencia. Al optimizar la detección temprana de hibernación celular, los clínicos pueden intervenir antes de la recaída, mejorando la supervivencia global en pacientes con cáncer avanzado.
La hibernación de las células cancerosas representa un mecanismo sofisticado de resistencia a la quimioterapia, anclado en adaptaciones metabólicas, microambientales e inmunes que perpetúan la latencia y fomentan recaídas. Evidencia de múltiples cánceres, desde colorrectal hasta de pulmón y vejiga, corrobora que esta dormancia no es pasiva, sino un estado dinámico que desafía tratamientos convencionales. Al desentrañar sus vías moleculares, como p38 y TGF-β, y explorar terapias que la perturben—desde senolíticos hasta inmunomoduladores—la oncología avanza hacia paradigmas preventivos. Futuras investigaciones deben priorizar biomarcadores accesibles y ensayos clínicos combinados para erradicar no solo tumores activos, sino su sombra latente, asegurando remisiones duraderas y elevando la esperanza de curación integral en el cáncer.
Esta comprensión integral no solo ilumina la resiliencia tumoral, sino que pavimenta rutas hacia una era de terapias más precisas y efectivas.
Referencias
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