Entre epidemias devastadoras y laboratorios pioneros del siglo XIX, Emil von Behring emergió como un faro de innovación médica, transformando toxinas letales en antídotos salvadores y sentando las bases de la inmunoterapia moderna. Su ingenio no solo redujo la mortalidad infantil, sino que cambió para siempre la manera de combatir enfermedades infecciosas. ¿Cómo un científico logró revolucionar la medicina con suero animal? ¿Qué lecciones nos deja para enfrentar las pandemias actuales?
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Emil von Behring: Pionero de la Inmunoterapia y el Legado en el Tratamiento de Enfermedades Infecciosas
Emil Adolf von Behring, figura emblemática en la historia de la medicina, nació el 15 de marzo de 1854 en la modesta aldea de Hansdorf, ubicada en la entonces Prusia Oriental y que hoy forma parte de Polonia. Proveniente de una familia humilde de maestros rurales, su infancia transcurrió en un entorno rural marcado por las dificultades económicas, lo que forjó en él una determinación inquebrantable. Desde temprana edad, Behring mostró un interés voraz por el conocimiento, particularmente en las ciencias naturales, lo que lo impulsó a perseguir estudios superiores pese a las limitaciones financieras. Su trayectoria como pionero de la inmunología se gestó en un contexto de avances científicos en Europa durante el siglo XIX, donde la bacteriología emergía como disciplina clave para combatir las epidemias que azotaban a la humanidad. El descubrimiento de antitoxinas por parte de Behring revolucionó el enfoque terapéutico contra infecciones como la difteria y el tétanos, sentando las bases para la serum therapy y transformando la comprensión de las defensas inmunológicas del cuerpo humano. Este ensayo explora la biografía de Emil von Behring, sus contribuciones seminales a la medicina infecciosa y el impacto perdurable de su obra en la salud pública global.
La vocación médica de Behring se manifestó con claridad durante su adolescencia, cuando decidió ingresar en la Academia de Medicina Militar de Berlín en 1874, a los veinte años de edad. Esta institución, renombrada por su rigor académico y su enfoque en la preparación de oficiales médicos, proporcionó a Behring una formación integral en cirugía, higiene y patología. Graduado en 1878 con honores, aprobó el examen estatal en 1880, lo que le abrió las puertas a una carrera en el ejército prusiano. Como cirujano militar, participó en la guerra franco-prusiana de 1870-1871, aunque ya había concluido cuando se unió, su experiencia posterior en hospitales militares le expuso a la crudeza de las heridas de guerra y las infecciones postoperatorias. Estas vivencias tempranas resaltaron la urgencia de desarrollar tratamientos efectivos contra enfermedades contagiosas, un desafío que definía la época. Behring’s early career en la medicina militar no solo pulió sus habilidades clínicas, sino que también lo sensibilizó ante la vulnerabilidad humana frente a patógenos como el Clostridium tetani y la Corynebacterium diphtheriae, motivándolo a transitar de la práctica quirúrgica hacia la investigación científica sistemática.
Un punto de inflexión en la carrera de Behring ocurrió en 1889, cuando se incorporó al Instituto de Higiene de la Universidad de Berlín bajo la dirección del ilustre bacteriólogo Robert Koch. Koch, ganador del Premio Nobel en 1905 por su trabajo en tuberculosis, reconoció el potencial de Behring y lo invitó a unirse a su equipo dedicado al estudio de enfermedades infecciosas. Esta colaboración fue pivotal, ya que expuso a Behring a técnicas avanzadas de cultivo bacteriano y experimentación animal, herramientas esenciales para desentrañar los mecanismos de la patogenicidad. En este entorno innovador, Behring inició investigaciones sobre la tuberculosis y la difteria, pero fue su encuentro con el bacteriólogo japonés Shibasaburo Kitasato lo que catalizó sus mayores logros. Kitasato, invitado por Koch, trajo perspectivas frescas desde la microbiología oriental, fomentando un intercambio intelectual que trascendió fronteras culturales. Juntos, estos científicos sentaron las fundaciones de la inmunoterapia activa y pasiva, demostrando que el suero de animales inmunizados podía transferir protección a receptores susceptibles, un principio que Behring denominó “antitoxina” y que transformó el panorama de la terapia contra toxinas bacterianas.
El descubrimiento de la antitoxina del tétanos en 1890 representa uno de los hitos más brillantes en la biografía científica de Emil von Behring. Trabajando en colaboración con Kitasato, Behring experimentó con conejos y otros animales, inyectando toxinas tetánicas purificadas para inducir inmunidad. Sus hallazgos, publicados en 1890, revelaron que el suero sanguíneo de animales previamente expuestos al tétanos neutralizaba la toxina letal en organismos no inmunizados, previniendo así los espasmos musculares característicos de la enfermedad. Este avance no solo elucidó el rol de las defensas humorales en la respuesta inmune, sino que también proporcionó el primer tratamiento efectivo contra el tétanos, una afección que causaba miles de muertes anuales en contextos de guerra y partos no higiénicos. La antitoxina del tétanos de Behring demostró la viabilidad de la serum therapy, un método que implicaba la inyección de anticuerpos preformados para conferir inmunidad pasiva inmediata. Este principio, aplicado posteriormente a otras infecciones, subraya cómo el trabajo de Behring en tétanos pavimentó el camino para vacunas y terapias modernas, salvando innumerables vidas en entornos clínicos globales.
Siguiendo el éxito con el tétanos, Behring dirigió su atención a la difteria, una plaga infantil que diezmaba poblaciones europeas a finales del siglo XIX. En 1891, junto con su colega Emil Roux, Behring desarrolló la antitoxina diftérica, demostrando en experimentos con cobayas que el suero de caballos inmunizados contra la toxina diftérica podía curar infecciones establecidas. El momento culminante llegó ese mismo año, cuando Behring y su equipo administraron el suero a una niña de trece años gravemente enferma en el hospital de San Spirito en Roma, salvándola de una muerte inminente. Este caso pionero validó la eficacia clínica de la terapia y generó entusiasmo mundial, con médicos reportando tasas de supervivencia superiores al 90% en pacientes tratados tempranamente. La antitoxina difteria de Behring no solo mitigó una epidemia que mataba a un tercio de los infectados, sino que también ilustró el potencial de la inmunología humoral para neutralizar toxinas exógenas, un concepto central en la comprensión contemporánea de las enfermedades infecciosas. Su investigación enfatizó la importancia de la producción a escala industrial de sueros, colaborando con empresas farmacéuticas para hacer accesible este tratamiento a las masas.
El año 1901 marcó el ápice del reconocimiento internacional para Emil von Behring, cuando se le concedió el primer Premio Nobel de Fisiología o Medicina por su obra en serum therapy, particularmente por el desarrollo de la antitoxina contra la difteria. Alfred Nobel, en su testamento, había establecido este galardón para honrar avances que beneficiaran a la humanidad, y Behring’s contributions encarnaban perfectamente ese ideal al reducir drásticamente la mortalidad infantil por difteria en Europa y más allá. En su discurso de aceptación en Estocolmo, Behring reflexionó sobre el rol colaborativo de la ciencia, reconociendo a Kitasato y Roux como coautores invisibles de su éxito. Este premio no solo validó su metodología experimental, basada en la observación meticulosa y la iteración hipotesis-driven, sino que también impulsó la adopción global de terapias serológicas. Historiadores de la medicina destacan cómo el Nobel de Behring legitimó la inmunología como disciplina autónoma, atrayendo fondos y talentos hacia investigaciones en anticuerpos y vacunas, elementos que hoy sustentan la profilaxis contra patógenos como el SARS-CoV-2.
Más allá de sus descubrimientos en tétanos y difteria, Behring extendió sus esfuerzos a otras áreas de la bacteriología, incluyendo la tuberculosis, una enfermedad que obsesionaba a su mentor Robert Koch. En la década de 1890, Behring experimentó con tuberculina modificada, buscando convertir el agente patógeno en una herramienta terapéutica, aunque sus resultados fueron mixtos y controvertidos. No obstante, su trabajo subrayó la complejidad de las infecciones crónicas y la necesidad de enfoques multifacéticos en la inmunoterapia. Behring también abogó por la higiene pública y la educación sanitaria, fundando en 1894 el Instituto Behring para Investigación de Suero en Marburg, que se convirtió en un centro de excelencia para la producción de antitoxinas. Bajo su dirección, el instituto desarrolló protocolos estandarizados para la purificación de sueros, asegurando pureza y potencia en tratamientos distribuidos internacionalmente. Estas iniciativas institucionales reflejan el compromiso de Behring con la traducción de la ciencia básica a aplicaciones clínicas, un puente esencial entre laboratorio y lecho del paciente en la era de las enfermedades infecciosas.
La vida personal de Emil von Behring se entrelazó con su pasión profesional, casándose en 1896 con la autora Else Lee, con quien tuvo seis hijos. Esta unión proporcionó estabilidad emocional durante periodos de intensa labor investigativa, y Else colaboró ocasionalmente en la documentación de experimentos. Sin embargo, Behring enfrentó desafíos, incluyendo críticas por patentar su antitoxina, lo que algunos veían como comercialización de la ciencia; él argumentaba que era necesario para garantizar producción masiva y accesibilidad. Hacia el final de su carrera, Behring se enfocó en la pedagogía, impartiendo clases en la Universidad de Marburg desde 1894, donde formó a generaciones de médicos en los principios de la inmunología. Su enfoque pedagógico, accesible y basado en evidencia, inspiró textos como “Die Geschichte der Diphtherie” (1912), un compendio que detalla los mecanismos toxínicos y terapéuticos. Estas contribuciones educativas aseguraron que el conocimiento de Behring perdurara, influyendo en currículos médicos que enfatizan la integración de investigación y práctica clínica.
El legado de Emil von Behring en la inmunología moderna es incalculable, habiendo establecido los fundamentos de la terapia con anticuerpos monoclonales y las vacunas conjugadas utilizadas hoy contra infecciones como el Haemophilus influenzae tipo b. Su énfasis en la neutralización de toxinas pavimentó el camino para tratamientos contra el botulismo y la tos ferina, mientras que la serum therapy evolucionó hacia terapias intravenosas de inmunoglobulina que salvan vidas en unidades de cuidados intensivos. En el contexto de pandemias globales, el modelo de Behring resuena en el desarrollo acelerado de sueros hiperinmunes, recordándonos la potencia de la inmunidad pasiva en emergencias sanitarias. Historiadores como Paul Ehrlich, quien sucedió a Behring en el Nobel de 1908, elogiaron su visión integradora, que unía microbiología, inmunología y farmacología en un marco cohesivo. Hoy, instituciones como el Instituto Pasteur y la OMS citan su trabajo como pilar de la erradicación de enfermedades prevenibles, destacando cómo un solo investigador puede catalizar avances que benefician a miles de millones.
En síntesis y para terminar, la biografía de Emil von Behring encapsula el triunfo de la perseverancia científica sobre la adversidad, transformando una infancia rural en un catalizador para la revolución inmunológica. Sus descubrimientos en antitoxinas para difteria y tétanos no solo mitigaron epidemias del siglo XIX, sino que forjaron paradigmas terapéuticos que persisten en la medicina del siglo XXI, desde la vacunación rutinaria hasta las terapias génicas contra infecciones resistentes. El Premio Nobel de 1901, lejos de ser un mero galardón, simboliza el compromiso de Behring con la salud pública, un ethos que urge a los científicos contemporáneos a priorizar la equidad en el acceso a innovaciones médicas. Reflexionando sobre su trayectoria, Behring nos enseña que la verdadera grandeza radica en la capacidad de traducir curiosidad intelectual en alivio humano, un legado que inspira a generaciones a combatir las enfermedades infecciosas con rigor y empatía.
Su obra perdura como testimonio de cómo la inmunoterapia, nacida de experimentos meticulosos en laboratorios berlineses, continúa salvaguardando la humanidad contra amenazas microscópicas invisibles pero letales.
Referencias
British Medical Association. (1901). The Nobel Prize in Physiology or Medicine 1901. NobelPrize.org.
Encyclopædia Britannica. (2023). Emil von Behring. Encyclopædia Britannica.
Nobel Foundation. (n.d.). Emil von Behring – Biographical. NobelPrize.org.
Pirotta, F. (2017). Remembering Emil von Behring: From tetanus treatment to 1917. Immunology Letters, 186, 3-6.
Silverstein, A. M. (2002). A history of immunology (2nd ed.). Academic Press.
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