Entre el mito y la historia se despliega un relato insólito: Gustavo III de Suecia, obsesionado con la supuesta peligrosidad del café, ideó un experimento que involucraba a dos gemelos condenados a muerte, obligados a beber café y té de por vida. Esta historia mezcla poder, ciencia y curiosidad humana, mostrando cómo la obsesión de un monarca puede convertirse en leyenda. ¿Qué nos enseña sobre la autoridad y la ciencia? ¿Hasta qué punto la tradición transforma los hechos históricos?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Gustavo III y el experimento del café: historia, mito y política en Suecia


El siglo XVIII fue testigo de una profunda transformación en la dieta y los hábitos sociales de Europa. El café, el té y el chocolate irrumpieron en la vida cotidiana, despertando tanto fascinación como recelos. En Suecia, el café pronto fue objeto de severas críticas, no solo por su condición de importación costosa, sino también por la creencia de que debilitaba la salud del pueblo. Los médicos y políticos de la época lo acusaban de causar nerviosismo, esterilidad y decadencia física.


Gustavo III y su obsesión por el café


El rey Gustavo III de Suecia, figura clave de la Ilustración escandinava, compartía y amplificaba estas sospechas. En su visión, el café representaba un veneno disfrazado de modernidad, una amenaza tanto para el bienestar físico de sus súbditos como para la fortaleza del reino. Decidido a obtener pruebas irrefutables, el monarca ideó un experimento singular: convertir a dos condenados a muerte en sujetos de prueba, con la promesa de conmutarles la pena si aceptaban beber de por vida una de estas bebidas prohibidas.


El experimento de los gemelos condenados


El relato cuenta que dos gemelos fueron seleccionados para esta prueba inusual. Uno de ellos debía beber café todos los días; el otro, té en cantidades equivalentes. La idea era observar, bajo vigilancia médica constante, cuál de los dos sucumbiría primero. Este diseño rudimentario apelaba a una lógica comparativa primitiva, similar a lo que siglos después se llamaría ensayo clínico, aunque sin los estándares científicos ni éticos modernos. El rey esperaba demostrar la mortalidad del café en corto tiempo.

El desarrollo del experimento

Los médicos de la corte supervisaban a los gemelos, pero los años pasaban sin que aparecieran los resultados previstos. La ironía histórica alcanzó su punto culminante cuando el propio Gustavo III murió asesinado en un baile de máscaras en 1792, mucho antes de conocer la conclusión. Los médicos asignados también murieron antes que los prisioneros. Según las versiones más difundidas, el gemelo que bebía té murió a los 83 años, mientras que el que bebía café vivió todavía más tiempo.


Veracidad histórica y tradición oral


Este relato ha circulado durante siglos como una anécdota ilustrativa, pero los historiadores advierten que los detalles exactos carecen de respaldo documental sólido. No hay registros oficiales que identifiquen a los gemelos ni informes médicos concluyentes. La historia aparece en crónicas del siglo XIX y XX, más como un mito pedagógico que como un hecho probado. Sin embargo, lo verosímil es la obsesión del rey por el café y la existencia de medidas represivas contra su consumo, confirmadas en archivos y edictos.


Las prohibiciones al café en Suecia


El experimento no fue un caso aislado. Desde mediados del siglo XVIII, el café sufrió repetidas prohibiciones en Suecia. Las autoridades lo asociaban con gastos excesivos, contrabando y reuniones en cafés considerados subversivos. En varias ocasiones se decomisaron tazas y cafeteras para desalentar el hábito. La resistencia popular, sin embargo, fue fuerte: el café sobrevivió en la clandestinidad, se preparaba en casas particulares y circulaba como símbolo de modernidad y distinción. Su prohibición se convirtió en un pulso cultural entre pueblo y corona.


El simbolismo del café en la cultura europea


El café había adquirido en toda Europa un papel simbólico de sociabilidad e intercambio intelectual. Los cafés eran lugares de debate político y literario, focos de ideas ilustradas y espacios de interacción social inéditos. En este contexto, la hostilidad de Gustavo III puede leerse como un intento de controlar no solo la salud pública, sino también los escenarios donde se gestaban nuevas formas de pensamiento y de organización social. La bebida era mucho más que un simple estimulante: era un vehículo de modernidad.

Té y café en comparación cultural

Aunque el experimento intentaba comparar té y café en términos de salud, culturalmente ambos cumplían funciones distintas. El té tenía connotaciones aristocráticas y estaba asociado con la influencia británica, mientras que el café se ligaba a la vida urbana y burguesa, así como a la clandestinidad en épocas de prohibición. Esta diferencia cultural puede explicar por qué la anécdota enfrenta a ambas bebidas: más que una prueba médica, era también una disputa simbólica sobre qué prácticas debían prevalecer en Suecia.


Ciencia, poder y mito político


La historia del experimento de Gustavo III refleja la relación ambigua entre poder político y saber científico en la Ilustración. El rey aspiraba a fundar sus prohibiciones en pruebas empíricas, pero lo hizo desde una lógica autoritaria, utilizando prisioneros sin consentimiento y sin metodología rigurosa. El resultado fue un mito más que un hallazgo científico. Sin embargo, el relato sobrevivió como advertencia: las obsesiones de los poderosos pueden ser más frágiles que la resistencia de las costumbres populares.


La ironía histórica del experimento


El elemento narrativo que más fascina de la historia es la inversión de expectativas. Los condenados, marginados por la sociedad, sobrevivieron más tiempo que el monarca que quiso utilizarlos como prueba de su teoría. Los médicos, símbolo del saber oficial, también murieron antes que los sujetos del experimento. Esta ironía transformó el episodio en una fábula sobre la vanidad del poder y la inutilidad de imponer la ciencia desde arriba, sin diálogo con la realidad y la experiencia.


Valor histórico y proyección contemporánea


Hoy, el relato sigue fascinando porque ilumina temas universales: el miedo al cambio, la relación entre ciencia y política, y la persistencia de prácticas culturales frente a la represión. Aunque no sepamos con certeza si los gemelos existieron realmente, el experimento de Gustavo III funciona como una metáfora de la historia del café y de la tensión entre autoridad y libertad de costumbre. Nos recuerda que los hábitos alimentarios no se doblegan fácilmente, y que la ciencia mal aplicada puede convertirse en mito.


Conclusión


La historia del experimento del café atribuido a Gustavo III de Suecia se mueve entre documento y leyenda, entre archivo y tradición oral. Aunque carece de pruebas concluyentes, refleja una realidad indiscutible: el café fue perseguido y temido en la Suecia del siglo XVIII, pero también resistido y defendido como parte de la vida cotidiana. El experimento se convirtió en símbolo de la ironía del poder y en una lección sobre la necesidad de separar prejuicio de evidencia. Como toda gran anécdota histórica, su fuerza radica no en lo que prueba, sino en lo que inspira.


Referencias (APA)

Afshari, R. (2017). Gustav III’s risk assessment on coffee consumption; A medical history report. Avicenna Journal of Phytomedicine, 7(2), 99–100.

Knutsson, A., & Hodacs, H. (2021). When coffee was banned: Strategies of labour and leisure among Stockholm’s poor women, 1794–1796 and 1799–1802. Scandinavian Economic History Review, 71(2), 176–198.

Weinberg, B. A., & Bealer, B. K. (2001). The world of caffeine: The science and culture of the world’s most popular drug. Routledge.

Encyclopaedia Britannica. (2016). Gustav III. Encyclopaedia Britannica.

Popular Science Team. (2019, November 20). Did a Swedish king really try to ban coffee with a deadly scientific experiment? Popular Science.


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