Entre las criaturas más fascinantes del mundo antiguo, Pegaso se alza como un símbolo inmortal que une lo divino con lo terrenal, la fuerza con la inspiración. Nacido de la sangre de Medusa y elevado al firmamento por Zeus, este caballo alado ha inspirado a poetas, artistas y pensadores durante siglos. ¿Cómo un ser mitológico puede condensar tantas aspiraciones humanas y qué nos revela hoy su eterno vuelo?
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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR
Pegaso: El Caballo Alado en la Mitología Griega y su Trascendencia Cultural
La figura de Pegaso representa uno de los símbolos más perdurables y fascinantes del imaginario mitológico grecolatino, encarnando la intersección entre lo divino y lo terrenal, entre la bestia y el espíritu. Este caballo alado, nacido de circunstancias extraordinarias y protagonista de hazañas memorables, ha trascendido las fronteras temporales y geográficas para convertirse en un arquetipo universal de libertad, inspiración y trascendencia. Su presencia en el corpus mitológico griego no constituye meramente un relato fantástico, sino un complejo entramado de significados que reflejan las aspiraciones, temores y concepciones cosmológicas de la antigua Hélade. El estudio de Pegaso permite comprender cómo las civilizaciones antiguas proyectaban sus valores y anhelos en criaturas míticas que servían como vehículos de enseñanza moral, explicación natural y expresión artística.
El origen de Pegaso se encuentra íntimamente ligado al mito de Perseo y la Gorgona Medusa, una de las narrativas más célebres de la mitología clásica. Según las fuentes antiguas, particularmente Hesíodo en su Teogonía, Pegaso surgió de la sangre derramada por Medusa cuando el héroe Perseo la decapitó. Esta génesis violenta y sangrienta contrasta paradójicamente con la belleza y pureza que el caballo alado representaría posteriormente en la tradición cultural. Junto a Pegaso nació Crisaor, un gigante o héroe portador de una espada dorada, aunque la fama de este último palidece frente a la del corcel inmortal. La madre de ambos era Medusa, quien antes de su transformación en monstruo había sido una hermosa doncella, mientras que su padre era Poseidón, dios de los mares y de los caballos, lo que explicaría la naturaleza equina de Pegaso y su asociación con elementos acuáticos, particularmente con las fuentes y manantiales que brotaban donde sus cascos tocaban la tierra.
El nombre “Pegaso” deriva probablemente del griego pēgḗ, que significa “manantial” o “fuente”, estableciendo una conexión etimológica con uno de sus atributos más característicos: la capacidad de hacer brotar agua de la tierra. La más famosa de estas fuentes es Hipocrene, situada en el monte Helicón, lugar sagrado para las musas y centro de inspiración poética en la Grecia antigua. Según la tradición, Pegaso golpeó el suelo con su casco y de allí surgió este manantial, cuyas aguas conferían inspiración poética a quienes bebían de ellas. Esta asociación entre el caballo alado y la creatividad artística no es casual, sino que responde a una comprensión profunda de la naturaleza de la inspiración como algo que “desciende” desde alturas divinas, llevado por una criatura capaz de transitar entre el cielo y la tierra. Las musas, divinidades de las artes y las ciencias, adoptaron a Pegaso como su montura simbólica, consolidando la relación entre este ser mitológico y el genio creativo humano.
La historia más célebre protagonizada por Pegaso es su encuentro y doma por parte del héroe corintio Belerofonte. Este joven príncipe, falsamente acusado de intentar seducir a la esposa del rey Preto de Tirinto, fue enviado a Licia con la intención de que encontrara la muerte enfrentándose a la Quimera, una monstruosa criatura con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente que vomitaba fuego. Para lograr esta hazaña aparentemente imposible, Belerofonte necesitaba montar a Pegaso, pero el caballo alado permanecía indómito y libre. Siguiendo el consejo del vidente Poliido, Belerofonte pasó una noche durmiendo en el templo de Atenea, donde la diosa se le apareció en sueños y le entregó una brida dorada mágica. Al despertar, Belerofonte encontró la brida real junto a él y se dirigió a la fuente Pirene en Corinto, donde Pegaso acostumbraba a beber. Con la ayuda de Atenea y la brida encantada, el héroe logró montar al caballo alado sin violencia ni sometimiento brutal, estableciendo una relación de cooperación que resultaría fundamental para sus posteriores aventuras.
Montado sobre Pegaso, Belerofonte pudo volar por encima de la Quimera y atacarla desde el aire, evitando sus mortíferas llamas y finalmente derrotándola mediante diversas estratagemas que varían según las fuentes. Algunas versiones narran que el héroe disparó flechas al monstruo, mientras otras cuentan que colocó un trozo de plomo en la punta de su lanza, el cual se fundió con el aliento ígneo de la bestia y se precipitó por su garganta, matándola desde dentro. Esta victoria convirtió a Belerofonte en un héroe celebrado, y el rey de Licia, impresionado por su valentía, le ofreció la mano de su hija y la mitad de su reino. Sin embargo, el éxito terminó corrompiendo al héroe, quien en un acto de suprema arrogancia decidió volar hasta el Olimpo montado en Pegaso para reunirse con los dioses como si fuera su igual. Zeus, enfurecido por tal presunción, envió un tábano para picar a Pegaso, quien se encabritó y arrojó a Belerofonte desde las alturas. El héroe cayó a tierra, sobreviviendo pero quedando lisiado y ciego, condenado a vagar como mendigo el resto de sus días, representando así la némesis que aguarda a quienes desafían el orden cósmico establecido.
Pegaso, por su parte, continuó su vuelo hasta el Olimpo, donde Zeus lo recibió y le asignó la tarea de transportar sus rayos y truenos. Esta elevación del caballo alado a sirviente directo del padre de los dioses representa su completa integración en el panteón divino y su transformación de criatura salvaje a instrumento de la voluntad celestial. En algunas tradiciones, Zeus eventualmente inmortalizó a Pegaso convirtiéndolo en una constelación, perpetuando así su presencia en el firmamento nocturno. La constelación de Pegaso, reconocible por su característica forma de cuadrado, ha servido durante milenios como referencia para navegantes y observadores del cielo, transformando la narrativa mitológica en una presencia astronómica tangible que conecta las historias antiguas con la experiencia humana de contemplar las estrellas. Esta catasterización, proceso mediante el cual los héroes y criaturas míticas eran convertidos en constelaciones, representaba la forma suprema de inmortalidad en la cosmovisión griega, preservando eternamente la memoria de seres excepcionales.
El simbolismo de Pegaso se extiende mucho más allá de los relatos específicos en los que participa, convirtiéndose en un símbolo polivalente cargado de múltiples significaciones. En primer lugar, representa la inspiración poética y artística, funcionando como mediador entre el mundo material y el reino de las ideas platónicas. Las alas de Pegaso simbolizan la capacidad del genio creativo de elevarse por encima de lo mundano y alcanzar visiones trascendentes. En segundo lugar, encarna la libertad absoluta, la vida no domesticada que resiste la sumisión total incluso cuando acepta temporalmente un jinete. A diferencia de los caballos ordinarios, completamente sujetos a la voluntad humana, Pegaso mantiene siempre su naturaleza divina e independiente, como demuestra su negativa a aceptar a Belerofonte cuando este intenta usarlo para fines impíos. En tercer lugar, Pegaso representa la ambivalencia del poder y la gloria: puede elevar a los héroes a alturas inimaginables, pero también puede precipitarlos hacia la destrucción cuando estos olvidan sus límites mortales. Esta dualidad refleja la comprensión griega de que todo don excepcional conlleva peligros correspondientes.
La iconografía de Pegaso ha sido extraordinariamente rica y variada a lo largo de la historia del arte occidental. En la cerámica griega antigua, aparece frecuentemente representado en vasos de figuras rojas y negras, usualmente en escenas que muestran su nacimiento del cuello de Medusa o su doma por Belerofonte. Los artistas griegos le representaban con proporciones equinas realistas, añadiendo las alas como únicos elementos fantásticos, generalmente grandes y poderosas, similares a las de las águilas. En la numismática antigua, la ciudad de Corinto adoptó la imagen de Pegaso como símbolo en sus monedas, estableciendo una asociación duradera entre la polis y el caballo alado que se mantendría durante siglos. Esta apropiación cívica del mito demuestra cómo las narrativas mitológicas se integraban en la identidad política y cultural de las ciudades-estado griegas. Durante el período romano, Pegaso continuó siendo un motivo popular en mosaicos, frescos y esculturas, a menudo asociado con las musas y con ambientes educativos o culturales, decorando bibliotecas, teatros y espacios dedicados a actividades intelectuales.
El Renacimiento europeo experimentó un resurgimiento del interés por la mitología clásica, y Pegaso se convirtió en un tema favorito de artistas y humanistas. Pintores como Rubens, Jordaens y numerosos artistas italianos representaron al caballo alado en composiciones que frecuentemente lo asociaban con las alegorías de la Fama, la Victoria y el Triunfo del Intelecto sobre la Materia. Los jardines palaciegos barrocos incorporaron fuentes ornamentadas con estatuas de Pegaso, transformando el simbolismo mitológico del agua que brota donde pisan sus cascos en manifestaciones arquitectónicas reales. En la literatura renacentista y barroca, Pegaso se convirtió en metáfora recurrente del vuelo poético, mencionado por autores desde Dante hasta Cervantes. El Quijote hace referencia a Pegaso cuando el ingenioso hidalgo fantasea sobre caballos legendarios, estableciendo un contraste irónico entre la mundana realidad de Rocinante y las aspiraciones elevadas de su amo. Esta utilización literaria demuestra cómo los símbolos mitológicos antiguos se integran en nuevos contextos culturales, adquiriendo capas adicionales de significado sin perder su resonancia original.
En la modernidad, Pegaso ha mantenido una presencia vigorosa en la cultura popular, adaptándose a nuevos medios y contextos mientras conserva sus asociaciones simbólicas fundamentales. La marca petrolera Mobil adoptó el Pegaso rojo volador como logotipo en 1911, estableciendo una de las asociaciones comerciales más duraderas con un símbolo mitológico. Esta apropiación corporativa vincula implícitamente las nociones de velocidad, poder y libertad del caballo alado con las características deseables de sus productos. En la literatura infantil y juvenil, Pegaso aparece en innumerables adaptaciones de los mitos clásicos, frecuentemente presentado de manera simplificada que enfatiza su belleza y magia mientras omite los aspectos más violentos de su génesis. El cine y la televisión han presentado múltiples versiones de Pegaso, desde la película animada de Disney “Hércules” (1997), donde aparece como compañero humorístico del héroe, hasta representaciones más fieles a las fuentes clásicas en películas de fantasía épica. La saga de Percy Jackson, tanto en sus versiones literarias como cinematográficas, incorpora a Pegaso y otros caballos alados en una mitología grecorromana reimaginada para audiencias contemporáneas, demostrando la continua vitalidad de estos símbolos ancestrales.
La psicología profunda, particularmente en la tradición junguiana, ha interpretado a Pegaso como un arquetipo del Self transcendente y del vuelo espiritual. Carl Gustav Jung identificó en las imágenes de ascensión y vuelo expresiones del proceso de individuación, el desarrollo de la personalidad hacia la totalidad y la realización. Desde esta perspectiva, Pegaso representa la energía psíquica sublimada, transformada de impulsos instintivos (simbolizados por su naturaleza animal y su origen sangriento) en aspiraciones espirituales e intelectuales (representadas por sus alas y su capacidad de alcanzar alturas celestes). La doma de Pegaso por Belerofonte simbolizaría entonces el necesario equilibrio entre permitir que estas energías fluyan libremente y establecer un cierto grado de control consciente sobre ellas. El trágico final de Belerofonte advierte contra el exceso de inflación del ego, cuando el complejo yoico se identifica completamente con contenidos arquetípicos y pierde contacto con sus limitaciones humanas reales. Esta lectura psicológica no invalida las interpretaciones mitológicas o culturales, sino que añade una dimensión adicional de comprensión sobre por qué estas imágenes siguen resonando en la psique humana contemporánea.
La permanencia de Pegaso en el imaginario colectivo durante más de dos milenios atestigua la profundidad de los estratos simbólicos que esta figura condensa. No se trata simplemente de un caballo con alas, sino de un símbolo multidimensional que articula algunas de las tensiones y aspiraciones más fundamentales de la condición humana: el deseo de trascender las limitaciones físicas, la búsqueda de inspiración y creatividad, la tensión entre libertad y orden, entre naturaleza salvaje y civilización, entre lo mortal y lo divino. Cada época y cultura que se ha encontrado con este mito ha proyectado en él sus propias preocupaciones y valores, enriqueciéndolo con nuevas capas de significado sin agotar su potencial interpretativo. Esta capacidad de adaptación y reinterpretación continua constituye precisamente la característica definitoria de los grandes símbolos mitológicos, que no son reliquias muertas del pasado sino presencias vivas que continúan hablando a las generaciones sucesivas en lenguajes que estas pueden comprender.Pegaso trasciende su condición de mera criatura mitológica para convertirse en un símbolo cultural de extraordinaria riqueza y persistencia. Su trayectoria desde las fuentes literarias griegas antiguas hasta la cultura popular contemporánea demuestra la vitalidad de los arquetipos mitológicos y su capacidad para renovarse en contextos históricos y culturales radicalmente diferentes. Como encarnación de la inspiración creativa, mediador entre mundos, símbolo de libertad y advertencia contra la hybris, Pegaso continúa ofreciendo a la humanidad un espejo en el cual contemplar sus aspiraciones más elevadas y sus peligros más profundos. El estudio de esta figura mitológica no constituye un mero ejercicio de erudición clásica, sino una exploración de las estructuras simbólicas fundamentales mediante las cuales los seres humanos dan sentido a su experiencia, articulan sus valores y transmiten sabiduría acumulada a través de las generaciones. La permanencia de Pegaso en el firmamento cultural de Occidente, tanto literal como metafóricamente, asegura que las lecciones codificadas en su mito continuarán inspirando, advirtiendo y elevando a quienes se acerquen a contemplar su vuelo.
Así pues, Pegaso trasciende su condición de mera criatura mitológica para convertirse en un símbolo cultural de extraordinaria riqueza y persistencia. Su trayectoria desde las fuentes literarias griegas antiguas hasta la cultura popular contemporánea demuestra la vitalidad de los arquetipos mitológicos y su capacidad para renovarse en contextos históricos y culturales radicalmente diferentes. Como encarnación de la inspiración creativa, mediador entre mundos, símbolo de libertad y advertencia contra la hybris, Pegaso continúa ofreciendo a la humanidad un espejo en el cual contemplar sus aspiraciones más elevadas y sus peligros más profundos. El estudio de esta figura mitológica no constituye un mero ejercicio de erudición clásica, sino una exploración de las estructuras simbólicas fundamentales mediante las cuales los seres humanos dan sentido a su experiencia, articulan sus valores y transmiten sabiduría acumulada a través de las generaciones.
La permanencia de Pegaso en el firmamento cultural de Occidente, tanto literal como metafóricamente, asegura que las lecciones codificadas en su mito continuarán inspirando, advirtiendo y elevando a quienes se acerquen a contemplar su vuelo.
Referencias
Grimal, P. (1981). Diccionario de mitología griega y romana. Paidós.
Hamilton, E. (1942). Mythology: Timeless tales of gods and heroes. Little, Brown and Company.
Hard, R. (2004). The Routledge handbook of Greek mythology. Routledge.
Hesíodo. (1978). Teogonía. Trabajos y días. Escudo. Certamen (A. Pérez Jiménez & A. Martínez Díez, Trads.). Gredos.
Jung, C. G. (1968). The archetypes and the collective unconscious (R. F. C. Hull, Trad.). Princeton University Press.
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