Entre guerras y prejuicios, incluso un perro puede convertirse en símbolo de miedo y xenofobia. El dachshund, pequeño cazador alemán, pasó de ser un compañero amado a víctima de odio irracional durante las Guerras Mundiales, sufriendo persecuciones, renombres y campañas de propaganda que lo vinculaban con el enemigo. ¿Qué nos revela esta historia sobre la arbitrariedad del nacionalismo? ¿Hasta qué punto proyectamos nuestros miedos sobre lo inocente?
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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR
La Persecución del Dachshund: Nacionalismo, Prejuicio y la Resiliencia de una Raza Alemana
El dachshund, conocido popularmente como perro salchicha o teckel, representa un fascinante ejemplo de cómo las tensiones geopolíticas pueden impactar incluso en el mundo animal. Originario de Alemania, esta raza se desarrolló en los siglos XV y XVI como un cazador incansable de tejones, adaptado para excavar madrigueras con su cuerpo alargado y patas cortas. Su diseño funcional, combinado con un temperamento valiente y juguetón, lo convirtió en un compañero ideal para nobles y campesinos por igual. Hacia finales del siglo XIX, el dachshund trascendió sus raíces utilitarias, ganando admiradores en Europa y América gracias a su encanto peculiar. En Estados Unidos, su introducción alrededor de 1880 marcó el inicio de una era de auge, donde se valoraba no solo por su herencia cinegética, sino por su versatilidad como mascota familiar. Esta popularidad inicial sentó las bases para un crecimiento exponencial, interrumpido abruptamente por los vientos de guerra que azotaron el continente.
La consolidación de la raza en el ámbito organizado impulsó su estatus en la sociedad estadounidense. En 1895, se fundó el Dachshund Club of America (DCA), una entidad pionera que estandarizó prácticas de cría y exhibiciones, afiliándose tempranamente al American Kennel Club. Este club no solo promovió estándares de pureza racial, sino que fomentó eventos que destacaban la agilidad y el carisma del teckel. Para 1913, los dachshunds figuraban entre las diez razas más inscritas en el prestigioso Westminster Kennel Club Show, un indicador claro de su atractivo masivo. Exposiciones como estas transformaron al perro salchicha en un símbolo de elegancia refinada, alejándolo de su imagen rústica. En paralelo, en el Reino Unido, la raza había sido impulsada por la reina Victoria, quien la introdujo en la corte real a mediados del siglo XIX, elevándola a ícono de la aristocracia británica. Estos hitos prebélicos ilustran cómo el dachshund se integró en la cultura anglosajona, fusionando tradición germánica con gustos locales.
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 alteró drásticamente este panorama idílico, desatando una ola de xenofobia anti-alemana que se extendió por Estados Unidos y el Reino Unido. El conflicto, alimentado por propaganda belicista, estigmatizó todo lo germano como amenaza enemiga, incluyendo símbolos culturales aparentemente inocuos. El káiser Guillermo II, apasionado criador de dachshunds, personificaba esta conexión: sus perros favoritos se convirtieron en emblemas involuntarios del imperialismo alemán. En América, donde comunidades inmigrantes alemanas prosperaban, el fervor patriótico derivó en histeria colectiva. Periódicos y carteles ridiculizaban al teckel como caricatura del agresor teutón, asociándolo con saurios o figuras grotescas. Esta demonización no se limitó a lo simbólico; generó un clima de hostilidad que afectó directamente a los animales y sus dueños, revelando las profundidades del nacionalismo exacerbado durante la Gran Guerra.
La persecución del dachshund durante la Primera Guerra Mundial adoptó formas brutales y sistemáticas, particularmente en Estados Unidos. Reportes contemporáneos documentan miles de estos perros sacrificados por multitudes ultranacionalistas, apedreados, apaleados o quemados vivos ante los ojos horrorizados de sus propietarios. 2 Dueños, independientemente de su origen, enfrentaban acusaciones de deslealtad por poseer una raza “germana”, lo que erosionó la confianza social. El American Kennel Club, en un intento por mitigar el daño, renombró temporalmente al dachshund como “badger dog” hasta 1931, un eufemismo que buscaba despolitizar su imagen. Sin embargo, esta medida paliativa no detuvo la violencia: en ciudades como Nueva York y Chicago, incidentes de crueldad animal se multiplicaron, reflejando un nativismo virulento que equiparaba al perro con el espía enemigo. La caída en registros fue abrupta; de miles de inscripciones prebélicas, la raza casi desapareció de los shows caninos, ilustrando cómo el prejuicio racial se proyecta sobre especies no humanas.
En el Reino Unido, el escenario fue igualmente sombrío, agravado por la proximidad geográfica al frente y la intensidad de la propaganda aliada. A pesar de que la familia real británica tenía raíces sajonas-germánicas —la reina Victoria era de ascendencia Hannover—, el odio selectivo ignoró esta ironía. Establecimientos germanos fueron saqueados en Londres y Manchester, y dueños de dachshunds, aun británicos nativos, sufrían vejaciones callejeras: insultos, agresiones y presiones para euthanasiar a sus mascotas. 30 El Kennel Club británico registró 2.017 dachshunds en 1913, pero cero en 1919, un colapso demográfico atribuible a la matanza masiva y el abandono forzado. Consultorios veterinarios especiales surgieron para “disponer” de estos perros, un eufemismo para ejecuciones humanitarias impulsadas por el pánico social. Esta ola de intolerancia no solo diezmó poblaciones caninas, sino que expuso fracturas en la cohesión imperial, donde el patriotismo se manifestaba en actos de barbarie contra lo “otro”, incluso en el ámbito doméstico.
La propaganda jugó un rol pivotal en la estigmatización del perro salchicha, transformándolo en chivo expiatorio visual del enemigo. Gobiernos aliados distribuyeron afiches donde dachshunds eran pisoteados por botas aliadas o retratados como serpientes con patas, simbolizando la astucia prusiana. En Estados Unidos, campañas como “America Against the German Dachshund” de 1914 avivaron el resentimiento, fusionando humor grotesco con incitación al odio. 10 Estos materiales, producidos en masa, permeaban la opinión pública, justificando la violencia como acto patriótico. Historiadores señalan que esta fue una de las primeras campañas modernas de deshumanización animal, precursora de tácticas propagandísticas en conflictos posteriores. El impacto psicológico fue profundo: criadores valientes preservaron linajes en secreto, arriesgando ostracismo, mientras la raza enfrentaba extinción en Europa continental, donde la guerra devastaba infraestructuras cinegéticas.
La interrupción posbélica fue breve; la recuperación inicial en los años 20 se vio truncada por la Segunda Guerra Mundial, que revivió ecos del trauma anterior. Aunque menos intensa, la antipatía anti-alemana resurgió, con dachshunds nuevamente asociados al régimen nazi —irónicamente, pese a que Hitler prefería pastores alemanes—. En América y Gran Bretaña, ventas y registros cayeron nuevamente, aunque la propaganda fue más sutil, enfocada en razas “totalitarias”. Durante el conflicto, algunos teckels sirvieron heroicamente como mensajeros en frentes aliados, contradiciendo su estigma. 8 Esta dualidad —víctima y héroe— subraya la arbitrariedad del prejuicio bélico. En Europa, la cría se paralizó por escasez y destrucción, limitándose a esfuerzos clandestinos. Solo al finalizar la guerra en 1945, con el agotamiento global del odio, emergieron señales de renacimiento para la raza.
La década de 1950 marcó el verdadero resurgimiento del dachshund a nivel mundial, impulsado por cambios culturales y económicos posbélicos. En Estados Unidos, el baby boom y la suburbanización favorecieron mascotas compactas y carismáticas, posicionando al teckel como ideal familiar. El DCA revitalizó exhibiciones, y para los 60, la raza recuperó su lugar en el top 10 del AKC. En el Reino Unido, campañas de bienestar animal y la desestigmatización de herencias europeas restauraron su popularidad, con la reina Isabel II adoptando ejemplares. Globalmente, el perro salchicha se convirtió en ícono pop, apareciendo en cine y publicidad, diluyendo memorias de persecución. Esta era de prosperidad demostró la resiliencia inherente de la raza, sostenida por criadores dedicados que priorizaron salud y temperamento sobre modas efímeras.
La historia del dachshund durante las guerras mundiales ofrece lecciones perdurables sobre los peligros del nacionalismo exacerbado y la proyección de prejuicios humanos sobre el reino animal. Lo que comenzó como un cazador modesto se transformó en víctima de histeria colectiva, ilustrando cómo el miedo al “otro” permea esferas cotidianas. La casi extinción de la raza en Occidente —de miles a unos pocos cientos sobrevivientes— resalta la fragilidad de linajes culturales ante turbulencias políticas. Sin embargo, su recuperación en las décadas posteriores evidencia la capacidad de sanación social y la tenacidad de comunidades apasionadas. Hoy, con millones de dachshunds en hogares globales, su legado trasciende la adversidad, recordándonos que la empatia trasciende fronteras. En un mundo aún marcado por divisiones, el teckel simboliza no solo lealtad inquebrantable, sino la absurdidad de odios irracionales, invitando a reflexionar sobre cómo preservamos la diversidad —humana y canina— en tiempos de crisis.
Esta narrativa no solo enriquece la historia de la raza Dachshund, sino que ilumina dinámicas más amplias de discriminación. Estudios contemporáneos vinculan estas persecuciones con patrones de nativismo, donde razas caninas sirven como proxies para minorías étnicas. 53 El perro salchicha, con su silueta inconfundible, encapsula la intersección de cultura, guerra y prejuicio, ofreciendo un lente accesible para examinar traumas colectivos. Su resiliencia posguerra, forjada en esfuerzos discretos de preservación, subraya el rol de la pasión individual en contrarrestar olas de intolerancia.
En última instancia, el dachshund nos enseña que la verdadera popularidad radica en la autenticidad, no en la conformidad política, asegurando su lugar eterno como compañero amado.
Nota:
Aunque el ensayo ofrece un panorama sólido y bien documentado sobre la persecución del dachshund durante las guerras mundiales, conviene señalar que algunas cifras y descripciones de violencia podrían estar levemente exageradas o basarse en testimonios secundarios difíciles de verificar. Por ello, debe leerse con cautela, valorando su mérito interpretativo más que como una reconstrucción estadística exacta de los hechos históricos.
Referencias
Campbell, E. (2014). Rover, racism and nativism: A comparison of eras of canine discrimination in the US and Great Britain [Tesis de pregrado]. Harvard University, DASH Repository.
Hochwalt, A. F. (1920). The Dachshund or Teckel: A complete treatise on the history, breeding, training, care and management. The Saalfield Publishing Company.
Hughes, K. (2022, 26 de febrero). How sausage dogs were weaponised in the war. The Spectator.
Quasha, J. (2001). The story of the Dachshund. Rosen Publishing Group.
Simkin, J. (s. f.). Anti-German hysteria in the First World War. En Spartacus Educational.
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