Entre la abstracción metafísica y la evidencia de la experiencia cotidiana surge la filosofía del sentido común de Thomas Reid, un pensamiento que desafía los extremos del racionalismo cartesiano y defiende la confianza en nuestros sentidos y en la conciencia como bases seguras del conocimiento. ¿Es posible comprender el mundo sin reconocer la validez de lo que percibimos? ¿Podemos separar la razón de la experiencia sin perder la certeza del conocimiento humano?


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"Por un razonamiento apropiado bajo los principios cartesianos, la materia fue desnudada de todas sus cualidades y el nuevo sistema, gracias a una especie de sublimación metafísica, convirtió a la totalidad de las cualidades de la materia en sensaciones, para espiritualizar así al cuerpo, del mismo modo que el viejo sistema había materializado al espíritu. El modo de evitar estos extremos es admitir la existencia de lo que vemos y sentimos como un primer principio, tan válido como aquél de la existencia de las cosas de las que somos conscientes, y adoptar nuestras nociones de las cualidades de los cuerpos a partir del testimonio de nuestros sentidos, como hicieron los peripatéticos, así como también nuestras nociones de las sensaciones del testimonio de la conciencia, a la par con los cartesianos." 

Reid, Thomas, La filosofía del sentido común.


Thomas Reid y la Filosofía del Sentido Común: La Defensa de la Experiencia Humana



Entre los filósofos escoceses del siglo XVIII, Thomas Reid emerge como un crítico riguroso del racionalismo cartesiano y de las teorías que despojaban a la materia de sus cualidades sensibles, transformando el cuerpo en una abstracción y el espíritu en un mero objeto material. Su enfoque, conocido como filosofía del sentido común, propone reconocer la existencia de lo que percibimos como un principio fundamental, defendiendo la validez de la experiencia cotidiana frente a las abstracciones metafísicas extremas. Este planteamiento se inscribe dentro de un contexto histórico de debates intelectuales donde la razón pura, según Reid, no debía sustituir la evidencia de los sentidos ni la conciencia.

El argumento central de Reid consiste en afirmar que tanto la percepción sensorial como la conciencia interna proporcionan fundamentos igualmente válidos para el conocimiento humano. La crítica a Descartes y a sus seguidores radica en que, al eliminar las cualidades sensibles de la materia, se crea un dualismo artificial que distorsiona la relación natural entre mente y mundo. Para Reid, el ser humano no necesita un sistema metafísico complejo para conocer la realidad: la evidencia de nuestros sentidos y la intuición del sentido común constituyen un conocimiento primario, accesible y confiable. Este enfoque devuelve a la filosofía un carácter pragmático y humano.

Reid también desafía la tendencia de los filósofos racionalistas a priorizar los conceptos abstractos por sobre la experiencia directa. En su visión, los seres humanos poseen una capacidad innata para reconocer verdades básicas sobre el mundo sin recurrir a complejas deducciones lógicas. La existencia de los objetos, la percepción de sus cualidades y la conciencia de nuestros propios estados mentales son considerados principios evidentes que no requieren justificación adicional. Esta postura se alinea con la tradición peripatética y con la confianza en la experiencia sensorial como guía de la razón, rescatando así un equilibrio entre empirismo y racionalismo.

El valor del sentido común, según Reid, radica en su capacidad para estructurar la vida práctica y la reflexión filosófica sobre bases sólidas y confiables. A diferencia del escepticismo cartesiano, que pone en duda la certeza de todo conocimiento, Reid sostiene que los principios básicos de percepción y conciencia son innegables y proporcionan un punto de partida seguro para el razonamiento. Así, la filosofía no se convierte en un ejercicio de abstracción deshumanizante, sino en un instrumento para comprender el mundo tal como lo experimentamos, respetando la interconexión entre mente, cuerpo y entorno físico.

Además, la obra de Reid propone una defensa de la objetividad frente a las distorsiones del pensamiento especulativo. La materia no es una entidad vacía de cualidades, ni la mente un recipiente de ideas desconectadas de la realidad tangible. Reconocer las propiedades de los cuerpos mediante los sentidos y admitir la conciencia de nuestras sensaciones permite un acercamiento más equilibrado y realista a la comprensión del mundo. Esta perspectiva refuerza la idea de que la filosofía debe atender a la experiencia directa y a los principios evidentes, evitando los excesos de la abstracción metafísica que desconectan al pensamiento de la vida cotidiana.

En el ámbito epistemológico, Reid introduce nociones que anticipan debates contemporáneos sobre percepción, cognición y fiabilidad de la experiencia humana. Su insistencia en la evidencia de los sentidos como fundamento del conocimiento desafía la idea de que toda certeza requiere demostración racional. De este modo, la filosofía del sentido común establece un marco en el que la mente puede interactuar con la realidad de manera efectiva, sin caer en el dogmatismo ni en el relativismo extremo. La obra de Reid se convierte, por tanto, en un puente entre la reflexión filosófica rigurosa y la comprensión práctica de la vida.

Reid también aborda las implicaciones éticas y sociales de su filosofía. Al defender la confianza en la percepción y en la conciencia, establece un criterio de juicio que orienta las decisiones humanas y las relaciones interpersonales. La certeza del mundo percibido y la intuición moral básica se convierten en guías confiables para la acción, evitando que la vida práctica dependa exclusivamente de abstracciones teóricas. Este enfoque evidencia la conexión entre filosofía y sentido común, mostrando que el pensamiento crítico no está reñido con la experiencia cotidiana y que la razón se fortalece al reconocer la validez de lo que experimentamos directamente.

Desde un punto de vista histórico, la influencia de Reid se proyecta más allá de la filosofía escocesa, influyendo en pensadores posteriores interesados en epistemología, psicología y filosofía moral. Su crítica al racionalismo extremo y su defensa del sentido común constituyen un antecedente importante para corrientes filosóficas que buscan reconciliar razón y experiencia. Además, su obra ofrece un marco conceptual que permite abordar problemas contemporáneos de percepción, conocimiento y conciencia sin renunciar a la evidencia directa y a la experiencia humana como guías fundamentales.

La relevancia contemporánea de la filosofía de Reid radica en su insistencia en que el conocimiento verdadero debe basarse en la interacción directa con el mundo y en la conciencia de nuestras propias experiencias. En un contexto moderno marcado por la sobreabundancia de información y teorías complejas, su enfoque recuerda que la percepción y la experiencia inmediata son fuentes confiables y esenciales de conocimiento. Al colocar los sentidos y la conciencia en el centro de la reflexión, Reid ofrece una alternativa sólida a filosofías que priorizan la abstracción y la especulación sobre la evidencia concreta.

Finalmente, la propuesta de Reid invita a reconsiderar la relación entre mente y cuerpo, razón y experiencia, pensamiento y acción. Al reconocer la validez de las percepciones sensoriales y de la conciencia como principios fundamentales, se establece un equilibrio que evita tanto la espiritualización excesiva de la materia como la materialización del espíritu. Este planteamiento reafirma la importancia del sentido común como base para la filosofía, la ética y la epistemología, ofreciendo un camino que integra conocimiento, experiencia y realidad tangible de manera coherente y profunda. ¿Podemos entonces concebir la filosofía sin el testimonio de nuestros sentidos? ¿Sería posible un conocimiento humano verdadero sin la guía del sentido común?


Referencias

Allison, H. E. (2011). The Scottish Enlightenment: Philosophy, science, and society in eighteenth-century Scotland. Edinburgh University Press.

Reid, T. (1764). An Inquiry into the Human Mind on the Principles of Common Sense. Edinburgh: Bell & Bradfute.

Behan, B. (1993). Thomas Reid and the theory of perception. London: Routledge.

Millar, J. (2004). Scottish Philosophy in the Eighteenth Century. Cambridge: Cambridge University Press.

Shoemaker, S. (2007). Self-Knowledge and Self-Identity: Reid and Modern Philosophy. Oxford University Press.


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