Entre los túmulos silenciosos de Jutlandia surgió una joven cuya historia desafía todo lo que creíamos saber sobre la Europa de la Edad del Bronce. Su ropa, su tumba y hasta su cabello revelan una red sorprendente de viajes, rituales y poder. ¿Quién era realmente esta adolescente enterrada con honores? ¿Qué papel desempeñó en un mundo más conectado de lo que imaginamos?


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La Chica de Egtved: Un Puente entre la Edad del Bronce y la Europa Antigua


En el verano de 1370 a. C., en las tierras de lo que hoy es Dinamarca, una joven de entre 16 y 18 años fue sepultada con honores en un túmulo funerario conocido como Storehøj, cerca de la aldea de Egtved. Este entierro, uno de los más emblemáticos de la Edad del Bronce nórdica, revela no solo las prácticas funerarias de una sociedad compleja, sino también las redes de intercambio y movilidad que caracterizaban la Europa prehistórica. La preservación excepcional de sus restos orgánicos ha permitido a los arqueólogos reconstruir aspectos de su vida cotidiana, su vestimenta y, más recientemente, sus posibles desplazamientos. La chica de Egtved se ha convertido en un ícono de la arqueología europea, ilustrando la interconexión entre regiones distantes en un período sin escritura ni estados centralizados.

El descubrimiento ocurrió en 1921, cuando un agricultor local, Peter Platz, removía un antiguo montículo para fertilizar su campo. Su pala golpeó un tronco de roble hueco que resultó ser un ataúd sellado, datado dendrocronológicamente en 1370 a. C. El ambiente ácido y anaeróbico del túmulo, combinado con las propiedades del roble, creó condiciones ideales para la conservación de materiales orgánicos. Al abrir el ataúd en el Museo Nacional de Dinamarca, los investigadores encontraron los restos de la joven tendida sobre una piel de vaca, cubierta por una manta de lana. Aunque sus huesos se disolvieron casi por completo, se preservaron su cabello rubio, dientes, uñas, fragmentos de piel y cerebro, así como su indumentaria completa.

La vestimenta de la chica de Egtved es uno de los ejemplos mejor conservados de la moda de la Edad del Bronce en el norte de Europa. Llevaba una blusa corta de lana con mangas hasta los codos, que dejaba el abdomen al descubierto, y una falda de cordones que llegaba apenas a medio muslo. Un cinturón ancho de lana, adornado con un gran disco de bronce decorado con espirales, ceñía su cintura; este elemento, junto con brazaletes de bronce en las muñecas, sugiere un estatus elevado o un rol ritual. Junto a su cabeza había una caja de corteza de abedul con un punzón de bronce, pines y una red para el cabello. A sus pies, un pequeño recipiente de corteza contenía residuos de una bebida fermentada a base de miel, trigo, arándanos y mirto de pantano, posiblemente una cerveza o hidromiel ceremonial.

Un detalle conmovedor del entierro es la presencia de los restos cremados de un niño de entre 5 y 6 años, envueltos en un paño y colocados a los pies de la joven. Algunos fragmentos óseos del mismo niño aparecieron en la caja junto a su cabeza. Aunque no se ha podido establecer una relación genética directa —debido a la ausencia de ADN viable en los restos—, este acompañamiento sugiere prácticas simbólicas complejas, quizá un lazo familiar o un ritual de protección en el más allá. La inclusión de una flor de milenrama (Achillea millefolium) en el ataúd confirma que el entierro tuvo lugar en verano, añadiendo un toque de temporalidad precisa a este momento congelado en el tiempo.

La indumentaria y los objetos de la chica de Egtved no solo informan sobre la tecnología textil y metalúrgica de la época, sino también sobre el simbolismo cultural. El disco de bronce con espirales evoca representaciones solares frecuentes en el arte de la Edad del Bronce nórdica, lo que ha llevado a algunos investigadores a interpretarla como una posible sacerdotisa o danzarina en cultos solares. Su falda de cordones, replicada en figurillas de bronce contemporáneas, representa un estilo extendido desde Escandinavia hasta Europa central. La lana utilizada en sus prendas provenía de ovejas criadas en entornos geológicos específicos, lo que abrió la puerta a análisis isotópicos que revolucionarían la comprensión de su biografía.

En 2015, un estudio liderado por Karin Margarita Frei aplicó análisis de isótopos de estroncio (87Sr/86Sr) al esmalte dental, cabello, uñas y tejidos de la joven. Los resultados indicaron que no nació en Jutlandia, sino probablemente en una región con firmas isotópicas más radiogénicas, como la Selva Negra en el suroeste de Alemania. El cabello, de 23 centímetros, permitió reconstruir sus movimientos en los últimos 23 meses de vida: alternó estancias prolongadas entre un área similar a su lugar de origen y Jutlandia, recorriendo distancias superiores a los 800 kilómetros en múltiples ocasiones. Esta movilidad extraordinaria para una adolescente sugiere matrimonios exogámicos, alianzas políticas o intercambios rituales entre élites de centros de poder como el sur de Alemania y el norte de Dinamarca.

Sin embargo, investigaciones posteriores han matizado esta interpretación. En 2019, Erik Thomsen y Rasmus Andreasen demostraron que las líneas base de estroncio utilizadas para Dinamarca estaban contaminadas por cal agrícola moderna, inflando artificialmente los valores locales. Al emplear muestras de fuentes no perturbadas, los valores coinciden con los de los restos de la joven, sugiriendo que pudo haber nacido y vivido toda su vida en un radio de pocos kilómetros alrededor de Egtved. Las variaciones detectadas en su cabello se explicarían entonces por movimientos estacionales locales, como la trashumancia entre valles fluviales y altiplanos para el pastoreo. Esta controversia resalta la necesidad de refinar las bases de datos isotópicas y combinarlas con evidencia arqueológica contextual.

Independientemente del alcance exacto de sus viajes, la chica de Egtved ilustra la conectividad de la Europa de la Edad del Bronce. El ámbar báltico llegaba al Mediterráneo, el estaño de Cornualles alimentaba fundiciones en los Alpes, y el bronce circulaba a través de rutas que unían el Atlántico con el Egeo. Las élites nórdicas acumulaban prestigio mediante objetos exóticos: espadas de tipo Apa-Hajdúsamson, cuentas de vidrio azul o cuentas de ámbar. Las mujeres, como sugiere este entierro y casos similares (Skrydstrup, Borum Eshøj), jugaban roles activos en estas redes, ya sea como esposas en matrimonios diplomáticos o como portadoras de conocimiento textil y ritual.

La presencia de lana con firmas isotópicas variadas en su atuendo refuerza la idea de intercambio textil a larga distancia. La producción de lana requería mano de obra especializada, y los patrones de tejido de la chica de Egtved muestran similitudes con regiones del sur de Europa. En una sociedad donde el metal era escaso y valioso, la capacidad de vestir prendas finas y adornos de bronce señalaba pertenencia a una élite capaz de controlar rutas comerciales. Su entierro en un ataúd de roble —un árbol venerado y costoso de trabajar— bajo un túmulo monumental, confirma este estatus privilegiado.

Más allá de su origen geográfico, la chica de Egtved encarna preguntas profundas sobre identidad y agencia en la prehistoria. ¿Era una princesa extranjera sellando una alianza matrimonial? ¿Una figura ritual que viajaba entre comunidades? ¿O una joven local cuya movilidad estacional reflejaba prácticas pastoriles? Los análisis isotópicos, aunque debatidos, han transformado nuestra visión de la Edad del Bronce, pasando de sociedades sedentarias a redes dinámicas donde individuos —especialmente mujeres de alto rango— cruzaban cientos de kilómetros.

Su preservación excepcional también ha permitido estudios sobre dieta y salud. Los residuos en su cabello indican períodos de estrés nutricional, posiblemente relacionados con viajes o cambios estacionales en la disponibilidad de proteínas. La bebida fermentada en su ataúd sugiere banquetes rituales o provisiones para el viaje al más allá, comunes en creencias de la época que veían la muerte como una continuación de la vida.

Hoy, la reconstrucción de su vestimenta se exhibe en el Museo Nacional de Dinamarca y en el pequeño museo local de Egtved, donde visitantes pueden apreciar la sofisticación de una civilización que dominaba la metalurgia, el textil y la navegación fluvial y marítima. Su imagen —una adolescente esbelta, de cabello rubio recogido y mirada perdida en el tiempo— humaniza la prehistoria y desafía estereotipos sobre sociedades “primitivas”.

La chica de Egtved trasciende su tumba para recordarnos que la Europa antigua era un mosaico de culturas interconectadas. Su historia combina rigor científico con misterio poético, invitándonos a reflexionar sobre movilidad, género y poder en un mundo sin fronteras modernas. Tres mil quinientos años después de su entierro estival, sigue siendo un puente vivo entre el pasado perdido y nuestro presente, demostrando que incluso una adolescente anónima puede iluminar épocas enteras.

El entierro de la chica de Egtved no es solo un hallazgo arqueológico excepcional, sino una ventana privilegiada a la complejidad social de la Edad del Bronce nórdica. Su preservación única, los debates sobre su movilidad y el contexto de amplias redes comerciales subrayan que las sociedades de hace 3400 años eran dinámicas y cosmopolitas. Lejos de aisladas, las comunidades europeas mantenían contactos intensos que involucraban bienes, ideas y personas.

La joven de Egtved, con su atuendo simbólico y su acompañante infantil, encarna tanto la sofisticación técnica como los rituales profundos de su tiempo. Su legado perdura como testimonio de que la historia humana siempre ha sido una historia de movimiento y conexión.


“Publicado por Roberto Pereira, editor general de Revista Literaria El Candelabro.”


Referencias

Frei, K. M., Mannering, U., Kristiansen, K., Allentoft, M. E., Wilson, A. S., Skals, I., Tridico, S., Nosch, M. L., Willerslev, E., Clarke, L., & Frei, R. (2015). Tracing the dynamic life story of a Bronze Age female. Scientific Reports, 5, Article 10431. https://doi.org/10.1038/srep10431

Thomsen, E., & Andreasen, R. (2019). Agricultural lime disturbs natural strontium isotope variations: Implications for provenance and migration studies. Science Advances, 5(3), eaav8083. https://doi.org/10.1126/sciadv.aav8083

Bergerbrant, S. (2019). Revisiting the ‘Egtved Girl’. European Journal of Archaeology, 22(3), 337-357. https://doi.org/10.1017/eaa.2019.11

Kristiansen, K., & Larsson, T. B. (2005). The rise of Bronze Age society: Travels, transmissions and transformations. Cambridge University Press.

National Museum of Denmark. (n.d.). The Egtved Girl. Retrieved from https://en.natmus.dk/historical-knowledge/denmark/prehistoric-period-until-1050-ad/the-bronze-age/the-egtved-girl/


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