Entre los grandes hitos que han transformado la medicina moderna, pocos igualan la hazaña de Dorothy Hodgkin, la científica que descifró estructuras imposibles mientras luchaba contra un dolor que habría detenido a cualquiera. ¿Cómo logró revelar los secretos de moléculas que cambiaron la historia? ¿Qué fuerza interior impulsa a alguien a desafiar así los límites del conocimiento?


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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR

Dorothy Hodgkin: La científica que descifró la estructura de la insulina con manos deformadas por la artritis


La historia de la ciencia está llena de nombres que cambiaron el curso de la medicina moderna. Entre ellos destaca Dorothy Crowfoot Hodgkin, la cristalógrafa británica que dedicó 35 años de su vida a resolver uno de los mayores desafíos estructurales del siglo XX: determinar la estructura tridimensional de la insulina.

Su trabajo no solo permitió la producción sintética de esta hormona vital, sino que transformó la diabetes de una enfermedad mortal en una condición crónica manejable para millones de personas en todo el mundo.

Dorothy Hodgkin nació en El Cairo en 1910, en el seno de una familia británica con fuertes vínculos académicos. Desde muy joven mostró una extraordinaria aptitud para la química y las matemáticas, campos dominados casi exclusivamente por hombres en aquella época.

A los 18 años ingresó en la Universidad de Oxford, donde se convirtió en una de las pocas mujeres que estudiaban ciencias exactas. Su interés por la cristalografía de rayos X surgió durante su doctorado en Cambridge bajo la tutela de J.D. Bernal, pionero en el uso de esta técnica para estudiar moléculas biológicas complejas.

La cristalografía de rayos X, la especialidad que marcó toda su carrera, es un método indirecto de visualización molecular. Los átomos no pueden observarse directamente con luz visible, pero cuando un haz de rayos X atraviesa un cristal ordenado, los electrones de los átomos difractan la radiación produciendo un patrón característico de manchas en una placa fotográfica.

A partir de ese patrón de difracción, el cristalógrafos como Hodgkin debían calcular matemáticamente la disposición tridimensional de miles de átomos. En los años 30 y 40, este proceso se realizaba completamente a mano, con reglas de cálculo y enormes hojas de papel.

En 1934, con apenas 24 años, Dorothy Hodgkin recibió el diagnóstico que cambiaría su vida: artritis reumatoide severa. La enfermedad inflamatoria comenzó a deformar progresivamente sus manos y pies, causando dolor constante e intenso.

Muchos médicos le recomendaron abandonar la investigación científica, considerando que el trabajo de laboratorio sería imposible con manos tan afectadas. Sin embargo, Hodgkin se negó a rendirse. Adaptó sus instrumentos, diseñó soportes especiales y aprendió a trabajar con los dedos torcidos y rígidos que la enfermedad le había dejado.

Su primera gran contribución llegó durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945, Hodgkin y su equipo en Oxford lograron determinar la estructura de la penicilina, el primer antibiótico. Antes de su trabajo, la penicilina solo podía obtenerse en pequeñas cantidades de cultivos de moho.

Al revelar su estructura molecular exacta (un anillo beta-lactámico nunca antes observado en la naturaleza), permitió a los químicos sintetizarla a gran escala. Este descubrimiento salvó millones de vidas durante y después de la guerra, especialmente entre los soldados heridos que antes morían por infecciones banales.

Tras la penicilina, Hodgkin se enfrentó a un desafío aún mayor: la vitamina B12. Esta molécula, esencial para prevenir la anemia perniciosa, contiene un átomo de cobalto en su centro y más de 180 átomos en total.

Resolver su estructura requirió ocho años de cálculos intensivos y el uso de una de las primeras computadoras electrónicas disponibles en Reino Unido. En 1956, Hodgkin publicó la estructura completa de la vitamina B12, un logro considerado entonces el más complejo jamás alcanzado en cristalografía biológica.

El trabajo con la vitamina B12 sirvió como preparación para su mayor desafío: la insulina. Esta hormona, descubierta en 1921 por Banting y Best, era conocida por regular el azúcar en sangre, pero su estructura molecular seguía siendo un misterio.

La insulina presentaba dificultades únicas: sus cristales eran pequeños y frágiles, producían patrones de difracción débiles y la molécula contenía más de 800 átomos distribuidos en dos cadenas polipeptídicas unidas por puentes disulfuro.

Hodgkin comenzó a trabajar en la insulina en 1934, el mismo año de su diagnóstico de artritis. Durante las siguientes tres décadas y media, mientras su enfermedad progresaba implacablemente, ella mantuvo un esfuerzo constante y metódico.

En los años 50 y 60, sus manos estaban tan deformadas que apenas podía sostener un lápiz, pero continuó dirigiendo su laboratorio y realizando cálculos con la ayuda de asistentes y las primeras computadoras.

El avance decisivo llegó en 1969. Tras analizar más de 70.000 reflexiones de rayos X y realizar millones de cálculos, Hodgkin y su equipo completaron el mapa electrónico de densidad de la insulina.

Por primera vez en la historia, los científicos podían ver exactamente cómo se plegaba esta proteína crucial, cómo se unían sus dos cadenas y dónde se localizaban los puentes disulfuro que le daban estabilidad.

La publicación de la estructura de la insulina en 1969 marcó un hito en la bioquímica estructural. Inmediatamente, laboratorios de todo el mundo comenzaron a usar esta información para diseñar análogos de insulina más estables y de acción prolongada.

Empresas farmacéuticas desarrollaron métodos de producción recombinante, insertando el gen humano de la insulina en bacterias que la producían en grandes cantidades. Este avance transformó completamente el tratamiento de la diabetes.

En 1964, cinco años antes de completar la insulina, Dorothy Hodgkin recibió el Premio Nobel de Química, convirtiéndose en la única mujer británica en lograr esta distinción y la tercera mujer en toda la historia en recibir el Nobel de Química.

El comité destacó especialmente su determinación para resolver estructuras moleculares complejas mediante cristalografía de rayos X. En su discurso de aceptación, Hodgkin habló con humildad sobre el trabajo colectivo de su laboratorio y la importancia de la curiosidad científica básica.

La vida de Dorothy Hodgkin ofrece múltiples lecciones que trascienden la ciencia. Demostró que la perseverancia puede vencer las barreras más formidables, tanto las impuestas por la naturaleza (su enfermedad incapacitante) como las creadas por la sociedad (el prejuicio contra las mujeres en la ciencia).

Su carrera también ilustra el largo camino que a veces requiere el conocimiento fundamental antes de traducirse en aplicaciones prácticas: trabajó 35 años en la insulina antes de ver su impacto completo en la medicina.

Hoy, más de 50 años después de su estructura de la insulina, los pacientes diabéticos de todo el mundo se benefician diariamente de su trabajo. Las insulinas recombinantes humanas, las análogas de acción rápida, las bombas de insulina y los sistemas de monitoreo continuo deben su existencia, en última instancia, a aquellos cálculos realizados con manos deformadas en un laboratorio de Oxford.

Dorothy Hodgkin falleció en 1994 a los 84 años, dejando un legado que combina excelencia científica con extraordinaria fortaleza humana. Su historia recuerda que los avances más profundos en la medicina a menudo provienen no de momentos de inspiración súbita, sino de décadas de trabajo paciente y determinado frente a la adversidad.

La cristalografía de rayos X que ella ayudó a perfeccionar sigue siendo una herramienta fundamental en el descubrimiento de fármacos, y su enfoque metódico continúa inspirando a nuevas generaciones de científicos que enfrentan problemas aparentemente insolubles.


Referencias

Brändén, C.-I., & Jones, T. A. (1990). Dorothy Crowfoot Hodgkin. Biographical Memoirs of Fellows of the Royal Society, 36, 147–165.

Dodson, G., Glusker, J. P., & Sayre, D. (Eds.). (1981). Structural studies on molecules of biological interest: A volume in honour of Professor Dorothy Hodgkin. Clarendon Press.

Ferry, G. (1998). Dorothy Hodgkin: A life. Granta Books.

Hodgkin, D. M. (1981). Dorothy Crowfoot Hodgkin. In The chemistry of penicillin (pp. 1–18). Princeton University Press.

The Nobel Foundation. (1964). Dorothy Crowfoot Hodgkin – Biographical. NobelPrize.org.


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