Entre los ecos de la Revolución Francesa y las sombras del colonialismo, surge la figura de Thomas-Alexandre Dumas, el primer general negro de Francia, un hombre que desafió su tiempo y venció prejuicios con espada y honor. Su historia, borrada por siglos de racismo, inspiró a su hijo a escribir héroes inmortales. ¿Cómo logró un hijo de esclava comandar ejércitos de la República? ¿Por qué su nombre fue silenciado en la memoria de Francia?


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El Primer Dumas: La Fascinante Historia del Primer General Negro Francés y Padre del Célebre Escritor


Thomas-Alexandre Dumas, conocido como el primer general negro francés, representa una figura emblemática de la Revolución Francesa, un periodo de turbulencias donde la igualdad se proclamaba como ideal supremo. Nacido en las sombras de la esclavitud colonial, su trayectoria ascendente desde soldado raso hasta comandante de ejércitos ilustra los límites y posibilidades de la meritocracia revolucionaria. Su vida, marcada por hazañas militares y traiciones políticas, no solo forjó su propio legado, sino que inspiró las novelas de su hijo, Alexandre Dumas, el autor de Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo. La historia de Thomas-Alexandre Dumas, a menudo eclipsada por el racismo posrevolucionario, revela las contradicciones de una Francia que soñaba con libertad pero luchaba contra sus prejuicios raciales. Explorar su biografía permite entender cómo un hombre de origen africano desafió las jerarquías sociales del siglo XVIII, convirtiéndose en símbolo de resistencia y excelencia.

En el corazón de Saint-Domingue, la próspera colonia francesa en el Caribe —hoy Haití—, nació Thomas-Alexandre Dumas el 25 de marzo de 1762. Hijo ilegítimo del marqués Alexandre-Antoine Davy de la Pailleterie, un noble emigrado en busca de fortuna, y de Marie-Cessette Dumas, una esclava de probable origen africano, su infancia transcurrió entre el lujo efímero de la plantación familiar y la dura realidad de la servidumbre. El marqués reconoció inicialmente a sus cuatro hijos mulatos, otorgándoles educación básica y un estatus ambiguo: libres en teoría, pero atados a la herencia colonial. Sin embargo, en 1776, a los 14 años, Thomas-Alexandre fue vendido como esclavo por su padre para saldar deudas, un acto que lo separó brutalmente de su madre y hermanos. Este episodio traumático, narrado en crónicas familiares, subraya las hipocresías del sistema esclavista francés, donde la sangre noble se mezclaba con la explotación racial. Liberado años después, su viaje a Francia en 1780 marcó el inicio de una transformación radical, impulsada por un espíritu indomable que lo llevaría a las alturas del poder militar.

La llegada de Thomas-Alexandre Dumas a la metrópoli francesa, en plena efervescencia pre-revolucionaria, lo expuso a un mundo de contrastes. Alto, imponente —medía casi dos metros— y dotado de una fuerza física legendaria, pronto se integró en la sociedad parisina, trabajando como maestro de esgrima y espadachín. En 1786, a los 24 años, se alistó como soldado raso en el regimiento de Dragones de la Reina, motivado por la necesidad económica y el deseo de independencia. Adoptó el apellido “Dumas”, heredado de su madre, como acto de afirmación identitaria, rechazando el linaje paterno que lo había traicionado. Su ascenso inicial fue meteórico: en menos de un año, pasó a suboficial gracias a su valentía en maniobras y duelos. La biografía del primer general negro francés destaca cómo, en un ejército dominado por la aristocracia, su carisma y habilidades lo convirtieron en un outsider admirado. Estos primeros pasos sentaron las bases para su rol pivotal en la Revolución, donde el talento individual suplió la ausencia de cuna noble.

La Revolución Francesa de 1789 irrumpió como un torbellino que barrió las antiguas estructuras sociales, y Thomas-Alexandre Dumas emergió como beneficiario directo de sus principios igualitarios. En 1792, con la declaración de la República, fue promovido a capitán de la Guardia Nacional de Bretaña, liderando tropas en la defensa contra invasores extranjeros. Su lealtad a la causa jacobina lo llevó a reprimir revueltas realistas en el Vendée, donde su ferocidad en combate le valió el apodo de “Hércules de la Libertad”. Para 1793, ascendió a general de brigada, el primer hombre de ascendencia africana en alcanzar tal rango en Europa. Este hito en la historia de Thomas-Alexandre Dumas simboliza el ideal meritocrático de la Convención, que ignoraba razas en favor del servicio a la nación. Sin embargo, el racismo latente se filtraba en murmullos: colegas lo tildaban de “negro” con sorna, aunque su expediente militar registraba solo proezas. Su liderazgo en los Alpes, capturando posiciones clave contra los austríacos, consolidó su reputación como estratega audaz.

Entre 1793 y 1794, las campañas en los Pirineos y los Alpes probaron la tenacidad de Thomas-Alexandre Dumas como general de división, el grado más alto alcanzado por un oficial negro en la historia francesa hasta entonces. Comandando divisiones enteras, orquestó victorias decisivas en el Paso de Roncevaux, evocando leyendas artúricas con su espada al frente. A los 31 años, dirigía 53.000 soldados, un contingente masivo que reflejaba la confianza absoluta de la República en su capacidad. Sus tácticas, combinando movilidad de caballería con infantería disciplinada, frustraron avances coaligados y le ganaron la admiración de figuras como el joven Napoleón Bonaparte. No obstante, el contexto racial complicaba su gloria: prisioneros austriacos lo apodaron “Diablo Negro”, un título que mezclaba terror y respeto. La fascinante historia del primer general negro francés en la Revolución ilustra cómo Dumas encarnaba la paradoja republicana: héroe por sus acciones, marginado por su piel. Estas batallas no solo aseguraron fronteras, sino que forjaron un mito personal que trascendería su época.

La expedición italiana de 1796-1797 elevó a Thomas-Alexandre Dumas a la cima de su carrera, pero también sembró las semillas de su caída. Bajo el mando de Bonaparte, su división jugó un rol crucial en la liberación de Milán y la persecución de los austro-sardos, culminando en la rendición de Mantua. Dumas, promovido a general de caballería, capturó al duque de Modena y negoció tratados, demostrando astucia diplomática. Sin embargo, tensiones con Napoleón surgieron pronto: el corso, celoso de su popularidad, lo relegó a misiones secundarias. En Civitavecchia, Dumas fue arrestado bajo acusaciones fabricadas de conspiración realista, un complot orquestado por espías bonapartistas. Pasó dos años en cautiverio napolitano, sufriendo torturas y enfermedades que minaron su salud. Esta traición, detallada en memorias contemporáneas, expone las maquinaciones del poder emergente. La biografía de Thomas-Alexandre Dumas revela aquí el costo de la ambición ajena: un general invicto reducido a prisionero por envidias raciales y políticas.

Liberado en 1800 gracias a intervenciones diplomáticas, Thomas-Alexandre Dumas regresó a Francia debilitado, pero su espíritu permaneció inquebrantable. Participó brevemente en la campaña de Egipto como comandante de caballería, enfrentando escaramuzas en el desierto que evocaban sus raíces caribeñas. Crítico de la esclavitud restaurada por Napoleón en 1802 —medida que contradecía los ideales revolucionarios—, se retiró del servicio activo, viviendo de una pensión modesta en Villers-Cotterêts. Allí, en 1802, nació su hijo Alexandre, fruto de su matrimonio con Marie-Louise Labouret, una posadera local. La relación paterna, aunque truncada por la muerte prematura de Dumas en 1806 a los 43 años —víctima de un cáncer de estómago agravado por sus padecimientos—, dejó un legado indeleble. El joven Alexandre, educado en relatos de glorias paternas, canalizó esa herencia en sus narrativas de venganza y redención. La conexión entre el primer general negro francés y su hijo escritor subraya cómo la historia personal se transmuta en literatura universal.

La vida familiar de Thomas-Alexandre Dumas, lejos de los campos de batalla, desvela un hombre complejo: esposo devoto, padre ausente por necesidad y crítico silenciado de la tiranía napoleónica. Casado en 1796 con Marie-Louise, cuya estabilidad contrastaba con sus campañas nómadas, formó un hogar modesto donde la igualdad racial no era tema, sino realidad cotidiana. Su correspondencia, preservada en archivos, revela preocupaciones por la educación de sus hijos y la manumisión de parientes esclavizados en Saint-Domingue. Tras su retiro, abogó discretamente por la abolición, alineándose con ideales girondinos que Napoleón aplastó. Su muerte, en pobreza relativa pese a honores pasados, simboliza el olvido selectivo de la Francia imperial: estatuas y pensiones se negaron a su memoria, borrando al “Diablo Negro” de los anales oficiales. Esta marginación, analizada en estudios sobre racismo posrevolucionario, contrasta con su vitalidad en la tradición oral haitiana y africana.

El legado de Thomas-Alexandre Dumas trasciende su época, influyendo en la cultura y la historiografía contemporáneas. Como padre del célebre escritor Alexandre Dumas, cuyas obras vendieron millones y popularizaron el género de aventuras, su figura se filtra en personajes como el conde de Montecristo —inspirado en su encarcelamiento— o D’Artagnan, eco de su esgrima legendaria. En Georges, novela semiautobiográfica, el hijo retrata tensiones raciales heredadas, honrando implícitamente al progenitor. Más allá de la literatura, Dumas encarna el potencial abolicionista de la Revolución: su ascenso validó la Declaración de los Derechos del Hombre para no blancos, influyendo en líderes como Toussaint Louverture en Haití. Hoy, movimientos por la reparación histórica reivindican su estatua en el Panteón francés, propuesta en 2009 pero aún pendiente. La historia de Thomas-Alexandre Dumas, el primer general negro francés, invita a reflexionar sobre legados silenciados en narrativas nacionales.

En última instancia, la trayectoria de Thomas-Alexandre Dumas encapsula las promesas incumplidas de la Ilustración: igualdad proclamada, pero racialmente condicional. Desde su nacimiento en la opresión colonial hasta su muerte en el anonimato imperial, su vida desafió binarios de raza y clase, demostrando que el mérito podía conquistar fortalezas. Su influencia en el canon literario francés, a través del genio de su hijo, asegura inmortalidad: las espadas de mosqueteros resuenan con ecos de batallas alpinas, y las venganzas ficticias curan heridas reales. Reivindicar al primer general negro francés no es solo acto de justicia histórica, sino reescritura de la Revolución como epopeya inclusiva.

En un mundo aún marcado por desigualdades, la fascinante historia de Thomas-Alexandre Dumas —padre, guerrero, símbolo— urge a honrar a los olvidados, recordándonos que la verdadera gloria reside en la resistencia colectiva contra la injusticia.


Referencia

BlackPast.org. (2007). Thomas-Alexandre Dumas (1762–1806). BlackPast.org.

Britannica Editors. (2025). Thomas-Alexandre Dumas. Encyclopædia Britannica.

Reiss, T. (2012). The black count: Glory, revolution, betrayal, and the real Count of Monte Cristo. Crown Publishers.

Rubio, S., & Del Rincón, R. (2025). El primer Dumas: De esclavo a general. Norma Editorial.

Wikipedia Contributors. (2025). Thomas-Alexandre Dumas. Wikipedia, la enciclopedia libre.


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