Entre los destellos del modernismo catalán surge la figura de Ramón Casas, un artista capaz de transformar la vida cotidiana en una declaración estética y social. Su obra, vibrante y precisa, capturó una época en plena metamorfosis cultural. ¿Qué secretos revelan sus lienzos sobre la Barcelona que lo vio crecer? ¿Y qué mirada única lo convirtió en un maestro irrepetible?
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Ramón Casas: Vida y Obra de un Maestro del Modernismo Catalán
Ramón Casas i Carbó, nacido el 4 de enero de 1866 en Barcelona, emergió como una de las figuras más influyentes en la pintura española de finales del siglo XIX y principios del XX. Proveniente de una familia acomodada —su padre había acumulado fortuna en Cuba y su madre pertenecía a la burguesía catalana—, Casas disfrutó desde temprana edad de recursos que le permitieron dedicarse plenamente al arte. Este pintor modernista catalán, conocido por sus retratos precisos y sus escenas de la vida cotidiana, capturó la esencia de una época en transición, fusionando influencias académicas con toques impresionistas. Su trayectoria refleja no solo el talento individual, sino también el vibrante renacer cultural de Cataluña, donde el modernismo catalán encontró en él a uno de sus máximos exponentes.
Desde niño, Ramón Casas mostró una inclinación irresistible hacia el dibujo y la pintura. A los once años, en 1877, abandonó los estudios formales para ingresar en el taller del pintor Joan Vicens Cots en Barcelona. Esta decisión marcó el inicio de una formación autodidacta y apasionada. Cuatro años después, en 1881, cofundó la revista L’Avenç, publicación clave en la defensa del catalanismo y la modernidad, donde contribuyó con ilustraciones. Ese mismo año, con apenas quince años, viajó por primera vez a París acompañado de su primo Miquel Carbó. En la capital francesa, estudió en las academias de Carolus-Duran y Henri Gervex, absorbiendo las corrientes realistas e impresionistas que dominaban la escena artística europea.
La estancia parisina de Casas se prolongó de manera intermitente entre 1881 y 1886, alternando con períodos en Barcelona, Madrid y Granada. En 1882 expuso por primera vez en la Sala Parés de Barcelona, un espacio emblemático para los artistas catalanes. Al año siguiente, su Autorretrato vestido de flamenco (1883), presentado en el Salón de los Campos Elíseos de París, le valió el reconocimiento como miembro de la Société d’artistes françaises. Esta obra temprana ya revelaba su maestría en el retrato, género que lo consagraría. Durante estos años, Casas superó una grave tuberculosis en 1886, experiencia que lo obligó a convalecer en Barcelona y que influyó en su percepción de la fragilidad humana, visible en futuras composiciones.
En la década de 1890, Ramón Casas consolidó su estilo y sus alianzas artísticas. Conoció a Santiago Rusiñol, con quien forjaría una amistad duradera y colaboraciones fructíferas. Juntos viajaron por Cataluña en 1889, dando lugar al libro Por Cataluña (desde mi carro), con textos de Rusiñol e ilustraciones de Casas. Ese mismo año regresaron a París, instalándose en el Moulin de la Galette en Montmartre junto a Miquel Utrillo y Ramon Canudas. Desde allí, Casas envió crónicas ilustradas a La Vanguardia, capturando la bohemia parisina. Obras como Plein air (1890-1891) o Interior al aire libre reflejan esta etapa, donde su pincelada se volvió más suelta, influida por el impresionismo francés, aunque siempre anclada en un realismo observador.
El retorno definitivo a Barcelona marcó el compromiso de Casas con el modernismo catalán. En 1890 expuso junto a Rusiñol y el escultor Enric Clarasó en la Sala Parés, presentando piezas que transitaban entre el academicismo y la modernidad. Sus exposiciones se multiplicaron: Berlín en 1891 y 1896, Madrid en 1892 y 1894, y la Exposición Mundial de Chicago en 1893. Estas muestras internacionales consolidaron su reputación como pintor modernista catalán, capaz de retratar multitudes con precisión, como en sus escenas de corridas de toros iniciadas en 1886. Casas no solo pintaba; ilustraba la transformación social de una Cataluña industrial y culturalmente efervescente.
Uno de los hitos en la biografía de Ramón Casas fue la fundación de Els Quatre Gats en 1897. Financiado principalmente por él, este café en la Casa Martí —diseñada por Josep Puig i Cadafalch— se inspiró en Le Chat Noir parisino y reunió a Pere Romeu, Rusiñol y Utrillo. Durante seis años, Els Quatre Gats fue el epicentro de las tertulias intelectuales, exposiciones y sombras de marionetas. Allí se exhibió el icónico Ramon Casas y Pere Romeu en un tándem (1897), símbolo humorístico de la modernidad mecánica, y se organizó una de las primeras exposiciones individuales de Pablo Picasso. Casas contribuyó además a la revista del local y a publicaciones como Pel & Ploma y Forma, donde su diseño gráfico brilló.
Como diseñador, Ramón Casas revolucionó el cartelismo modernista. Sus anuncios para Anís del Mono, Codorníu o marcas de cava incorporaron el art nouveau con líneas sinuosas y colores vibrantes, definiendo la imagen publicitaria de la época. En 1899 realizó su primera exposición individual en la Sala Parés, patrocinada por Pel & Ploma, que incluyó óleos y dibujos al carbón de la élite barcelonesa. Para la Exposición Universal de París de 1900, seleccionaron sus retratos de Erik Satie (1891) y de su hermana Elisa. Obras como El garrote vil (1894), premiada en Múnich en 1901, denunciaban la brutalidad social con un dramatismo impactante.
La madurez artística de Casas llegó en el cambio de siglo. En 1903 se convirtió en societaire del Salon du Champ de Mars en París, exponiendo La carga (1902), que retrataba la represión policial en Barcelona y ganó el primer premio en Madrid en 1904. Doce de sus lienzos se instalaron permanentemente en el Círculo del Liceo barcelonés en 1902. Su retrato ecuestre de Alfonso XIII, pintado en 1904, fue adquirido por el coleccionista estadounidense Charles Deering, con quien Casas mantendría una estrecha relación. Viajes a Cuba y Estados Unidos en 1908 le permitieron retratar a la alta sociedad americana, donando posteriormente cientos de dibujos al museo de Barcelona.
En lo personal, la vida de Ramón Casas estuvo marcada por su relación con Júlia Peraire, una joven vendedora de lotería que conoció en 1906 y a quien pintó repetidamente, como en Júlia (1915). A pesar de la diferencia de edad y la oposición familiar, se casaron en 1922. Casas heredó en 1917 el monasterio de Sant Benet de Bages, restaurado por Puig i Cadafalch, y adquirió propiedades como una torre en Sant Gervasi. Sus viajes continuaron: Tamarit en 1916 con Deering, Europa antes de la Primera Guerra Mundial, y Estados Unidos en 1924. Exposiciones conjuntas con Rusiñol y Clarasó se repitieron hasta 1931.
El estilo de Ramón Casas evolucionó desde un realismo académico hacia un modernismo catalán luminoso y dinámico. Sus retratos de la burguesía —intelectuales, políticos y artistas— capturan la psicología con pinceladas precisas y atmósferas sugerentes. Escenas sociales como Corpus de Sangre (1898) o multitudes en plazas reflejan su interés por lo colectivo. Aunque en los años 1920 su obra se volvió más conservadora, alejada de las vanguardias, mantuvo la elegancia en paisajes y carteles antituberculosos.
Ramón Casas falleció el 29 de febrero de 1932 en Barcelona, víctima de una tuberculosis recurrente, a los 66 años. Su legado como pintor del modernismo catalán es incalculable: impulsor cultural a través de Els Quatre Gats, innovador en el retrato y el diseño gráfico, y cronista visual de una era. Sus obras, conservadas en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y otros museos, ilustran la transición hacia la modernidad en España. Casas no solo pintó la sociedad; la definió, dejando un patrimonio que sigue inspirando estudios sobre el modernismo catalán y la pintura española del siglo XX.
Su contribución trasciende lo estético, encarnando el espíritu renovador de Cataluña en un período de profunda transformación cultural y social.
Referencias
Doñate, M. (2001). Ramón Casas: El pintor del modernisme. Museu Nacional d’Art de Catalunya.
Fontbona, F. (1997). Ramón Casas i Carbó. Editorial Labor.
Mendoza, C. (2003). Ramon Casas: Retrats al carbó. Museu Nacional d’Art de Catalunya.
Socías, J. (1982). Modernismo en Cataluña: Pintura. Ediciones Destino.
VV.AA. (2016). Ramon Casas: La modernidad anhelada. Fundación MAPFRE.
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Resulta fascinante cómo la figura de Ramón Casas sigue revelando nuevas capas cada vez que se revisita su trayectoria. La lectura de este artículo pone de relieve no solo la evolución técnica del artista, sino también su capacidad para convertirse en un auténtico cronista visual de la modernidad catalana. Casas logró algo que muy pocos pintores de su tiempo alcanzaron: retratar simultáneamente a la sociedad que tenía delante y el espíritu cambiante de una época que avanzaba a gran velocidad.
Su vínculo con París, la complicidad creativa con Rusiñol, la revolución gráfica de sus carteles o su mirada íntima en los retratos son elementos que muestran a un creador plenamente consciente del poder narrativo del arte. Es admirable cómo su obra transita entre lo cotidiano y lo simbólico, entre la elegancia burguesa y la crítica social, siempre con una sensibilidad que lo hace inconfundible.
También impresiona su papel como dinamizador cultural: sin la existencia de Els Quatre Gats o su labor editorial e ilustrativa, el modernismo catalán habría tenido un recorrido distinto. La mezcla de talento, inquietud intelectual y espíritu emprendedor lo convierten en una figura esencial no solo de Cataluña, sino del arte español y europeo de transición al siglo XX.
Un artículo excelente que sintetiza la amplitud de su legado y recuerda por qué Ramón Casas sigue siendo un referente imprescindible para comprender el modernismo y la identidad artística de Barcelona.