Entre los pasillos silenciosos de hospitales y hogares, un riesgo invisible acecha a millones de adultos mayores: medicamentos comunes que, usados sin control, pueden elevar de forma dramática la probabilidad de un accidente cerebrovascular. No se trata de alarmar, sino de revelar un peligro cotidiano que pasa inadvertido. ¿Cuánto sabemos realmente sobre estos fármacos? ¿Estamos usando estos medicamentos de manera segura?
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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR
Medicamentos Comunes y el Riesgo de Accidente Cerebrovascular en Adultos Mayores
El accidente cerebrovascular (ACV) constituye una de las principales causas de discapacidad y mortalidad en el mundo, afectando de manera significativa la calidad de vida de los adultos mayores. Se reconoce ampliamente que la hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado y ciertos hábitos de vida influyen en su aparición. No obstante, un factor que recibe menos atención es el uso inadecuado de medicamentos comunes. Algunos fármacos, aunque esenciales para tratar diversas enfermedades, pueden alterar la presión arterial, la coagulación sanguínea y la integridad de los vasos cerebrales, elevando considerablemente el riesgo de ACV.
Este ensayo aborda cuatro grupos de medicamentos de uso frecuente que, cuando se emplean incorrectamente o de manera prolongada, pueden triplicar el riesgo de derrames cerebrales en personas mayores de 60 años. Se explicarán sus mecanismos de acción, efectos adversos, alternativas más seguras y estrategias preventivas. La intención no es alarmar, sino ofrecer información fundamentada para un uso consciente y responsable, fomentando la prevención y la toma de decisiones informadas en salud.
AINEs: analgesia común con riesgos cardiovasculares
Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), tales como ibuprofeno, diclofenaco y naproxeno, son fármacos de primera línea para tratar dolor e inflamación. Su efectividad es ampliamente reconocida, y su acceso en farmacias los hace especialmente comunes. Sin embargo, el uso crónico y en dosis elevadas puede generar efectos adversos graves. La inhibición de las prostaglandinas, su mecanismo principal, disminuye la inflamación pero también afecta la vasodilatación y la función renal, provocando retención de líquidos y aumento de la presión arterial. Estos efectos combinados contribuyen al riesgo de ACV.
Estudios clínicos han evidenciado que los AINEs incrementan el riesgo de hipertensión resistente, daño endotelial y eventos trombóticos. Su uso indiscriminado es particularmente peligroso cuando se combinan con otros medicamentos que afectan el sistema cardiovascular, como diuréticos o anticoagulantes. En adultos mayores, estos riesgos se acentúan, ya que el envejecimiento vascular y la presencia de comorbilidades potencian los efectos adversos. Por ello, es fundamental emplearlos de manera controlada, con dosis intermitentes y bajo supervisión médica. Alternativas naturales como la cúrcuma combinada con pimienta negra han demostrado propiedades antiinflamatorias que pueden complementar el tratamiento sin los riesgos asociados a los AINEs.
Mecanismos fisiológicos de riesgo
El uso prolongado de AINEs genera inflamación crónica de las arterias y retención de sodio y agua, factores que elevan la presión arterial sistémica. Esta hipertensión sostenida aumenta la presión sobre las arterias cerebrales, favoreciendo la ruptura de vasos en casos de ACV hemorrágico o la formación de coágulos en el ACV isquémico. Además, la disfunción renal que puede provocarse con el uso crónico de AINEs contribuye a desequilibrios electrolíticos y al estrés vascular, incrementando el riesgo cerebrovascular de manera significativa.
Anticolinérgicos: riesgo cognitivo y vascular oculto
Los fármacos anticolinérgicos, como oxibutinina y tolterodina, se prescriben frecuentemente para tratar la incontinencia urinaria en adultos mayores. Actúan inhibiendo la acetilcolina, neurotransmisor clave para la contracción de la vejiga. Sin embargo, la acetilcolina también es fundamental para la memoria y la función cognitiva. En personas mayores, la reducción de acetilcolina cerebral puede provocar desorientación, mareos y deterioro cognitivo, aumentando indirectamente el riesgo de ACV debido a caídas, hipotensión y descompensaciones cardiovasculares.
El riesgo de ACV no proviene directamente del fármaco, sino de las complicaciones asociadas a su uso prolongado. La combinación de mareos, hipotensión ortostática y disminución de la función cognitiva puede facilitar episodios de descompensación vascular o trauma craneal. Las estrategias preventivas incluyen identificar la causa subyacente de la incontinencia, reducir el consumo de cafeína y gaseosas, fortalecer el suelo pélvico mediante ejercicios de Kegel y utilizar alternativas no farmacológicas siempre que sea posible. La educación del paciente y del cuidador es clave para minimizar riesgos.
Impacto en la salud cerebral
Los anticolinérgicos ejercen un efecto sistémico que puede acelerar el deterioro neuronal. La inhibición de la acetilcolina altera la señalización cerebral, afectando la memoria a corto plazo y la atención. Este déficit cognitivo incrementa la vulnerabilidad a accidentes, caídas y episodios de hipotensión, creando un escenario de riesgo para eventos cerebrovasculares. Estudios recientes sugieren que el uso prolongado de anticolinérgicos en adultos mayores se asocia con un aumento significativo en la incidencia de demencia, lo que amplifica indirectamente el riesgo de ACV.
Corticoides orales: eficacia con efectos adversos graves
Los corticoides orales, como prednisona y dexametasona, son indispensables para tratar enfermedades inflamatorias, autoinmunes y respiratorias graves. Su potente acción antiinflamatoria puede salvar vidas, pero su uso inapropiado —dosis elevadas o administración repetida para resfriados o gripes— genera consecuencias metabólicas y cardiovasculares significativas. Entre ellas se encuentran el aumento de presión arterial, la elevación de glucosa en sangre, la alteración del perfil lipídico y la tendencia a la formación de coágulos, todos factores que incrementan el riesgo de ACV.
El riesgo depende de la dosis, la frecuencia y la duración del tratamiento. Corticoides inhalados o administrados en dosis controladas presentan un perfil de seguridad mucho mayor. Complementar el tratamiento con antiinflamatorios naturales, como el propóleo o la cúrcuma, puede disminuir la necesidad de corticoides orales y reducir la exposición a sus efectos adversos. La monitorización periódica de presión, glucosa y colesterol, junto con la educación del paciente, es esencial para prevenir complicaciones cerebrovasculares.
Consecuencias cardiovasculares y cerebrovasculares
Los corticoides afectan múltiples sistemas: incrementan la presión arterial al retener sodio y agua, elevan la glucosa, y alteran los lípidos, contribuyendo a la aterosclerosis. La combinación de estas alteraciones metabólicas crea un entorno propicio para la trombosis cerebral y el ACV isquémico. Adicionalmente, su efecto inmunosupresor aumenta la susceptibilidad a infecciones, que pueden desencadenar inflamación sistémica y, en consecuencia, mayor riesgo de eventos cerebrovasculares.
Antipsicóticos: riesgo elevado en adultos mayores
Los antipsicóticos atípicos, incluidos risperidona, quetiapina y olanzapina, se prescriben en adultos mayores para controlar conductas agresivas, ansiedad y problemas de sueño, especialmente en pacientes con demencia. Estos fármacos pueden causar hipotensión al ponerse de pie, arritmias, alteraciones metabólicas y aumento del riesgo de caídas. Diversos estudios han documentado que su uso prolongado en este grupo etario está asociado con un incremento significativo del riesgo de ACV y mortalidad.
La prevención se centra en alternativas no farmacológicas: establecer rutinas consistentes, música relajante, infusiones calmantes y atención a posibles causas subyacentes de ansiedad o dolor antes de medicar. La administración responsable de antipsicóticos implica evaluar cuidadosamente los beneficios frente a los riesgos graves y evitar su uso indiscriminado. La comunicación constante entre médico, paciente y cuidador es esencial para garantizar la seguridad del adulto mayor.
Mecanismos de riesgo cerebrovascular
El efecto de los antipsicóticos sobre el sistema cardiovascular es multifactorial: producen hipotensión ortostática, alteran la conducción eléctrica del corazón y pueden inducir arritmias. Además, su impacto metabólico genera aumento de glucosa y colesterol, contribuyendo a aterosclerosis y endurecimiento arterial. En conjunto, estos factores crean un escenario de vulnerabilidad máxima para el desarrollo de ACV, especialmente cuando se combinan con otros medicamentos de riesgo o enfermedades preexistentes.
Estrategias preventivas y recomendaciones
La prevención de ACV en adultos mayores no se limita a la supervisión médica de los medicamentos; también implica hábitos de vida saludables, control regular de presión arterial, glucosa y colesterol, y educación del paciente y sus cuidadores. Antes de iniciar o suspender cualquier fármaco, es fundamental realizar una evaluación integral de la historia clínica y consultar con un profesional de la salud.
Algunas estrategias incluyen limitar el uso prolongado de AINEs, explorar alternativas no farmacológicas para la incontinencia urinaria, priorizar corticoides en dosis controladas, y administrar antipsicóticos únicamente cuando no existan opciones seguras. La comunicación abierta entre médico, paciente y familiar facilita un manejo seguro y reduce la probabilidad de complicaciones graves. Además, la adopción de suplementos naturales y cambios en el estilo de vida puede complementar de manera efectiva la prevención de ACV.
Conclusión
El uso inapropiado de medicamentos comunes en adultos mayores puede triplicar el riesgo de accidente cerebrovascular. AINEs, anticolinérgicos, corticoides orales y antipsicóticos son ejemplos claros de fármacos cuya supervisión estricta es indispensable. La prevención requiere comprensión de sus efectos adversos, alternativas seguras, hábitos de vida saludables y monitoreo constante de la salud cardiovascular. La educación del paciente y del cuidador es fundamental para minimizar riesgos y garantizar una vida más saludable y segura.
Salvedad: Este ensayo tiene un carácter meramente informativo y educativo. No sustituye la consulta médica profesional. Si usted presenta cualquier problema de salud o está considerando cambios en su medicación, debe hacerlo únicamente bajo supervisión de un profesional de la salud calificado.
“Publicado por Roberto Pereira, editor general de Revista Literaria El Candelabro.”
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