Entre relatos idealizados y silencios históricos se esconde la verdadera esencia de Thanksgiving, un episodio marcado por alianzas frágiles, epidemias devastadoras y un conflicto que transformó para siempre a dos pueblos. Lo que hoy se celebra como un símbolo de unidad nació de la supervivencia y la tensión. ¿Qué ocurrió realmente en 1621? ¿Qué verdades hemos pasado por alto al contarlo?
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📷 Imagen generada por GPT-4o para El Candelabro. © DR
La Verdadera Historia de Thanksgiving: Más Allá del Mito de los Peregrinos y los Indios Amigos
Los estadounidenses celebran cada cuarto jueves de noviembre el Día de Acción de Gracias, conocido universalmente como Thanksgiving. Millones de familias se reúnen alrededor de una mesa cargada de pavo asado, puré de papas, salsa de arándanos y pastel de calabaza, mientras los desfiles de Macy’s y los partidos de la NFL llenan las pantallas. Sin embargo, detrás de esta imagen idílica se encuentra una narrativa mucho más compleja y menos edulcorada que la que aprendimos en la escuela primaria. La historia real de Thanksgiving no comienza con peregrinos sonrientes y nativos generosos sentados en armonía, sino con una sucesión de eventos marcados por la desesperación, la supervivencia, las alianzas precarias y, finalmente, el conflicto violento.
Cuando el Mayflower atracó en las costas de lo que hoy es Massachusetts en noviembre de 1620, los 102 pasajeros que venían a bordo no llegaban como conquistadores triunfantes. Venían huyendo de persecución religiosa en Inglaterra y Holanda, pero nada los había preparado para el invierno de Nueva Inglaterra. Durante los primeros meses murieron casi la mitad: 45 de los 102 peregrinos originales. Escorbuto, neumonía y desnutrición acabaron con ellos en medio de un frío implacable. Los sobrevivientes debieron su continuidad no a una intervención divina milagrosa ni a su propia autosuficiencia, sino a la ayuda inesperada del pueblo Wampanoag, que llevaba miles de años establecido en la región de Patuxet.
El puente entre ambos mundos lo construyó Tisquantum, más conocido como Squanto. Este hombre perteneciente a la tribu Patuxet había sido secuestrado en 1614 por el capitán inglés Thomas Hunt, vendido como esclavo en España, escapado a Inglaterra, aprendido el idioma y regresado a su tierra natal en 1619, solo para encontrarla devastada por una epidemia (probablemente viruela o leptospirosis) traída por contactos europeos previos. Al llegar los peregrinos, Squanto era uno de los pocos sobrevivientes de su aldea. En lugar de vengarse, decidió enseñarles técnicas agrícolas indígenas esenciales: cómo cultivar maíz usando peces como fertilizante, cómo plantar calabazas y frijoles en symbióticos “tres hermanas”. Sin su conocimiento, la colonia de Plymouth probablemente habría desaparecido por completo.
El famoso “primer Thanksgiving” de 1621 no fue una celebración religiosa planificada ni el origen de una tradición anual. Los documentos históricos más cercanos —las cartas de Edward Winslow y William Bradford— describen un evento de tres días en otoño de 1621 tras la primera cosecha exitosa. Los colonos dispararon sus mosquetes en celebración; el sonido alertó a los Wampanoag, quienes llegaron armados temiendo un ataque. Al comprobar que se trataba de una fiesta, el sachem (líder) Massasoit ordenó traer cinco ciervos y otros alimentos. Asistieron unos 90 nativos y 53 colonos. El menú probablemente incluyó venado, ganso, pato, pescado, maíz, calabazas y bayas silvestres, pero no hay evidencia de pavo ni de pastel de calabaza. Más que una cena amistosa, fue un encuentro diplomático tenso: dos grupos que se necesitaban mutuamente en un territorio hostil.
La alianza entre los peregrinos y los Wampanoag no fue un acto de altruismo desinteresado. Massasoit tenía razones estratégicas. Las epidemias europeas habían diezmado a su pueblo entre 1616 y 1619, reduciendo su población hasta en un 90 %. Al mismo tiempo, la poderosa confederación Narragansett, tradicional enemiga de los Wampanoag, había salido relativamente indemne de la plaga. Una alianza con los recién llegados —que poseían armas de fuego— ofrecía a Massasoit una ventaja militar crucial. El tratado firmado en primavera de 1621 establecía ayuda mutua en caso de ataque y la devolución de herramientas robadas. Era un acuerdo pragmático de conveniencia mutua, no un gesto de fraternidad universal.
Durante las décadas siguientes, la llegada masiva de colonos puritanos (la Gran Migración de 1630 en adelante) alteró drásticamente el equilibrio. Las nuevas colonias de Massachusetts Bay reclamaban tierras mediante argumentos legales que los nativos no reconocían: conceptos de propiedad privada absoluta y “terra nullius” (tierra de nadie) chocaban frontalmente con la visión indígena de uso comunal y temporal. Las conversiones forzadas, la venta de alcohol y la expansión ganadera agravaron las tensiones. Las epidemias continuaron diezmando poblaciones nativas que no tenían inmunidad. Para 1675, la segunda generación de colonos superaba ampliamente en número a los Wampanoag y sus aliados.
La guerra conocida como King Philip’s War (1675-1676) marcó el punto de ruptura definitivo. Metacom, hijo de Massasoit y conocido por los ingleses como Rey Felipe, lideró una coalición de tribus contra las colonias. Fue el conflicto más sangriento por habitante en la historia estadounidense: murieron aproximadamente 5 % de la población colonial y entre 40 % y 70 % de los nativos del sur de Nueva Inglaterra. Plymouth y Massachusetts vencieron, pero a un costo altísimo. Metacom fue asesinado, su cabeza exhibida durante 20 años en una pica en Plymouth, y cientos de nativos sobrevivientes fueron vendidos como esclavos en el Caribe. La paz de 1621 se había transformado en exterminio casi total.
Curiosamente, el feriado nacional Thanksgiving como lo conocemos hoy no tiene una conexión directa con el evento de 1621. Durante los siglos XVII y XVIII hubo celebraciones esporádicas de “días de acción de gracias” proclamados por gobernadores para agradecer victorias militares o buenas cosechas, pero no existía una fecha fija. Fue durante la Guerra Civil cuando Sarah Josepha Hale, editora de la revista Godey’s Lady’s Book, llevó a cabo una campaña de 17 años escribiendo cartas a presidentes para establecer un día nacional unificado. Abraham Lincoln, buscando un símbolo de unidad en medio de la peor crisis de la historia estadounidense, proclamó el último jueves de noviembre de 1863 como Día Nacional de Acción de Gracias. Irónicamente, el feriado que hoy asociamos con reconciliación y abundancia nació en uno de los momentos más fratricidas del país.
En el siglo XX, Franklin D. Roosevelt intentó mover la fecha una semana antes en 1939 para alargar la temporada de compras navideñas (el famoso “Franksgiving”), generando tal controversia que el Congreso fijó permanentemente el cuarto jueves de noviembre en 1941. Desde entonces, Thanksgiving se convirtió en el gran ritual secular estadounidense, absorbido por el consumismo y la cultura pop, pero también por un renovado interés en reconocer su complejidad histórica.
Comprender la verdadera historia de Thanksgiving no significa rechazar la celebración, sino enriquecerla. El evento de 1621 no fue un modelo de armonía interracial, pero sí un raro momento en que dos pueblos profundamente diferentes eligieron cooperar en lugar de destruirse inmediatamente. Squanto, Massasoit y los peregrinos sobrevivientes tomaron decisiones difíciles en circunstancias extremas. Reconocer las epidemias, las traiciones posteriores y la violencia no disminuye el valor de aquel instante de coexistencia; lo humaniza. Nos recuerda que la gratitud auténtica surge precisamente cuando reconocemos lo frágil que ha sido siempre la paz entre culturas distintas.
Hoy, cuando muchas familias nativas americanas observan el cuarto jueves de noviembre como Día Nacional de Luto, y cuando otros lo celebran con orgullo, Thanksgiving se revela como un espejo de la propia identidad estadounidense: una nación fundada sobre ideales elevados y realidades dolorosas, sobre encuentros improbables y fracturas profundas. Celebrarlo con conciencia histórica no arruina la fiesta; la hace más honesta. Porque dar gracias no solo implica contar las bendiciones recibidas, sino también recordar a qué costo llegaron a la mesa.
Referencias
Deloria, V., Jr. (1969). Custer died for your sins: An Indian manifesto. Macmillan.
Jennings, F. (1975). The invasion of America: Indians, colonialism, and the cant of conquest. University of North Carolina Press.
Philbrick, N. (2006). Mayflower: A story of courage, community, and war. Viking.
Silverman, D. J. (2019). This land is their land: The Wampanoag Indians, Plymouth Colony, and the troubled history of Thanksgiving. Bloomsbury Publishing.
Winslow, E. (1622). Mourt’s relation: A journal of the pilgrims at Plymouth. (Edición moderna: Heath, D. B., Ed., 1963). Applewood Books.
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